Valladolid, capital de la comunidad autónoma de Castilla y León, es la ciudad más grande de la región, con unos 300.000 habitantes. Aunque no cuenta con la fama turística de Salamanca, Valladolid ofrece suficientes atractivos para disfrutar de un fin de semana completo, entre ellos su rica historia, sus museos y la herencia del poeta José Zorrilla (1817-1893)
, cuya vida y obra siguen muy presentes en la ciudad.
¿Qué ver en Valladolid?
Al igual que en otras ciudades castellanas, el centro de Valladolid se articula en torno a su Plaza Mayor, de la que parten las calles más importantes y que se encuentra muy cerca de la mayoría de los principales atractivos turísticos. Si la visitas en Navidad, tendrás la suerte de verla espectacularmente iluminada; de hecho, Valladolid fue nombrada ciudad mejor iluminada del mundo en 2011. Así que no te preocupes si solo dispones de tiempo para recorrerla de noche: es, sin duda, una de esas ciudades que luce mejor bajo la luz de los faroles que con el sol de día.
Para nuestro recorrido, comenzamos en el Parque Campo Grande, ya que nuestro hotel se encontraba justo cerca de él. Este pequeño y agradable parque urbano es ideal para pasear y relajarse, y esconde algunas sorpresas: la fauna que habita en él es mucho más variada de lo que parece a simple vista. Lo más llamativo son los pavos reales, que no solo deambulan por el suelo, sino que también suben y saltan entre los árboles como si fueran ardillas, ofreciendo un espectáculo inesperado y bastante curioso para los visitantes.
En uno de los laterales del parque se encuentra la Oficina de Turismo, un lugar siempre útil para conseguir mapas o consultar información actualizada sobre la ciudad. Justo enfrente se alza la Academia de Caballería, un imponente edificio de 1920 que gana aún más presencia con la iluminación nocturna. La Academia se enmarca junto a la fuente, las letras gigantes de VALLADOLID y la estatua de José Zorrilla, formando una de las vistas más icónicas del parque y de la Plaza Zorrilla. Cabe mencionar que, por lo general, la Academia de Caballería no está abierta al público, excepto en fechas señaladas o durante eventos especiales, así que hay que conformarse con disfrutar de su exterior.
Desde el Parque Campo Grande podemos tomar la Calle Santiago, una de las principales arterias comerciales de Valladolid, llena de tiendas y escaparates que invitan a pasear. Esta calle nos lleva directamente a la Plaza Mayor, el auténtico corazón de la ciudad. La plaza está presidida por la Casa Consistorial, que alberga en su interior el Ayuntamiento de Valladolid, y frente a ella se encuentra la estatua del Conde Ansúrez, fundador de la ciudad.
Por su tamaño y elegancia, la Plaza Mayor es escenario de numerosos eventos a lo largo del año. Entre ellos destacan los decorativos de Navidad, que transforman el espacio en un espectáculo de luces y ambiente festivo, y la Feria del Libro, que tuvimos la oportunidad de disfrutar en otra visita, mostrando cómo la plaza se convierte en un punto de encuentro cultural para vallisoletanos y turistas.

Plaza Mayor de Valladolid
Siguiendo detrás del Ayuntamiento, pronto nos encontramos con la Iglesia de San Benito, una joya del gótico vallisoletano erigida entre 1499 y 1515. Su singular arquitectura la convierte en una de las iglesias más bonitas de la ciudad, y merece la pena buscar fotos del siglo XIX para ver cómo su altura original era aún mayor, ya que contaba con un campanario sobre la fachada principal. El interior tampoco se conserva como antaño
: durante la Desamortización de Mendizábal en 1835, gran parte de sus obras de valor fueron expropiadas. Por suerte, muchas de estas piezas y mobiliario pueden visitarse posteriormente en el Museo de Escultura, del que hablaremos más adelante.
Detrás de la iglesia se encuentra el Patio Herreriano, actual sede del Museo de Arte Contemporáneo de Valladolid. La entrada es gratuita y, además de exposiciones, el museo ofrece visitas guiadas y organiza pequeños conciertos de forma ocasional. Históricamente, este espacio formaba parte del antiguo monasterio de San Benito, que incluía tanto la iglesia como el edificio que hoy alberga el museo. A finales del siglo XV se construyó la iglesia y, a finales del XVI, se renovó el monasterio, dando lugar al actual Patio Herreriano. En medio del patio destaca la gran escultura de bronce de los reyes eméritos Juan Carlos I y Sofía, encargada por el Ayuntamiento en 2001 con motivo de la inauguración del museo.
Volviendo al recorrido por el casco antiguo, nuestra siguiente parada es el Pasaje Gutiérrez, una galería comercial inaugurada en 1886. Sin duda, uno de los rincones más pintorescos y encantadores de Valladolid. Por la noche, el pasaje se llena de vida, ya que muchos de sus locales son bares. Nosotros disfrutamos de La Sastrería, un bar original donde casi todas las mesas están decoradas con máquinas de coser antiguas, un detalle que lo hace único y muy curioso para los visitantes.
Pasaje Gutiérrez
Prácticamente al lado del Pasaje Gutiérrez se encuentra la Catedral de Valladolid, que probablemente ya habremos visto al llegar hasta aquí. Lo que más llama la atención es que la catedral se encuentra parcialmente en ruinas. Esto se debe a que su construcción comenzó en el siglo XVI bajo la dirección del renombrado arquitecto Juan de Herrera, pero, por falta de fondos, nunca llegó a completarse.
Rodeando la catedral se levantan dos edificios históricos más que merecen nuestra atención. Junto a la parte en ruinas se alza la Universidad de Valladolid (UVA). Aunque la universidad imparte carreras en distintos edificios repartidos por la ciudad, la fachada más famosa es la de la Universidad de Derecho, construida en 1718 en estilo barroco. Frente a ella se encuentran numerosos pilares que, según la leyenda, quien los cuente nunca terminará la carrera que estudia… así que, por si acaso, mejor no probar suerte. Cabe destacar que la UVA, fundada en 1241, es la tercera universidad más antigua de España, solo por detrás de la de Salamanca y la de Palencia.
El otro edificio destacado junto a la catedral es la Iglesia de Santa María de La Antigua, otra de las joyas de la ciudad. Aunque sus orígenes datan del siglo XI, ha sido restaurada en siglos posteriores, combinando elementos románicos y góticos, siendo este último el estilo predominante. Lo más llamativo es que la iglesia se encuentra libre de edificaciones a su alrededor, lo que permite admirar su silueta y detalles arquitectónicos sin obstáculos.
Iglesia de Santa María de La Antigua
Nuestro recorrido continúa con el Teatro Calderón de la Barca, inaugurado en 1864 y que sigue en activo hoy en día, ofreciendo tanto obras clásicas como modernas. Desde allí, nos dirigimos hacia el río Pisuerga para llegar a la Iglesia de San Pablo, un impresionante templo católico de estilo gótico. Su fachada, con detalles que recuerdan a la Universidad de Salamanca, se alza en la Plaza de San Pablo, un espacio elegante y muy representativo del casco histórico. Esta iglesia no solo destaca por su arquitectura, sino también por su relevancia histórica: en ella fueron bautizados los reyes Felipe II y Felipe IV.
Fachada de la iglesia de San Pablo
A la derecha de la Iglesia de San Pablo se encuentra el Palacio Pimentel, famoso por una curiosa leyenda ligada al bautismo de Felipe II. El 27 de mayo de 1527, los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico y reyes de España, Carlos I (V de Alemania) e Isabel de Portugal, estaban en Valladolid cuando Isabel dio a luz al futuro rey. El bautismo estaba programado para el 5 de junio y, según la ley de la época, debía realizarse en la parroquia correspondiente al lugar de nacimiento del niño: en el caso del Palacio Pimentel, la parroquia de San Martín.
Carlos I, sin embargo, no estaba dispuesto a bautizar al heredero en una parroquia tan modesta, especialmente cuando la imponente Iglesia de San Pablo estaba a pocos metros. Así que ideó un ingenioso plan: alegó que, aunque la entrada del palacio pertenecía a la parroquia, las ventanas más cercanas a la iglesia no lo hacían, y cortaron las rejas de una de esas ventanas para oficiar el bautizo y que Felipe II pudiera entrar y salir por ella. Desde entonces, una cadena de metal junto a la reja sigue allí como recuerdo de aquel ingenioso arreglo; si prestáis atención, seguro que la encontráis.
Detrás de la iglesia —aunque formando parte del mismo conjunto arquitectónico— se alza el Colegio de San Gregorio, construido originalmente para alojar a los alumnos que estudiaban en la universidad. Desde 1933, el colegio forma parte del Museo Nacional de Escultura, junto con el Palacio de Villena, situado frente al colegio, y el Palacio del Conde de Gondomar (también conocido como Casa del Sol), incorporados más tarde. Por tanto, la entrada al museo permite visitar estas tres sedes. En el Colegio de San Gregorio se conservan algunos de los grandes tesoros expropiados durante la Desamortización de Mendizábal de la Iglesia de San Benito, incluyendo parte de la sillería y el retablo mayor, lo que convierte la visita en un auténtico viaje por la historia del arte sacro español.
Para cerrar el recorrido, podemos relajarnos en el río Pisuerga, que ofrece algo que pocos esperarían: la playa de Valladolid. La Playa de las Moreras, a orillas del río, permite disfrutar de un baño o simplemente tomar algo en el chiringuito si el clima acompaña. Una forma perfecta de terminar un paseo por el casco histórico.

Playa de las Moreras
¿Dónde comer en Valladolid?
¡Cómo se come en Valladolid! Valladolid presume de una de las mejores gastronomías de España, y lo mejor es que sus precios son bastante accesibles, especialmente si venís de ciudades más grandes como
Madrid o
Barcelona. Al no ser una ciudad tan turística, los restaurantes y bares no inflan tanto los precios, por lo que se puede disfrutar de una buena cena de tapas por unos 10-12 €. Gracias a un amigo local, tuvimos la suerte de descubrir algunos lugares realmente exquisitos.
Imposible irse de Valladolid sin probar el lechazo, el plato más icónico de la ciudad. Nosotros lo disfrutamos en el Restaurante asador El Figón de Recoletos, simplemente espectacular. Otra opción recomendable es El Consejero del Rey, donde destacan el chuletón y el rabo de toro.
Para tapear, la ciudad ofrece una gran variedad: las croquetas gigantes de El Corcho, los torreznos del Bar Alarcón San Martín, los canapés creativos de Jero (entre los más célebres, el Zapatero, La Cabra, el Messi, el Angelillo, el Rajao y el Galáctico), las tapas del Trasto Tapas (no os perdáis su famoso Pucela Roll, ganador del Concurso Nacional de Pinchos y Tapas 2023), así como las del Villa Paramesa y La Tasquita, un poco más caras, pero también muy recomendables. Para el postre, no dejéis de probar la mistela de El Penicilino acompañada de sus famosas “zapatillas”. Todo, sencillamente delicioso.
Si lo que buscáis es un desayuno económico y completo, el centro de la ciudad ofrece muchas opciones. Nosotros desayunamos en Sesentta, junto a Campo Grande, donde por 4,90 € tomamos una bebida, un zumo de naranja natural y bollería o tostadas.
Más alternativas en Valladolid
Para completar la visita, hay varios lugares culturales que merecen la pena:
↣Sala de Exposiciones Las Francesas, en la Iglesia de las Francesas, que alberga exposiciones temporales. Cuando estuvimos, había una muestra sobre las viñetas de Sansón, publicadas diariamente en El Norte de Castilla desde 1995.
↣Casa de Cervantes, donde vivió Miguel de Cervantes en 1605, abierta hoy a los visitantes.
↣Casa Museo José Zorrilla, ubicada en la calle Fray Luis de Granada, 1, dedicada al célebre poeta vallisoletano.
↣Si contáis con tiempo, también merece la pena explorar los pueblos cercanos, llenos de historia y encanto. Recomendamos:
- Simancas, para disfrutar de los paisajes del Duero.
- Tordesillas, ligado a la historia de Juana I de Castilla (Juana la Loca).
- Medina del Campo, donde falleció Isabel la Católica.
Puente Romano de Simancas
Con gastronomía de primer nivel, cultura, historia y alrededores pintorescos, Valladolid ofrece un fin de semana completo e inolvidable.
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