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Artículo actualizado en: 2026-02-10T14:31:57Z

Madrid

En esta ocasión visitamos Madrid, la capital de España. Con 3,4 millones de habitantes —7 millones si se tiene en cuenta su área metropolitana—, es la ciudad más poblada del país y la segunda más poblada de la Unión Europea, solo por detrás de Berlín

Para conocer los principales atractivos de Madrid se necesitan, como mínimo, tres días, tiempo suficiente para recorrer sus barrios más emblemáticos y visitar alguno de sus numerosos museos. Si solo disponéis de un día o de un día y medio, podéis recorrer el centro de la ciudad. En cambio, si os quedáis más tiempo, tendréis la oportunidad de completar la visita con alguna excursión.

    ¿Cómo moverse por Madrid?

    Aunque lo ideal es recorrer el centro a pie, es muy probable que en algún momento necesitéis utilizar el transporte público, ya sea para desplazaros a zonas más alejadas o para ir y volver al hotel.

    La opción más práctica es comprar un billete de 10 viajes, para lo cual necesitáis una Tarjeta Multi física. Esta tarjeta cuesta 2,5 € y se expide en las mismas máquinas donde se adquieren todos los tipos de billetes de transporte. Permite utilizar el metro, los autobuses y los trenes de cercanías, aunque los billetes que se cargan en ella son diferentes según el medio de transporte. El billete de 10 viajes es válido únicamente para autobús y metro, y resulta más que suficiente para moverse por el centro de la ciudad.

    ¿Cómo ir desde el aeropuerto de Madrid al centro de la ciudad?

    El aeropuerto de Madrid se llama Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, un nombre que combina su denominación original, Madrid-Barajas, con la de Adolfo Suárez, el primer presidente del Gobierno español elegido democráticamente tras la muerte del dictador Francisco Franco. Suárez falleció en 2014, año en el que se aprovechó para cambiar el nombre del aeropuerto.

    El aeropuerto cuenta con cuatro terminales: T1, T2, T3 y T4. Esta última, obra del arquitecto británico Richard Rogers, es utilizada principalmente por Iberia y sus aerolíneas asociadas —pertenecientes a la alianza Oneworld— y se encuentra situada a unos cuatro kilómetros de las otras tres terminales.

    Existe un autobús gratuito que conecta todas las terminales, muy útil en caso de que tengáis que hacer transbordo y cambiar de terminal.

    Hay tres formas de llegar al centro de la ciudad desde el aeropuerto en transporte público:
    • En metro: es la opción más habitual. La línea 8 conecta la T4 con Nuevos Ministerios y tiene paradas tanto en la T4 como en el conjunto T1-T2-T3. Podéis utilizar esta línea hasta su última parada, situada en el paseo de la Castellana, o hacer transbordo en alguna estación intermedia para continuar el trayecto en otra línea. Para usar el metro desde el aeropuerto es necesario añadir a la Tarjeta de Transporte Público un suplemento denominado billete aeropuerto, con un coste de 3 €.
    • En autobús: el autobús número 203 enlaza el aeropuerto con la estación de Atocha y realiza una parada intermedia en la plaza de Cibeles. Tiene paradas en la T1, la T2 (situada junto a la T3) y la T4. El billete cuesta 5 € y se puede pagar directamente a bordo.
    • En tren de Cercanías: esta opción solo está disponible desde la T4. La línea C-1 conecta las estaciones de Príncipe Pío, Atocha, Recoletos, Chamartín y Aeropuerto T4. El precio del billete sencillo es de 2,60 € y no requiere suplemento, por lo que es la alternativa más económica si vuestro destino es alguna de estas estaciones. El billete puede cargarse en la Tarjeta de Transporte Público.

    ¿Qué ver en Madrid?

    Comenzaremos nuestro recorrido en la estación de Atocha, cuyo nombre oficial es Madrid Puerta de Atocha–Almudena Grandes. En ella hacen parada trenes de Cercanías, de media y larga distancia y los AVE, por lo que es muy probable que lleguéis aquí si viajáis en tren desde otras ciudades españolas.

    Este es el nombre de la estación de trenes. Sin embargo, la estación de metro ya no se llama Atocha —como ocurría anteriormente—, sino Estación del Arte, debido a la gran concentración de museos en esta zona, que será precisamente la primera parada de nuestro recorrido.

    En Madrid, el conjunto formado por los tres museos más importantes de la ciudad —el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía y el Museo Thyssen-Bornemisza— se conoce como el Triángulo del Arte de Madrid.

    El Museo del Prado se inauguró en 1819 y es uno de los museos de pintura más importantes del mundo. En él se pueden admirar obras de pintores españoles, flamencos e italianos como Diego Velázquez, Francisco de Goya, Tiziano, Jacopo Tintoretto, Peter Paul Rubens o Hieronymus Bosch (El Bosco), entre otros. Entre los cuadros más conocidos que alberga se encuentran Los fusilamientos o El 3 de mayo en Madrid, de Goya; Las meninas, de Velázquez; El jardín de las delicias, de El Bosco; El lavatorio, de Tintoretto; La maja desnuda, de Goya; Las tres gracias, de Rubens; El descendimiento, de Rogier van der Weyden, y La Anunciación, de Fra Angelico.

    La visita al museo os llevará, como mínimo, entre dos y tres horas. En su página web podéis consultar los horarios y los precios. Una buena opción es acudir a última hora, ya que la entrada es gratuita —aunque no incluye las exposiciones temporales—: de lunes a sábado entre las 18:00 y las 20:00 horas, y domingos y festivos entre las 17:00 y las 19:00 horas. Eso sí, las colas suelen ser kilométricas, especialmente los fines de semana. No obstante, lo que no todo el mundo sabe es que hay dos accesos: el principal, que es el que aparece en la foto y donde la fila suele ser mucho más larga, y otro situado en el lado opuesto, donde normalmente hay mucha menos gente.

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    Entrada del Museo del Prado

    El Museo Reina Sofía se inauguró en 1992, tras la remodelación del antiguo Hospital de San Carlos, un edificio del siglo XVI, lo que explica su estructura y planta tan peculiares. En él se exponen obras de arte desde finales del siglo XX hasta la actualidad, con especial atención al cubismo y al surrealismo, y con artistas de la talla de Pablo Picasso, Joan Miró, Juan Gris y Salvador Dalí, además de arte contemporáneo.

    El museo cuenta con cinco plantas, numeradas de la 0 a la 4. Las plantas 0 y 2 albergan las exposiciones permanentes; la 1 y la 3 están dedicadas a exposiciones temporales, y la 4 se encuentra actualmente en renovación. Sin duda, la planta más interesante es la 2. En la sala 205 de esta planta se expone la obra más importante del museo: el Guernica, de Pablo Picasso.

    El Guernica fue pintado para el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937 y representa el bombardeo llevado a cabo por la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, aliadas del bando nacional liderado por Francisco Franco, sobre la población civil de la ciudad de Guernica (Vizcaya), en el contexto de la Guerra Civil Española (1936–1939).

    Debido al convulso periodo bélico que atravesaba Europa en aquel momento —la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, entre otros conflictos—, Pablo Picasso solicitó que la obra se conservara en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York. En 1958, prorrogó el contrato con el MoMA hasta la finalización de la dictadura franquista y la reinstauración de la democracia en España. Finalmente, 44 años después de su creación, en 1981, el préstamo llegó a su fin y el cuadro regresó a España.

    En la página web del museo podéis consultar los horarios y precios; tened en cuenta que cierra los martes. Al igual que ocurre con el Museo del Prado, es posible visitarlo de forma gratuita de lunes a sábado entre las 19:00 y las 21:00 horas, y los domingos de 12:30 a 14:30 horas. La cola para el acceso gratuito es diferente de la del resto de visitantes: se forma justo enfrente de la entrada, señalizada con un cartel, y suele empezar a organizarse aproximadamente una hora antes.

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    Cuadro del Guernica en el Museo Reina Sofía

    El Museo Thyssen-Bornemisza abarca un periodo temporal más amplio que los otros dos museos del Triángulo del Arte, con obras que van desde el siglo XIII hasta el siglo XX. La mayor parte de las piezas pertenecían a la colección privada de la familia Thyssen-Bornemisza, una rama de la familia alemana Thyssen, una de las más ricas del siglo XX y propietaria de empresas como ThyssenKrupp AG. Esta rama reunió su colección a lo largo del siglo XX y la conservó hasta que fue vendida al Gobierno español en 1993.

    Entre las obras más conocidas del museo destacan Bailarina basculando (Bailarina verde), de Edgar Degas; Venus y Cupido, de Rubens; El Gran Canal desde San Vio, de Canaletto; Les Vessenots en Auvers, de Vincent van Gogh, y Autorretrato con gorra y dos cadenas, de Rembrandt. En su página web podéis consultar los horarios y precios. Además, los sábados, de 21:00 a 23:00 horas, la entrada es gratuita

    Si queréis visitar los tres museos, podéis adquirir el abono denominado Paseo del Arte, que permite acceder una vez a cada uno de ellos y tiene una validez de un año. Podéis comprarlo a través de esta página web.

    Podéis dedicar un día completo a recorrerlos o dejarlos para el final del día y aprovechar los horarios de entrada gratuita. Todos estos museos se encuentran en el Paseo del Prado, que se extiende desde la estación de Atocha hasta la plaza de Cibeles. Paralelo a esta vía se sitúa el Parque de El Retiro, el histórico parque urbano de la capital, con una extensión de 125 hectáreas.

    El Retiro es uno de los pocos vestigios que se conservan del antiguo palacio del Buen Retiro, construido en 1633 durante el reinado de Felipe IV como residencia de verano y lugar de descanso, de ahí su nombre. El palacio fue utilizado hasta que, en 1764, se inauguró el Palacio Real y los reyes Carlos III y Carlos IV prefirieron este último, lo que provocó el progresivo abandono del Buen Retiro. Durante la Guerra de la Independencia (1808–1814) sufrió graves daños y finalmente fue demolido por completo en 1868. Por este motivo, lo único que ha llegado hasta nuestros días son sus jardines, hoy convertidos en parque público.

    Merece la pena dedicarle un par de horas para pasear, respirar aire puro y disfrutar de la sombra, especialmente durante las horas más calurosas del verano. El punto neurálgico del parque es el Estanque Grande de El Retiro, presidido por el majestuoso Monumento a Alfonso XII, donde podréis dar un paseo en barca por el lago. Otro lugar destacado es el Palacio de Cristal, construido en 1887 e inspirado en el Crystal Palace del Hyde Park de Londres. Fue concebido como invernadero para albergar plantas tropicales con motivo de la Exposición General de las Islas Filipinas, organizada por el Ministerio de Ultramar y celebrada en Madrid ese mismo año. Conviene recordar que Filipinas perteneció a España hasta 1898. En la actualidad, el edificio forma parte del Museo Reina Sofía y acoge exposiciones de arte contemporáneo.

    Salimos de El Retiro por el norte, a través de la mítica Puerta de Alcalá, el símbolo más reconocible de Madrid. Fue construida en 1778 como una de las puertas de acceso a la ciudad, ya que en aquella época sus límites se encontraban en este punto. Hoy en día es uno de los centros neurálgicos de la capital, donde confluyen las calles de Alcalá, Alfonso XII y Serrano.

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    Puerta de Alcalá con decoración navideña

    A continuación, descendemos por la calle hasta llegar a la Fuente de Cibeles, construida en 1782 y uno de los monumentos más importantes de Madrid. La fuente representa a Cibeles, diosa de la fertilidad en la mitología frigia —región que hoy corresponde en gran parte a Turquía—, así como en la romana y la griega, sentada en un carro tirado por leones. Fue erigida en estilo neoclásico como parte de un ambicioso plan urbanístico impulsado por el rey Carlos III, cuyo objetivo era embellecer la ciudad. Dentro de este mismo proyecto se construyeron también otras fuentes emblemáticas, como la Fuente de Neptuno o la Fuente de Apolo.

    En uno de los laterales de la fuente podréis ver un monumento formado por un pebetero o recipiente y una llama que permanece encendida de manera ininterrumpida. Se trata de la Llama permanente, erigida en memoria de las víctimas de la pandemia de la COVID-19.

    La Fuente de Cibeles preside la plaza homónima, en la que se alza el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid desde 2007. El edificio fue construido en 1909 en estilo ecléctico —una combinación de elementos arquitectónicos de distintas épocas— y durante muchos años albergó la sede de la Sociedad de Correos y Telégrafos de España. En 1987 comenzó el declive del uso del telégrafo y, dos décadas más tarde, con el traslado del Ayuntamiento a este edificio, pasó a denominarse Palacio de Cibeles.

    La estación de metro de esta plaza se llama Banco de España, pertenece a la línea 2 y recibe su nombre porque en otra de las esquinas de la plaza se encuentra el edificio del Banco de España. Si viajáis con niños, puede resultar divertido buscar la Casa del Ratón Pérez, una diminuta y discreta puerta situada detrás de la estación de Banco de España, en la calle Alcalá, donde según la tradición vive el Ratoncito Pérez.

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    Fuente de Cibeles y Ayuntamiento de Madrid de fondo

    Continuamos bajando por la calle Alcalá, dejando a la izquierda el Banco de España y el Círculo de Bellas Artes. Este último es un centro cultural construido en 1926, muy visitado hoy en día por los turistas que suben a su azotea para disfrutar de las vistas y de la puesta de sol. El precio de la entrada para acceder a la terraza es de 5,50 € y la cola suele formarse en la puerta.

    A la altura del Círculo de Bellas Artes se encuentra una de las imágenes más emblemáticas de Madrid: el Edificio Metrópolis, que da comienzo a la Gran Vía y conecta con la calle Alcalá. Este edificio se construyó entre 1907 y 1911 en estilo ecléctico, combinando principalmente elementos del neorrenacimiento y del neobarroco francés. Su detalle más famoso es la cúpula, coronada por la estatua de la Victoria alada. Actualmente, el edificio alberga la sede de la aseguradora Metrópolis, que también desarrolla actividades de gestión inmobiliaria.

    Continuamos por la calle Alcalá, pasando por la parada de metro Sevilla, hasta llegar a la Puerta del Sol, conocida popularmente como Sol. Se trata de la plaza más importante de Madrid: el centro de la capital y el kilómetro cero de las calles madrileñas, así como de las carreteras radiales que conectan con el resto de las comunidades autónomas de España, hecho que recuerda una placa en el suelo. Sin embargo, su importancia es más simbólica que geográfica, ya que el centro real no se encuentra aquí, ni siquiera en Madrid, sino en Getafe.

    Una de las preguntas que todo visitante se hace al llegar es: ¿por qué se llama Puerta del Sol si no hay ninguna puerta? La plaza es tan antigua que no hay una respuesta definitiva, sino varias teorías. La más extendida indica que, en la calle Mayor, junto a la plaza, existía una puerta de acceso por la que se veía el sol todas las mañanas. Otra teoría sugiere que esa puerta tenía grabado un sol. Sea como fuese, hoy en día la puerta ha desaparecido, pero el nombre ha permanecido.

    En la plaza se encuentran varios monumentos y elementos emblemáticos:

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    Estatua del Oso y el Madroño: Fabricada en piedra y bronce, representa el escudo de Madrid. Al igual que con el nombre de la plaza, existen varias teorías: una sugiere que en la Edad Media, cuando se fundó la ciudad, abundaban los osos pardos y los madroños en sus alrededores; otra complementaria dice que el rey Alfonso XI (1311–1350) cazó un oso extraordinario y quiso plasmarlo en el escudo de la ciudad. Curiosamente, aunque se le llama el oso, la estatua representa en realidad a una osa.

    Escultura Ecuestre de Carlos III: Representa al rey de España entre 1759 y 1788. Aunque nunca fue alcalde oficialmente, promovió numerosas reformas urbanas que le valieron el apodo de “el mejor alcalde de Madrid”.

    Cartel publicitario del Tío Pepe: Se trata de un anuncio de la empresa de vinos, instalado por primera vez en 1936 sobre el edificio del Hotel París, en el número 1 de la plaza. Cuando el hotel cerró en 2011, el cartel se trasladó al edificio situado en el número 11.


    Edificio de la Real Casa de Correos: Destaca por albergar el famoso reloj que marca las campanadas de Nochevieja, uno de los momentos más emblemáticos de las celebraciones de fin de año en España.

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    Puerta del Sol en época navideña

    Ahora comenzamos una ruta por el Madrid de los Austrias, que se extiende desde la Puerta del Sol hasta el Palacio Real. Esta zona recibe su nombre porque fue desarrollada por los reyes de la Casa de Austria, que gobernó España entre los siglos XVI y XVII, desde Carlos I en 1516 hasta 1700, cuando murió sin sucesor el monarca Carlos II, hecho que desencadenó la Guerra de Sucesión Española. La Casa de Austria, también conocida como Casa de Habsburgo, fue una de las dinastías más poderosas de Europa, llegando a gobernar el Sacro Imperio Romano Germánico durante más de tres siglos.

    Los cinco reyes de esta dinastía que reinaron en España fueron: Carlos I (1516–1556), Felipe II (1556–1598), Felipe III (1598–1621), Felipe IV (1621–1665) y Carlos II (1665–1700). Fueron especialmente Carlos I y Felipe II quienes impulsaron la ampliación de la ciudad en esta zona, de ahí que hoy se la conozca como Madrid de los Austrias.

    Para recorrerla, salimos de la plaza por la calle Mayor, dejando a la derecha la histórica pastelería La Mallorquina. Al final de esta calle, si giramos a la izquierda, llegamos a la Plaza Mayor, construida en 1619 y considerada la plaza histórica más importante de Madrid. Su proyecto se inició durante el reinado de Felipe II, pero fue ejecutado durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, razón por la cual está presidida por una estatua de Felipe III.

    La estatua ha sido restaurada en varias ocasiones; la última intervención se debió a un incidente ocurrido en 1931, cuando alguien introdujo una bomba en su interior. Al explotar, dispersó por la plaza numerosos huesos de pájaros que habían quedado atrapados dentro. Como medida de seguridad, en la última restauración se decidió sellar la boca del caballo.

    Actualmente, los bajos de la plaza albergan numerosos comercios, como bares, restaurantes, carnicerías y panaderías. Además, todos los domingos se celebra en la plaza un mercado de filatelia y numismática, destinado al intercambio y venta de sellos y monedas, que comenzó en 1927. En invierno, la plaza acoge también el tradicional mercadillo de Navidad.

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    Plaza Mayor y estatua de Felipe III con puestos del mercadillo navideño

    Salimos de la Plaza Mayor por la puerta noroeste, que nos conduce a la Plaza de San Miguel, donde se encuentra el Mercado de San Miguel, construido en 1916. Este mercado es muy emblemático por su estructura de hierro y en su interior alberga numerosos puestos de comida, perfectos para tomar un aperitivo acompañado de una cerveza o un vino.

    Sin embargo, en los últimos años se ha convertido en un lugar muy turístico, y encontrar sitio puede resultar casi misión imposible, especialmente si se visita en familia o en grupo, aunque sea reducido. La calidad de las tapas que se sirven es alta, aunque los precios reflejan este nivel. Aun así, merece la pena dar una vuelta para admirar su arquitectura y, si encontráis un hueco, sentarse a disfrutar de algo, aunque sea un poco caro. Los puestos ofrecen todo tipo de tapas, desde croquetas y pinchos variados hasta los tradicionales bocadillos de calamares.

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    Una de las fachadas del Mercado de San Miguel

    Salimos del Mercado de San Miguel y continuamos por la calle Mayor hasta llegar a una discreta plaza llamada Plaza de la Villa, que fácilmente podría pasar desapercibida. Sin embargo, se trata de un lugar histórico, ya que en ella se encuentra la Casa de la Villa, que fue sede del Ayuntamiento de Madrid hasta 2007, cuando éste se trasladó a la Plaza de Cibeles. Actualmente alberga dependencias municipales, pero la plaza sigue conservando su encanto tradicional.

    En la plaza también se puede contemplar el Monumento a Don Álvaro de Bazán, almirante español del siglo XVI, reconocido por su destacada trayectoria en la Armada.

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    Plaza de la Villa con la Casa de La Villa a la derecha

    Volvemos por la calle Mayor hasta encontrarnos con la imponente Catedral de Santa María la Real de la Almudena, la catedral más importante de Madrid. Su construcción comenzó en 1879, en este emplazamiento estratégico frente al Palacio Real, pero no se terminó hasta 1993. Por ello, en su arquitectura se combinan distintos estilos: el neoclasicismo domina el exterior, mientras que el neogótico caracteriza el interior.

    En 1993, el papa Juan Pablo II la consagró, convirtiéndola en la única catedral de España consagrada por un papa. Entre los acontecimientos históricos recientes destaca la boda del rey Felipe VI y la reina Letizia en 2004.

    Merece la pena visitar también su cripta, de estilo neorrománico, accesible desde la calle Mayor. La entrada a la catedral es gratuita, aunque se recomienda aportar un euro como contribución a su conservación. En su página web podéis consultar los horarios. En el siguiente párrafo os explicamos el origen del nombre “Almudena”.

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    Catedral de Santa María la Real de la Almudena 

    Frente a la Catedral de la Almudena se encuentra el Palacio Real, construido entre 1738 y 1756 durante el reinado de Felipe V, tras un incendio en 1734 que destruyó el antiguo edificio que se encontraba en ese lugar. Allí se levantaba el Alcázar del siglo XIV, que a su vez se había edificado sobre la alcazaba árabe, erigida para protegerse de Toledo, entonces capital del reino visigodo enemigo.

    Madrid fue fundada en el año 865 por el emir árabe Muhammed I, con el nombre de Magerit, que se interpreta como “lugar de abundante agua”, indicando que era una zona rica en este recurso. No se trata de que no existiera un asentamiento antes, sino que no hay evidencias de que funcionara como ciudad oficial. El recinto amurallado donde se encontraba la alcazaba se denominaba al-mudayna, nombre del que deriva “Almudena”, de ahí el nombre de la Catedral de la Almudena, construida precisamente sobre ese antiguo emplazamiento andalusí.

    Tras su construcción en 1756, el Palacio Real sirvió como residencia oficial de los monarcas españoles. Carlos III (1716–1788) fue el primer rey que lo habitó, y Alfonso XIII (1886–1941), el último. Con la proclamación de la Segunda República en abril de 1931, la familia real dejó de vivir en el palacio. Actualmente, el edificio se utiliza para visitas turísticas y actos oficiales especiales.

    El complejo consta de dos partes: el Palacio Real en sí y la Galería de las Colecciones Reales, cada una con entrada independiente, aunque existen combinaciones y ofertas especiales. En la página web oficial se pueden consultar los horarios y precios, y se recomienda reservar por Internet para evitar colas. Además, el Palacio Real ofrece horarios gratuitos para ciudadanos y residentes de la Unión Europea: de lunes a jueves, de 17:00 a 19:00 en verano, y de 16:00 a 18:00 en invierno.

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    Palacio Real de Madrid

    Frente al Palacio Real se encuentra la Plaza de Oriente, donde se alza un monumento ecuestre a Felipe IV y la fachada trasera del Teatro Real. Este teatro es uno de los más importantes de Madrid, si no el que más, y fue construido entre 1818 y 1850. Inicialmente se proyectó como Teatro de Oriente, aunque el nombre se cambió a Teatro Real antes de su inauguración. Su primera representación fue la ópera La favorita, de Gaetano Donizetti.

    El teatro cuenta con dos fachadas: la principal, que da a la parada de metro Ópera, y la trasera, que se abre a la Plaza de Oriente.

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    Plaza de Oriente con el Teatro Real al fondo

    Junto al Palacio Real se encuentran los Jardines de Sabatini, llamados así en honor a Francesco Sabatini, arquitecto italiano del siglo XVIII que diseñó las caballerizas reales que originalmente ocupaban este espacio. Los jardines se construyeron en la década de 1930, poco después de la proclamación de la Segunda República. En aquel momento, los republicanos incautaron las caballerizas a la realeza y entregaron los terrenos al Ayuntamiento de Madrid para crear un parque público. Sin embargo, las obras no se completaron hasta 1978, cuando el rey Juan Carlos I inauguró oficialmente los jardines.

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    Jardines de Sabatini junto al Palacio Real

    Justo detrás del Palacio Real y de los Jardines de Sabatini se encuentra otro parque, el Campo del Moro, llamado así porque en esta zona se ubicaba la ciudadela árabe o al-mudayna antes de la construcción del palacio y la catedral. Originalmente, eran los jardines privados de la realeza, pero en 1978, el rey Juan Carlos I los abrió al público junto con los Jardines de Sabatini. Es un lugar muy agradable para pasear, con buenas vistas del palacio y de la catedral.

    Retomando nuestra ruta, subimos a una pequeña colina donde se alza el Templo de Debod, una de las construcciones más curiosas de Madrid. Se trata de un templo egipcio del siglo II a.C., originario de la ciudad de Debod, a orillas del Nilo, que Egipto regaló a España en 1960 en agradecimiento por la ayuda prestada para salvar los templos de la región de Nubia, que estaban en peligro de inundación tras la construcción de la presa de Asuán. Otros países también recibieron templos: Estados Unidos el Templo de Dendur (Metropolitan Museum, Nueva York), Italia el Templo de Ellesiya (Museo Egipcio, Turín) y Países Bajos el Templo de Taffa (Rijksmuseum van Oudheden, Leiden).

    Durante el siglo XX, el templo permanecía unos nueve meses al año bajo las aguas del Nilo, lo que hizo que gran parte del colorido de sus paredes y techos se perdiera. Tras la construcción de la presa de Asuán (1959-1970), los templos que estaban prácticamente hundidos se regalaron para preservarlos. El Templo de Debod fue desmontado en 1961, trasladado en barco a España y reconstruido, siendo inaugurado en 1972.

    Actualmente, es la construcción más antigua que se conserva en Madrid y un lugar muy popular para disfrutar de la puesta de sol. En su base hay un estanque que antaño reflejaba los arcos del templo, aunque en los últimos años suele estar seco por motivos de conservación. El templo se puede visitar por dentro, donde su interior está decorado siguiendo el original. El acceso es gratuito y el horario de apertura es de martes a domingo y festivos de 10:00 a 20:00 (en verano hasta las 19:00); cierra los lunes. Suele formarse algo de cola, ya que el interior es pequeño y no puede acoger a muchas personas a la vez.

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    Templo de Debod

    Además del Templo de Debod, los jardines que lo rodean también merecen una visita. Vale la pena recorrerlos hasta el final del recinto, donde se encuentra un mirador excepcional: el Mirador de la Montaña de Príncipe Pío. Desde allí, de frente se puede ver la estación de Príncipe Pío y una extensa zona verde que corresponde a la Casa de Campo. Si giramos la vista hacia la izquierda, se aprecia el Campo del Moro, con el Palacio Real y la Catedral de la Almudena dominando el paisaje.

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    Vistas de la Catedral y el Palacio Real desde el Mirador de la Montaña de Príncipe Pío

    Bajamos de la colina donde se encuentra el Templo de Debod y nos dirigimos a la Plaza de España, otra plaza histórica repleta de lugares de interés. Lo primero y más destacado es el Monumento a Cervantes, construido por orden del rey Alfonso XIII en 1929 con motivo del tercer centenario de la muerte del escritor (1616). Cervantes aparece sentado, mientras delante de él se alzan dos estatuas de bronce: Don Quijote sobre Rocinante y Sancho Panza sobre un burro.

    En la plaza también destaca el imponente Edificio España, construido entre 1948 y 1953 como hotel de lujo (Hotel Plaza) para atraer turistas y extranjeros. Lo más característico del edificio no es tanto su altura —117 metros— sino su amplia fachada. En su interior había viviendas, oficinas, comercios, empresas fantasma e incluso algunos pisos alquilados por espías, lo que le daba un aire de película.

    El hotel cerró en 2005 y permaneció más de una década abandonado. Estuvo cerca de ser adquirido por el grupo chino Wanda, que planeaba derruirlo, pero finalmente lo compró el Hotel Riu Plaza, un hotel de cuatro estrellas que vemos hoy. Una de las novedades del hotel es su azotea, donde se puede subir y tomar algo mientras se disfrutan unas vistas fabulosas de Madrid. Si no eres cliente, el acceso tiene un coste de 5 € de lunes a viernes de 11:00 a 17:00 y 10 € de 17:00 a 02:00; los fines de semana y festivos el precio es 10 € durante todo su horario, de 11:00 a 02:00.

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    Vistas de Gran Vía desde la azotea del Hotel Riu Plaza

    El último edificio que llama la atención en la Plaza de España es la Torre de Madrid, la imponente torre que se ve a la izquierda. Se construyó entre 1954 y 1960 y alcanza los 142 metros de altura, lo que la convirtió en el edificio más alto de Madrid hasta la construcción de la Torre Picasso en 1989 y, más tarde, de las Cuatro Torres entre 2007 y 2008. Actualmente, alberga el hotel Barceló Torre de Madrid, de cinco estrellas.

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    Plaza España: Monumento a Cervantes, Edificio España y Torre de Madrid

    Ahora subimos por la calle Gran Vía, la arteria principal del centro de Madrid, repleta de restaurantes, cines y teatros históricos.

    A pocos metros llegamos a la Plaza de Callao, otra de las plazas emblemáticas de la ciudad, rodeada de edificios históricos como el Edificio Carrión, de estilo art déco de la década de 1930 y con el famoso cartel publicitario de Schweppes; el Palacio de la Prensa, de 1928; y los célebres Cines Callao, inaugurados en 1926.

    De la Plaza de Callao bajan dos calles que desembocan en la Puerta del Sol: la calle del Carmen y la calle de Preciados, donde se encuentra El Corte Inglés, los grandes almacenes españoles más emblemáticos. Hasta 1995, en esta zona estaban las Galerías Preciados, situadas en la calle del mismo nombre y principales competidores de El Corte Inglés. En 1995, la empresa se declaró en bancarrota y fue adquirida por su rival. Hoy, los edificios de las antiguas Galerías Preciados albergan El Corte Inglés y Fnac.

    En la calle del Carmen se encuentra el famoso puesto de administración de lotería Doña Manolita, conocido por repartir numerosos premios del Gordo y del Niño; por ello, en Navidad, las colas pueden superar la hora de espera.

    Otros barrios ilustres de Madrid

    Lo que hemos visto hasta ahora corresponde al centro de Madrid, lo imprescindible, por así decirlo. Recorrerlo os llevará entre dos y tres días, dependiendo de si entráis a los museos y al Palacio Real o no. Si disponéis de más tiempo, merece la pena explorar algunos de sus barrios más emblemáticos, cada uno con su propio carácter y encanto:

    Barrio de las Letras: este barrio es famoso por haber sido hogar de algunos de los escritores más representativos del Siglo de Oro de la literatura española (siglos XVI y XVII), como Francisco de Quevedo, Calderón de la Barca, Luis Góngora, Miguel de Cervantes, Lope de Vega o Tirso de Molina. En recuerdo de ellos, algunos de sus textos están plasmados en letras doradas en el suelo, sobre todo en la calle Huertas, y muchas calles llevan nombres de escritores. El barrio siguió siendo un epicentro literario durante los siglos XIX y XX, acogiendo a figuras como José de Espronceda, José Echegaray o Ramón María del Valle-Inclán. Su centro neurálgico es la plaza de Santa Ana, donde se encuentra el Teatro Español, teatro del siglo XVI (antes llamado Teatro del Príncipe), donde se estrenaron y representaron obras del Siglo de Oro. También hay numerosos bares y restaurantes, como La Dolores, una taberna madrileña tradicional donde disfrutar de vermut o cerveza con tapas, y restaurantes como Terramundi.

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    Calle Lope de Vega en el Barrio de las Letras

    Barrio de la Latina: conocido por sus tabernas, restaurantes, teatros y mercados, es especialmente famoso por El Rastro, el mercadillo más conocido de Madrid, que se celebra todos los domingos y cuya entrada principal se encuentra en la plaza de Cascorro. Entre sus plazas más conocidas están la Plaza de los Carros y la Plaza de la Cebada, y aquí se encuentra la Colegiata de San Isidro, dedicada al patrón de Madrid, que fue la principal iglesia de la ciudad antes de la construcción de la Almudena. La zona tiene su propia parada de metro: La Latina (línea 5).

    Lavapiés: un barrio histórico, popular y multicultural, con mucho ambiente. Entre sus puntos más destacados está la Plaza de Agustín Lara, donde se encuentran las Escuelas Pías de San Fernando, el Mercado de San Fernando y, por supuesto, la Plaza de Lavapiés, centro del barrio y donde se ubica la parada de metro Lavapiés (línea 3).

    Malasaña: uno de los barrios con más ambiente de Madrid, muy popular entre los locales para tomar algo y disfrutar de su vida nocturna.

    Chueca: el distrito LGTBI+ de Madrid, situado justo al lado de Malasaña, es un lugar ideal para cenar en alguno de sus restaurantes o tomar algo en sus bares por la noche, con un ambiente muy animado y cosmopolita.

    ¿Dónde comer en Madrid?

    Madrid es una ciudad con una oferta gastronómica infinita, con restaurantes de prácticamente todos los tipos de cocina del mundo y para todos los presupuestos. A continuación, algunos clásicos y lugares imprescindibles para probar la gastronomía más emblemática de la capital.

    Pocas cosas hay más madrileñas que el bocadillo de calamares, que tiene su origen en el siglo XVIII, cuando el pescado fresco de Galicia empezó a llegar a la capital, cada vez en menos tiempo. Entre los lugares más conocidos está el Bar La Campana, aunque prácticamente todos los bares de los alrededores de la Plaza Mayor lo ofrecen.

    Seguimos con los platos típicos locales: el cocido madrileño. Dos de los restaurantes más reputados son La Bola (reserva con al menos un mes de antelación) y Malacatín (también reserva con al menos un mes de antelación), donde también se puede disfrutar de una degustación en barra sin necesidad de reserva, aunque con algo de espera.

    Tapeo y raciones en sitios emblemáticos:
    • Tortillas de patata: Pez Tortilla (varios locales por Madrid)
    • Croquetas: Casa Julio (C. de la Madera, 37)
    • Patatas bravas: Las Bravas (varios locales por Madrid)
    • Pollos asados: Casa Mingo (P.º de la Florida, 34)

    Otros lugares recomendables para tapas y raciones incluyen:
    • La Musa de Espronceda (C. de Sta. Isabel, 17)
    • Fatigas del Querer (C. de la Cruz, 17)
    • La Musa Latina (Costanilla de San Andrés)
    • Restaurante Bogotá (C. de Belén, 20)

    Y terminamos por lo dulce: los churros y las porras con chocolate. La más famosa es la Chocolatería San Ginés (Pasadizo de San Ginés, 5), fundada en 1894, una parada obligatoria para los visitantes. Debido al turismo, hoy en día es complicado sentarse, pero la experiencia merece la pena alguna vez en la vida. Otra opción excelente es La Antigua Churrería (C. del Conde de Peñalver, 32).

    En otro orden de cosas, para los amantes del flamenco, Tablao Flamenco Las Tablas, cerca de Plaza España, ofrece cenas mientras se disfruta del espectáculo. Aunque es un sitio popular entre turistas internacionales, también acuden andaluces, lo que garantiza autenticidad.

    Excursiones desde Madrid

    Como Madrid es una ciudad a la que venir varias veces, en alguna de ella podéis reservar un día para hacer excursiones a menos de una hora de la capital:

    Segovia: famosa por su impresionante acueducto romano y su tradicional cochinillo asado. La forma más rápida de llegar es en tren de alta velocidad (AVE), que tarda menos de media hora. Los billetes se pueden reservar cómodamente desde la web de Renfe.

    Toledo: ideal para pasear por su casco histórico y visitar el Alcázar. También se puede llegar en tren de alta velocidad, con billetes disponibles en la web de Renfe, o de manera más económica en autobús, con billetes de Alsa válidos para cualquier horario y con numerosas salidas diarias.

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