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2026-03-20T09:53:50Z
Siracusa
Siracusa es una ciudad de unos 115.000 habitantes situada en el sureste de la isla de Sicilia. Fue el mayor asentamiento griego en territorio siciliano y llegó a convertirse en una de las polis más importantes de la Antigüedad. En la actualidad atrae a numerosos visitantes gracias a sus yacimientos arqueológicos, su arquitectura y su gastronomía.
La ciudad fue fundada hacia el 734 a. C. como colonia establecida por colonos procedentes de Corinto, una de las polis más influyentes de la Grecia continental. En esta primera etapa destaca la figura de Dionisio I de Siracusa, el tirano que gobernó durante el siglo IV a. C. y bajo cuyo mandato la ciudad experimentó un notable progreso. También es imprescindible mencionar al célebre físico y matemático Arquímedes, nacido aquí en el 287 a. C. De colonia pasó pronto a convertirse en una próspera polis griega que llegó a controlar gran parte de Sicilia.
A partir del 212 a. C., Siracusa quedó bajo dominio romano, situación que se mantuvo hasta la caída del Imperio romano de Occidente, tras lo cual pasó a formar parte del Imperio bizantino. Más tarde, en el 878 d. C., fue conquistada por los árabes, quienes destruyeron gran parte de la ciudad. En 1038 los bizantinos la recuperaron brevemente, aunque su control fue efímero, pues a mediados del siglo XI pasó a manos de los normandos. En 1194 la isla quedó bajo dominio de la dinastía Hohenstaufen y, posteriormente, de los aragoneses en el siglo XIII. Desde entonces, Siracusa siguió el mismo curso histórico que el resto de Sicilia. En nuestro artículo sobre Palermo podéis encontrar una explicación más detallada de la historia de la región.
La ciudad de Siracusa se organiza en dos zonas: la parte moderna, situada en tierra firme, y Ortigia, la pequeña isla que fue la Siracusa original y que hoy constituye su centro histórico, unida al resto de la ciudad por varios puentes y repleta de los principales atractivos turísticos.
Si llegáis en coche, aparcar en Ortigia no es tarea sencilla. La opción más recomendable es el Parcheggio Talete, un conjunto de aparcamientos cubiertos situados uno a continuación del otro. Si el primero está completo, basta con avanzar unos metros para encontrar otra entrada. El precio es de 1,50 €/hora. En los alrededores también hay zonas azules (strisce blu), donde podéis estacionar y pagar a través de la aplicación EasyPark, prácticamente imprescindible si vais a recorrer Sicilia en coche de alquiler.
Si preferís llegar en transporte público, podéis utilizar el tren, cuyos horarios y conexiones están disponibles en Trenitalia, o viajar en autobús con la compañía Interbus, que ofrece rutas directas desde el Aeropuerto de Catania, entre otros destinos.
Siracusa cuenta con dos grandes focos de interés: el Parque Arqueológico Neápolis, situado en la zona moderna de la ciudad, y la isla de Ortigia (Isola di Ortigia).
Comenzamos por el Parque Arqueológico Neapolis (Parco Archeologico Neapolis). La entrada es cara, pero lo cierto es que el recinto reúne una interesante variedad de lugares de gran valor histórico. Por un lado, conserva importantes restos arqueológicos grecorromanos y, por otro, alberga las latomías, unas enormes cuevas de extracción de piedra —de las que hablaremos más adelante— que resultan poco habituales y muy distintas de lo que suele visitarse en el resto de Sicilia.
La visita se inicia en el Altar de Hierón II (Ara di Ierone II), un gigantesco altar dedicado a Zeus que fue mandado construir por el tirano Hierón II en el siglo III a. C. Aunque hoy apenas se conservan los cimientos, sus dimensiones siguen impresionando: 198 metros de largo por 22,8 de ancho, lo que lo convierte en el altar más grande del mundo antiguo del que se tiene constancia. Era un espacio destinado a sacrificios y, de hecho, se cree que podía albergar el sacrificio simultáneo de más de 450 bueyes, lo que explicaría la necesidad de una estructura tan monumental.
A continuación, a mano derecha, seguimos un sendero rodeado de una vegetación exuberante que nos conduce hasta las Latomías (Latomie del Paradiso). Estas latomías eran profundas canteras de piedra caliza que, en la Antigüedad, se excavaban y trabajaban a mano, generalmente por prisioneros de guerra capturados por los temibles tiranos que gobernaban Siracusa. El camino nos lleva a través de algunas de estas cuevas. Resulta llamativo observar la cantidad de plantas que crecen desde el techo, alimentadas por el agua que se filtra entre las rocas en forma de pequeñas goteras, lo que permite que prosperen en un entorno tan singular.
Latomie del Paradiso
Dentro de la Latomie del Paradiso se encuentra la siguiente cueva, conocida como la Oreja de Dionisio (Orecchio di Dionisio), famosa por su extraordinaria acústica. Es habitual ver a visitantes cantar o emitir sonidos para comprobar el eco. Según imaginó el pintor Caravaggio, el tirano Dionisio aprovechaba estas peculiares propiedades acústicas para escuchar en secreto las conversaciones de sus prisioneros. Fue precisamente Caravaggio quien acuñó el nombre de la cueva durante su visita a Siracusa en 1608, inspirado tanto por esta historia que él mismo ideó como por la forma de la entrada, que recuerda a una oreja humana.
Entrada a la Oreja de Dionisio a la izquierda
Al salir de las canteras ascendemos a la parte alta del recinto, donde se encuentra el teatro griego (Teatro Greco), uno de los mayores de su época. Construido entre el 238 y el 215 a. C., tenía capacidad para unas 16.000 personas. De forma semicircular, se organiza en tres partes: la cávea (las gradas), la orquesta y el escenario. La cávea, además, está atravesada por una diazoma, el pasillo que dividía los distintos sectores de asientos.
Por desgracia, como el teatro se utiliza hoy en día para espectáculos contemporáneos, gran parte de su estructura original queda cubierta por un graderío de madera, lo que, en nuestra opinión, le resta algo de encanto. Aun así, el entorno es magnífico: está situado en una zona elevada con vistas al mar.
Teatro griego de Siracusa
Aunque el teatro es el elemento más conocido del recinto, a nosotros nos impresionó más el Anfiteatro Romano, quizá porque es el que menos ha sido modificado con intervenciones modernas. Fue construido durante la época del Imperio Romano, concretamente entre los siglos III y IV d. C., y en él se celebraban diversos espectáculos, como carreras de caballos y combates de gladiadores. Tenía planta elíptica, con unos diámetros de 140 por 119 metros, lo que lo situaba entre los anfiteatros más grandes del Imperio. Presenta además algunas particularidades: se adaptó al terreno existente y parte de su estructura —tanto el suelo como un lateral— fue excavada directamente en la roca.
Tras siglos marcados por guerras y cambios de dominio, el anfiteatro quedó en ruinas. Los españoles tuvieron un papel importante en su deterioro, ya que en el siglo XVI destruyeron por completo la parte superior, motivo por el cual hoy solo se conserva el primer anillo. Fue redescubierto en 1839, momento en que comenzaron las excavaciones arqueológicas.
Un detalle interesante es que, tanto en el anfiteatro como en otros puntos del parque —por ejemplo, en las latomías—, pueden verse esculturas del artista polaco Igor Mitoraj (1944-2014). Sus obras, de estilo clásico reinterpretado, encajan sorprendentemente bien con el entorno. Este mismo escultor tiene otra pieza similar en Agrigento.
Con esto concluye la visita al parque arqueológico, que nos llevó algo más de una hora. Las entradas pueden adquirirse en las taquillas de acceso; los precios y horarios están disponibles en su página web, y las audioguías cuestan 5 €. Además, el primer domingo de cada mes la entrada es gratuita. Se puede aparcar en zona azul en las calles cercanas o en alguno de los parkings de la zona. También es posible llegar en autobús público desde Ortigia: varias líneas (101, 103, 104 y 105) cubren este trayecto.
Fuera del parque arqueológico, pero muy cerca, se encuentra otra serie de cuevas conocida como la Necrópolis de Grotticelle, donde se dice que está la Tumba de Arquímedes. No es posible acceder al interior, pero sí verla desde fuera, para quien tenga interés. Como curiosidad, en la película Indiana Jones y el dial del destino, los protagonistas buscan la tumba de Arquímedes, aunque el escenario que aparece en pantalla está inspirado en la Oreja de Dionisio que vimos anteriormente.
Tras la visita, tomamos el coche rumbo a Ortigia. Aparcamos en el Parcheggio Talete y nos dispusimos a recorrer la isla.
En la Antigüedad y la Edad Media la isla estuvo completamente fortificada, lo que explica la ausencia de playas. Tras la unificación de Italia (1861), gran parte de las murallas fueron demolidas, aunque aún se conservan algunos tramos, sobre todo en el lado del puerto.
Comenzamos el recorrido por el Mercado de Ortigia (Mercato di Ortigia), un bullicioso mercado puramente siciliano, muy similar a los que pueden encontrarse en otras ciudades de la región. No falta la zona de pescadería, los puestos de frutas y verduras, las especias y algunos locales que ofrecen comida callejera ya preparada para llevar o comer sobre la marcha. Entre los más conocidos destacan los bocadillos del establecimiento Caseificio Borderi, siempre muy concurrido.
Mercado de Ortigia
Ahora nos dirigimos al Templo de Apolo (Tempio di Apollo), considerado el templo más antiguo conocido en Sicilia, erigido por los griegos en el siglo VI a. C. Con el paso del tiempo, los bizantinos lo transformaron en iglesia y, posteriormente, los árabes lo utilizaron como mezquita. Más tarde volvió a reconstruirse como iglesia, esta vez bajo el nombre de Basílica de San Salvador. Tras permanecer durante siglos semienterrado, el templo fue descubierto en 1860 y excavado entre 1939 y 1942.
Aunque hoy en día se conserva solo una parte de su estructura, lo que queda ha sido fundamental para que los historiadores pudieran reconstruir su pasado. Originalmente medía 58,1 metros de largo por 24,5 de ancho y estaba rodeado por una serie de columnas en sus cuatro lados, algunas de las cuales aún se mantienen, al menos parcialmente. Detrás de estas columnas también se conserva parte del muro que formó la pared de la antigua iglesia. El templo se encuentra al aire libre y su visita es completamente gratuita.
Tempio di Apollo en Ortigia
A partir de aquí nos adentramos en el laberinto de calles estrechas, rincones ocultos y preciosos pasajes que conforman la isla de Ortigia. Cada calle guarda su propia historia; de hecho, antiguamente estas zonas estaban claramente diferenciadas, aunque hoy parezca todo un mismo barrio. Por ejemplo, la Via Cavour fue en su día el área de los artesanos, especialmente zapateros, mientras que la zona comprendida entre Via della Giudecca y Via Larga correspondía a la antigua judería.
No tengáis prisa: disfrutad del paseo y dejaos llevar por estas callejuelas llenas de tiendas de artesanía y restaurantes con encanto.
Una de las calles de Ortigia
La siguiente parada es la Plaza de Arquímedes (Piazza Archimede), dedicada al personaje más célebre que ha dado Siracusa: el matemático Arquímedes. En el centro de la plaza se alza la Fuente de Diana (Fontana di Diana), construida en estilo art nouveau en 1907 por Giulio Moschetti. A su alrededor se distribuyen varios palacios de los siglos XIV y XV, además de un par de cafés y restaurantes que aportan vida al lugar.
Piazza Archimede
Proseguimos hasta llegar a la plaza principal de la ciudad, la Plaza del Duomo de Siracusa (Piazza del Duomo de Siracusa), una de las más bellas de Sicilia. Aquí se encuentra la Catedral de Siracusa (Cattedrale Metropolitana della Natività di Maria Santissima). Vista desde el exterior, la catedral es un magnífico ejemplo de arquitectura barroca; sin embargo, su interior guarda una sorpresa fascinante. El edificio se levantó sobre un antiguo templo griego y, hoy en día, ambas construcciones conviven en perfecta armonía.
El templo original, dedicado a Atenea, data del 470 a. C. y contaba con 6 columnas dóricas en los lados cortos y 14 en los largos, algunas de las cuales aún se conservan. En el siglo VII d. C. se construyó sobre él un templo cristiano, integrando las columnas antiguas en la nueva estructura, visibles tanto desde el interior como desde el exterior. Durante la dominación árabe, en el 878, el edificio fue transformado en mezquita, y volvió a ser iglesia con la llegada de los normandos en 1085. La fachada barroca y parte del exterior corresponden a la renovación realizada entre 1725 y 1753, tras el devastador terremoto del sureste de Sicilia de 1693. La entrada cuesta 2 € y el horario es de 8:00 a 18:30 todos los días.
Además de la catedral, en la Piazza del Duomo destacan otros edificios tan imponentes como el propio Duomo: el Palazzo del Vermexio (actual ayuntamiento), el Palazzo Beneventano del Bosco, el Palazzo Borgia del Casale (entrada: 8 €), el Palazzo Arcivescovile, que alberga la célebre Biblioteca Alagoniana (entrada: 4 €), y, al fondo, la Iglesia de Santa Lucía alla Badia (Chiesa di Santa Lucia alla Badia).
Piazza del Duomo en Siracusa
Desde la Plaza del Duomo nos dirigimos hacia el mar para ver la Fuente de Aretusa (Fonte Aretusa), un manantial natural de agua dulce donde crece papiro de forma espontánea, una planta acuática muy poco común fuera de Egipto. Desde aquí se disfrutan puestas de sol realmente bonitas. Este manantial ya era célebre en época griega y está ligado al mito de la ninfa Aretusa, que huía del dios‑río Alfeo, enamorado de ella. Para protegerla, la diosa Artemisa la transformó en un manantial subterráneo que fluyó bajo el mar hasta Ortigia. Alfeo, convertido también en río, la siguió y logró unirse a ella, de modo que sus aguas se mezclan simbólicamente en la Fuente de Aretusa. Sin embargo, en la realidad, el manantial de agua dulce permanece separado del mar por la roca.
Continuamos hasta llegar al Castillo Maniaces (Castello Maniace), la fortaleza que defendía el extremo sur de Ortigia. Su origen se remonta a 1038, cuando el comandante bizantino Jorge Maniaces —de donde procede su nombre—levantó aquí una fortificación tras reconquistar Siracusa a los árabes. El aspecto actual del castillo corresponde a la reconstrucción realizada en 1240 bajo el reinado de Federico II de Hohenstaufen. En su página web podéis consultar horarios y precios, aunque si vais justos de tiempo basta con verlo desde el exterior. Muy cerca del castillo os encontraréis también con la Escultura de Igor Mitoraj (Mitoraj sculpture), el mismo artista que hemos mencionado anteriormente, esta vez en bronce y dedicada a Ícaro.
Desde aquí damos un paseo junto al mar por el Lungomare d'Ortigia, el paseo marítimo de Siracusa, una de las zonas más hermosas de la ciudad.
Lungomare d'Ortigia
→A Putia (Via Roma, 8). Ojo con no confundirlo con otros locales de nombre similar. Es uno de los restaurantes más populares de la ciudad, especializado en pasta, especialmente la de pesto de pistacho. No aceptan reservas: simplemente hay que ir, apuntarse en la lista de espera y esperar a que os llamen.
→En el mercado de Ortigia. Comer comida callejera o tomar un aperitivo en alguno de los puestos del mercado es una experiencia muy siciliana y casi siempre un acierto.
→Davè Sicilian Taste. Otro restaurante que nos recomendaron, aunque no tuvimos tiempo de probarlo.
Una excursión muy popular de un día desde Siracusa es visitar algunos de los pueblos que forman el Valle de Noto, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Todos ellos destacan por su extraordinario conjunto arquitectónico barroco, levantado tras el devastador terremoto de 1693 que arrasó la región. Entre ellos, cuatro localidades sobresalen especialmente:
→Ragusa. Es una ciudad dividida en dos partes. La zona baja, Ragusa Ibla, corresponde al casco antiguo reconstruido tras el terremoto, mientras que la parte alta, Ragusa Superiore, es un área más moderna donde se asentó parte de la población después del desastre.
En Ragusa Superiore podéis visitar la Cattedrale di San Giovanni Battista y la Chiesa di Santa Maria delle Scale. En Ragusa Ibla no os perdáis el Duomo di San Giorgio, el Giardino Ibleo y, simplemente, pasear por sus callejuelas y plazas llenas de encanto.
→Modica. También está dividida en dos zonas: Modica Alta y Modica Bassa. Se puede ir caminando entre ambas, aunque el trayecto es exigente; también hay autobuses.
La calle principal de Modica Alta es Corso Umberto, donde se encuentran el Palazzo De Leva, el Teatro Garibaldi y el Museo Cívico. Entre sus numerosas iglesias destacan el Duomo di San Giorgio (Alta), el Duomo di San Pietro (Bassa), la Chiesa di San Giovanni Evangelista (Alta) y la Chiesa Rupestre di San Nicolò Inferiore (Bassa).
En lo alto de la ciudad se alza el Castello dei Conti.
Modica es también famosa por su chocolate siciliano, introducido durante la dominación española, cuando el cacao llegó desde América. Podéis visitar el Museo del Cioccolato di Modica y la Antica Dolceria Bonajuto, la chocolatería más antigua de Sicilia.
→Noto. Otra joya del barroco siciliano. En vuestro paseo no podéis dejar de ver su imponente Cattedrale di San Nicolò, con su gran escalinata, y el Palazzo Ducezio, sede del ayuntamiento. La arteria principal es Corso Vittorio Emanuele, a lo largo del cual se concentran los principales puntos de interés.
→Scicli. Ideal para pasear tranquilamente por sus calles, visitar el Palazzo Beneventano y tomar un buen helado. Además, es un lugar de peregrinación para los seguidores del comisario Montalbano, la famosa saga italiana de novelas y serie de televisión, rodada en gran parte aquí. En los libros también se mencionan con frecuencia las otras localidades del valle.









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