Hoy os presentamos Lanzarote, una isla perteneciente a la provincia de Las Palmas de Gran Canaria y que, para muchos canarios, es la más diferente de todo el archipiélago. Gracias a su fauna y flora, tan singulares como valiosas, más de la mitad de su territorio está protegido por ley. El gentilicio oficial es lanzaroteño/a, aunque de forma coloquial a sus habitantes se les conoce como conejeros/as. Conviene recordar, además, que Lanzarote fue la segunda isla canaria en formarse, después de Fuerteventura, hace aproximadamente entre 15 y 16 millones de años.
Para conocerla bien, es recomendable dedicarle entre 6 y 7 días, ya que la isla ofrece numerosas atracciones de interés. Las más turísticas son todas de pago y pueden consultarse en la web de la Junta de Turismo: las Montañas del Fuego (Parque Nacional de Timanfaya), los Jameos del Agua, la Cueva de los Verdes, el Jardín de Cactus, el MIAC (Museo Internacional de Arte Contemporáneo) en el Castillo de San José y el Mirador del Río. Antes existían bonos combinados, pero en la actualidad todas las entradas se adquieren de forma individual. Nosotros visitamos las cuatro primeras y descartamos el MIAC y el Mirador del Río, ya que cerca de este último hay otro mirador gratuito con vistas muy similares.
Resulta imprescindible alquilar un coche. Aunque existen conexiones en autobús entre algunas ciudades y puntos concretos de la isla, hay muchos lugares a los que solo se puede acceder en vehículo privado. Nosotros lo alquilamos con Cicar, una compañía canaria. Es muy recomendable optar por un coche grande o tipo todoterreno, ya que abundan los caminos y aparcamientos sin asfaltar, donde el vehículo debe responder bien. En nuestra opinión, un coche deportivo no tiene demasiado sentido en este destino.
Dado que la planificación del viaje depende en gran medida del lugar de alojamiento y del tiempo que se quiera dedicar a cada visita, no consideramos útil detallar aquí nuestro itinerario. En su lugar, indicaremos qué ver en cada zona de la isla. Todo consiste en organizarse según el tiempo disponible y agrupar las atracciones que estén relativamente cerca para aprovecharlo al máximo.
Sur de la isla: Playa del Papagayo, Playa Mujeres y Playa Blanca
En el extremo sur de la isla se encuentra la Playa del Papagayo, considerada por muchos como la playa más bonita de Lanzarote. Lo más recomendable es llegar temprano para evitar las aglomeraciones y poder encontrar sitio donde colocar la toalla, ya que se trata de una playa bastante pequeña. El aparcamiento es gratuito, aunque para acceder al Monumento Natural de Los Ajaches —donde se ubica esta playa junto a otras cercanas— es necesario abonar una tasa de 3 € por vehículo. Este pago solo se exige entre las 9:30 y las 17:00; nosotros llegamos a las 9:00, por lo que no tuvimos que pagar. Eso sí, el acceso hasta la playa se realiza por una carretera en muy mal estado, de arena y piedras, con numerosos baches, por lo que es imprescindible circular despacio para no dañar los bajos del coche.
La playa es realmente preciosa, con aguas de un intenso color verde azulado. Su popularidad es evidente, por lo que suele estar frecuentada por numerosos turistas extranjeros. Además, es un lugar ideal para practicar snorkel, pues entre las rocas abundan los pececillos y los cangrejos. Como aspecto negativo, nos sorprendió la gran cantidad de moscas, quizá debido a cierta falta de limpieza provocada por el elevado volumen de visitantes. Por último, merece la pena subir a las rocas altas que rodean la playa, desde donde se obtienen unas vistas espectaculares.
Panorámica de la Playa del Papagayo
Aunque no es tan bonita como la Playa del Papagayo, Playa Mujeres resulta mucho más agradable, cuidada y limpia. Se trata de una playa más grande y menos turística, situada dentro del conjunto de calas que forman la zona de Papagayo. Desde la Playa del Papagayo no es posible llegar caminando hasta ella, al menos no de forma sencilla, por lo que es necesario coger el coche y desplazarse hasta el aparcamiento habilitado junto a Playa Mujeres.
La localidad más grande para alojarse en el sur de la isla es Playa Blanca. Antiguamente un pueblo de pescadores, hoy en día es una población que vive prácticamente del turismo. Recomendamos recorrer su paseo marítimo, repleto de restaurantes uno tras otro, o darse un baño en alguna de sus playas mientras se contempla la isla de Fuerteventura al fondo. Al final del día, merece la pena acercarse al puerto deportivo Marina Rubicón, que cuenta con lujosos resorts, restaurantes y un centro comercial. Es muy agradable pasear por las pasarelas de madera sobre el agua, con vistas al puerto lleno de barcos y a los complejos turísticos que lo rodean. Tanto Playa Blanca como Marina Rubicón —situados a poca distancia entre sí— disponen de varios descampados donde se puede aparcar el coche.
Suroeste de la isla: El Golfo, el Charco Verde, Los Hervideros y las Salinas del Janubio
Comenzaremos por El Golfo, un pueblo muy tranquilo y agradable que debe su nombre al cercano volcán El Golfo. Al tratarse de un pueblo marinero, lo ideal es comer en alguno de sus numerosos restaurantes que ofrecen pescado fresco del día.
Nosotros recomendamos encarecidamente —mejor con reserva previa si no queréis arriesgar— Casa Rafa Restaurante de Mar. El trato es excelente y la comida, exquisita. Además, el personal se toma el tiempo de explicar qué pescados tienen ese día, cómo son y a qué saben; después, te los desespinan y los preparan al momento. Pedimos unas lapas, muy típicas de Canarias y que no podéis dejar de probar, y un pescado del día, en concreto una fula de fondo. No esperéis reconocer muchos de los nombres, ya que son pescados autóctonos de la zona, aunque guardan similitudes con otros que podemos encontrar en la península. Normalmente, los pescados —dependiendo del tamaño— están pensados para compartir entre dos o tres personas. El precio ronda los 18 € por ración y persona. De postre, optamos por dos clásicos canarios: un polvito uruguayo y un helado de gofio, plátano y dulce de leche.
A continuación, visitaremos una serie de atracciones situadas en el suroeste de la isla. Son muchas, pero se ven rápidamente (entre 10 y 15 minutos cada una), están muy cerca entre sí y, además, son gratuitas.
Charco Verde (o Charco de los Clicos). A simple vista puede parecer solo un lago, pero en realidad es una auténtica obra fascinante de la naturaleza. Como ya hemos comentado, el pueblo de El Golfo recibe su nombre del volcán El Golfo, que erupcionó entre 1730 y 1736, al igual que los volcanes de Timanfaya. De este volcán, hoy en día, solo se conserva la llamada montaña de El Golfo. Lo sorprendente es que esta montaña es tan solo la mitad del antiguo cráter. El volcán se originó en el océano, muy cerca de la costa, y precisamente esa proximidad al mar ha provocado que el oleaje, el viento y otros agentes erosivos hayan ido fragmentándolo y desintegrándolo con el paso del tiempo, hasta dejar únicamente media estructura.
A los pies de esa “media montaña” se encuentra el antiguo cráter del volcán El Golfo, hoy parcialmente sumergido y convertido en el conocido Charco Verde. Esta laguna presenta un intenso color verde debido principalmente a las algas y microorganismos que habitan en el fondo, junto a otros factores como la alta concentración de azufre en sus aguas. Su nombre oficial, no obstante, es Charco de los Clicos, en referencia a un molusco hoy extinto que vivía en estas aguas y que se conocía como clico.
Podéis aparcar el coche junto al restaurante El Siroco y, desde allí, tomar un pequeño camino de tierra que conduce a un mirador desde el que se obtiene una magnífica vista del charco. También es posible acceder caminando desde cualquier punto del propio pueblo de El Golfo, ya que la laguna se encuentra dentro de él. Este enclave forma parte del Parque Natural de Los Volcanes.
Charco Verde
Entre el Charco Verde y la siguiente parada, Los Hervideros, justo antes de llegar a estos, hay un pequeño aparcamiento a mano izquierda donde merece la pena detenerse para contemplar una bonita playa de arena negra.
Los Hervideros son un conjunto de formaciones rocosas y cuevas creadas por la lava incandescente procedente de las erupciones de las montañas de Timanfaya. Al entrar en contacto con las frías aguas del océano Atlántico, la lava dio lugar a estas curiosas estructuras. Se trata de una zona con mucho oleaje, por lo que, cuando las olas chocan entre sí o contra las paredes de las cavidades, el agua asciende por los huecos produciendo un sonido que recuerda al de algo hirviendo, de ahí su nombre. Además, resulta especialmente llamativo el contraste entre el negro de la roca volcánica y el color rojizo del volcán Montaña Bermeja, que se alza justo detrás. En los propios Hervideros hay un aparcamiento habilitado.
Salinas y Playa de Janubio. Las Salinas de Janubio son unas antiguas salinas creadas en 1985 que, a pesar del paso del tiempo, aún se encuentran en funcionamiento. En su época de mayor actividad llegaron a extraer hasta 10.000 toneladas de sal marina al año, convirtiéndose en las mayores instalaciones de extracción de sal de Canarias. En la actualidad, aunque su producción es mínima, siguen activas gracias, entre otros factores, al apoyo de fondos de la Unión Europea. Junto a las salinas hay un aparcamiento situado junto a un mirador desde el que se obtienen buenas vistas del conjunto.
Después, podemos volver a coger el coche para acercarnos a la Playa de Janubio, una bonita playa de arena fina y negra situada junto a las salinas.
Si vuestra siguiente parada es Playa Blanca, os recomendamos deteneros en alguno de los cerros cercanos para disfrutar de unas vistas aún más elevadas y panorámicas de las Salinas de Janubio.
Centro de la isla: Teguise, Museo LagOmar, Fundación César Manrique, Las Grietas y La Geria
En el centro de la isla se concentran numerosas atracciones. Comenzamos el recorrido de norte a sur. El punto más septentrional de esta zona es la localidad de Teguise, uno de los pueblos más bonitos y pintorescos de toda Canarias y, por ello, también uno de los más turísticos.
Lanzarote fue la primera isla del archipiélago en ser conquistada por los europeos, concretamente por los franceses Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle, en cooperación con la Corona de Castilla, entre los años 1402 y 1404. Poco después, en 1406, Maciot de Béthencourt, pariente del conquistador de la isla, fundó Teguise, convirtiéndola en la primera capital europea de Canarias. La ciudad mantuvo este estatus hasta 1847, año en que la capital se trasladó a Arrecife, actual capital de la isla.
Con solo pasear por sus calles os daréis cuenta de que se trata de un pueblo muy auténtico, con casas y vías que conservan el estilo más tradicional canario. Durante el recorrido, recomendamos visitar la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe y el Callejón de la Sangre, situado justo detrás. Este callejón debe su nombre a una masacre perpetrada en 1586 por piratas bereberes procedentes del norte de África, quienes, tras años de ataques constantes, asesinaron y esclavizaron a parte de la población, convirtiendo la calle en un auténtico reguero de sangre.
Dejando esta tragedia a un lado, si tenéis ocasión, intentad hacer coincidir vuestra visita con un domingo, día en el que se celebra el conocido mercadillo de Teguise en todo el centro histórico, aproximadamente de 9:00 a 14:00. Es uno de los mercadillos más grandes de Canarias y el lugar ideal para comprar algún souvenir. En nuestro caso, nos llevamos uno de los famosos quesos canarios: los hay de muchos tipos; el de cabra es el tradicional de Lanzarote, aunque a nosotros nos gusta especialmente el de cabra con pimentón. Hablando de quesos, cabe destacar que el queso semicurado de leche cruda de cabra de la quesería Filo del Cuchillo, ubicada en el pueblo de El Cuchillo (municipio de Tinajo), ha sido galardonado en varias ocasiones como el mejor queso lanzaroteño y, en 2024, como el mejor queso de cabra de toda Canarias.
Muy cerca de Teguise se encuentra el Museo LagOmar, una singular vivienda diseñada por el artista majorero Jesús Soto Morales siguiendo una idea de César Manrique, de quien hablaremos a continuación. A comienzos de la década de 1970, el actor Omar Sharif llegó a Lanzarote para rodar la película La isla misteriosa y, al descubrir esta casa, decidió comprarla. Sin embargo, apenas pudo disfrutarla, ya que la perdió poco después en una apuesta de bridge. En 1989 se llevó a cabo una última renovación de la finca para acondicionarla y abrirla al público.
La casa resulta tan interesante como sorprendente, y la visita suele durar alrededor de media hora. Además, cuenta con un bar donde se sirven cafés y cócteles, ideal para relajarse junto a la piscina. El precio de la entrada es de 10 € por adulto, 8 € por niño (de 4 a 12 años), 4 € para residentes canarios y 2 € para residentes de Lanzarote. El horario de visita es de lunes a domingo, de 10:00 a 18:00.
Continuamos con la Fundación César Manrique, un centro cultural dedicado a la vida y obra del pintor, arquitecto y escultor lanzaroteño. Lo cierto es que hablar de Lanzarote es hablar de César Manrique: dedicó toda su vida a su isla natal y su legado está presente en casi todos los lugares que visitaremos. Además, alcanzó reconocimiento internacional al recibir en 1978, en Berlín, el Premio Mundial de Ecología y Turismo. El conjunto de la fundación consta de dos espacios: la Fundación Tahíche, situada en la localidad del mismo nombre, y la Casa-Museo de Haría, ubicada en el pueblo de Haría, al norte de la isla. Aquí se indican los horarios y precios de ambos centros, siendo la casa de Tahíche la más conocida y destacada de las dos.
Después nos dirigimos a la Casa-Museo del Campesino, en este caso de acceso gratuito. Se trata de otra obra de César Manrique, concebida como un homenaje al trabajo y al esfuerzo de los campesinos lanzaroteños. La visita propone un recorrido por la cultura, la ganadería, la artesanía y la gastronomía tradicionales de la isla. El horario de visita es de 10:00 a 18:00, todos los días.
A continuación realizamos una breve parada en Las Grietas. Se trata, literalmente, de tres grietas —una principal de mayor tamaño y dos más pequeñas— situadas en la ladera del volcán Montaña Blanca. Se formaron cuando la lava de una de sus erupciones se enfrió sobre la roca subyacente, provocando estas fracturas. Resulta impresionante observar la gama de colores de las distintas capas, fruto de diferentes erupciones y de la erosión producida con el paso del tiempo. Las Grietas se encuentran junto a la carretera LZ-35. El coche puede aparcarse en el “Aparcamiento Las Grietas”, una pequeña explanada frente al sendero que conduce hasta ellas. Desde allí, solo hay que caminar entre 5 y 10 minutos.
En nuestra opinión, una visita imprescindible en Lanzarote es acercarse a alguno de los viñedos de La Geria. Merece mucho la pena, ya que las viñas cultivadas sobre terreno volcánico crean uno de los paisajes más singulares y característicos de la isla. La mejor forma de conocerlos y entender su funcionamiento es recorriendo las distintas bodegas, ya sea haciendo paradas para probar sus vinos o realizando una visita guiada.
Esta área fue en su día una de las más fértiles de la isla y se utilizaba principalmente para el cultivo de cereales. Sin embargo, tras las erupciones volcánicas ocurridas entre 1730 y 1736, toda la zona quedó cubierta de ceniza. Con el descenso de la temperatura, esa ceniza se solidificó y se transformó en picón, una especie de piedrecillas o granos de arena gruesa cuya principal característica es su gran capacidad para absorber la humedad nocturna, lo que hace posible el cultivo en estas condiciones tan extremas.
El ingenio de los campesinos lanzaroteños los llevó a apostar por el cultivo de la uva, ya que sembrar cereales resultaba imposible en este nuevo entorno. Para ello, y con la ayuda de camellos y trabajo manual, excavaron hoyos de entre 3 y 4 metros de profundidad para plantar las cepas, ya que las capas superficiales están formadas únicamente por ceniza volcánica. Esta profundidad obliga a dejar una gran separación entre cepa y cepa, por lo que las hectáreas se ocupan rápidamente y la producción es relativamente baja.
Otra característica fundamental es que el riego está prohibido por ley. Las vides únicamente se nutren de la humedad nocturna, de los escasos 14 días de lluvia al año que suele registrar Lanzarote y del agua del océano arrastrada por los vientos alisios, un fenómeno muy habitual en Canarias. Muchos de estos aspectos están regulados por la Denominación de Origen Lanzarote, obtenida en 1993. Aunque existen otras variedades, la malvasía es la uva más cultivada en la zona.
La mayoría de las bodegas de Lanzarote se concentran precisamente en esta zona, a lo largo de la carretera LZ-30, que va desde Uga hacia el norte, prácticamente una tras otra. Por cierto, si pasáis por Uga, el salmón de la Ahumadería de Uga es muy famoso a nivel local, así que puede ser una buena excusa para hacer una parada.
Entre las bodegas más destacadas se encuentran Bodegas Rubicón, Bodega La Geria y Bodega Stratvs. Al final de la carretera se encuentra Bodegas La Florida, una bodega más local pero con algunos de los mejores vinos de la isla, especialmente dos blancos y un moscatel. Nosotros visitamos Bodega La Geria porque, aunque es la más turística, también es la que ofrece las visitas guiadas más completas, con explicaciones claras y detalladas sobre el proceso de cultivo y elaboración del vino. Las visitas guiadas tienen una duración aproximada de 45 minutos y deben reservarse a través de su página web con un par de semanas de antelación. Además, incluyen una cata de tres vinos: un blanco seco, un blanco dulce y, a elegir, un tinto o un moscatel.
Si disponéis de una hora, merece la pena hacer un alto en el camino en el pequeño pueblo canario de Yaiza y comer en el Bar Stop, un bar de pueblo que ofrece entre cinco y seis platos tradicionales canarios a muy buen precio. Nosotros comimos las clásicas garbanzas y, como segundo, sancocho, un guiso elaborado con pescado salado —normalmente cherne— acompañado de papas, batatas, mojo y gofio. No esperéis platos sofisticados, sino cocina canaria de toda la vida, sencilla y auténtica. El local no es muy grande, pero cuando se llena suelen pasar a los comensales al establecimiento contiguo, que es más amplio.
Timanfaya
Timanfaya, Montañas del Fuego🌋, merece una sección propia. Se trata de la visita al Parque Nacional de Timanfaya, uno de los lugares más impresionantes de Lanzarote. La experiencia consiste en un recorrido en autobús por el parque, durante el cual se escucha un audio en varios idiomas que explica las erupciones que dieron lugar a Timanfaya. La visita finaliza en la típica tienda de recuerdos junto a un restaurante.
El Parque Nacional de Timanfaya se formó tras las erupciones volcánicas de 1730-1736 y 1824, que arrasaron parte de la isla, incluyendo poblaciones y cultivos, dejando los paisajes que vemos hoy. Timanfaya cuenta con más de 25 volcanes, destacando las conocidas Montañas del Fuego, aunque ambos términos se usan indistintamente para referirse al mismo lugar.
Aunque las erupciones ocurrieron hace un par de siglos, la zona sigue conservando un calor intenso bajo la superficie, algo que se hace evidente durante las demostraciones de la visita: se observa un géiser, se hace una barbacoa natural aprovechando el calor volcánico, y se colocan arbustos sobre las rocas para ver cómo, solo con el calor de la tierra —que alcanza entre 250 y 300 °C a pocos centímetros de profundidad—, comienzan a arder.
No es necesario reservar una hora concreta, ya que los autobuses salen de forma continua. Los tickets se compran en la taquilla, sin necesidad de bajarse del coche. Para llegar, basta con poner “Islote de Hilario” en el navegador; antes de llegar a las taquillas veréis el aparcamiento. Nosotros fuimos a primera hora, es decir, abren a las 9:30 y nosotros estábamos allí a las 8:55. En ese momento se formaba una cola de coches corta, pero al irnos, algo más de una hora después, la fila era kilométrica, así que merece la pena madrugar.
¡No olvidéis haceros una foto en la entrada con el famoso diablo de Timanfaya, símbolo del parque creado por César Manrique!
Paisaje de las Montañas del Fuego
Otra actividad típica del parque es el paseo en camellos, que se realiza en el conocido Echadero de Los Camellos 🐫, situado a pocos metros del parque, aunque hay que llegar en coche. El lugar cuenta con aparcamientos propios. Se trata de una actividad independiente del parque, con una duración aproximada de 20 minutos y un precio de unos 12 € por paseo, válido para una o dos personas.
Lanzarote no es solo Timanfaya; la isla cuenta con muchos otros volcanes que también merecen ser visitados. Durante las históricas erupciones volcánicas de los siglos XVIII y XIX, cerca de 200 km² de la isla quedaron cubiertos por mares de lava y material piroclástico. En 1974, unos 50 km² de este paisaje fueron declarados Parque Nacional de Timanfaya, y el área circundante forma parte del Parque Natural de Los Volcanes. Mientras que por Timanfaya solo se puede recorrer en bus, conducir por el Parque Natural de Los Volcanes es una auténtica delicia, ya que tenemos total libertad para elegir ruta, detenernos y hacer tantas fotos como queramos.
🥾Una forma estupenda de conocer el parque es a pie. Nuestra primera ruta fue la del Volcán El Cuervo, conocida como Caldera de Los Cuervos. Se trata de un recorrido circular de unos 3 km, señalizado con carteles explicativos, sin apenas dificultad y apto para todos los públicos. El sendero atraviesa lo que en Canarias se conoce como malpaís, un terreno volcánico formado por lava generalmente poco erosionada. El punto de partida se encuentra en el aparcamiento de la LZ-56, y desde allí hasta el inicio de la ruta circular hay unos 5-10 minutos de caminata. Este volcán fue el primero en erupcionar durante las famosas erupciones de 1730-1736, que dieron lugar al aspecto actual de la isla, tal y como se explica en la visita guiada de las Montañas del Fuego.
Frente al volcán El Cuervo se encuentra otro volcán destacado, la Montaña Colorada, llamada así por el intenso color rojo de uno de sus lados. Tiene una altura de 465 metros y también merece detenerse para admirar su singular contraste de colores.
🥾Después de esta primera toma de contacto con los volcanes, continuamos con la Ruta Volcán Caldera Blanca, que ofrece un recorrido más largo y panorámico. La caminata tiene aproximadamente 10-11 km ida y vuelta, por lo que es imprescindible llevar calzado adecuado, ya que gran parte del recorrido transcurre sobre piedras volcánicas. La ruta comienza en el “Parking Rando Caldera Blanca”, aunque si está lleno, se puede iniciar desde el cercano pueblo de Mancha Blanca.
Primero bordearemos el volcán Caldereta, el primero y más pequeño de los dos, cuyo cráter se puede visitar parcialmente, ya que uno de sus lados está totalmente erosionado. Después, la ruta continúa hasta el cráter del volcán Caldera Blanca, situado a 458 metros de altitud. El camino está bien señalizado y discurre entre impresionantes montañas de lava que se extienden a ambos lados.
Una vez en la cima, se puede finalizar la ruta allí o bordear el cráter para obtener la mejor panorámica posible, lo que añade aproximadamente 40 minutos más al recorrido. Eso sí, no está permitido bajar al cráter. Nosotros quedamos fascinados: las vistas del parque a un lado y del cráter al otro son simplemente impresionantes, un paisaje que deja sin palabras.
Vistas del cráter del volcán Caldera Blanca
Un buen restaurante familiar para comer cerca de Mancha Blanca es el Restaurante Grill Casa Satorno. Tinguatón. Tienen una selección de buenos platos canarios tradicionales, como carne fiesta (carne de cerdo adobada con verduras), papas arrugadas —que en muchos lugares de Lanzarote se sazonan con la famosa sal de Janubio—, queso frito y varias opciones de carnes a la brasa.
Este de la isla: Puerto del Carmen y Arrecife
Nosotros nos alojamos en Puerto del Carmen, la segunda ciudad más grande de la isla después de Arrecife. Es una ciudad pensada para el turismo, llena de hoteles y playas, ideales para relajarse por las tardes tras un día completo de visitas. La sensación no es exactamente la de estar en España, ya que el inglés predomina en muchos lugares y, de hecho, en varios sitios es el único idioma que se habla.
Creemos que acertamos eligiendo este alojamiento, pues Puerto del Carmen está más o menos en el centro de la isla, tiene mucho ambiente y sus playas son bonitas, limpias y con vistas a la costa norte de Fuerteventura. Lo negativo es que no es un lugar donde se encuentren espacios auténticamente canarios ni restaurantes de alta calidad; la mayoría son locales internacionales con comida de batalla, en nuestra opinión. Nos gustó especialmente Café La Ola, por sus vistas y su terraza, y The Good Old Days, un local frecuentado casi exclusivamente por británicos, con buen ambiente y música en directo de los 80 y 90. La comida está bien; ofrecen hamburguesas y, por supuesto, fish and chips.
Al norte de Puerto del Carmen visitaremos Arrecife, capital de la isla desde 1847 —aunque algunos historiadores sitúan la fecha en 1852—, con una población de unos 62.000 habitantes. Se puede aparcar cerca del Charco de San Ginés, gratis —bueno, pagando una propina al vigilante—, o en el aparacamiento del Gran Hotel, de pago.
→Comenzaremos nuestro recorrido por Arrecife visitando el Charco de San Ginés, una laguna natural con pequeñas barcas llamadas chalanas, rodeada de pintorescas casas de pescadores. Antiguamente, Lanzarote vivía principalmente de la pesca, y esta zona servía como puerto pesquero desde donde salían muchas chalanas en busca de pescado fresco. Fue remodelada por César Manrique y hoy es, sin duda, el paisaje más bonito de la ciudad. Es un lugar muy fotogénico y con mucho ambiente, gracias a los bares y restaurantes que lo rodean.
Charco de San Ginés
→Al lado del Charco de San Ginés nos acercaremos a la Iglesia de San Ginés, situada en la Plaza de las Palmas, reconocible por su torre cuadrada y sus paredes blancas. Muy cerca, pasearemos por el Callejón “El Aguaresío”, llamado así en honor a Luis Hernández Fuentes, apodado “El Aguaresío”, un marinero que vivió en esta calle durante sus 89 años de vida. Este callejón es un ejemplo único de la arquitectura tradicional de Arrecife.
Continuamos con La Casa Amarilla, un edificio histórico que albergó el Cabildo de Lanzarote, situado en la calle León y Castillo, y que actualmente acoge exposiciones temporales dedicadas a la cultura y tradiciones de la isla.
→También es imprescindible visitar el Castillo de San Gabriel y el Puente de las Bolas. Este castillo, construido en el siglo XVII, tenía como objetivo proteger la isla de los ataques piratas, especialmente de los bereberes procedentes del norte de África. Se ubica frente al paseo marítimo, sobre un pequeño islote, y se puede acceder a él mediante dos puentes, siendo el Puente de las Bolas el más emblemático, ya que es el único puente levadizo de Canarias. En la actualidad, el castillo alberga el Museo de Historia de Arrecife, ofreciendo una visita interesante para conocer más sobre la historia de la ciudad y la isla.
→Opcionalmente, para cerrar la tarde o la noche, podéis subir a la 17.ª planta del Arrecife Gran Hotel & Spa, al conocido Blue 17 Roof Top Restaurant & Bar, y disfrutar de vistas espectaculares de la ciudad y la costa. Es una forma perfecta de terminar el día con un momento relajante y panorámico.
→Por último, para quienes tengan tiempo o ganas, pueden acercarse a ver el Barco Telamon, un enorme buque escocés de 140 metros de eslora que naufragó en 1981 durante una travesía desde Costa de Marfil a Grecia. Cabe destacar que no es una atracción turística: se trata de un barco considerablemente oxidado y deteriorado. Está alejado del centro de Arrecife, a unos 5-10 minutos en coche, y no se puede acceder directamente; solo es posible verlo desde la carretera.
Fuera de Arrecife, en el pueblo de Costa Teguise, se encuentra un restaurante muy recomendable: Taberna El Bocadito. Ha sido galardonado con el premio a la mejor tortilla de patatas de Canarias, y también ofrece unas croquetas deliciosas y su famosa tarta de quesos canarios.
Noroeste de la isla: Caleta y Playa de Famara
Caleta de Famara es un pequeño pueblo de unas 1.000 personas con un aire alternativo y algo decadente, casi medio abandonado, al menos esa fue nuestra sensación. Originalmente, apenas vivían allí unas pocas personas dedicadas a la pesca, con edificios para almacenar barcas y material de pesca. A finales del siglo XIX comenzaron a construirse casas veraniegas para familias acomodadas de Teguise que venían a pasar temporadas vacacionales, y poco a poco el pueblo fue creciendo.
La Playa de Famara es famosa en el mundo del surf 🏄, y por ello el pueblo cuenta con varios clubs y escuelas, además de tiendas especializadas en tablas y equipamiento. El turismo que recibe no es el típico de sol y playa; son principalmente aficionados al surf y al estilo de vida alternativo. Lo cierto es que fue el lugar donde más nos costó aparcar: tanto la playa como el propio pueblo estaban saturados de coches, y tuvimos que avanzar casi hasta el final para encontrar un hueco libre.
Después, coged el coche y subid al Mirador El Bosquecillo, un mirador menos conocido pero que realmente merece la pena. Desde allí se obtienen vistas espectaculares de los acantilados y de la Playa de Famara. El navegador debería llevaros sin problema, pero si no, solo hay que desviarse desde la carretera LZ-10. El último tramo después del desvío es bastante irregular: la carretera no está asfaltada y está llena de piedras y baches, por lo que conviene conducir con precaución.
Vistas de la Playa de Famara desde el Mirador El Bosquecillo
Noreste de la isla: Jardín de Cactus, Arrieta, Punta Mujeres, Jameos del Agua y Cueva de los Verdes
Viniendo desde el sur, la primera parada será el Jardín de Cactus 🌵, la última obra del gran César Manrique en Lanzarote, realizada en 1991. Lo que antaño fue una cantera de extracción de lapilli, Manrique lo transformó en una impresionante reserva que alberga 4.500 cactus de unas 450 especies diferentes. Se puede aparcar cómodamente junto a la entrada del jardín.
Jardín de Cactus
Si podéis, coordinad la hora de la comida con una visita a Arrieta. Este pintoresco pueblo, de fuerte tradición gastronómica, cuenta con excelentes restaurantes de pescado con vistas al mar. Aunque hay muchas opciones, conviene reservar con antelación en el que decidáis ir.
La siguiente parada hacia el norte es Punta Mujeres, un pequeño pueblo de unos 1.500 habitantes conocido por sus piscinas naturales entre rocas y acantilados. Si la marea está baja, es ideal para darse un chapuzón; si no, igualmente es un lugar agradable para dar un paseo y disfrutar del paisaje.
Un poco más al norte se encuentran las últimas dos atracciones de pago que queríamos visitar: los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes. Es recomendable llegar temprano, ya que ambas cierran a las 17:00.
Jameos del Agua. El término jameos se refiere a túneles o tubos subterráneos formados por erupciones volcánicas, en los que la lava discurre por el interior mientras la superficie se solidifica, creando estas características formas tubulares. Tanto los Jameos del Agua como la Cueva de los Verdes —nuestra siguiente visita— forman parte de un tubo volcánico de unos seis kilómetros de longitud, que nace en el Volcán de la Corona, cerca de Haría, y termina en el mar. Este tubo se originó tras la erupción del volcán hace aproximadamente 20.000 años.
Entre 1964 y 1968, César Manrique transformó los Jameos en un espacio natural que combina piscinas, jardines, restaurantes e incluso un auditorio, siendo esta su primera obra en la isla. Además, este lugar es único para observar los cangrejos albinos ciegos, una especie endémica de Lanzarote. La visita es de pago, aunque se recorre por libre dentro del horario de 10:00 a 17:00, y suele durar unos 30 minutos.
Cueva de los Verdes. Para nosotros, es uno de los lugares más espectaculares de Lanzarote. La cueva se visita mediante un recorrido guiado de aproximadamente 50 minutos, y al llegar es posible que haya que esperar unos minutos hasta formar un grupo suficiente para iniciar la visita. El nombre de la cueva no tiene nada que ver con rocas o minerales verdes; proviene de la familia “los Verdes”, que habitaba antaño este lugar junto a su ganado. La cueva fue habilitada para el turismo por Jesús Soto Morales, el mismo arquitecto del Museo LagOmar.
Aunque la cueva completa tiene 7 kilómetros de longitud, solo se puede visitar aproximadamente 1 kilómetro. La visita es de pago, con horario de 10:00 a 17:00, siendo la última entrada a las 16:00.
Interior de la Cueva de los Verdes
Norte de la isla: Haría, Mirador del Río y Playa Caletón Blanco
Una breve parada merece el pueblo de Haría, una localidad encantadora conocida por sus palmerales. Nosotros aprovechamos para comer en el Centro Cultural La Tegala, un restaurante tradicional canario, justo lo que buscábamos. Pedimos un par de raciones de pescado del día —bocinegro y picuda— y, de postre, bienmesabe canario, un dulce típico de la isla (no confundir con el cazón de la península).
Al norte de Haría se encuentra el Mirador del Río, desde el cual se obtienen vistas espectaculares de la isla vecina de La Graciosa, separada por el mar que, desde este punto, parece un río, de ahí su nombre. El mirador oficial fue creado en 1973 por César Manrique, otra obra maestra que combina arquitectura moderna y naturaleza, integrando una cafetería en el Risco de Famara, a 400 metros de altura.
El acceso al mirador es de pago, pero si no queréis entrar, se puede disfrutar de las mismas vistas de manera gratuita caminando por una carretera que parte a la izquierda del aparcamiento junto a las instalaciones. Nosotros también quedamos impresionados con el paisaje de la zona, especialmente con la imponente silueta del Volcán de la Corona, que se divisa de camino al mirador.
Vistas de La Graciosa desde el Mirador del Río
Playa Caletón Blanco. Muy cercana al pueblo de Órzola, esta playa destaca por el contraste entre la arena blanca y las rocas que forman varias piscinas naturales. Sin embargo, nos decepcionó un poco que estuviera algo sucia, algo comprensible, ya que al no dar directamente al mar abierto, el agua no se renueva con facilidad.
Isla de La Graciosa
Si tenéis un día o medio día extra, una escapada a la isla de La Graciosa es un plan excelente. Declarada octava isla canaria en 2018, se puede llegar en ferry desde el puerto de Órzola. Los billetes cuestan 29 € ida y vuelta para no residentes y 7,25 € para residentes, canarios con tarifas especiales para niños menores de 12 años. Si se compran con al menos un día de antelación, hay un 20 % de descuento. El trayecto dura aproximadamente 30 minutos y la última vuelta desde La Graciosa (Caleta del Sebo) es a las 19:00. Aparcar en Órzola es sencillo, podéis poner en el navegador Puerto Órzola y encontraréis varios aparcamientos públicos en los alrededores.
La isla es pequeña, casi toda de arena blanca (jable, como se dice en Canarias), y cuenta únicamente con dos pueblos: Caleta del Sebo, la capital, y Pedro Barba, sumando un total de 700 habitantes aproximadamente. Pedro Barba fue el primer asentamiento de La Graciosa, fundado por familias de pescadores procedentes de Lanzarote. Con el tiempo, estas familias vendieron sus casas a personas adineradas de Tenerife y Gran Canaria, trasladándose a Caleta del Sebo, la capital de la isla. Hoy en día, Pedro Barba no tiene habitantes permanentes, y solo se ocupa durante la temporada alta.
Aunque tradicionalmente La Graciosa se dedicaba a la pesca, hoy vive principalmente del turismo. Como decíamos, la mayor parte de la isla es arena, no hay carreteras asfaltadas, pues es un terreno protegido y está prohibido. La manera más habitual de recorrerla es alquilando bicicletas en Caleta del Sebo, visitando sus playas, sobre todo Playa de las Conchas, considerada una de las más bonitas de España por el contraste entre la arena blanca, el volcán Montaña Bermeja de fondo y el verde turquesa del mar. Es una playa con mucho viento, ideal para pasear más que para bañarse. También es posible explorar la isla mediante tours en Taxi-Jeep que se ofrecen en Caleta del Sebo.












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