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2026-02-18T04:50:56Z
Zamora
Zamora, ciudad de unos 60.000 habitantes y capital de la provincia homónima, se encuentra al noroeste de Castilla y León, a orillas del río Duero. Es un destino ideal para recorrer con calma, ya que su tamaño permite explorar lo más interesante en un solo día.
Históricamente, Zamora formaba parte de la Vía de la Plata, la antigua ruta romana que cruzaba Hispania de sur a norte, desde Augusta Emerita (Mérida) hasta Asturica Augusta (Astorga). En este trayecto se encontraba Ocellum Durii, un asentamiento cuyo nombre, “ojo del Duero”, se cree que correspondía más o menos a la ubicación de la Zamora actual.
La ciudad también tuvo gran protagonismo en el siglo XV durante las disputas sucesorias entre Isabel I y Juana la Beltraneja, sobrina de Isabel e hija de Enrique IV, cuya legitimidad fue objeto de debate. La famosa expresión “No se ganó Zamora en una hora” surge de este conflicto, que enfrentó a los partidarios de Isabel y de Juana por el trono de Castilla.
También desempeñó un papel destacado en el siglo XV durante las disputas sucesorias entre Isabel I y Juana la Beltraneja, sobrina ilegítima de Isabel. A la muerte de Enrique IV en 1474, cuyo testamento se encontraba desaparecido, gran parte de la nobleza apoyó a Isabel, su hermana, mientras que otra parte respaldó a Juana, su supuesta hija, nacida, según se decía, de la relación entre la reina Juana de Portugal (segunda esposa de Enrique IV) y Beltrán de la Cueva, lo que le valió el apodo de “la Beltraneja”. De este conflicto entre los partidarios de Isabel y de Juana surgió la famosa expresión: “No se ganó Zamora en una hora”.
Hoy Zamora es especialmente conocida por su arte y arquitectura románica, uno de los conjuntos más importantes de Europa, con numerosas iglesias y edificios históricos que trasladan al visitante a siglos pasados.
En cuanto a logística, nosotros encontramos aparcamiento gratuito junto al Café Oviedo, en la Avenida del Mengue, aunque también hay opciones de pago cerca si se prefiere no dejar el coche en la calle.
Comenzaremos nuestro recorrido por el norte de Zamora y lo terminaremos en el sur, junto al río Duero.
Nuestra primera parada es la Plaza Mayor de Zamora, el corazón de todas las ciudades castellano-leonesas. En ella sobresale el Ayuntamiento Viejo de Zamora, un edificio del siglo XVI de dos plantas completamente de piedra, con una elegante fachada porticada. Desde su balcón ondean diversas banderas: la de España, la de Zamora y la de la Unión Europea, entre otras.
En el extremo opuesto se encuentra el Nuevo Ayuntamiento, construido en ladrillo rojo y fácilmente reconocible por su serie de arcos y su campanario, rematado con un reloj y el escudo de armas.
En el centro de la plaza se alza la Iglesia de San Juan de Puerta Nueva, edificada entre los siglos XII y XIV en estilo románico, aunque varias reformas a lo largo de los siglos han incorporado elementos renacentistas y barrocos. Uno de sus detalles más emblemáticos es el rosetón de la puerta sur, un símbolo destacado del románico zamorano.
Un apunte imprescindible sobre las iglesias románicas de Zamora: la ciudad cuenta con un total de 23 templos románicos, de los cuales 14 se concentran en el casco antiguo. De estas, ocho iglesias permiten el acceso por 1 € cada una: San Ildefonso, San Andrés, San Cipriano, Santiago del Burgo, La Magdalena, San Juan, Santa María la Nueva y San Vicente. También existe una entrada conjunta de 6 €, que permite visitar todas ellas. Como dato interesante, todos los miércoles de 10:00 a 12:00 el acceso es gratuito.
No obstante, nuestra recomendación es selectiva: no hace falta entrar a todas, ya que muchas comparten elementos arquitectónicos y su interior suele ser austero, como es habitual en el románico. Basta con elegir una o dos que más os llamen la atención para disfrutar de la esencia de este estilo arquitectónico.
Desde la Plaza Mayor arranca la pintoresca calle de Balborraz, una de las más fotografiadas de Zamora. Esta calle desciende suavemente y está flanqueada por una hilera de casas de variados colores y estilos arquitectónicos, muchas con encantadores balcones que invitan a detenerse a admirar los detalles. A medio camino os sorprenderá un enorme mural de la reina Doña Urraca de Portugal (1148-1211), primera mujer del rey Fernando II de León y madre de Alfonso IX. Fijaos también en la pared opuesta, donde un vibrante mural de un quetzal añade un toque de color y modernidad a esta calle histórica.
Ahora vamos a subir un poco hacia el norte, hasta la Plaza de Sagasta, una joya que puede pasar desapercibida si uno pasea distraído por el casco antiguo. Este rincón encantador está rodeado de edificios modernistas de principios del siglo XX, entre los que destaca el Edificio de "Las Cariátides", llamado así por las figuras femeninas que, a modo de columnas, sostienen la fachada.
Recorrer la ruta del modernismo en Zamora es altamente recomendable, ya que estos edificios no son casos aislados: están dispersos por todo el centro, especialmente construidos entre 1875 y 1930. El art nouveau francés del siglo XIX llegó a España bajo el nombre de modernismo, y Cataluña fue la comunidad donde más se desarrolló. Por ello, algunos de los arquitectos modernistas que trabajaron en Zamora eran catalanes de nacimiento, dejando su huella en la ciudad.
Además de la Plaza de Sagasta, podemos encontrar otros ejemplos en la calle Balborraz, el Teatro Ramos Carrión o el Casino Café Zamora, entre muchos otros.
La siguiente parada es la Plaza de Zorrilla, otra plaza emblemática de Zamora. A un lado se encuentran edificios modernistas, entre los que destaca el Casino Café Zamora, obra del arquitecto Miguel Mathet y Coloma, y al otro lado, el Palacio de los Momos, un elegante edificio renacentista del siglo XVI que contrasta con la arquitectura más reciente.
Siguiendo un poco más adelante se llega a la Plaza de la Constitución, otro de los espacios importantes de la ciudad, ideal para dar un pequeño paseo y luego regresar hacia la Plaza Mayor. Desde allí, continuamos hacia el sur, pasando por el Teatro Ramos Carrión, un edificio modernista del arquitecto Francisco Ferriol inaugurado en 2011 y con capacidad para 600 personas. Ferriol también firmó otras joyas modernistas de Zamora, como la Casa Crisanto Aguiar, junto al Mercado de Abastos, y las casas Mariano López y Faustina Leirado en la calle Balborraz.
A escasos metros del teatro se encuentra la Plaza de Viriato, dedicada al legendario guerrero lusitano —es decir, originario de la antigua provincia romana de Lusitania, que abarcaba gran parte del oeste de la Península Ibérica— que se enfrentó a las legiones romanas antes de Cristo. Su estatua de bronce preside la plaza, recordando la valentía y victorias de este héroe local. Junto a la plaza destaca el Parador de Zamora, un antiguo palacio renacentista del siglo XV perteneciente a los condes de Alba de Aliste, transformado en alojamiento turístico desde 1966.
Desde aquí, merece la pena un pequeño desvío hacia la Plaza de Santa Lucía, un rincón menos visitado pero con mucho encanto. Rodeada de edificios históricos, sobresalen el Palacio del Cordón y la Iglesia de Santa Lucía, con la torre de la Iglesia de San Cipriano asomando al fondo. Solo os llevará 10-15 minutos, pero el paseo vale totalmente la pena.
Volviendo hacia el norte, seguimos por la misma calle hasta llegar a la Iglesia de Santa María Magdalena, construida en el siglo XII. Su exterior impresiona por el rosetón y los delicados detalles tallados en el arco de la entrada, verdaderas obras de arte del románico zamorano. Aunque su interior es más sobrio que la fachada, merece la pena entrar (entrada 1 €) para contemplar el sepulcro románico de finales del siglo XII, que según la tradición fue realizado para la reina Doña Urraca de Portugal.
Continuando el paseo, llegamos a la Plaza de San Ildefonso, donde se alza la imponente Iglesia de San Pedro y San Ildefonso, la más grande de la ciudad después de la catedral. Construida también en el siglo XII sobre los restos de una iglesia visigoda, ha sufrido varias reformas a lo largo de los siglos, por lo que hoy combina elementos visigodos, románicos, barrocos y neoclásicos. Su interior destaca por el altar cubierto en pan de oro, mientras que la mejor perspectiva exterior se obtiene rodeando el edificio y observándolo desde la parte trasera. La entrada cuesta 1 €, igual que en las otras iglesias románicas del centro.
Continuamos por la calle por la que veníamos y nos desviamos a la derecha hasta la Plaza de San Isidoro, donde se alza la Iglesia de San Isidoro, de estilo románico y construida en el siglo XII. Aunque no es de las más destacadas, merece la pena dedicarle unos minutos, aunque sea para admirarla por fuera. En esta misma plaza también encontraremos una puerta en la muralla conocida antiguamente como Portillo de la Traición, hoy llamada Portillo de la Lealtad. Esta puerta conmemora un episodio de 1072, cuando Bellido Dolfos, noble de la región de León (que incluía la actual Zamora, León, Salamanca y alrededores), atravesó la muralla mientras huía del Cid. Este seguía a Bellido para vengar el asesinato del rey Sancho II de Castilla, que había asediado Zamora. En 2010 se decidió cambiar el nombre de “Traición” a “Lealtad”, en homenaje a la fidelidad de Bellido Dolfos a los zamoranos, quienes se vieron liberados del poder del rey castellano.
A pocos pasos llegamos al Castillo de Zamora, erigido en el siglo XI y reformado en siglos posteriores. Aunque algunas zonas están en ruinas, se conserva en buen estado y su elemento más impresionante es la Torre del Homenaje, desde donde se disfrutan vistas panorámicas del parque, el valle del Duero y la catedral. Más que un castillo, se trata de una fortaleza, ya que nunca albergó a reyes; siempre estuvo destinada a fines militares y también funcionó como prisión y tribunal de justicia. La entrada es gratuita y permite pasear por murallas y fosos, subir a la torre y, cada media hora aproximadamente, escuchar una breve explicación ofrecida por el personal del recinto.
Desde el mirador del castillo se obtiene una vista espectacular de la Catedral de Zamora, hacia la cual nos dirigimos a continuación. Esta catedral es única, especialmente por su cúpula —también llamada cimborrio— de influencia bizantina, sostenida por 16 arcos dobles con ventanas. Destaca también la Torre del Salvador, de planta cuadrada y visible desde distintos puntos de la ciudad. La catedral es de estilo románico, construida entre 1139 y 1174, considerablemente rápido para la época. En su interior, la planta de tres naves alberga una sillería del coro y un claustro que conduce al Museo Catedralicio, inaugurado en 1926 y donde se exponen, entre otras piezas, tapices del siglo XVI. Consultad su página web para horarios y precios; recordad que los lunes por la tarde, salvo festivos, la entrada es gratuita.
En la misma Plaza de la Catedral se encuentra el Museo Baltasar Lobo, inaugurado en 2007, que muestra parte de la obra del escultor zamorano Baltasar Lobo (1910-1993). El museo, de arte contemporáneo, ocupa dos plantas y alberga esculturas, pinturas y fotografías, centradas especialmente en la figura femenina, con numerosas representaciones de la maternidad. La entrada es gratuita y el museo abre todos los días, excepto los lunes, de 10:30 a 14:00 y de 17:00 a 20:00.
Desde allí, podemos bajar hacia el sur, cruzando la Puerta del Obispo, entrada sur del recinto amurallado construida en el siglo XI. Esto nos lleva hasta el río, donde llaman la atención tres construcciones alineadas en el agua: las Aceñas de Olivares, tres molinos del siglo X, cada uno con un uso distinto. Las aceñas son molinos harineros sobre el agua, y en cada uno se explica su funcionamiento y los distintos mecanismos y herramientas empleadas. El primer molino servía para forjar objetos de hierro, el segundo para trabajar tejidos de lino y lana, y el tercero para moler harina.
El acceso a las aceñas es gratuito y, justo después del tercer molino, hay unas barcas disponibles también sin coste para pasear por el río durante una hora. Cada barca admite hasta cuatro personas y solo hay que coordinarse con el responsable de los molinos, que proporciona los remos y explica el funcionamiento. Esta actividad es una manera muy agradable de cerrar la ruta por Zamora.
Para terminar la visita, lo ideal es pasear tranquilamente a orillas del río Duero. Allí podremos ver el Puente de Piedra, construcción románica del siglo XIII aunque reformada en el siglo XX, con una longitud de 280 metros. Si podéis, subid al Mirador del Troncoso, desde donde se obtiene una panorámica preciosa del Duero y del puente. Es un lugar perfecto para relajarse y despedirse de la ciudad.
Zamora es famosa por su buena carne y su excelente vino. Por un lado, destacan los productos de ternera de Aliste, una comarca cercana, y por otro, los vinos de la Denominación de Origen Toro, con propuestas muy recomendables como Dominio del Bendito, que nos recomendaron y nos encantó.
Algunos de los lugares que recomendamos para comer:
Patanegra Bar Restaurante – nuestro favorito. Tienen varias tapas ganadoras de concursos anuales. Probamos: Torito, la mini hamburguesa de ternera de Aliste, Nivel 3, Quijote y Zamoranito, todas exquisitas.
Bar la Herrería – cuenta con zona de tapeo y restaurante. En tapeo probamos las mollejas de ternera, tapas de arroz a la zamorana, chorizo de Zamora, pinchos morunos y una tosta de jamón. Todo delicioso y muy representativo de la cocina local.
Bar Bayadoliz – ubicado en la calle de los Herreros, conocida por sus bares. Ideal para raciones y sándwiches, y abre hasta tarde, perfecto si llegáis por la noche.
El Lobo - El Rey de los Pinchitos – especializado en pinchos morunos, plato de origen árabe muy popular en toda España, pero aquí en Zamora es particularmente apreciado.
Valenciana Shock – una heladería estupenda, perfecta para bajar la comida o cena y disfrutar de un capricho dulce.
⮚A una hora de Zamora encontramos Miranda do Douro, un pequeño y encantador pueblo portugués de unos 7.500 habitantes, ubicado justo en la frontera. Su casco histórico se recorre tranquilamente en aproximadamente una hora. Lo más destacado incluye: los restos de su castillo, la concatedral y un estupendo mirador junto a la concatedral. Sin embargo, lo que realmente atrae a los visitantes es la experiencia del crucero por los Arribes del Duero, un recorrido en barco por los espectaculares cañones que forma el río Duero al atravesar la frontera entre España y Portugal. Durante el trayecto, un guía certificado ofrece comentarios en español y portugués.
Se trata de un proyecto conjunto de ambos países, financiado por la UE, y las reservas se hacen a través de la página web oficial. El punto de encuentro es la Estación Biológica Internacional DueroDouro, donde hay aparcamiento disponible. Importante: al reservar, tened en cuenta que en Portugal la hora oficial es una hora menos que en España.
⮚Lago de Sanabria. A una hora y media de Zamora, en el norte de la provincia, encontramos el Lago de Sanabria, un lago glaciar rodeado de un entorno natural espectacular. Es, sin duda, una excursión que no puede faltar en cualquier ruta por Zamora. También se puede realizar un crucero por el lago, operado por la misma empresa que organiza los cruceros de los Arribes del Duero. El mejor lugar para contemplar el lago en su plenitud es desde el pueblo de San Martín de Castañeda, situado en una colina al norte del lago. Allí encontraréis varios miradores, siendo el más destacado el Mirador San Martín de Castañeda. No obstante, como pueblo, Puebla de Sanabria resulta aún más encantador. Con aire medieval, este pueblo ofrece un castillo del siglo XV, calles empedradas y rincones pintorescos.
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