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Artículo actualizado en: 2025-12-22T15:43:41Z

Paraty

Paraty, también conocida históricamente como Parati, es una ciudad de poco más de 45.000 habitantes situada al sur del estado de Río de Janeiro, justo en la frontera con São Paulo.

Se trata de una hermosa ciudad colonial, con un centro histórico cuidadosamente conservado y decorado, donde la circulación de vehículos está prohibida. Gracias a su valor histórico y arquitectónico, en 1958 fue reconocida por el Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional (IPHAN) y, en 2019, la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad, junto con Ilha Grande.

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Calle típica de Paraty

Su proximidad tanto a Río de Janeiro como a São Paulo convierte a Paraty en un destino ideal para una escapada de fin de semana. Nosotros nos alojamos en el hotel Villas de Paraty y la experiencia fue muy agradable. En cuanto a la seguridad, no hay motivos de preocupación: la ciudad es muy turística y el centro histórico es seguro, por lo que se puede pasear tranquilamente incluso por la noche.

    ¿Cómo llegar a Paraty?

    Si venís desde Río de Janeiro en transporte público, la opción más recomendable es el autobús. La compañía que realiza este trayecto es Costa Verde Transportes. Los billetes se pueden adquirir en su página web, creando una cuenta (como hicimos nosotros), o directamente en la estación Terminal Rodoviário Novo Rio, desde donde salen los buses.

    Aunque compréis los billetes online, al llegar a la estación tendréis que dirigiros al puesto de Costa Verde para recibir los tickets en papel, necesarios para pasar los controles de seguridad y subir al bus. El trayecto teóricamente dura 4 horas y 45 minutos, aunque en nuestro caso se extendió a 6 horas y 15 minutos, ya que aproximadamente 1 hora y 30 minutos se perdió entre el tráfico al salir de Río de Janeiro. El bus os dejará en el Terminal Rodoviário de Paraty.

    Nosotros vinimos desde Río de Janeiro y luego fuimos a Ilha Grande. Para llegar a Ilha Grande desde Paraty, primero hay que tomar un autobús hasta Angra dos Reis y, desde allí, un barco hacia la isla. Existen dos opciones principales para este trayecto:
    • Con el autobús de Costa Verde Transportes. En teoría, este trayecto no aparece como opción en su página web, ya que no venden billetes directos de Paraty a Angra dos Reis. Sin embargo, la mayoría de los autobuses Paraty – Río de Janeiro hacen parada en Angra dos Reis, por lo que se puede comprar un billete completo y bajarse en esta ciudad. Lo más recomendable es comprarlos directamente en la Bilheteria de la estación de Paraty (Terminal Rodoviário de Paraty), no online, para asegurarse de que el autobús realmente pare en Angra dos Reis, pues no todos lo hacen. Este trayecto dura aproximadamente 2 horas y es un poco más caro, porque se paga por un recorrido más largo, pero ofrece mayor comodidad.
    • Con el autobús de Colitur. Es un autobús de línea regular, como los urbanos, y representa la opción más económica, aunque también la más lenta, ya que hace varias paradas intermedias. Los horarios están disponibles en su página web, pero conviene confirmarlos en la estación de Paraty, ya que no siempre se cumplen. Los billetes solo se venden en la estación.
    Ambos autobuses llegan a la Rodoviária de Angra dos Reis. Desde allí, hay unos 20 minutos caminando hasta la Estação Santa Luzia, donde salen los barcos hacia Vila do Abraão.

    Por último, existe la opción más cómoda y rápida, aunque más cara: el transporte privado, disponible tanto desde Paraty como desde Río de Janeiro y Angra dos Reis. En Paraty hay varias agencias que ofrecen este servicio; una de las más conocidas es Paraty Tours, a las que se puede contactar por correo para consultar precios y disponibilidad.

    Breve historia de Paraty

    Para disfrutar y comprender la visita a la ciudad, es importante conocer brevemente qué ocurrió en Paraty a lo largo de los siglos.

    La zona donde hoy se encuentra Paraty estaba originalmente habitada por la tribu indígena de los Guaianás, quienes encontraron unas condiciones de vida muy favorables gracias a la cercanía de la selva y del mar. Los Guaianás crearon varios caminos para conectar su asentamiento con valles y montañas de la región, tanto hacia Río de Janeiro como hacia São Paulo. Más adelante, también llegó la tribu de los tupinambás, procedente principalmente de la Amazonia y de Río de Janeiro. La palabra “Parati” proviene del idioma indígena y significa “pez blanco en abundancia”, debido a la gran cantidad de peces que había en la zona.

    No está claro exactamente cuándo llegaron los europeos, aunque se estima que fue entre 1540 y 1560. La primera villa que establecieron se encontraba en la colina Morro do Forte, donde actualmente se ubica el Museu Forte Defensor Perpétuo, mientras los Guaianás permanecían a orillas del mar. Alrededor de 1640, el asentamiento de la colina se trasladó a lo que hoy es el centro histórico. Para acceder a esa petición de los colonos, se establecieron dos condiciones: que los indígenas fueran respetados y que los portugueses construyeran una iglesia en honor a Nossa Senhora dos Remédios. La construcción de la iglesia se cumplió —aunque tuvo que ser reconstruida dos veces— y la última versión es la que hoy podéis ver, la Igreja da Matriz de Nossa Senhora dos Remédios. Sin embargo, el respeto a los indígenas no se llevó a cabo. Los colonos acusaron a los Guaianás de prácticas caníbales según los relatos de la época y emprendieron su exterminio. Los pocos que sobrevivieron huyeron hacia las montañas.

    En 1677, este asentamiento obtuvo la categoría de villa con el nombre de Vila de Nossa Senhora dos Remédios de Paraty, en referencia a la nueva iglesia, y más adelante, en 1844, se convirtió en ciudad.

    Con el descubrimiento del oro en el estado de Minas Gerais a finales del siglo XVII —especialmente en ciudades como Ouro Preto, Ouro Branco y alrededores— se utilizó el camino creado por los indígenas para transportar el oro y las piedras preciosas hasta Paraty, y desde allí, en barco, hasta Río de Janeiro y posteriormente a Lisboa. Este camino, ahora pavimentado, pasó a llamarse Camino del Oro (Caminho do Ouro), y Paraty se convirtió en el segundo puerto más importante de la colonia.

    Debido al riesgo de transportar el oro por barco, entre ataques piratas y posibles naufragios, el Camino del Oro —posteriormente conocido como Camino Antiguo (Caminho Velho)— fue sustituido en 1707 por el Camino Nuevo (Caminho Novo), mucho más seguro y rápido. Esto redujo el tráfico por la ciudad y tuvo un impacto económico negativo. No obstante, los caminos existentes se siguieron usando para transportar caña de azúcar y, más adelante, café proveniente del valle del Paraíba, así como esclavos. En 1864, con la construcción del ferrocarril que unía Río de Janeiro y São Paulo, el camino dejó de ser necesario y Paraty cayó en un periodo de decadencia y aislamiento. A este factor se sumó la abolición de la esclavitud en 1888, tras la cual la población pasó de 16.000 habitantes a apenas 600.

    Paradójicamente, gracias a este abandono, la arquitectura urbana del centro histórico se mantuvo prácticamente intacta. Poco a poco, la ciudad volvió a poblarse, ya que las casas estaban muy baratas, hasta llegar al estado turístico actual, donde solo el 20 % de las casas del centro son residenciales, y el resto se destinan a comercios y viviendas vacacionales.

    ¿Qué ver en Paraty?

    Vamos ya con lo que podéis ver en la encantadora Paraty, que a nosotros nos dio un cierto aire a Mogán (Gran Canaria). El casco antiguo se puede recorrer tranquilamente en una mañana, y la tarde se puede dedicar a subir al fuerte o a relajaros en la playa. Una de las opciones más populares para visitar la ciudad es mediante un free tour, que normalmente se realiza a diario a las 10:30, en portugués e inglés, y dura aproximadamente una hora y media. Nosotros hicimos el de portugués y, más o menos, se entendió bien.

    El recorrido suele comenzar en la Praça da Matriz, una de las plazas principales y punto de inicio de los free tours. Antiguamente un cementerio, hoy es una plaza abierta donde se encuentra la Igreja da Matriz de Nossa Senhora dos Remédios, que ya mencionamos en la sección de historia.

    El primer edificio religioso fue una capilla erigida en 1646 al otro lado de la plaza. En 1668 se demolió y se construyó una nueva, esta vez en piedra. Con el crecimiento de la ciudad gracias al paso del oro desde Minas Gerais, se decidió levantar una iglesia más amplia en la ubicación actual. Por tanto, la iglesia que veis hoy es la tercera —y definitiva— dedicada a Nossa Senhora dos Remédios, patrona de Paraty.

    La construcción fue muy costosa para los habitantes y se interrumpió varias veces. La iglesia se inauguró finalmente en 1873. La intención era replicar el diseño original, pero nunca se completó totalmente, como se aprecia en las torres, que quedaron sin terminar. Fue construida en estilo neoclásico sobre cimientos de palos de madera anclados al suelo, al estilo de Venecia, ya que el terreno no es muy consistente; de hecho, se nota una ligera inclinación: a la derecha tiene un rodapié pequeño y a la izquierda no.

    Su interior se organiza en una nave principal y dos laterales, con un total de 7 altares. Se cree que presenta varias referencias a la masonería, como la forma piramidal de los altares o la numerología asociada al número de altares y de eslabones que posee cada uno. La iglesia está abierta al público de miércoles a domingo, de 9:00 a 11:00 y de 13:30 a 16:00 horas, y el acceso es gratuito.

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    Praça da Matriz con la iglesia de fondo

    Vamos ahora al otro lado de la plaza, donde se encuentra la Pousada da Marquesa, para fijarnos en las casas de dos pisos, conocidas como sobrados, típicas de Paraty. Nos detuvimos en el edificio que hace esquina, de colores blanco y amarillo.

    Podéis apreciar detalles curiosos, como los “cuernos” metálicos sobre las puertas, que servían para drenar el agua de los balcones cuando llueve. También llaman la atención los diseños geométricos en las columnas, que algunos consideran símbolos masónicos, ya que muchos de los portugueses que contribuyeron a la arquitectura de Paraty eran supuestamente masones. Obviamente, esto no está probado, es solo una creencia. Otro detalle interesante son las estructuras metálicas del segundo piso, decoradas con piñas, símbolo de prosperidad y riqueza. Solo las casas de nobles y personas influyentes las tenían; hay varias repartidas por la ciudad, aunque algunas son más sutiles y requieren fijarse bien.

    También veréis casas con ventanas de vidrio tipo guillotina, colocadas por fuera, lo cual era una moda procedente de Francia que los portugueses copiaron. Traer este tipo de vidrio desde Europa era muy caro, por lo que tenía un objetivo claro: ostentar riqueza.

    Una curiosidad más es la canoa que se encuentra en el interior de la Casa de las Piñas, visible desde fuera. La historia cuenta que pertenecía a un hombre que cruzó el océano desde Guinea hasta Brasil, se estableció en Paraty y decidió comprar esta casa, colgando allí su barca. Desde entonces se ha conservado como un recuerdo histórico.

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    Fachadas de las casas de Paraty

    Las fachadas que dan a la plaza principal son estrechas porque los impuestos se calculaban según los metros de fachada. Sin embargo, veréis que hacia el fondo las casas son enormes.

    Seguramente también os habréis dado cuenta de lo incómodo que resulta caminar por el suelo empedrado de las calles de Paraty, conocido como pé-de-moleque. Este pavimento fue construido piedra a piedra por esclavos africanos: los hombres transportaban piedras y arena, y los niños las aplanaban con los pies, de ahí su nombre, que significa “pie de niño”. Originalmente era todavía más irregular; hoy en día está un poco más llano debido al paso de los carros de caballos durante muchos años. Así que ya sabéis: venid con zapatillas deportivas o calzado cómodo, nada de tacones ni zapatos inadecuados. Desgraciadamente, quienes vayan en silla de ruedas lo van a tener muy complicado, pero la ventaja es que no hay coches y, por lo tanto, podéis ir tranquilos, sin prisa.

    Desde allí, tomamos la calle que hace esquina con la Casa de las Piñas, la Rua da Capela. A mano derecha, antes de llegar al mar, se encuentra el antiguo cementerio, en uso hasta 1900. Continuamos hasta el final de la calle, hasta llegar al mar, donde está la Igreja de Nossa Senhora das Dores, la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores. Inicialmente, entre 1800 y 1820, se erigió una capilla por petición de la aristocracia portuguesa. Sin embargo, a partir de 1865, con la decadencia de la ciudad, la capilla fue abandonada hasta 1901, cuando fue reformada y pasó a conocerse como la Capilla de los Dolores (Capela das Dores).

    Un dato curioso es que se planeó que la iglesia tuviera dos torres, aunque finalmente solo se terminó una por falta de fondos. Esto sucede con bastante frecuencia en Brasil, donde muchas iglesias barrocas solo cuentan con una torre. Según la leyenda, el gobierno portugués cobraba impuestos una vez que las construcciones estaban terminadas. Por eso, los planos originales de las iglesias incluían siempre dos torres, pero en la práctica se construía solo una, de manera que el gobierno colonial no podía declarar la obra completa y aplicar los impuestos correspondientes.

    No obstante, lo más probable es que, en la mayoría de los casos, la razón real por la que no se completaban las torres fuera la falta de recursos, como ocurrió en la Igreja de Nossa Senhora das Dores. La historia de los impuestos queda, por tanto, en un punto intermedio entre leyenda y situación excepcional.

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    Igreja de Nossa Senhora das Dores

    La ubicación de esta iglesia no es casual. En 1703 se construyeron siete fuertes para proteger la ciudad, todos conectados por muros. De manera similar, las iglesias se edificaban en puntos estratégicos y siempre mirando al mar, de modo que, en caso de ataque, estuvieran preparadas. En realidad, Paraty nunca fue atacada por piratas, ya que la zona tiene aguas poco profundas, mientras que los piratas solían navegar en embarcaciones grandes, que se quedaban en Ilha Grande. El oro que llegaba desde Minas Gerais salía de Paraty en pequeñas embarcaciones rumbo a Ilha Grande, donde se trasladaba a barcos de mayor tamaño, y es allí donde sí se producían los ataques piratas, no en Paraty.

    Si continuáis hacia la Rua Fresca, en dirección contraria a la playa, notaréis que la ciudad se encuentra apenas a 5 metros sobre el nivel del mar, en un terreno delimitado por los ríos Perequê Açu y Mateus Nunes. Por eso, es habitual que las calles se inunden con la marea alta o con fuertes lluvias. El salitre del agua desgasta poco a poco las casas, aunque al mismo tiempo crea estampas muy bonitas, jugando con el reflejo del agua, aunque sea en un simple charco.

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    Casas de Paraty reflejadas en el agua

    Nos detenemos en el número 229 de esta calle para ver la Casa do Príncipe (también llamada Sobrado do Príncipe), que perteneció a la familia imperial Orléans-Bragança. Aunque la casa data de 1850, fue João Maria de Orléans-Bragança (1916-2005), nieto de Isabel de Brasil (la emperatriz que abolió la esclavitud en 1888) y bisnieto del emperador Pedro II, quien se estableció aquí en la década de 1960 para retirarse, viviendo hasta su fallecimiento en 2005. Posteriormente, la casa fue habitada por su hijo, João Henrique de Orléans e Bragança.

    Como curiosidad, es la única casa que mira al mar. Solo se puede contemplar desde fuera, ya que no es una atracción turística.

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    Casa do Principe João Maria de Orléans-Braganza

    Pasada la casa, giramos a la derecha por la Rua Dr. Samuel Costa. Esta calle es un ejemplo de cómo se inclinaban algunas vías para que los excrementos de las casas acabaran directamente en el mar. También son curiosos los agujeritos que hay en las aceras de prácticamente todas las calles, sobre todo en las más cercanas al agua: son las casas de unos diminutos cangrejos que habitan Paraty.

    Después giramos a la izquierda por la Rua Doutor Pereira y nos detenemos en el número 211, donde se encuentra la Casa de las Piñas (Solar dos Abacaxis), el ejemplo más clásico de la arquitectura paratiense. La casa tiene pequeños balcones con barandillas de hierro y lámparas decoradas con piñas, de ahí su nombre. También se pueden observar los cuernos metálicos de desagüe de los balcones, así como los decorados verticales masónicos con figuras geométricas en las columnas que ya habíamos visto antes.

    El terreno de esta casa fue comprado por un señor holandés, quien investigó fotos antiguas para reconstruirla fielmente. Curiosamente, notó que la casa original tenía muchas puertas en el piso superior, pero él no necesitaba tantas, así que algunas son solo pinturas: parecen puertas, pero en realidad son falsas. Lo mismo sucede en la parte inferior derecha, en el solar contiguo que también le pertenecía; allí hay dos puertas azules, que en realidad son una gran portada de garaje, ya que hace unas décadas la gente se movía en carros de caballos y necesitaba espacio para guardarlos. No en esta, pero en otras casas de Paraty veréis anillas junto a las puertas que se usaban para atar a los caballos.

    Y es que desde que Paraty fue declarada Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, la ciudad está obligada a preservar las fachadas, que están protegidas. El interior de las viviendas, en cambio, queda a libre disposición de cada propietario.

    Este cruce de calles es otro ejemplo de detalles masónicos. En Paraty es habitual encontrar pilares de piedra tallada en las esquinas de las casas, colocados de manera aparentemente aleatoria, pero siempre en tres casas, formando un triángulo, que representa la libertad, la igualdad y la fraternidad, un símbolo típico de la masonería. En este cruce en particular se puede observar claramente: de las cuatro esquinas, solo tres tienen estos pilares en la parte baja, creando el triángulo simbólico.

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    Cruce de calles con la Casa de las Piñas a la izquierda

    Avanzamos hasta el número 139 de la calle, donde encontramos otra casa especialmente bonita. Desde ahí, giramos a la derecha por la Rua da Lapa. En el primer edificio que hace esquina, con las puertas azules, nos detenemos. Aquí se aprecian muy bien, en los rodapiés, las marcas de agua dejadas por las mareas altas o las fuertes lluvias. La última gran inundación se registró en abril de 2022. Si os fijáis, las marcas están por encima del escalón, lo que podría dar la impresión de que el agua entraría al interior de la vivienda, pero no es así. La mayoría de las casas están preparadas: nada más abrir la puerta, una pequeña escalera en la entrada evita que el agua llegue al suelo interior.

    Originalmente, estos inmuebles eran principalmente locales comerciales, por lo que solo tenían puertas y no ventanas. Sin embargo, en el siglo XX, los propietarios quisieron transformarlos en viviendas, incorporando ventanas y reduciendo algunas puertas, pero siempre respetando el diseño original de la fachada. Con la protección de las fachadas tras la declaración de Patrimonio de la Humanidad, el exterior ya no se puede modificar. Por eso, es habitual tapiar la parte inferior de las puertas y dejar la superior a modo de ventana, manteniendo el marco original. Así, veréis muchos marcos de puertas que son falsos (solo pintados) y otros que se han convertido en ventanas en lugar de puertas.

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    Arquitectura de Paraty: puertas reales y puertas tapiadas transformadas en ventanas

    Giramos ahora a la izquierda por la Rua Dona Geralda, una calle preciosa que nos conduce hasta la plaza Largo de Santa Rita, que antiguamente era el puerto de la ciudad. Aquí encontramos la Igreja Santa Rita, hoy convertida en el Museu de Arte Sacra de Paraty, donde se conservan imágenes de las iglesias originales de la ciudad. La iglesia se erigió en 1722, lo que la convierte en la más antigua de Paraty, después de que otras, como la Igreja da Matriz de Nossa Senhora dos Remédios, fueran demolidas y reconstruidas. Su estilo es barroco, pero nada recargado ni excesivamente ornamentado como otras iglesias; es más suave y sutil.

    A la izquierda de la iglesia hay un pequeño edificio que era un antiguo cementerio, siguiendo la costumbre de ubicar los cementerios junto a las iglesias.

    Una de las fiestas más importantes de la ciudad se celebra anualmente en esta plaza: la Festa de Santa Rita, con diversas procesiones, misas y eventos culturales que animan la zona y atraen a turistas y locales por igual.

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    Igreja Santa Rita

    Desde esta plaza parte una calle perpendicular llamada Rua do Fogo, especialmente pintoresca por las plantas y flores que decoran la hilera de casas de colores. En el pasado, esta calle era muy conocida porque las jóvenes de la ciudad salían a escondidas de sus casas para encontrarse con sus novios o conocer a marineros. No obstante, no eran prostitutas; la zona destinada a la prostitución, tan habitual en las ciudades portuarias, se encontraba en otro lugar.

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    Rua do fogo

    Al final de la Rua do Fogo, giramos a la izquierda hasta llegar a la Rua do Comércio (también llamada Rua Tenente Francisco Antônio). Allí se encuentra otra casa famosa: el Sobrado dos Bonecos, conocido como la Casa de las Cinco Muñecas Desaparecidas. Es una vivienda de lujo del siglo XIX, fácilmente reconocible por sus tejas portuguesas blancas con motivos azules, los marcos de piedra en las puertas y las barandillas de hierro de los balcones. Antiguamente tenía cinco soportes con cinco muñecas de porcelana portuguesa, pero una fue destruida por un rayo y el propietario decidió retirar las otras cuatro.

    Continuando por la Rua do Comércio, os acercáis a la Igreja de Nossa Senhora do Rosário e São Benedito, construida en 1725. Durante el siglo XVIII, en la época del Brasil colonial, las iglesias se dividían según clases sociales, que en aquel tiempo se relacionaban con el color de la piel: blancos, mulatos y negros. Esta iglesia correspondía a los esclavos negros provenientes de África. Su exterior presenta un estilo colonial, mientras que el interior es barroco, típico de Paraty.

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    Rua Doutor Samuel Costa con la Igreja de Nossa Senhora do Rosário e São Benedito al fondo

    Con esto finaliza nuestro recorrido por el casco antiguo de Paraty. Pero, por supuesto, la ciudad es tan bonita que merece la pena pasear un poco más y perderse por cualquier calle. Si tenéis ocasión, pasad allí la noche y disfrutad de las calles iluminadas: es otro placer para la vista. Suele haber mucho ambiente, ya que la mayoría de los bares abren hasta media noche aproximadamente, y algunos ofrecen música en directo (aunque, posteriormente, se suele cobrar al cliente con una tasa adicional).

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    Paraty de noche

    Para la tarde, o incluso por la mañana si queréis madrugar, recomendamos caminar hasta el Fuerte. La subida comienza junto a la Praia do Pontal, la playa urbana de Paraty, que está bien para tomar algo en un chiringuito, pero no para bañarse debido a la polución. Desde allí parte una carretera de subida y, a pocos metros, un sendero a la derecha atraviesa el Bosque Atlántico, con carteles informativos sobre los distintos árboles que encontraréis en estos bosques.

    En apenas 15-20 minutos se llega al Museu Forte Defensor Perpétuo. El fuerte se encuentra en una explanada con una serie de cañones de la época colonial (que, por cierto, nunca se llegaron a usar) y unas vistas al mar preciosas. En el interior del fuerte, en el edificio blanco, hay una breve exposición en portugués e inglés sobre la formación de Paraty, su cultura, tradiciones y vida cotidiana.

    El edificio donde se ubica el museo data de 1793, construido sobre el lugar del primer asentamiento de Paraty. La fortaleza se levantó para proteger el Camino del Oro y la industria azucarera, tan importantes en aquella época para la ciudad. De los siete fuertes que tuvo Paraty, este es el único que se conserva en pie. Tras un breve periodo de abandono durante el declive de la ciudad, fue reconstruido a mediados del siglo XIX para uso militar. Finalmente, en la década de 1970, fue rehabilitado y abierto al público como museoEl museo está abierto diariamente de 8:30 a 12:00 y de 14:00 a 17:30, excepto los martes, que permanece cerrado.

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    Museu Forte Defensor Perpétuo

    Se puede ir por detrás del fuerte, tomando el camino a la izquierda. Entre los árboles se aprecia la Praia do Jabaquara, otra de las playas de Paraty, así como un pequeño edificio que era la vivienda de las personas pobres que trabajaban para el fuerte.

    La pena es que no se puede ver la ciudad de Paraty desde la colina. Antiguamente sí era posible, pero la vegetación ha crecido mucho y, al estar protegida por ley, no se pueden talar los árboles para abrir un mirador.

    ¿Qué comer en Paraty?

    La comida en Paraty es, en general, similar a la que se encuentra en Río de Janeiro: platos típicos de la gastronomía brasileña, sin demasiadas particularidades locales. Lo que sí destaca es la producción de cachaça, ya que la región es rica en cultivos de caña de azúcar.

    Pero lo que realmente hace famosa a Paraty son sus dulces, los “doces de Paraty”. Por la tarde y la noche es habitual ver carritos por las calles ofreciendo pastelitos variados, elaborados por pasteleros profesionales, no de manera improvisada. Hay de todo tipo: las clásicas cocadas (tiras de coco con azúcar y leche condensada), quebra-queixo (similares a la cocada pero mucho más duras y crujientes), rapaduras (dulces de caña de azúcar), quindins (flanes de yema de huevo), cuscuz de tapioca (hecho con tapioca, coco rallado, leche condensada y azúcar) o brigadeiros (bombones o trufas de chocolate), además de versiones con sabores variados como tapioca, chocolate, banana o maracuyá. Suelen costar alrededor de 12 reales por porción.

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    Carritos ambulantes de dulces por las calles de Paraty

    En cuanto a locales fijos, queremos recomendar la Padaria Esperança, ideal para tomar un tentempié o llevar algo para el camino. Es una panadería con buenos bollos, tanto salados, como pão de queijo y coxinhas, como dulces.

    Excursiones desde Paraty

    Si vuestro objetivo es solo conocer la ciudad de Paraty, basta con quedarse uno o dos días. Pero si decidís prolongar la estancia, es una excelente oportunidad para explorar la naturaleza del Bosque Atlántico, el bosque de esta zona. En este enlace podéis encontrar ideas para organizar las excursiones. Algunas de las caminatas típicas son:

    Piscinas naturais do cachadaçoPara llegar, hay que tomar un bus desde Paraty a Trindade con la empresa Colitur, línea L25, que sale aproximadamente cada hora y tarda unos 45 minutos. Desde allí, un paseo de media hora os lleva hasta las Piscinas naturais do cachadaço, también conocidas como Caixa D’Aço. Es una caminata tranquila que pasa por las principales atracciones de Trindade, como la Praia do Meio, la Praia do Cachadaço, la isla de Trindade (Ilha da Trindade) y el monumento natural Pedra Cabeça do Índio, que marca la división entre los estados de São Paulo y Río de Janeiro. Con un pequeño desvío de unos metros, podéis acercaros aún más a este monumento. Aquí se encuentra el recorrido detallado.

    Praia do SonoLa caminata hacia esta playa comienza en el pueblo de Laranjeiras (Paraty, no confundir con el barrio de Río de Janeiro). Para llegar, hay que tomar un autobús desde Paraty con Colitur, línea 1040 (Paraty x Laranjeiras). El sendero tiene unos 3 km, con subida moderada, hasta un mirador con vistas a la playa, desde donde se baja hasta la arena. Si aún os quedan energías, es posible continuar hasta la Praia de Antigos, otra playa aislada y rodeada de vegetación.

    Trilha do OuroSi preferís caminatas sin playa, esta ruta recorre la Ruta del Oro, la carretera construida por indígenas que conectaba Paraty con Minas Gerais para el transporte del oro hasta el puerto. Una parte de esta carretera ha sido rehabilitada y es apta para todos los públicos. A esta caminata no se puede acceder en transporte público; lo ideal es hacerlo con un tour organizado, por ejemplo, con la agencia Paraty Tours.

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