Belmonte es un pequeño pueblo de apenas 1.800 habitantes situado en el suroeste de la provincia de Cuenca, casi en la frontera con Toledo, Ciudad Real y Albacete.
Con el paso de los años, el pueblo ha ido perdiendo población, algo que se percibe en las numerosas casas en estado de abandono y en la escasa vida en sus calles más allá del turismo. Sin embargo, su gran atractivo no es tanto el casco urbano sino su impresionante fortaleza: el Castillo de Belmonte, una imponente construcción medieval declarada Bien de Interés Cultural.
¿Qué ver en Belmonte?
El Castillo de Belmonte, de estilo gótico-mudéjar con influencias renacentistas, fue mandado construir en 1456 por don Juan Pacheco, marqués de Villena, sobre los restos de una antigua fortaleza árabe. En su diseño participaron los arquitectos Hannequin de Bruselas y, posteriormente, Juan Guas. A lo largo de su historia ha sido escenario de acontecimientos destacados y también de rodajes cinematográficos, como la película El Cid (1961), protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren, en la que incluso participaron vecinos del pueblo como figurantes. Además, ha acogido eventos como el Campeonato Mundial de Lucha Medieval en 2014 y 2017.
Uno de los elementos más singulares del castillo es su patio de armas de planta triangular, una característica poco habitual que lo convierte en una fortaleza única.
Patio triangular del Castillo de Belmonte
Juan Pacheco (1419-1474) fue hijo de María Pacheco y Alfonso Téllez Girón, señor de Belmonte, con ascendencia noble portuguesa. Desempeñó un papel clave en la política de la Corona de Castilla como miembro del Consejo Real que asesoraba a Juan II de Castilla, rey entre 1406 y 1454 y padre de Enrique IV de Castilla, Isabel I de Castilla y Alfonso de Castilla. Tras la muerte de Juan II, Pacheco continuó como hombre de confianza de Enrique IV. Su entrada y consolidación en la corte se debieron en gran parte a su buena relación con Álvaro de Luna, noble y valido de Juan II, quien facilitó que tanto Juan Pacheco como su hermano Pedro Girón accedieran a puestos de relevancia. Como muchos nobles de la época, Pacheco actuó movido por intereses políticos cambiantes, apoyando o enfrentándose a la Corona según las circunstancias. Su legado en el castillo lo continuaría su hijo, Diego López Pacheco, que también residió en la fortaleza.
En la historia del castillo también aparece la figura de Juana la Beltraneja (1462-1530), hija de Enrique IV y de Juana de Portugal. Debido a los problemas de Enrique IV para tener descendencia, surgieron rumores de que Juana no era hija legítima del rey, sino fruto de una supuesta relación entre la reina y Beltrán de la Cueva, noble de la corte y miembro del Consejo Real. A la muerte de Enrique IV, Juana reclamó el trono frente a Isabel I (la Católica), hermana de Enrique, lo que desencadenó un conflicto sucesorio en el que ambas llegaron a proclamarse reinas de Castilla. Posteriormente, Juana sería reina consorte de Portugal. Existe una leyenda que afirma que estuvo presa en el Castillo de Belmonte, pero no es cierta: nunca residió allí y ni siquiera pisó nunca Belmonte.
Los que hayan visto la serie Isabel, sabrán perfectamente quiénes fueron todos estos personajes.
Ya en el siglo XIX, el castillo pasó a manos de Eugenia de Montijo, emperatriz consorte de Francia por su matrimonio con Napoleón III y heredera de la casa de Villena. Ella impulsó su restauración y ampliación con la ayuda del arquitecto Sureda.
Entre 1881 y 1885, la fortaleza pasó a ser propiedad de la orden de los Dominicos franceses, que la transformaron en monasterio. Desde 1885 hasta hoy pertenece a la familia Fitz-James Stuart, descendientes de los duques de Alba y de Eugenia de Montijo, concretamente a Javier Fitz-James Stuart, conde de Montalvo. Como curiosidad, el prefijo “Fitz-” procede del francés fils (hijo) y fue utilizado en Inglaterra para designar a hijos ilegítimos; el primero en llegar a España fue James Fitz-James, hijo natural de Jacobo II de Inglaterra, quien participó en la Guerra de Sucesión apoyando al futuro Felipe V, el que sería el primer borbón en España.
Pasillo de la época medieval en el interior del castillo
La visita al Castillo de Belmonte se realiza por libre mediante audioguía en el móvil y suele durar cerca de dos horas. Nada más entrar al patio principal, recomendamos acceder primero a la sala situada a mano izquierda, donde se proyecta un vídeo muy bien elaborado sobre los principales personajes que habitaron el castillo y las transformaciones que llevaron a cabo. Junto a ella, otra pequeña estancia amplía la información con paneles explicativos que ayudan a contextualizar la visita.
Después, lo mejor es seguir el orden marcado por la audioguía: subir por las escaleras hasta la primera planta, donde se encuentran las estancias correspondientes a la etapa medieval de Juan Pacheco; continuar por la segunda planta, que alberga los aposentos de Eugenia de Montijo y otras salas de su época; ascender a las torres para disfrutar de las vistas; y finalizar descendiendo a la planta baja, donde se pueden visitar la armería y las mazmorras.
La entrada puede adquirirse tanto online como en taquilla. En determinadas fechas se organizan visitas teatralizadas, que requieren un tipo de entrada diferente, tal y como se indica en su página web. Además, existe una entrada adicional para acceder al Parque Trebuchet, un espacio interactivo al aire libre dedicado a las máquinas de asedio medievales. Al tratarse de una propiedad privada, el precio es algo más elevado de lo habitual y no hay descuentos para jubilados o estudiantes. Los horarios y tarifas actualizadas pueden consultarse en su
página web. Junto al castillo hay un aparcamiento gratuito.
Castillo de Belmonte visto desde fuera
A continuación, nos dirigimos a la segunda gran atracción de Belmonte: la Iglesia de San Bartolomé Apóstol. Antiguamente fue conocida como Colegiata de San Bartolomé, aunque hoy ya no ostenta esa categoría. Para ser colegiata debe existir un cabildo, como ocurrió en 1459, pero actualmente no lo hay. Tampoco es catedral, ya que no tiene obispo, sino simplemente párroco, por lo que en la actualidad es una iglesia parroquial.
Fue construida en el siglo XV por Juan Pacheco, marqués de Villena, en estilo gótico, sobre los restos de una antigua parroquia visigoda del siglo V, cuyos vestigios salieron a la luz durante unas excavaciones realizadas en obras de mantenimiento. La intención de Pacheco era convertirla en panteón familiar, aunque finalmente solo fueron enterrados allí sus padres y sus abuelos maternos. Ni él ni su hermano Pedro Girón reposan en este templo. Juan Pacheco está enterrado junto a su esposa María de Portocarrero en el Monasterio de El Parral, en la provincia de Segovia, mientras que Pedro Girón descansa en el Sacro Convento de Calatrava la Nueva, en la provincia de Ciudad Real.
El interior resulta especialmente interesante y algo inusual, por lo que merece la pena la visita. El templo está compuesto por tres naves y, al entrar por la llamada Puerta del Sol, encontramos el trascoro, formado por tres altares y coronado por el escudo de armas de los Pacheco, reconocible por sus dos calderos con cabezas de serpiente. Rodeándolo se accede al coro, considerado el coro historiado más antiguo de España, fechado en 1452 y tallado en madera de nogal. Se denomina historiado porque representa escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.
La capilla mayor está presidida por un espectacular retablo de 1667 dedicado a San Bartolomé. En los muros laterales se abren cuatro huecos a modo de sepulcro llamados arcosolios, dos a cada lado, que albergan los sepulcros identificados con estatuas de los familiares allí enterrados: a la izquierda, los abuelos maternos de Juan Pacheco, y a la derecha, sus padres.
La capilla mayor, compuesta por el espectacular retablo del 1667 presidido por la figura de San Bartolomé y los muros laterales con 4 huecos a modo de sepulcro llamados arcosolios, dos a cada lado, identificados con estatuas que representan a quienes están enterrados. A la izquierda están sus abuelos maternos, Don Juan Fernández Pacheco y Doña Inés Téllez de Meneses y la derecha sus padres, Alfonso Téllez Girón y María Pacheco, tal y como comentábamos antes.
También destacan el órgano barroco español del siglo XVIII y la pila bautismal, donde fue bautizado, entre otros, el poeta renacentista Fray Luis de León, natural de Belmonte.
Los horarios actualizados pueden consultarse en su
página web. Aunque no siempre queda claro, la iglesia abre también los domingos por la tarde (a partir de las 16:30 en verano y de las 16:00 en invierno) y permanece cerrada los lunes. El precio de la entrada es de 2,5 € para adultos y 1,5 € la reducida.
Nave central de la Iglesia de San Bartolomé con capilla mayor y retablo al fondo
Por cierto, desde el patio situado detrás de la Iglesia de San Bartolomé Apóstol se obtienen unas vistas fabulosas del Castillo de Belmonte, una perspectiva perfecta para apreciar su silueta dominando el cerro.
Una vez vistas las dos grandes joyas de la localidad, solo queda pasear tranquilamente por el pueblo. No es muy grande, así que en media hora aproximadamente se puede recorrer sin prisas. El paseo puede comenzar en la
Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento y una escultura en homenaje a
Fray Luis de León. En la calle que lleva su nombre se localiza la
Casa de Fray Luis de León, señalizada con una placa en la fachada, ya que actualmente es una vivienda privada y no quedó nada de él. Aunque nació en Belmonte, su prestigio lo alcanzó como profesor en la
Universidad de Salamanca, donde falleció en 1591.
Un detalle curioso de Belmonte es que varias de sus calles llevan el nombre de personajes ilustres vinculados a la historia local. Junto a cada placa hay una figura a tamaño real del personaje correspondiente y una cita célebre. Entre ellos se pueden ver representaciones de Juan Pacheco, Fray Luis de León, Pedro I de Castilla —conocido como Pedro I el Cruel, quien concedió a Belmonte el título de villa— y Miguel Lucas de Iranzo, condestable y valido de Enrique IV, al igual que lo fueron Juan Pacheco y Beltrán de la Cueva.
Placa y figura en la que fue la casa natal de Fray Luis de León
También podéis contemplar por fuera el Palacio Infante Don Juan Manuel, hoy convertido en un lujoso hotel spa y situado junto a la antigua colegiata. Se trata de un edificio de gran valor histórico, ya que fue la primera fortaleza de Belmonte, levantada en 1323 sobre los restos de una construcción visigoda anterior. Su impulsor fue Don Juan Manuel (1282-1348), escritor y miembro de la casa real, sobrino de Alfonso X el Sabio, y señor de Villena. Entre sus muros nacieron Juan Pacheco y su hermano Pedro Girón. Más adelante, Diego López Pacheco, hijo de Juan Pacheco, transformó el edificio en monasterio y lo cedió a las monjas dominicas. Ya en la década de 1960, tras un periodo de abandono, se rehabilitó para convertirse en el actual hotel.
Por último, merece la pena acercarse a la muralla de Belmonte y a sus puertas de acceso. Entre ellas destaca la Puerta de Chinchilla, del siglo XV, considerada la más antigua y mejor conservada del conjunto defensivo.
¿Dónde comer en Belmonte?
En Belmonte no abundan los restaurantes, y según el día puede resultar complicado encontrar alguno abierto. Dicho esto, el más recomendable es El Bodegón del Buenavista, perteneciente al Hotel Palacio Buenavista. Ofrece cocina manchega casera con un toque más actual y está muy bien valorado en la zona; de hecho, es habitual que acudan vecinos de pueblos cercanos a comer aquí.
Entre los platos más típicos manchegos y conquenses que podéis probar se encuentran:
- Morteruelo con crujiente de queso manchego. El morteruelo es un plato manchego que consiste, grosso modo, en carne de caza especiada machacada en un mortero hasta conseguir una textura pastosa, similar a la de un paté. Riquísimo.
- Ajoarriero con picatostes, una receta tradicional conquense similar a un puré de patata, bacalao y ajo.
- Gachas manchegas. Este es más conocido, plato con consistencia de puré espeso o papilla hecha a base de harina de almorta, aceite de oliva, ajo y pimentón, generalmente acompañado de panceta u otra carne.
- Pisto Manchego con huevos de codorniz. También por todos conocido, el pisto es un revuelto basado en un sofrito de cebolla, tomate, pimientos y huevo.
Además de platos manchegos, también tienen carnes y pescados varios. Si hubiera hueco, merece la pena terminar con un café en su agradable patio interior.
En caso de que esté cerrado, otra alternativa en el pueblo es el Restaurante "La Cochera".
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