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Artículo actualizado en: 2026-03-26T16:39:31Z

Toledo

Toledo es una ciudad de 86.500 habitantes, capital de la provincia del mismo nombre y también de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.

Es Patrimonio Mundial de la Humanidad desde el 26 de noviembre de 1986. Su cercanía a Madrid la convierte en una excursión típica de un día desde la capital, así como desde otras ciudades y pueblos de los alrededores.

Es una ciudad muy turística y, especialmente los fines de semana, puede verse colapsada por cientos de tours en varios idiomas que recorren sus calles. Recomendamos dedicarle al menos un día completo, aunque ofrece suficientes actividades como para disfrutar de un fin de semana entero. Eso sí, la mayoría de las atracciones turísticas son de pago, con algunas excepciones si se visitan en horarios concretos.

Existe una entrada conjunta llamada Pulsera Turística de Toledo, que permite acceder a siete atracciones de la ciudad: la Sinagoga de Santa María La Blanca, la Iglesia de El Salvador, la Iglesia de Santo Tomé, la Mezquita del Cristo de la Luz, el Monasterio de San Juan de los Reyes, la Iglesia de los Jesuitas (San Ildefonso) y el Real Colegio de Doncellas Nobles. No incluye la catedral ni el alcázar —que son los principales monumentos—, y sí da acceso a otras iglesias de menor relevancia, por lo que conviene valorar si realmente compensa. Sale a cuenta si se visitan cuatro o más de estos lugares. En su página web podéis consultar los precios actualizados.

    ¿Cómo llegar a Toledo?

    Toledo cuenta con estación de tren y de autobuses, por lo que ambas opciones son perfectamente válidas.

    🚌Desde Madrid, el autobús es la opción más barata y flexible, ya que el billete es abierto y permite tomar cualquier bus dentro del día seleccionado. Los autobuses salen desde el Intercambiador de Plaza Elíptica y se reservan a través de Alsa.

    🚅El tren es la alternativa más rápida desde Madrid: el trayecto dura poco más de media hora y su precio es aproximadamente el doble que el del autobús, aunque sigue siendo razonable. Los trenes parten de Madrid–Puerta de Atocha y se reservan a través de Renfe.

    🚗También es posible llegar cómodamente en coche. Nosotros optamos por esta opción y aparcamos de forma gratuita en un parking situado junto a los restos del circo romano. No recomendamos entrar al casco antiguo con el coche, ya que muchas calles tienen menos de 2 metros de ancho y no todos los vehículos caben. No sería la primera vez que el GPS indica una calle no apta para todos los coches.

    ¿Qué ver en Toledo?

    Toledo es una ciudad con un riquísimo patrimonio cultural; algunos la conocen como la ciudad de las tres culturas, ya que durante siglos fue hogar de cristianos, musulmanes y judíos. Ese legado se refleja claramente en su arquitectura, donde conviven sinagogas como la del Tránsito y Santa María la Blanca, mezquitas como la del Cristo de la Luz y templos cristianos como el Monasterio de San Juan de los Reyes o la Catedral.

    Comenzaremos la visita en la Rotonda de la Avenida de la Reconquista, situada junto al aparcamiento donde dejamos el coche y cerca de otros estacionamientos de la zona. Esta rotonda, presidida por una enorme bandera nacional, se encuentra junto a la muralla medieval y marca el inicio del casco antiguo. Desde aquí parte la Escalera mecánica del Parque Recaredo, una práctica escalera mecánica que conecta la parte baja de la ciudad con el casco histórico. Una idea fantástica, sin duda.
     
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    Rotonda Avenida de la Reconquista con muralla detrás

    Lo primero que veremos al subir por las escaleras mecánicas es el Convento de Santo Domingo El Antiguo, lugar donde está enterrado El Greco, nacido en Creta en 1541 y fallecido en Toledo en 1614. El convento destaca por los tres retablos diseñados por el propio artista, que además incluyen pinturas suyas. Se trata de un retablo mayor y dos laterales, realizados entre 1577 y 1579 y compuestos por nueve lienzos, de los cuales solo tres son originales: San Juan Evangelista y San Juan Bautista en el retablo mayor, y La Resurrección de Cristo en el retablo lateral derecho. El resto son copias, ya que los originales fueron vendidos. También puede visitarse la tumba del pintor greco-español. La entrada cuesta 3 y no está incluida en la Pulsera Turística de Toledo. El convento está anexo, pared con pared, a la Parroquia de Santa Leocadia, aunque se trata de dos templos distintos.

    Muy cerca se encuentra otra iglesia destacada: la Iglesia de los Jesuitas, también conocida como Iglesia de San Ildefonso. Fue construida por orden de los jesuitas entre 1629 y 1765 en el lugar donde, según la leyenda, nació San Ildefonso, patrón de Toledo. Su arquitectura barroca es especialmente llamativa, en particular la fachada principal con sus dos torres gemelas de algo más de 50 metros de altura, a las que se puede subir para disfrutar de unas vistas panorámicas de toda la ciudad, incluido el casco antiguo, la Catedral y el Alcázar. El acceso cuesta 4 € por adulto, aunque está incluido en la Pulsera Turística de Toledo.

    En la ciudad de las tres culturas también encontramos templos de origen musulmán. Un buen ejemplo es la Mezquita del Cristo de la Luz, uno de los monumentos más antiguos de Toledo. Fue construida en el año 999, cuando la ciudad formaba parte del Califato de Córdoba. Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, el edificio fue consagrado como iglesia y se le añadió un ábside románico‑mudéjar (la parte semicircular que sobresale en uno de los extremos). Así, se trata de una mezquita de estilo andalusí transformada posteriormente en templo cristiano.

    Originalmente se llamaba mezquita de Bab al‑Mardum, pero tras la conquista cristiana pasó a denominarse “Cristo de la Luz” por la imagen de un Cristo crucificado que se colocó en su interior. La entrada cuesta 4 € por adulto, aunque está incluida en la Pulsera Turística de Toledo. Exteriormente es muy llamativa, pero su interior genera opiniones divididas: muchos creen que solo compensa entrar si se tiene la pulsera, ya que es pequeño y consta de una única sala.

    La joya de la corona de la ciudad es la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, conocida simplemente como Catedral de Toledo. Su historia se remonta al año 1085, cuando se firmaron las Capitulaciones de Toledo, los acuerdos mediante los cuales la ciudad fue entregada al rey Alfonso VI de León y Castilla tras la reconquista cristiana. En ellos se garantizaba el respeto a la religión y a las costumbres musulmanas que habían predominado hasta entonces.

    Sin embargo, en 1087, aprovechando la ausencia del rey, su esposa y el arzobispo de la ciudad tomaron por la fuerza la Mezquita Mayor y la convirtieron en iglesia, violando así lo pactado. Ya en 1226, durante el reinado de Fernando III el Santo, aquella antigua mezquita —consagrada previamente como templo cristiano— fue profundamente transformada hasta convertirse en la catedral que conocemos hoy.
     
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    Catedral de Toledo desde la fachada que da a la Plaza del Ayuntamiento

    Es una auténtica obra maestra del gótico, con un interior impresionante gracias a sus vidrieras, su órgano, el detallado retablo del altar mayor y las tallas de la sillería del coro. Además, la sala capitular alberga varios cuadros de El Greco, incluido su famoso El Expolio (1577), que representa a Jesucristo siendo despojado de sus vestiduras antes de la crucifixión. Es, en cierto modo, como visitar una catedral y un museo de arte al mismo tiempo.

    La catedral es inmensa, algo que se aprecia claramente al rodearla por fuera. Su torre, de 92 metros de altura, alberga varias campanas, pero una destaca sobre todas: la Campana Gorda, también conocida como San Eugenio, que pesa casi 18 toneladas. Su subida a lo alto de la torre fue todo un acontecimiento en 1755.

    Entre sus accesos, una de las puertas más emblemáticas es la Puerta del Reloj, por la que se entra para asistir a misa. Es la puerta más antigua de la catedral, del siglo XIV, y en su fachada luce un reloj de una sola manecilla. En el tímpano (la zona decorativa entre el arco y la puerta) se representan escenas bíblicas y episodios de la vida de Cristo distribuidos en cuatro franjas horizontales: la Anunciación, la Natividad, la Adoración de los Reyes Magos, la Degollación de los Inocentes, la Huida a Egipto, la Circuncisión, el Bautismo de Jesús, las Bodas de Caná, entre otras. Las otras puertas principales —la Puerta del Perdón y la Puerta de los Leones— son igualmente impresionantes. La entrada turística, sin embargo, se realiza por la Puerta Llana, una puerta más sencilla situada junto a la de los Leones.

    En su página web podéis consultar horarios y precios. Los tickets pueden comprarse en las taquillas ubicadas en una tienda frente a la entrada principal o por Internet, donde se ofrece la entrada estándar y otra más cara que incluye acceso a Lumina, un espectáculo nocturno de luces y sonido. Un truco útil si visitáis la ciudad entre semana es acudir de 8:00 a 9:15 de la mañana (de lunes a viernes), franja en la que el acceso es gratuito por la Puerta del Reloj.
     
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    Puerta del Reloj de la Catedral de Toledo

    La vista más completa de la catedral se obtiene desde la Plaza del Ayuntamiento, que da a la Puerta del Perdón. La plaza recibe su nombre por el edificio que preside uno de sus lados: el Ayuntamiento de Toledo, un precioso ejemplo de arquitectura renacentista. En su fachada ondean cuatro banderas que representan los distintos niveles de gobierno: la municipal de Toledo (la rosa carmesí), la de la comunidad autónoma de Castilla‑La Mancha, la nacional de España y la de la Unión Europea. Justo detrás puede verse, tallado en piedra, el escudo heráldico de Toledo, que muestra un águila bicéfala —símbolo del Sacro Imperio Romano Germánico— coronada con la corona imperial, un emblema adoptado en el siglo XVI durante el reinado de Carlos I de España (Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico).

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    Ayuntamiento de Toledo

    El otro edificio destacado de esta plaza, además del Ayuntamiento y la catedral, es el Palacio Arzobispal. Se trata de otra obra del Renacimiento español, diseñada por Alonso de Covarrubias en 1543 y que hoy sigue siendo una sede institucional vinculada al Arzobispado. El edificio actual data de 1543, aunque ha sufrido reformas posteriores, y se levantó sobre unas casas situadas junto a la catedral que fueron donadas en el siglo XIII por el rey Alfonso VIII al arzobispo de la época. Más tarde, estas dependencias quedaron conectadas con la catedral mediante el famoso Arco del Palacio.

    El palacio no está abierto al público, así que solo puede admirarse su fachada, dominada por una portada con arco de medio punto, columnas dobles jónicas y figuras de ninfas en la parte superior. El balcón de hierro forjado se añadió más tarde, en el siglo XVII.
     
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    Palacio Arzobispal en la Plaza del Ayuntamiento

    Desde aquí tomamos la calle del Comercio, que, como su nombre indica, es la principal arteria comercial de la ciudad. Conecta la Catedral de Toledo con la Plaza de Zocodover y está repleta de todo tipo de tiendas: desde souvenirs y artesanías hasta productos gastronómicos típicos como el mazapán, además de bares y restaurantes. A lo largo del recorrido, la calle ofrece además unas vistas magníficas de la torre de la Catedral al fondo.
     
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    Calle del Comercio con la torre de la Catedral de fondo

    La Plaza de Zocodover ha sido, desde la Edad Media, uno de los grandes centros neurálgicos de Toledo: lugar de mercado, de comercio, de encuentro y escenario de todo tipo de eventos, desde ferias y fiestas locales hasta corridas de toros e incluso sentencias y ejecuciones públicas durante la Inquisición. Aunque la plaza existe desde hace siglos y ha ido cambiando con el tiempo, su diseño actual —con esa característica forma triangular— se debe al arquitecto Juan de Herrera, durante el reinado de Felipe II en el siglo XVI.

    Hoy en día sigue utilizándose para actos y eventos culturales, aunque en el día a día la gente viene sobre todo a sentarse en alguna de sus terrazas. Desde aquí ya se divisa, en una de sus esquinas, la silueta de las torres del Alcázar, nuestra próxima parada. Por cierto, en las calles que rodean el Alcázar, como la calle Horno de los Bizcochos, hay varias tiendas de souvenirs a muy buen precio, de las más baratas que encontramos en la ciudad.
     
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    Plaza de Zocodover

    Continuamos nuestro recorrido cruzando el Arco de la Sangre, una puerta construida por los árabes en el siglo X que comunicaba la medina (el actual casco antiguo) con la alcazaba (la fortaleza o alcázar). En aquella época era conocida como Bab‑al‑Yayl, la “puerta de los caballos”. Tras atravesar el arco y bajar las escaleras, nos encontraremos con el Monumento a Miguel de Cervantes, una estatua de bronce a tamaño real inaugurada en 2006 y dedicada al escritor español más célebre de la historia, que vivió temporalmente en la ciudad durante el siglo XVI.
     
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    Monumento a Miguel de Cervantes

    Enseguida veremos el Museo de Santa Cruz, ubicado en un hermoso edificio renacentista que funcionó como hospital desde el siglo XVI hasta 1919, año en que fue transformado en museo. En la fachada aún pueden apreciarse agujeros de bala de la Guerra Civil (1936‑1939), conflicto del que hablaremos enseguida.

    El museo destaca por su patio interior, su claustro y su escalera, y alberga colecciones de arqueología y obras del taller de El Greco, es decir, pinturas realizadas por él y por sus discípulos. Su pieza más importante es la Inmaculada Ovalle, una de sus últimas grandes obras, firmada por el propio artista con su nombre —Doménikos Theotokópoulos— en la esquina inferior derecha.

    Abre de lunes a sábado de 10:00 a 18:00 y los domingos de 9:00 a 15:00, y el acceso es gratuito.
     
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    Patio interior del Museo de Santa Cruz

    El skyline de la ciudad está dominado por el Alcázar de Toledo, situado en la parte más alta de la ciudad y visible incluso desde la carretera que llega desde Madrid. La primera construcción en este lugar se remonta al siglo III, cuando se levantó un palacio romano. A lo largo de los siglos fue reconstruido por los distintos pueblos que habitaron Toledo: visigodos, musulmanes y cristianos. De su etapa musulmana procede su nombre actual, ya que lo llamaron “Al Qasar”, que en árabe significa “fortaleza”.

    El cambio más importante llegó en el siglo XVI, cuando Carlos I de España (Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico) lo reformó profundamente para convertirlo en su residencia. Aunque nunca vivió aquí de forma habitual, sí lo hizo temporalmente. Además, eligió Toledo como capital del Imperio y trasladó su Corte a la ciudad. En el Alcázar tuvieron lugar episodios históricos destacados, como la recepción de Hernán Cortés en 1528, recién regresado de la conquista de México. Como anécdota, Cortés trajo consigo tesoros mexicas, animales exóticos e incluso indígenas que realizaron bailes tradicionales y demostraciones del famoso juego de pelota mesoamericano.

    Durante la Guerra Civil Española (1936), tras el levantamiento militar contra el gobierno de la Segunda República, el Alcázar fue ocupado por militares franquistas del bando nacional y convertido en un núcleo de resistencia. Las fuerzas republicanas lo asediaron durante 70 días sin éxito, y la fortaleza quedó prácticamente en ruinas al final del conflicto. En este contexto ocurrió un episodio muy conocido: el secuestro del hijo del coronel José Moscardó Ituarte, líder del alzamiento militar y la ocupación del Alcázar. El Frente Popular amenazó con ejecutarlo si no se rendía, pero Moscardó se negó, y su hijo fue finalmente fusilado un mes después. Su historia fue utilizada posteriormente como símbolo de sacrificio por la propaganda franquista.

    Tras la guerra, durante el Franquismo, el Alcázar fue reconstruido y convertido en un emblema del régimen, además de sede del Museo del Ejército, que aún hoy se encuentra en su interior.

    La entrada cuesta 5 €, aunque existen descuentos para personas con discapacidad y familias numerosas, y los domingos es gratuita para todo el mundo. Además del Museo del Ejército, el Alcázar alberga también la Biblioteca de Castilla‑La Mancha, que es la única parte del edificio con acceso libre. En su última planta hay una cafetería mirador, una opción estupenda si os gustan las vistas panorámicas de las ciudades.

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    Alcázar de Toledo

    Ahora nos dirigimos a la otra punta de la ciudad para visitar el barrio de la Judería de Toledo, que recibe su nombre de la época en que la comunidad judía se asentó aquí, principalmente entre los siglos XII y XV. No es que todos los judíos vivieran en esta zona, pero era el núcleo de la comunidad. A los judíos que habitaban en la Península se les conocía como sefardíes, ya que Sefarad es un nombre bíblico que, según la tradición judía, hace referencia a la Península Ibérica.

    A pesar del pogromo de 1391 —una serie de ataques contra las comunidades judías y conversiones forzosas al cristianismo— y de la expulsión de 1492 decretada por los Reyes Católicos, el barrio mantuvo su nombre. Hoy en día, pasear por sus calles es recorrer la historia de Toledo y de sus tres grandes culturas: la hebrea, la cristiana y la musulmana.

    Por la Judería encontraremos diversos símbolos en forma de adoquines o azulejos, tanto en el suelo como en las paredes. Entre ellos destacan el candelabro de siete brazos (menorá), símbolo del judaísmo; la estrella de David; la silueta de la Península Ibérica, que también aparece en otras ciudades como Segovia y representa la Red de Juderías de España; y otros con inscripciones en hebreo.
     
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    Símbolos de la Judería de Toledo

    Comenzamos el recorrido por la Judería en la Iglesia de Santo Tomé, un templo católico del siglo XIV construido sobre una antigua mezquita musulmana. Está levantado en estilo mudéjar —una combinación de elementos cristianos y musulmanes— y destaca especialmente por su icónica torre de ladrillo.

    En su interior se conserva una auténtica joya: El Entierro del Señor de Orgaz (1586–1588), una de las obras más célebres de El Greco. El cuadro se divide en dos partes: la inferior representa el entierro del noble toledano Don Gonzalo Ruiz de Toledo, mientras que la superior muestra el cielo, con Cristo, la Virgen, San Juan Bautista y varios ángeles, creando una poderosa fusión entre lo terrenal y lo celestial.

    La entrada cuesta 4 € por adulto, aunque está incluida en la Pulsera Turística de Toledo.

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    Iglesia de Santo Tomé de Toledo

    Muy cerca se encuentra el Museo del Greco, dedicado al pintor cretense Doménikos Theotokópoulos, que vivió en Toledo desde 1577 hasta su muerte en 1614, es decir, durante 37 años. No es una visita imprescindible, pero como la entrada cuesta solo 3 €, y además es gratuita los sábados desde las 14:00 y los domingos todo el día, puede merecer la pena si os gusta la pintura. No está incluido en la Pulsera Turística de Toledo.

    Y, por supuesto, estando en la Judería no puede faltar la visita a alguna sinagoga. En Toledo destacan dos, y la primera es la Sinagoga del Tránsito. Por fuera puede engañar, ya que parece una iglesia cristiana o simplemente un edificio medieval, pero en su interior alberga una formidable sala de oración y el Museo Sefardí, que forman un único conjunto con una sola entrada. La sala está cubierta por un artesonado (techo) de madera y decorada con inscripciones en hebreo y yeserías de estilo mudéjar. Como ciudad de convivencia entre tres culturas, era habitual que artesanos musulmanes trabajaran también en edificios judíos.

    Tras la expulsión de los judíos en 1492, los Reyes Católicos cedieron el edificio a la Orden de Calatrava, que lo convirtió en hospital y, más tarde, lo reformó para su uso como iglesia cristiana. La entrada cuesta 3 €, y al igual que el Museo del Greco, es gratuita los sábados desde las 14:00 y los domingos todo el día. Tampoco está incluida en la Pulsera Turística de Toledo.
     
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    Sinagoga del Tránsito

    La otra sinagoga del barrio es la Sinagoga de Santa María La Blanca, un edificio único que refleja a la perfección la diversidad cultural de Toledo. Fue erigida como sinagoga en el siglo XII, concretamente en 1180, aunque fue reformada en el siglo XIII. Lo más llamativo es que su interior recuerda al de una mezquita —arcos de herradura, columnas blancas y decoración mudéjar—, pero no tiene relación alguna con el culto islámico: nunca fue mezquita, ni antes ni después. Simplemente fue decorada por artesanos árabes, igual que ocurrió con la Sinagoga del Tránsito.

    El edificio consta de cinco naves, separadas por arcos de herradura y pilares u columnas octogonales. Sus capiteles de yeso, ricamente ornamentados con motivos de piñas y elementos vegetales, son característicos del arte mudéjar. Tras el pogromo de 1391, la sinagoga fue expropiada a la comunidad judía y convertida en iglesia cristiana en 1411, añadiéndose una imagen de la Virgen Blanca, que le dio el nombre con el que se la conoce hoy.

    La entrada cuesta 4 € por adulto, aunque está incluida en la Pulsera Turística de Toledo.
     
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    Interior de la Sinagoga de Santa María La Blanca

    A continuación de la mezquita nos encontraremos con el Monasterio de San Juan de los Reyes, otro de los edificios más emblemáticos de Toledo. Fue concebido como panteón real, aunque finalmente los Reyes Católicos fueron enterrados en la Capilla Real de Granada. Aun así, el monasterio se construyó como un símbolo de orgullo dinástico y de propaganda cristiana para celebrar la victoria en la Batalla de Toro (1476), un episodio clave de la Guerra de Sucesión Castellana que enfrentó a las tropas de Isabel la Católica con las del rey portugués Alfonso V, defensor de Juana la Beltraneja  (hija de Enrique IV de Castilla, hermano de Isabel).

    Muestras de esa propaganda son las cadenas que cuelgan de su fachada. Pertenecieron a presos cristianos durante el dominio del Reino nazarí de Granada y fueron colocadas aquí por los Reyes Católicos tras conquistar ciudades como Málaga o Almería durante la Reconquista, como símbolo de liberación y triunfo religioso.

    La entrada cuesta 4 € por adulto, aunque está incluida en la Pulsera Turística de Toledo.

    Junto al monasterio se encuentra la Puerta del Cambrón, una de las puertas monumentales —como la Puerta de Bisagra— reconstruidas por los cristianos como parte de la muralla de la ciudad. La muralla que rodea el casco antiguo fue creada inicialmente por los romanos en el siglo II a. C., y más tarde ampliada por visigodos (siglo VII), musulmanes (siglos VIII‑XI) y cristianos tras la conquista de 1085.

    La Puerta del Cambrón, en concreto, se cree que ya existía en época visigoda, y durante los periodos musulmán y cristiano fue conocida como la Puerta de los Judíos, debido a su cercanía al barrio judío y a que constituía su entrada principal. Su aspecto actual, de arquitectura y estilo renacentistas, procede de la reforma realizada en el siglo XVI, que le dio sus dos fachadas distintas: una orientada hacia la ciudad y otra hacia el río Tajo.

    El nombre de la puerta surgió más tarde: después de la expulsión de los judíos en 1492 quedó abandonada y en sus alrededores comenzaron a crecer unas zarzas conocidas como cambrones.
     
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    Puerta del Cambrón

    Hasta aquí, lo más destacado que ver en la ciudad de Toledo. Por supuesto, hay mucho más; si vais a pasar dos o tres días, o si disponéis de la Pulsera Turística, podéis completar la visita con otras atracciones incluidas en ella pero que no hemos mencionado en el artículo por ser menos prioritarias cuando solo se cuenta con un día. Entre ellas se encuentran el Real Colegio de Doncellas Nobles y la Iglesia de El Salvador, esta última especialmente interesante por haber sido construida sobre una antigua mezquita musulmana y por conservar restos visigodos en su subsuelo.

    ¿Dónde comer en Toledo?

    Toledo cuenta con numerosos lugares estupendos para comer, aunque, al ser un destino muy turístico, también abundan opciones menos recomendables. Siempre conviene echar un vistazo antes de entrar.

    A continuación, os dejamos una lista de sitios recomendados por gente local:
    • El Trébol, junto a la Plaza de Zocodover. Los fines de semana suele formarse cola, así que es mejor ir un poco antes de la hora habitual de comida o cena.
    • Cervecería La Abadía, con una buena variedad de tapas y cervezas artesanas. Suele haber bastante gente, pero el local es grande y la espera no suele ser larga. Normalmente permiten pasar a la barra para pedir algo mientras se libera una mesa.
    • Taberna Embrujo, situada junto a la Diputación Provincial.
    • La Maruja Patio, muy cerca del Museo del Greco.

    El plato más típico de Toledo, presente en prácticamente todos los restaurantes, son las carcamusas toledanas, un guiso de carne con tomate y guisantes.

    Para desayunar, un sitio muy recomendable es Alfileritos 24. Ofrecen desayunos (de 10:30 a 12:30) por menos de cinco euros, tanto dulces como salados, con bebida incluida.

    Otro lugar que merece mención es el Restaurante Terraza Recaredo. Está fuera del casco antiguo y ofrece una terraza fantástica al aire libre, ideal para tomar algo por la tarde, ver la puesta de sol, tapear o disfrutar de unos cócteles por la noche. Es un sitio muy versátil.

    Un espacio especial es el Restaurante Terraza Azotea de Carlos, un rooftop perfecto para tomar un vermut o una copa con vistas espectaculares. Aunque también sirven comida, es más popular como lugar para beber. Se encuentra en la terraza del Hotel Carlos V Toledo y abre a partir de las 17:00.

    Y si buscáis ambiente nocturno, un sitio muy curioso es el Círculo de Arte, una antigua iglesia (la Iglesia de San Vicente) reconvertida en espacio de eventos, conciertos e incluso discoteca por las noches.

    Más alternativas en Toledo

    Una de las actividades más entretenidas y originales, tanto para niños como para adultos, es visitar Puy du Fou España, un parque temático al que conviene dedicarle un día completo. Tras su enorme éxito en Francia, el concepto se expandió a otros países, y la sede española se encuentra precisamente en Toledo. Es un lugar único porque no funciona como un parque de atracciones tradicional: aquí se representan espectáculos y recreaciones históricas y naturales que hacen sentir al visitante como si viajara a otra época.

    Para aprovechar bien la visita, es importante organizarse y planificar qué espectáculos queréis ver. Cuanto más temprano lleguéis, más funciones podréis disfrutar y con menos afluencia de público. También cuentan con un espectáculo nocturno, “El Sueño de Toledo”, que se paga por separado. Aquí podéis ver todos los espectáculos ofertados, algunos de los más populares son “A Pluma y Espada”, “El Último Cantar”, “Cetrería de Reyes” y “Tambor de la Libertad”. En su página web podéis consultar horarios y precios, y en la entrada es recomendable hacerse con un mapa del recinto y el programa del día.

    El parque dispone de restaurantes y bares, aunque también permiten llevar comida y bebida de casa sin problema. Además, el aparcamiento es gratuito.

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