Jaén capital, con 112.000 habitantes, es una ciudad tranquila y acogedora que se disfruta muy bien en una sola jornada. Aunque tiene menos monumentos que otras capitales andaluzas, los que ofrece son realmente interesantes y con mucha historia. Su ambiente sereno, su casco histórico y sus vistas desde el castillo la convierten en una visita muy agradable.
Además, Jaén no es solo su ciudad: es una provincia única en España. Tiene la mayor superficie de parques naturales protegidos del país, nada menos que cuatro y más de 300.000 hectáreas; es la provincia con mayor concentración de castillos de Europa, con un total 237 fortificaciones registradas; y, por si fuera poco, alberga el mayor bosque humanizado o cultivado del mundo, formado por 66 millones de olivos que lo cubren todo como un mar verde infinito.
¿Cómo llegar a Jaén?
Llegar a Jaén es bastante sencillo. Podéis hacerlo en
tren, comprando los billetes directamente desde la web de
Renfe; también en
autobús, con la compañía
Alsa, que conecta la ciudad con muchos puntos de España; o, por supuesto, en
coche particular.
En nuestro caso, vinimos en coche, y la experiencia fue muy cómoda. 🅿️Para aparcar, suele haber estacionamiento público con parquímetro en calles como Millán de Priego, que queda bastante céntrica. Si preferís algo más práctico y no preocuparos por el tiempo, también tenéis la opción del Aparcamiento Teatro, un parking de pago bien situado para empezar a recorrer la ciudad sin complicaciones.
¿Qué ver en Jaén?
Como nosotros empezamos la visita dejando el coche en la calle Millán de Priego, el primer lugar que nos encontramos es el Antiguo Hospital San Juan de Dios. Este edificio fue en su día un hospital de beneficencia y hoy funciona como centro cultural con exposiciones, muchas de ellas dedicadas a escritores. El patio interior es una preciosidad, muy luminoso y con ese aire tranquilo que invita a quedarse un rato. La iglesia del conjunto es muy curiosa: ha sido reconvertida en salón de actos, retirando todas las imágenes excepto la de San Juan, y colocando filas de sillas como si fuera un auditorio. La entrada es gratuita, así que merece la pena entrar aunque sea un unos minutos.
Patio interior del Antiguo Hospital San Juan de Dios
Desde allí bajamos hacia la Plaza de la Magdalena, uno de los rincones con más historia de Jaén. Aquí se encuentra la Iglesia de Santa María Magdalena y, justo al lado, el Raudal de la Magdalena, una fuente que durante la etapa islámica abastecía de agua a los Baños Árabes que visitaremos después. Hoy la fuente no es especialmente llamativa, pero tiene un valor simbólico enorme porque es el origen de la leyenda del Lagarto de Jaén. Según se cuenta, un enorme lagarto vivía en esta zona y atemorizaba a los vecinos hasta que un valiente consiguió acabar con él ofreciéndole un saco lleno de pan y pólvora; cuando el lagarto lo devoró, explotó desde dentro. Por eso veréis figuras y monumentos de lagartos repartidos por la ciudad.
Muy cerca se encuentra uno de los imprescindibles de Jaén: el Centro Cultural Baños Árabes, ubicado en el majestuoso Palacio de Villardompardo. El centro tiene cinco plantas y la visita empieza en la planta 3, desde donde vais bajando hasta llegar a los baños, situados en la planta -1. En los niveles intermedios y en el inferior se encuentra el Museo de Artes y Costumbres Populares, con fotografías antiguas y objetos auténticos relacionados con oficios artesanos, la matanza, la vida doméstica en una casa andaluza tradicional, medios de transporte, juegos infantiles… Es un recorrido muy completo y muy visual.
En cuanto a los Baños Árabes en sí, Jaén —que en época andalusí se llamaba Yayyan— llegó a tener varios, y este es uno de ellos. Probablemente hubo una mezquita cerca, como era habitual, aunque no se ha encontrado todavía. Construidos en los siglos XI–XII, los Baños Árabes de Jaén (Hammam al-Walad) están considerados los más grandes y mejor conservados de Europa, y cuando los recorréis entendéis por qué. Los baños no eran solo un lugar de higiene, sino un espacio social donde la gente pasaba mucho tiempo. Al atardecer terminaba el turno de los hombres y comenzaba el de las mujeres.
En la planta de los baños os recomendamos empezar viendo el vídeo explicativo, que resume muy bien la evolución de Jaén y el funcionamiento del hammam. Después se recorren las distintas salas:
- El vestíbulo, donde la gente se desvestía.
- La sala fría, que servía como espacio de reposo.
- La sala templada, la más amplia, con su estructura de bóvedas de cañón y cúpulas. Aquí trabajaban los mozos de baño atendiendo a los clientes.
- La sala caliente, donde la temperatura era muy alta y se generaba vapor al verter agua fría sobre el suelo caliente.
Todo el sistema funcionaba gracias a un horno y una caldera que calentaban el agua y enviaban el humo caliente por una red de tuberías bajo el suelo y las paredes, antes de expulsarlo al exterior. Una auténtica obra de ingeniería.
Lo mejor: la
entrada es gratuita, y los horarios los podéis ver en su
página web.
Si tenéis tiempo, merece la pena recorrer todas las plantas; si vais con prisa, podéis bajar directamente a los baños árabes.
Sala Fría de los Baños Árabes de Jaén
Al salir, seguimos caminando hasta la Plaza de San Juan, un rincón muy agradable con un pequeño parque y la Parroquia de San Juan y San Pedro como telón de fondo. La parroquia no destaca hoy tanto por su belleza interior como por la enorme carga histórica que encierra. Su origen es muy antiguo y se cree que se levantó sobre una antigua mezquita, lo que la convierte en uno de los templos más simbólicos de Jaén. No cuenta con un horario de apertura estable, por lo que no siempre es posible visitarla y su acceso depende de que en ese momento se encuentre abierta.
En la Plaza de Santiago se puede visitar el Refugio Antiaéreo construido en 1937, un espacio histórico creado para proteger a la población civil de los bombardeos de la Legión Cóndor alemana, aliada de Franco durante la Guerra Civil Española. El refugio no está abierto al público de manera libre, sino que solo puede visitarse mediante visitas guiadas de pago, que deben contratarse previamente con alguna de las empresas que las organizan. Conviene tenerlo en cuenta porque no siempre hay visitas disponibles y, la mayor parte del tiempo permanece cerrado.
Desde aquí ya nos vamos acercando al corazón de la ciudad, pasando por la coqueta calle Colón, donde destacan sus farolas cerámicas de estilo art déco y el histórico Teatro Darymelia presidiendo la zona. En esta misma calle se encuentra también el Monumento a los Cofrades, situado en la pequeña plaza Cervantes, una escultura que representa a una mujer de mantilla, un nazareno y un niño monaguillo.
Calle Colón y Teatro Darymelia
Y finalmente llegamos a la Plaza de Santa María, la plaza más importante de Jaén. Es un espacio amplio donde se encuentran dos de los edificios más representativos de la ciudad: por un lado, el Ayuntamiento, y justo enfrente, dominando toda la plaza, la impresionante catedral.
La Catedral de Jaén es la joya absoluta de la ciudad. Su fachada barroca de torres gemelas es impresionante y tiene una particularidad muy llamativa: nada menos que 62 balcones en total, 27 exteriores y 35 interiores, que le dan una presencia única. La catedral se levanta sobre el lugar donde estuvo la antigua mezquita mayor de la ciudad. Tras la reconquista en 1246, aquella mezquita fue consagrada como templo cristiano, y más tarde, a partir del siglo XVI, se construyó la catedral renacentista que vemos hoy.
Su interior presenta tres amplias y luminosas naves, con numerosas capillas laterales, añadidas y decoradas a lo largo de los siglos. El coro gótico tardío es otro de los elementos más destacados, especialmente por su belleza y por su gran número de sitiales. La sacristía renacentista, con sus columnas corintias y bóveda de medio cañón, es considerada una de las joyas de la catedral.
La entrada —salvo para asistir a misa— es de pago, pero merece la pena si tenéis tiempo suficiente e interés en este tipo de monumentos. En su
página web podéis ver sus horarios y precios.
Fachada principal de la Catedral de Jaén
Por último, vamos a visitar el
Castillo de Santa Catalina, uno de esos planes que hacen que Jaén se disfrute desde otra perspectiva. Se puede subir en coche en apenas quince minutos —arriba hay un parking muy cómodo— o hacerlo andando por una ruta de unos cuatro kilómetros que recompensa con cada paso. En la cima os recibirán dos edificios: primero el Parador de Jaén, un lugar perfecto para relajarse y tomar un café, y justo después el castillo, cuyo interior puede visitarse por un precio muy asequible. En su
página web podéis ver los horarios y precios.
Exterior del Castillo de Santa Catalina
Aun así, muchos viajeros coinciden en que lo más impresionante está en el exterior. Desde aquí arriba, la panorámica de la ciudad es inolvidable, y si camináis unos diez minutos hasta la Cruz del Castillo de Santa Catalina, podrás contemplar la Catedral dominando la ciudad majestuosamente. Y si miras hacia el lado contrario, el paisaje cambia por completo: aparecen las montañas que rodean Jaén, un mar de sierras que enmarca la ciudad y hace que el mirador sea aún más impresionante.
Vistas de la Catedral de Jaén desde la Cruz del Castillo de Santa Catalina
¿Dónde comer en Jaén?
Ir de tapas por Jaén es casi una obligación para cualquier visitante. La mayoría de los bares se concentran en las calles que rodean la Catedral, especialmente en torno a Arco de Consuelo y Calle Cerón, donde siempre hay ambiente.
Entre las especialidades locales destacan la pipirrana —una ensalada fresca de tomate, pimiento, huevo y atún muy típica en verano—, los flamenquines, la morcilla en caldera (servida guisada, no embutida), el paté de perdiz de La Carolina, el lomo de orza o las migas. Y para beber, la cerveza local: la Alcázar.
Para tapear, uno de los clásicos es Panaceite, con varios locales en la ciudad; el más práctico para quienes visitan el casco antiguo es Panaceite Centro, aunque suele estar siempre muy concurrido. También son muy populares las tapas del Bar El Abuelo, Bar “La Barra” JAEN con su famosa morcilla, Taberna Casa Gorrión, Taberna “La Manchega” o Taberna 4 Esquinas (un poco más alejado), todos ellos con mucho sabor local.
Y si se busca algo más especial, Jaén presume de cuatro restaurantes con Estrella Michelín en pleno centro: Bagá, Dama Juana, Radis y Malak, perfectos para una experiencia gastronómica de nivel.
Más alternativas en Jaén
Si cuentas con más días para disfrutar de Jaén, la ciudad ofrece un abanico de planes que permiten profundizar en su historia y su identidad cultural. La mejor visita posible es la del Museo Íbero de Jaén, un espacio único en España dedicado íntegramente a la cultura íbera. Su colección permanente muestra esculturas, ajuares funerarios, cerámicas y piezas procedentes de yacimientos emblemáticos de la provincia como Cerrillo Blanco en Porcuna o la Necrópolis de Piquía en Arjona, ofreciendo una visión clara de cómo vivían, creían y se organizaban estos pueblos.
Excursiones desde Jaén
Desde Jaén también es muy fácil organizar excursiones a algunos de los destinos más especiales de la provincia.
→A menos de una hora se encuentran Úbeda y Baeza, auténticas joyas del Renacimiento español declaradas Patrimonio de la Humanidad, ideales para perderse entre palacios, plazas y calles llenas de historia.
→Otra escapada imprescindible es Baños de la Encina, con su imponente castillo califal de Burgalimar, uno de los mejor conservados de Europa.
→Y para quienes buscan pueblos con carácter y un pasado fascinante, la campiña jiennense ofrece lugares como
Arjona,
Arjonilla o
Porcuna, cargados de patrimonio, leyendas y rincones sorprendentes.
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