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Artículo actualizado en: 2026-02-16T01:54:08Z

Oaxaca

Oaxaca de Juárez, conocida comúnmente como Oaxaca, es una ciudad de aproximadamente 271.000 habitantes y la capital del estado de Oaxaca. Fue la última parada de nuestro viaje por México y, sin duda, no podríamos haber elegido un mejor destino para cerrar la ruta. Está considerada una de las ciudades más auténticas del país y, según muchos, también el lugar donde se disfruta de la mejor gastronomía mexicana.

Nosotros le dedicamos un total de cuatro días, tiempo suficiente para recorrerla con calma y realizar un par de excursiones a lugares cercanos.

    ¿Cómo llegar a Oaxaca de Juárez?

    La forma más sencilla de llegar es en avión, ya que la ciudad cuenta con su propio aeropuerto, el Aeropuerto Internacional de Oaxaca (OAX), con conexiones diarias a Ciudad de México.

    Varias aerolíneas operan esta ruta, incluidas algunas compañías low-cost, además de la principal aerolínea del país, Aeroméxico, que fue la opción que elegimos nosotros. Aunque su precio es algo más elevado, nos pareció una alternativa más fiable.

    Conviene tener en cuenta que en México se aplica una tasa adicional a todos los vuelos nacionales e internacionales llamada Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA). Este importe incrementa el precio final del billete, por lo que no debe sorprendernos si el coste que aparece en los buscadores no coincide con el total al finalizar la compra.

    Una vez en el aeropuerto, encontraréis un puesto señalizado como “Taxi”, donde se pueden contratar traslados con tarifas oficiales establecidas por persona, según el tipo de vehículo. El servicio es seguro y ofrece tanto taxis privados como minivans compartidas con otros pasajeros. Además, el pago se realiza directamente en el mostrador —se puede pagar con tarjeta— y después solo hay que indicar al conductor la dirección de destino. También hay cajeros automáticos en el aeropuerto.

    Un detalle importante: en Oaxaca no opera Uber.

    ¿Qué ver en Oaxaca?

    Nuestra primera impresión de Oaxaca de Juárez fue la de estar en una ciudad más humilde que las que habíamos visitado en el norte del país. Aun así, se nota que recibe bastante turismo y que cuenta con numerosos locales modernos y de estilo hipster. En cualquier caso, en todo momento nos sentimos seguros caminando por el centro, incluso por la noche.

    El casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987. Es relativamente pequeño y se puede recorrer perfectamente a pie. De hecho, podría decirse que lo más bonito de la ciudad son sus calles y su ambiente, más que cualquier monumento o edificio en particular.

    El estilo arquitectónico predominante es colonial: casas de una o, como mucho, dos plantas, una característica pensada especialmente para reducir riesgos en caso de terremoto. Oaxaca es una zona de elevada actividad sísmica debido a que la Placa de Cocos se subduce bajo la Placa Norteamericana. Esta interacción entre placas tectónicas es la responsable de los sismos que se producen ocasionalmente en la región.

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    Una calle representativa de Oaxaca

    Comenzamos la visita en el Zócalo de la Ciudad de Oaxaca, también conocido como Plaza de la Constitución. Fundado en 1532, ha sido desde entonces el espacio más importante de la ciudad, al igual que ocurre con el zócalo de Ciudad de México.

    Alrededor del quiosco central, el ambiente es siempre animado, especialmente por las noches: música en vivo, gente paseando y un mercadillo permanente con puestos de artesanía llenan la plaza de vida. En definitiva, es un lugar donde siempre hay algo que ver o hacer.

    Además, cada 15 de septiembre por la noche, con motivo de la celebración de la Independencia de México, el gobernador del estado pronuncia el tradicional Grito de Independencia, lee el acta y nombra a los héroes patrios desde este mismo lugar. Al día siguiente, 16 de septiembre, las escuelas desfilan por la ciudad en una jornada cargada de actos conmemorativos. Son fechas muy señaladas en el calendario mexicano, y la magnitud de las celebraciones así lo demuestra.

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    Quiosco central del Zócalo de Oaxaca iluminado por la noche

    Al norte del Zócalo se encuentra la Catedral Metropolitana de Oaxaca, también llamada Catedral de Nuestra Señora de la Asunción. Su construcción comenzó en 1535, poco después de la llegada de los españoles, y no se completó hasta 1733, ya que tuvo que ser reconstruida en varias ocasiones debido a los terremotos. Presenta un estilo barroco con elementos neoclásicos, y la entrada a su interior es gratuita.

    Continuamos hacia el norte hasta la Biblioteca Pública Central, ubicada en una casona del siglo XVIII. Es un lugar tranquilo, ideal para admirar el edificio y su bonito patio interior.

    Siguiendo en la misma dirección llegamos a la Plaza Santo Domingo, uno de los principales núcleos culturales y artísticos de la ciudad. Aquí se concentran varios lugares de interés. El más destacado es el Templo de Santo Domingo de Guzmán, otro magnífico ejemplo de arquitectura barroca de la época de la Nueva España, cuyo interior resulta espectacular. Su construcción comenzó en 1575 y finalizó en 1731. En sus primeros años funcionó como convento de los dominicos, motivo por el que también se le conoce como el Exconvento de Santo Domingo, aunque se trata del mismo conjunto. Como dato singular, el papa Juan Pablo II visitó personalmente esta iglesia en 1979. La entrada es gratuita.
     
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    Templo de Santo Domingo a la derecha y Museo de las Culturas a la izquierda

    Dentro del propio conjunto de Templo de Santo Domingo de Guzmán, aunque con acceso independiente, visitamos el Museo de las Culturas de Oaxaca, un espacio imprescindible para conocer la historia, la cultura y las tradiciones de esta región del país.

    La parte más interesante del museo es la dedicada a la Tumba 7 de Monte Albán, una sepultura descubierta en 1932 en la antigua ciudad de Monte Albán, en la que se hallaron numerosos objetos de gran valor pertenecientes a la civilización zapoteca. Entre los tesoros encontrados destaca un cráneo decorado con turquesas, que actualmente se exhibe en el museo.

    Los zapotecos fueron un pueblo de Mesoamérica que habitó principalmente los actuales estados de Oaxaca y Guerrero. Durante el siglo XV se enfrentaron a los mexicas, con quienes finalmente alcanzaron un acuerdo de paz que duró poco, ya que enseguida llegaron los españoles.

    Aunque la sala dedicada a la Tumba 7 es la más destacada, el museo también cuenta con exposiciones sobre etnografía, arte y cultura indígena, además de alguna muestra temporal. La visita nos llevó aproximadamente una hora. El museo abre de martes a sábado hasta las 17:00 y los domingos hasta las 15:30. La entrada cuesta 210 MXN para extranjeros y 105 MXN para mexicanos, y se puede pagar con tarjeta.
     
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    Cráneo con turquesas expuesto en el Museo de las Culturas

    La parte trasera del Templo de Santo Domingo de Guzmán está ocupada por el Jardín Etnobotánico de Oaxaca, un espacio que reúne cientos de especies vegetales procedentes de las distintas regiones del estado de Oaxaca. Es un lugar muy agradable para pasear, aunque únicamente puede visitarse mediante visita guiada.

    Las entradas se venden el mismo día de la visita, tienen un precio de 50 MXN y las explicaciones se realizan en español. Los horarios son: de lunes a viernes a las 10:00, 11:00, 12:00 y 17:00 horas; y los sábados a las 10:00, 11:00 y 12:00 horas. Conviene presentarse al menos 15 minutos antes del inicio. Si no se consigue plaza, siempre es posible contemplar una parte del jardín desde las ventanas del edificio del Museo de las Culturas de Oaxaca.

    La siguiente parada es la Plaza de la Danza, un espacio importante donde se celebran eventos con cierta frecuencia y en el que también hay varias terrazas para comer o tomar algo a la sombra.

    Lo cierto es que, tras su llegada a México, los españoles impulsaron la construcción de numerosas iglesias con el objetivo de evangelizar a la población indígena. En esta plaza encontramos, cómo no, otro templo católico: la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad. Construida en 1690 en estilo barroco, está dedicada a la Virgen de la Soledad, patrona de Oaxaca de Juárez.

    Otra de las señas de identidad de México son sus mercados, y en Oaxaca de Juárez hay varios muy interesantes. Además, son espacios auténticamente locales y poco turísticos; de hecho, muchos restaurantes acuden a ellos para abastecerse de productos frescos.

    Los más destacados son:
    • Central de Abastos de Oaxaca. Es enorme y laberíntico, por lo que es fácil perderse. Se encuentra a las afueras del centro, lo que hace que muchos locales acudan aquí para hacer todo tipo de compras: ropa, alimentos, papelería, etc. Conviene extremar la precaución, ya que nos advirtieron de la presencia de carteristas. Lo mejor es llevar las pertenencias bien guardadas y no usar el móvil innecesariamente, ya que os dan un tirón y echan a correr. Aun así, aquí vimos algunos puestos de artesanía con los precios más bajos de toda la ciudad.
    • Mercado de 20 Noviembre. Es el mercado con mayor variedad gastronómica. Está repleto de puestos donde probar los platillos mexicanos y oaxaqueños más populares. Las doñas son las señoras que cocinan y atienden los puestos, y las mesas largas y compartidas donde se sientan los comensales se conocen como mesas corridas. Se construyó entre 1862 y 1882 para albergar a los comerciantes que ocupaban el Zócalo de la ciudad. Más adelante adoptó su nombre actual en honor al 20 de noviembre, fecha de inicio de la Revolución Mexicana. Una de sus peculiaridades es el famoso “pasillo de humo”, donde los puestos exhiben carnes crudas (tasajo, cecina, chorizo, tripas, etc.); el cliente elige la que desea y la preparan al carbón en el momento, de ahí el nombre.
    • Mercado Benito Juárez. Ideal tanto para probar comida local como para comprar artesanías. Cierra a las 19:00.
    • Mercado de la Merced. Es más frecuentado por locales, ya que está algo más alejado del centro. Además de puestos de comida, en ocasiones hay música en directo en uno de sus patios. Si no queréis visitarlos todos, este sería el más prescindible.
    Más abajo, en el apartado de gastronomía, os contaremos qué platos merece la pena probar en estos mercados.

    Por último, visitamos el barrio de Jalatlaco, situado al noreste del centro de la ciudad. Se trata de un barrio tradicional, como si fuera un pequeño pueblo dentro de Oaxaca de Juárez. Fue fundado por los zapotecos en 1524, y su nombre proviene del zapoteco, que significa “barranca de arena”.

    Es una zona preciosa, con calles decoradas con papel picado, grafitis y murales artísticos, incluidos dibujos de calacas (esqueletos), además de contar con galerías, cafeterías y restaurantes más tranquilos que los del centro de la ciudad. El corazón del barrio es la plaza que alberga el Templo de San Matías Jalatlaco. Sin duda, Jalatlaco es uno de los lugares más bonitos y auténticos de Oaxaca.

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    Plaza central de Jalatlaco

    ¿Qué comer en Oaxaca?

    Todos nuestros amigos mexicanos nos habían hablado de la riqueza gastronómica de Oaxaca, y tras degustarla no podemos estar más de acuerdo. A continuación, enumeramos y describimos los platos que probamos:

    Quesillo de Oaxaca – Un queso blanco de hebras típico de la región que se añade a numerosos platillos.

    Memelas – Tortillas de maíz más gruesas que las de taco, típicamente cubiertas con pasta de frijoles, salsa de chiles secos y queso derretido. Esto es la base; después se pueden añadir ingredientes extra al gusto.

    Tlayudas – Similares a las memelas en cuanto a ingredientes, pero mucho más grandes y crujientes. Su tamaño hace que normalmente se doblen como un emparedado.

    Empanadas – Tortillas de maíz rellenas, dobladas y selladas, formando grandes empanadillas.

    Mole Amarillo – El mole es una salsa mexicana cuya variedad de colores depende de los chiles y especias utilizados. En Oaxaca destacan los moles amarillo, verde y negro. Probamos empanadas de mole amarillo con champiñones, quesillo y flor de calabaza en un puesto de la Central de Abastos de Oaxaca.

    Chapulines – Una especie de saltamontes fritos y sazonados con ajo, chile y limón, muy crujientes y de sabor intenso. Se recolectan de manera artesanal en los campos durante la temporada de lluvias.

    Piedrazo – Un antojito callejero que consiste en un trozo de pan sumergido en un caldo de patatas, zanahorias, vinagre de piña y salsa roja picante. Si no os gusta el picante, conviene pedir que lo sirvan sin salsa.
     
    Chocolate de agua – Chocolate artesanal que se disuelve en agua caliente, muy popular en Oaxaca. Es ideal para desayunar o merendar.

    Además, Oaxaca es reconocida a nivel nacional por su producción de mezcal, una bebida alcohólica obtenida mediante la destilación de la planta del maguey. El tequila es, de hecho, un tipo de mezcal. En la siguiente sección os contamos dónde probarlo. Como dicen en la región, el mezcal se bebe “a besitos”, es decir, despacio, disfrutando de su sabor.

    ¿Dónde comer en Oaxaca?

    Una vez que nos hicimos una idea de los platos típicos de Oaxaca, toca ver dónde degustarlos. En la ciudad encontraremos tantos restaurantes como puestos callejeros, y todos ofrecen buena calidad; no es que uno sea necesariamente mejor que otro. Nosotros preferimos los puestos ambulantes, porque nos gusta esa experiencia auténtica y es muy típica de Latinoamérica.

    Memelas Doña Vale – Son las memelas más famosas de Oaxaca y aparecen en un capítulo de Street Food Latinoamérica de Netflix. Están dentro de la Central de Abastos de Oaxaca y consisten en tortilla de maíz azul, jitomate, chile habanero (pica un poco) y queso. Por un precio extra se pueden añadir tasajo (carne de res seca), costilla de puerco o huevos. Hay que estar atentos con el horario, ya que solo abre de 7:00 a 12:00 todos los días, excepto el domingo.

    Tlayudas La Chinita – Similar a Memelas Doña Vale, pero con tlayuda. También salieron en Street Food México de Netflix y muchos consideran que son las mejores tlayudas de Oaxaca. Primero eliges la base (grasa de cerdo, pasta de frijoles, lechuga y una salsa picosa que nosotros pedimos que no añadieran) y luego el relleno, que se paga aparte; los más habituales son chorizo o tasajo. Están muy ricas, aunque algo difíciles de comer; unos cubiertos para cortar la carne habrían venido bien. Abre de lunes a sábado a partir de las 20:00; recomendamos llegar a las 19:30 para coger número y que te sirvan justo al abrir.

    Taquería el Compadre – Situada en una esquina a las afueras del Mercado Benito Juárez, destacamos sus tostadas de puerco con base de guacamole y salsa picosa opcional. La tostada es una torta de maíz crujiente del tamaño de una mano. Abre de 18:00 a 23:00.

    Mercado Orgánico La Cosecha – Un conjunto de puestos de comida orgánica, con muchas opciones vegetarianas y veganas. Es un lugar acogedor y con gran variedad, por lo que atrae bastante turismo, sobre todo extranjeros. Aquí se pueden probar bebidas típicas como el pulque y el tepache, además de prácticamente todos los platos tradicionales de Oaxaca.

    Cafeterías vimos muchas, todas modernas y bien decoradas, con un estilo europeo, ideales para desayunar o merendar. Una que nos gustó especialmente es Lattertulia Café Oaxaca.

    En cuanto a la bebida, el mezcal es la estrella de Oaxaca. Es muy típico ir por la noche a mezcalerías y probar diferentes tipos de mezcal. Se sirven en vasos pequeños, pero se beben despacio, no de un trago; también hay cócteles a base de mezcal que resultan más suaves y fáciles de disfrutar. Una mezcalería que nos encantó fue Sabina Sabe, donde tenían cócteles de mezcal realmente espectaculares 🍹.

    Excursiones desde Oaxaca de Juárez

    El estado de Oaxaca posee una riqueza cultural impresionante, y podrías pasar una semana entera viajando por la región sin aburrirte. Sin embargo, el tiempo es limitado, así que nosotros optamos por hacer dos excursiones que combinaban varias actividades. No es la opción ideal si quieres recorrerlo a tu propio ritmo y con calma, pero si dispones de pocos días, es la alternativa más eficiente.

    Dentro de la ciudad hay varias agencias de viajes; seguramente las veréis mientras paseáis, o, si no, al llegar al Zócalo se acercarán varias personas ofreciendo tours. Nosotros investigamos por Internet, contactamos con una agencia que ofrecía los lugares que queríamos visitar, comprobamos que los precios eran justos y reservamos con antelación. La compañía que elegimos se llama Lescas Co Tours Oaxaca.

    ➣Excursión Oaxaca Antigua – Esta excursión comienza con una visita a Monte Albán, parada obligatoria para cualquiera que visite Oaxaca de Juárez. Monte Albán fue la antigua capital del pueblo zapoteco, que, como mencionamos antes, habitó la región hasta aproximadamente el siglo XV. Además, Monte Albán es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987, al igual que el casco antiguo de Oaxaca. 

    La siguiente parada del tour es el pueblo de San Martín Tilcajete, famoso porque el creador de la película de Disney Coco se inspiró en personas de este lugar para dar vida a algunos de los personajes. Además, es muy conocido por la fabricación de alebrijes, figuras tradicionales que representan seres fantásticos combinando partes de animales reales e imaginarios, pintadas en colores llamativos. Si habéis visto Coco, sabréis de qué figuras hablamos. Los oaxaqueños consideran que los alebrijes son representaciones físicas de los nahuales, seres espirituales que pueden transformarse en animales, y se dice que atraen la buena fortuna y protegen contra los malos espíritus.

    Nosotros queríamos visitar el pueblo por nuestra cuenta, pero la conexión con Oaxaca resultaba complicada y nos iba a llevar demasiado tiempo, así que optamos por hacerlo a través de esta excursión. En realidad, no se recorre el pueblo completo, sino que se visita una de las numerosas fábricas familiares de alebrijes tallados en madera, , actividad que en cualquier caso teníamos pensado hacer. También funcionan como galerías y tiendas donde se pueden comprar las figuras.

    El proceso de fabricación es realmente interesante: primero se corta y talla la madera de copal 🌳 (un árbol cuya resina se usa para incienso); luego se seca al sol; se realiza el acuñado, que consiste en introducir cuñas en las grietas que aparecen tras el secado; se lija la madera para que quede lo más lisa posible; se aplica algún producto químico para su conservación y, finalmente, se pinta la figura. Es un proceso artesanal que muestra la dedicación y creatividad de estas familias.

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    Taller de alebrijes en San Martín Tilcajete
     
    Después nos desplazamos al pueblo de Santo Tomás Jalieza para visitar un taller de telares de cintura, una técnica tradicional utilizada por las mujeres de Mesoamérica. Recibe este nombre porque las tejedoras atan la tela a la cintura mientras realizan el diseño. Generalmente se trabaja con tela de algodón ya coloreada, y mediante utensilios específicos —como el peine, el machete para apretar los hilos, el yugo y el mecapal— se logra la forma y el esbozo deseados. A pesar de ser un lugar frecuentado por excursiones organizadas, los productos eran bastante económicos, por lo que es un excelente sitio para llevarse algún recuerdo.

    La última parada es el pueblo de San Bartolo Coyotepec, famoso por la elaboración de barro negro. En el taller se puede ver todo el proceso: primero se toma el barro y se modela el diseño; luego se deja secar y se introduce en un horno de leña para fijar la pieza. El tiempo de horneado varía según el uso: si la pieza va a contener líquidos, como un jarrón o vasija, se deja más tiempo; si es decorativa, basta con menos. Al ser barro, conviene recordar que con un exceso de humedad podría deshacerse. Lo curioso es que el color negro característico no se consigue pintando la pieza, sino gracias al propio horneado. Además, nos sorprendió lo económicos que eran los productos, así que también nos llevamos varios recuerdos de allí.
     
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    Figuras de barro negro


    Excursión Oaxaca Mágica – Esta excursión combina actividades culturales y de naturaleza en distintos lugares de Oaxaca.

    El tour comienza con el famoso Árbol del Tule, un ciprés mexicano de aproximadamente 2.000 años de antigüedad y considerado el más ancho del mundo, con un diámetro de 14 metros. Se encuentra en el municipio de Santa María del Tule y la entrada al recinto cuesta 20 MXN.

    Aunque el árbol puede verse desde fuera debido a su tamaño colosal, la entrada permite acceder al recinto y rodearlo, ofreciendo una experiencia más cercana.
     
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    Letras de EL TULE con el Árbol de fondo

    Después nos dirigimos a Teotitlán del Valle, un pueblo situado a los pies de la Sierra Juárez y famoso en la región por la producción de textiles en general y de tapetes de lana (alfombras) en particular. Nos mostraron todo el proceso de elaboración desde cero, incluyendo la forma en que se tiñe la lana para crear los diseños.

    Primero se obtiene la lana de la oveja, un animal que fue introducido por los españoles en el siglo XVI, ya que en Mesoamérica no existía. Los colores se logran utilizando tintes naturales:
    • Grana cochinilla, un insecto que vive en los nopales, produce tonos rojos y fue, junto al oro y la plata, uno de los principales productos exportados a Europa por los españoles.
    • Índigo, para tonos azules.
    • Cáscara de granada, para amarillos y verdes.
    • Cal, que sirve para alterar colores.
    • Cáscara de nuez, para marrones.
    • Planta pericón, para amarillos.
    Dependiendo de la combinación de estos elementos con la lana, se obtienen distintos colores, y para fijarlos se utilizan sal o jugo de limón.

    Al finalizar la explicación, es posible adquirir los productos elaborados en el taller. Aunque al principio era la actividad que menos nos llamaba la atención, terminó siendo nuestra favorita por lo clara y detallada que fue la demostración. También nos sorprendió que las personas del lugar conversaban en zapoteco entre ellas; en esta región de Oaxaca, el zapoteco se enseña en algunas escuelas, lo cual es una excelente manera de conservar un idioma tan antiguo y valioso.

    Continuamos con la visita a la zona arqueológica de Mitla (750 d.C. – 1521 d.C.), ubicada en el pueblo San Pablo Villa de Mitla, uno de los llamados Pueblos Mágicos de México. Curiosamente, el nombre “Mitla” no es de origen zapoteco, sino náhuatl, y significa “lugar de los muertos”. Los zapotecos utilizaban esta región para enterrar a sacerdotes, gobernantes y figuras importantes de su sociedad, por lo que abundaban tumbas y templos funerarios. Esto motivó que los mexicas, al llegar alrededor del siglo XV, le pusieran ese nombre.

    Mitla fue una de las ciudades más importantes del pueblo zapoteco, establecida poco después de que abandonaran Monte Albán (750 d.C.). Cuando llegaron los españoles, la ciudad seguía habitada, por lo que fue conquistada y sufrió destrucciones, evidentes hoy en la Iglesia de San Pablo, construida en el siglo XVI, al igual que ocurrió en Cholula. En cambio, Monte Albán tuvo mejor suerte: al estar abandonada, no despertó interés en los conquistadores y no se destruyó; al menos no por esta razón.

    Afortunadamente, todavía se conservan ruinas que permiten, con la ayuda de los guías, aprender sobre la vida y la arquitectura zapoteca. Lo más destacado de Mitla son las grecas, patrones geométricos tallados en la piedra, así como las tumbas localizadas bajo lo que fueron palacios en su época. Es fascinante observar cómo sus construcciones se realizaban superponiendo piedras de manera que no necesitaban cemento; las fuerzas que actuaban entre las piedras eran suficientes para mantenerlas estables y seguras.

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    Construcciones con grecas en la zona arqueológica de Mitla

    La penúltima parada es el famoso Hierve el Agua, un manantial cuyas aguas carbonatadas han estado goteando de forma continua durante millones de años, formando depósitos de carbonato de calcio que parecen cascadas petrificadas o congeladas, con tonalidades variadas debido a la alta concentración de minerales. Cualquier objeto que caiga al agua puede acabar petrificándose o fosilizándose con el tiempo.

    El sitio tiene dos zonas principales: las albercas, piscinas naturales con aguas templadas entre 22 y 25 °C, y las cascadas petrificadas. Solo existen dos lugares en el mundo con este tipo de cascadas: Hierve el Agua y Pamukkale en Turquía.

    Desde el aparcamiento se puede hacer una caminata de aproximadamente 50 minutos que rodea ambas zonas: primero se observa las albercas desde arriba, luego se baja para ver las cascadas, se rodea esta parte y se sube por el lado opuesto de las albercas. El camino está bien, aunque no muy señalizado, por lo que podéis contratar a un guía local en el aparcamiento si queréis; el precio se da a voluntad.

    No olvidéis llevar bañador, ya que es posible meterse en las albercas. Hierve el Agua se encuentra en el municipio de San Lorenzo Roaguía y el acceso cuesta 20 MXN para la carretera que lleva al sitio, más 50 MXN para entrar al recinto, precio que no está incluido en la excursión.
     
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    Vistas de las cascadas petrificadas de Hierve el Agua

    La última parada del día es una mezcalería, concretamente El Rey de Matatlán. Como sabéis, las mezcalerías son muy famosas en Oaxaca, y en esta ocasión nos explicaron el proceso de producción del mezcal, además de ofrecernos, por supuesto, una cata.

    El proceso es lento y laborioso: la planta de maguey tarda entre 7 y 10 años en madurar. Una vez lista, se cortan las pencas (hojas) y se cuecen las piñas (el corazón de la planta, después de retirar las pencas). Tras la cocción, se trituran para extraer el jugo y se deja fermentar de manera natural.

    Aunque la visita tiene un carácter turístico, resultó muy interesante para comprender cómo se elabora esta bebida típica de Oaxaca y apreciar la dedicación que requiere cada etapa del proceso.

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