Llegamos a Friedrichshafen desde Lindau, continuando nuestra ruta de tres días por el Lago Constanza (Bodensee en alemán).
Lo bueno del Lago Constanza es que no existe un orden “perfecto” para visitar las ciudades; podéis recorrerlas según os convenga, ya que todas están relativamente cerca unas de otras y bien comunicadas, tanto por tierra como por mar.
¿Cómo llegar a Friedrichshafen?
Friedrichshafen cuenta con cerca de 63.000 habitantes y se encuentra en el estado federado de Baden-Württemberg. Esto significa que podéis aprovechar el Baden-Württemberg Ticket, un billete válido durante un día para toda la red de transportes públicos regionales (no incluye trenes de alta velocidad como el ICE) de este estado. Resulta muy útil si queréis recorrer varias ciudades a orillas del lago, ya que la mayoría se encuentran dentro de Baden-Württemberg. El ticket tiene un precio base al que se añade un importe adicional por cada viajero extra, hasta un máximo de cinco personas, y se puede adquirir por Internet o en las máquinas de las estaciones de tren.
Para consultar los horarios, podéis visitar la web de la Deutsche Bahn, indicando como origen la estación que prefiráis y como destino “Friedrichshafen Stadt”. Recordad marcar la opción “solo transporte de cercanías” si queréis que únicamente se muestren los trenes regionales.
¿Qué ver en Friedrichshafen?
De todas las ciudades que visitamos —Lindau, Friedrichshafen, Meersburg y Constanza—, Friedrichshafen es, como ciudad, la menos atractiva. Sin embargo, su zona junto al lago es, con diferencia, la más bonita de todas.
Por ello, comenzaremos nuestro recorrido por allí. Esta área se llama Uferpromenade y consiste en un paseo muy agradable, paralelo al lago, que ofrece vistas impresionantes tanto del Lago Constanza como de los Alpes al fondo. Además, es la zona más animada de la ciudad, repleta de bares, restaurantes, heladerías y, en general, con un ambiente muy agradable.
Uferpromenade y Lago Constanza en la zona más tranquila
A lo largo de este paseo descubriremos los principales atractivos de Friedrichshafen. Comenzaremos por el extremo oeste, la zona más tranquila. Aquí se encuentra la iglesia del castillo o Schlosskirche, de culto evangélico. Se trata de una iglesia barroca construida en 1702, la más importante de la ciudad gracias a sus dos torres de 55 metros de altura, que se pueden ver desde numerosos puntos de Friedrichshafen.
Recibe el nombre de iglesia del castillo porque junto a ella se halla el Castillo de Friedrichshafen, construido en 1654 como monasterio benedictino y actualmente administrado de manera privada por la Casa de Württemberg. Por esta razón no se puede visitar y apenas aparece en guías turísticas.
Se nota que estamos en una zona tranquila, ya que casi no llega gente hasta aquí. De hecho, si no disponéis de tiempo, no pasa nada por saltarse la iglesia; pero si recorréis la Uferpromenade hasta el final, merece la pena dedicar unos minutos a visitarla.
Junto a la iglesia, pegado al lago, se encuentra el Schloss-Steg, el antiguo puerto del castillo, recientemente renovado y convertido en un mirador.
Continuando paralelo al lago por la Uferpromenade, en dirección este hacia el centro de la ciudad, llegamos a la estatua de Ferdinand Graf von Zeppelin, creador de la compañía de dirigibles Zeppelin, cuya sede estaba en Friedrichshafen. Por toda la ciudad encontraremos numerosas referencias a este personaje, como la Columna de Zeppelin (Graf Zeppelin Säule) o la Fuente de Zeppelin (Zeppelinbrunnen). Sin ir más lejos, detrás de su estatua se encuentra un centro cultural llamado Casa de Graf Zeppelin (Graf-Zeppelin-Haus), aunque no tiene relación con su residencia.
Seguimos por la Uferpromenade hasta una zona más verde, donde se celebran los principales eventos de la ciudad. Por ejemplo, durante nuestra visita coincidimos con la Fiesta de la Interculturalidad (Interkulturelles Stadtfest), y toda esta área estaba llena de puestos de comida de distintos países.
Pasada esta parte, veremos un pequeño saliente sobre el lago: se trata de la Moleturm, una torre de observación de 22 metros de altura con acceso gratuito, que ofrece unas vistas espectaculares del puerto, el lago y los Alpes al fondo. Subir merece la pena, especialmente al atardecer; lo complicado puede ser encontrar espacio, ya que es un lugar muy concurrido.
Vistas de Friedrichshafen desde la Moleturm
Frente a la Moleturm, en dirección al interior de la ciudad, se encuentra la plaza Adenauerplatz, considerada el centro de Friedrichshafen. Aquí se concentran otros puntos de interés que no están relacionados con el lago. Entre ellos destacan:
- La fuente Buchhornbrunnen: construida en 2001, los escultores intentaron combinar elementos de la historia de la ciudad con la mitología, logrando un conjunto de esculturas muy llamativo, cada una más rara que la anterior, que ha sido especialmente bien recibido por la ciudadanía, sobre todo por los más pequeños. En cuanto al nombre, Brunnen significa “fuente” en alemán, y Buchhorn era el nombre de Friedrichshafen hasta 1811, cuando se cambió en honor al rey Federico I de Württemberg (Friedrich), que impulsó su desarrollo como ciudad.
- El ayuntamiento (Rathaus): un edificio meramente administrativo, sin interés turístico especial.
- La iglesia de St. Nikolaus: otro de los puntos destacados de la plaza, aunque con un perfil más discreto en comparación con el lago y los monumentos cercanos.
Fuente Buchhornbrunnen en el casco antiguo de Friedrichshafen
Vista esta plaza, volvamos al muelle, que es donde se concentra el verdadero ambiente de la ciudad. Si continuamos por él, en apenas unos metros llegamos al final, delimitado por el Puerto de Friedrichshafen, desde donde salen los barcos hacia otras ciudades del Lago Constanza.
Frente al puerto se alza un imponente edificio blanco: el Zeppelin Museum, la atracción número uno de Friedrichshafen y una visita obligatoria. Nuestro conocimiento sobre los zepelines era bastante básico, y la verdad es que en el museo aprendimos muchísimo.
La visita comienza con un breve vídeo en 3 dimensiones (en alemán) que muestra los primeros zepelines, ideal para entrar en materia y entender mejor el museo. A continuación, en sus dos plantas, se expone la evolución de estos dirigibles, desde los primeros modelos hasta los últimos, incluyendo los viajes que realizaban, cómo se construían, su relación con el régimen nazi y, la parte más destacada, el LZ 129 Hindenburg, el dirigible más grande jamás construido, que se destruyó en un incendio al aterrizar en Nueva Jersey el 6 de mayo de 1937. Este trágico suceso quedó ampliamente documentado, ya que numerosas personas estaban presentes con cámaras ese día. El accidente acabó con la vida de 36 personas, en su mayoría tripulantes, y marcó el fin de los vuelos comerciales en dirigible.
La estrella del museo es la recreación de una sección del compartimento de pasajeros del Hindenburg, que permite experimentar cómo era viajar en él. La visita completa suele durar unas dos horas tranquilamente. Para quienes quieran profundizar aún más, se recomienda ver un breve pero muy interesante documental sobre el accidente.
El museo dispone de taquillas para dejar objetos personales. Todos los paneles están en alemán e inglés, y en su página web podéis consultar los precios. En la parte inferior también se detallan los tours privados en otros idiomas, incluido el español. Además, es posible adquirir tickets combinados con otros museos de la ciudad, como el Schulmuseum (Museo del Colegio) y el Dornier Museum de aviación, que, salvo que tengáis un interés especial, no son de lo más destacado de la ciudad.
Una de las salas del Zeppelin Museum
Con esto damos por finalizada nuestra visita a Friedrichshafen.
Excursiones desde Friedrichshafen
Como comentábamos al principio, Friedrichshafen ocupa una posición estratégica para recorrer el Lago Constanza. Nosotros llegamos desde Lindau y, tras nuestra estancia aquí, nos dirigimos a Meersburg y a Constanza, por lo que ambas opciones funcionan perfectamente como excursiones de un día desde esta ciudad.
→Lindau: a solo 35 minutos en tren regional. Los horarios se pueden consultar en la web de la Deutsche Bahn.
→Meersburg: desde Friedrichshafen hay que tomar el autobús 7395, con una duración aproximada de 50 minutos, que sale desde la estación central Friedrichshafen Stadt. Se puede bajar en una de estas dos paradas:
- “Kirche, Meersburg”, en la parte norte de la ciudad.
- “Fähre, Meersburg”, en el puerto de coches (no de pasajeros).
Ambas paradas están a pocos minutos andando del centro, así que cualquiera de las dos sirve. Para los horarios, consultad la web de la Deutsche Bahn poniendo como origen “Friedrichshafen Stadt” y destino “Meersburg (Bodensee)”, asegurándoos de que la parada de destino sea alguna de las dos anteriores.
→Constanza: se debe coger el autobús 7394, con una duración aproximada de 1 hora y 15 minutos, que llega hasta la estación central Bahnhof, Konstanz. Lo bueno de este trayecto es que incluye un tramo en barco: durante el recorrido podéis bajaros del autobús y disfrutar de las vistas del lago sin pagar un ferry. Obviamente, la comodidad no es la misma que la de un tren directo, pero es una opción excelente para quienes viajen con un presupuesto más ajustado. Los horarios se pueden consultar también en la web de la Deutsche Bahn.
⛴ Si, por el contrario, no disponéis de tiempo para visitar otras ciudades pero queréis adentraros en el lago, podéis adquirir un ticket para un recorrido panorámico (Rundfahrt). Los barcos salen desde el puerto, junto al Zeppelin Museum, y son operados por la compañía BSB (Bodensee-Schiffsbetrieb).




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