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Artículo actualizado en: 2026-03-26T13:42:25Z

Palermo

Palermo, con unos 630.000 habitantes, es la capital de la isla y región italiana de Sicilia. Es una ciudad única y muy auténtica, aunque también muy turística y calurosa, por lo que el mejor momento para visitarla es temporada baja, evitando así los meses de verano.

Palermo tiene fama de ser una ciudad sucia, decadente y caótica y, en nuestra opinión, cumple todos y cada uno de esos adjetivos. No obstante, esto no se aprecia tanto en el casco antiguo sino en el resto de la ciudad, así que no os desanime a visitar la ciudad.

Sicilia es una isla para todos los gustos, pues goza de múltiples atractivos: catedrales e iglesias de distintos estilos, yacimientos arqueológicos, volcanes, playas y ciudades puramente italianas. Es decir, cada persona puede encontrar uno o múltiples motivos para visitar Sicilia. Separada de la península itálica por el estrecho de Mesina, la isla es la más grande de todo el Mar Mediterráneo, tiene una extensión un poco menor que todo el país de Bélgica, para hacernos una idea, así que se recomienda dedicarle unas dos o tres semanas para recorrerla entera. No obstante, en una semana o diez días podéis ver unas cuantas cosas y llevaros una sensación de lo que es Sicilia.

    ¿Cómo moverse por Sicilia?

    🚗La opción más cómoda es alquilar un coche, ya que ofrece total libertad para llegar a prácticamente cualquier lugar. Eso sí, conviene estar preparado: la conducción en Sicilia puede resultar caótica y está lejos de los estándares europeos. En los cruces rara vez hay prioridades, muchos conductores avanzan “metiendo el morro” y van despacio para no chocar entre sí, los pasos de cebra no siempre se respetan y la señalización de carriles puede ser confusa. A esto se suman bicicletas, motos y patinetes que aparecen por cualquier lado. En resumen, se puede conducir sin problema, pero con mucha atención.

    En Palermo es posible alquilar coche tanto en el aeropuerto como en la ciudad. Las oficinas urbanas suelen estar algo alejadas del centro, por ejemplo en Via Umberto Giordano 8, junto a la estación Palermo Notarbartolo. Nosotros lo alquilamos con Locauto. También es posible recoger el coche en una ciudad y devolverlo en otra, por ejemplo en Catania.

    🅿️Para aparcar, recomendamos usar la aplicación Easypark, muy sencilla y válida para las zonas azules (strisce blu) de toda Sicilia. En muchos lugares no hay máquinas físicas, así que la app es la única forma de pagar. Otra alternativa son los aparcamientos privados, que podéis localizar buscando “parcheggio” en vuestra aplicación de mapas.

    ⛽Para repostar, sabed que muchas gasolineras son self-service. Normalmente se introduce primero la tarjeta bancaria, luego el PIN, se selecciona el número de surtidor y se echa la gasolina/diésel. Al terminar, basta con colocar la manguera. Si queréis el recibo, podéis volver a la máquina, pulsar scontrino, elegir el surtidor y os imprimirá el ticket.

    🚆Si preferís moveros en transporte público, Sicilia es grande y no siempre se puede abarcar todo, pero las principales ciudades están bien conectadas. El tren (Trenitalia) es la mejor opción, con rutas entre Palermo, Catania, Agrigento, Taormina, Siracusa, Noto, Módica o Ragusa. Como alternativa, el autobús: compañías como Flixbus cubren bastantes trayectos.

    ¿Cómo ir del Aeropuerto de Palermo al centro?

    El aeropuerto de Palermo, Aeroporto Internazionale di Palermo Punta Raisi “Falcone e Borsellino” (PMO), es pequeño y fácil de recorrer. Para llegar al centro hay varias opciones:

    🚄Tren: Desde la estación Palermo Aeroporto hasta Palermo Centrale. Los billetes pueden comprarse en la web de Trenitalia o directamente al llegar. El trayecto dura entre 50 y 60 minutos, aunque hay uno, el Genio Express, que tarda solo 34. La estación está justo al salir por la zona de “salidas”.

    🚌Autobús: Se puede comprar el billete online o directamente en el bus (unos 50 céntimos más caro). El trayecto dura unos 45–50 minutos y hay salidas aproximadamente cada media hora. La parada está a la derecha al salir del aeropuerto.

    🚕Taxi compartido: Cuesta unos 8 € por persona. Es más rápido (tarda unos 30 minutos) y os deja directamente en vuestro alojamiento. Son taxis grandes, de 6–8 plazas, y salen cuando se llenan. También se toman a la derecha al salir.

    Por último, tened en cuenta que Palermo cobra una tasa turística de 2 € por persona y noche, destinada al mantenimiento de la ciudad.

    Breve historia de Sicilia

    Siempre nos gusta conocer un poco de historia sobre los lugares que visitamos, y en el caso de Sicilia es imprescindible hacerlo. En cada ciudad y en cada rincón de la isla hay huellas del paso de los muchos pueblos que la habitaron: fenicios, cartagineses, griegos, romanos, bizantinos, árabes o sarracenos, normandos, suabos, franceses, aragoneses, españoles, borbones e italianos.

    Los primeros habitantes de Sicilia de los que hay constancia fueron los Sicani, los Elimi y los Siculi, en la prehistoria. Más tarde, en el siglo IX a. C. llegaron los fenicios y, en el 750 a. C., los griegos, estableciendo su mayor asentamiento en Siracusa. En el siglo V a. C. llegaron los cartagineses, procedentes de Cartago (actual Túnez), quienes convivieron con los griegos hasta que comenzaron las disputas. Esto desembocó en las guerras púnico-griegas, a las que se sumó un tercer actor: el Imperio romano, que aprovechó el conflicto para luchar contra ambos y terminar anexionándose Sicilia.

    Durante más de 600 años, Sicilia fue provincia romana, periodo en el que se introdujeron el latín y el cristianismo, aunque gran parte de la población mantuvo la cultura y el idioma griegos. Tras la caída del Imperio romano de Occidente (476 d. C.), la isla pasó brevemente por manos de pueblos germánicos, hasta que fue incorporada al Imperio bizantino (535–965). El Imperio bizantino, o Imperio romano de Oriente, tenía su capital en Bizancio, renombrada más tarde como Constantinopla, la actual Estambul.

    A partir del siglo VII, el Imperio bizantino comenzó a debilitarse, y los árabes aprovecharon para iniciar la conquista de la isla. Fue un proceso largo (831–965), durante el cual los bizantinos trasladaron su capital de Constantinopla a Siracusa para defenderse, aunque finalmente cedieron en 965, con la caída de Taormina, la última ciudad en ser conquistada.

    Así nació el Emirato de Sicilia (965–1092), con capital en Palermo. Fue un periodo de gran prosperidad: introdujeron cultivos como naranjas, limones, pistachos y caña de azúcar, y dejaron un legado artístico extraordinario, visible hoy en joyas del arte árabe-bizantino como la Capilla Palatina, la Catedral de Monreale o la Catedral de Cefalú.

    En el siglo XI llegaron los normandos, descendientes de vikingos establecidos en Normandía (norte de Francia), debido a la sobrepoblación que sufría ese territorio. Con el tiempo se distanciaron de los vikingos culturalmente y adoptaron la cultura francesa y el cristianismo, lo que les permitió obtener el apoyo del Papa. Los normandos acabaron derrotando a bizantinos y árabes y fundando el Reino de Sicilia.

    Tras la muerte del último monarca normando (1194), el trono pasó a la dinastía Hohenstaufen, originaria de Suabia (Alemania). Las tensiones entre esta casa y el Papado llevaron a que en 1265 el Papa entregara el reino a Carlos de Anjou, lo que provocó la rebelión conocida como las Vísperas Sicilianas. Con el apoyo de Pedro III de Aragón, Sicilia pasó a formar parte de la Corona de Aragón, bajo dominio español durante casi cinco siglos.

    Tras la Guerra de Sucesión Española, el Tratado de Utrecht (1713) otorgó Sicilia a la Casa de Saboya, aunque pocos años después (1720) pasó a los Habsburgo austríacos a cambio de Cerdeña. En 1734, fue conquistada por Carlos III de España, borbón e hijo de Felipe V, quien unificó los reinos de Nápoles y Sicilia en 1816. Este dominio duró hasta 1860, cuando Garibaldi incorporó la isla al nuevo Reino de Italia.

    🕵️Un último apunte histórico interesante y poco conocido sobre Sicilia tiene que ver con la Segunda Guerra Mundial. La isla —ocupada entonces por el ejército alemán— fue escenario de dos operaciones clave. La primera fue la Operación Mincemeat (“Operación carne picada”), un ingenioso plan de engaño de los aliados: un cadáver real con documentación falsa, identificado como el supuesto comandante británico William Martin, apareció en Huelva (España) para hacer creer a los nazis que el ataque aliado se produciría en Cerdeña y Grecia. Las autoridades españolas, afines a la Alemania nazi durante la dictadura franquista, entregaron rápidamente la información a los alemanes. Mientras estos desviaban tropas, los aliados lanzaron el desembarco en Sicilia el 10 de julio de 1943, la Operación Husky, que permitió liberar la isla en poco más de un mes.

    🕶️También merece mención el tema de la mafia siciliana, conocida como Cosa Nostra. Nacida en el siglo XIX, alcanzó su máximo poder entre las décadas de 1970 y 1990, controlando el tráfico de drogas y ejerciendo una enorme influencia política. Palermo vivió entonces una ola de violencia marcada por los asesinatos de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en 1992, símbolos de la lucha antimafia. En el puerto de Palermo se les rinde homenaje con el mural La Porta dei Giganti – Falcone e Borsellino, que muestra sus retratos juntos. Hoy la mafia sigue existiendo, aunque mucho más debilitada y menos visible, actuando sobre todo en el ámbito económico. El antiguo pizzo, la extorsión que obligaba a los comerciantes a pagar a cambio de “protección”, ha sido combatido gracias a movimientos como Addiopizzo, cuyos negocios exhiben pegatinas indicando que no pagan a la mafia. Paseando por las calles de Palermo es muy posible que veáis estas pegatinas.

    Simbología de Sicilia

    Antes de empezar con las cosas que ver en Palermo, queríamos dedicar una sección a varios símbolos característicos de la isla que encontraremos en prácticamente todos los puestos y tiendas de recuerdos.

    Comenzamos con la Trinacria, el símbolo más importante de Sicilia, presente incluso en su bandera. El nombre proviene del griego antiguo Trinacria (Τρινακρία), que significa “de tres puntas”, en referencia a la forma triangular de la isla. El emblema representa una cabeza femenina —originalmente una Gorgona (la criatura mitológica que tenía el pelo de serpientes y convertía en piedra a quien la mirara), más tarde asociada con Medusa (Medusa es una de las tres Gorgonas de la mitología griega)— de la que salen tres piernas dobladas, que simbolizan los tres extremos de Sicilia. Su origen es griego, pero el símbolo fue evolucionando con los distintos pueblos que habitaron la isla, adquiriendo variaciones en su forma y significado.

    Otro de los objetos más preciados de Sicilia es la cabeza de moro (testa di moro). Se basa en una leyenda que se remonta a la época de la ocupación árabe: una historia de amor entre un joven árabe del norte de África y una siciliana. Él ocultaba que tenía esposa e hijos en su tierra, hasta que ella lo descubrió. Herida y furiosa, decidió cortarle la cabeza y usarla como jarrón. Hoy es habitual ver estas cabezas —normalmente de cerámica— vendidas por pares (hombre y mujer) o solo la del hombre.

    La piña siciliana, otro de los souvenirs más comunes, forma parte de la cultura local y simboliza salud, prosperidad y buena suerte. Es frecuente verla en cerámicas, fachadas y objetos decorativos.

    Y, por último, los limones, uno de los productos más emblemáticos de Sicilia, cultivados en grandes cantidades y exportados a buena parte de Europa. Su imagen se ha convertido en un símbolo alegre y omnipresente en la artesanía y los recuerdos de la isla.

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    Símbolos de Sicilia: piña, cabeza de moro y Trinacria 

    ¿Qué ver en Palermo?

    Palermo es una ciudad relativamente grande, pero concentra casi todas sus atracciones turísticas en cuatro o cinco calles del centro, por lo que se puede llegar andando a todos los sitios sin problema. Si queréis ver todo lo que la ciudad ofrece, lo ideal es quedaros dos días; si solo os interesan las dos o tres visitas principales, un día completo es suficiente.

    El gran eje monumental de Palermo

    Este recorrido reúne los monumentos más importantes de Palermo en una misma línea histórica: desde la Via Vittorio Emanuele hasta el Palacio de los Normandos. Es la mejor zona para entender cómo la ciudad mezcla influencias árabes, normandas y barrocas en apenas unos pasos.

    La calle principal de Palermo es la Via Vittorio Emanuele, a lo largo de la cual se encuentran muchos de los puntos de interés más destacados de la ciudad. Comenzaremos el recorrido en la plaza Quattro Canti (“Cuatro Esquinas”), considerada el kilómetro cero de Palermo. Más que una plaza, es una intersección monumental entre las dos calles más importantes: Via Vittorio Emanuele y Via Maqueda. Esta intersección divide el casco histórico en cuatro antiguos mandamenti (las antiguas divisiones administrativas), que corresponden a los barrios históricos de la ciudad.

    Quattro Canti también es conocida como el “Teatro del Sol” (Teatro del Sole), porque desde el amanecer hasta el atardecer el sol ilumina sucesivamente sus cuatro fachadas barrocas, construidas hacia 1620. Cada fachada está organizada en tres niveles: en la parte inferior, una fuente que representa una de las cuatro estaciones; en el nivel intermedio, una estatua de los reyes españoles de Sicilia: Carlos V (Carlos I de España) y sus descendientes Felipe II, Felipe III y Felipe IV; en la parte superior, una imagen de una de las cuatro santas patronas de PalermoLos monarcas representados pertenecen a la Casa de los Austrias, algo que se aprecia en los escudos con el águila de San Juan que coronan cada fachada.
     
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    Dos de las fachadas de la plaza Quattro Canti

    Si continuamos por la Via Vittorio Emanuele hasta el final, a mano derecha aparece el imponente edificio de la Catedral de Palermo (Cattedrale di Palermo), erigida a finales del siglo XII sobre los restos de una antigua basílica bizantina. Es espectacular tanto por fuera como por dentro, y su arquitectura refleja la compleja historia de la isla, combinando estilos árabe-normando, bizantino, gótico, barroco y neoclásico, fruto de las numerosas reformas realizadas a lo largo de los siglos.

    El estilo bizantino se aprecia en el mosaico de la Madonna col Bambino (la Virgen con el Niño), situado sobre un pórtico lateral. El gótico-catalán destaca en el pórtico de tres arcos, construido en 1465, mientras que el neoclásico corresponde a las reformas llevadas a cabo entre 1781 y 1801. También llaman la atención los arcos que conectan la catedral con el edificio de la Arcidiocesi di Palermo, uno de los elementos más fotografiados del conjunto.

    El acceso al interior de la Catedral de Palermo es gratuito, aunque existe una zona de pago llamada Área Monumental, que permite visitar varios espacios de gran valor histórico y artístico.
    • Las Tumbas Reales (Tombe reali), donde se conservan los restos del emperador Federico II; su padre, Enrique VI; su madre, Constanza de Altavilla; su abuelo, Roger II —fundador del Reino de Sicilia—; y su esposa, Constanza de Aragón.
    • El Tesoro de la Catedral, que reúne valiosos objetos litúrgicos, entre ellos la Corona de Constanza de Sicilia, una tiara de oro encontrada en su tumba en 1491.
    • La Cripta, donde reposan los arzobispos de Palermo, además de varios sarcófagos de época romana, bizantina y normanda.
    • La azotea de la Catedral (tetti en italiano, o “techos”), desde la cual se obtienen buenas vistas de la plaza y de los edificios cercanos.

    En su página web podéis consultar los horarios y los distintos tipos de billetes. El más completo incluye, además del Área Monumental, el Museo Diocesano, ubicado en el edificio conectado a la catedral mediante los arcos. Es recomendable visitar temprano para evitar la afluencia de los tours organizados, que suelen llegar en grupos numerosos.

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    Catedral de Palermo

    Después de visitar la Catedral y su hermosa plaza, continuamos por la calle principal hasta encontrarnos con la majestuosa Porta Nuova, construida en 1583 para conmemorar la entrada en Palermo del emperador Carlos I de España y V de Alemania, tras la conquista de Túnez en 1535. El diseño actual, sin embargo, data de 1669, cuando fue reconstruida tras una explosión, aunque respetando el modelo original. En su época, era la puerta de acceso más importante a la ciudad.

    Lo más curioso de la Porta Nuova es que sus dos fachadas son completamente distintas. La que da al casco antiguo es más tradicional, con un arco de triunfo, cuatro figuras femeninas que representan la paz, justicia, verdad y abundancia, y una serie de arcos renacentistas en la parte superior. Al cruzar la puerta y girarnos, aparece una fachada totalmente diferente: destacan cuatro figuras masculinas a modo de pilares, conocidos en arquitectura como telamones, que representan a cuatro moros derrotados por Carlos I durante la conquista tunecina. Los dos centrales aparecen con los brazos amputados, símbolo de sometimiento al emperador.
     
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    Parte trasera de la Porta Nuova

    A la izquierda de la Porta Nuova se alza el imponente Palacio de los Normandos (Palazzo dei Normanni), también conocido como Palacio Real (Palazzo Reale). El edificio fue construido en el siglo IX por los árabes, que levantaron allí la residencia de su emir sobre una antigua fortaleza fenicia. Más tarde, el rey normando Roger II lo reformó y amplió, convirtiéndolo en la residencia oficial de los reyes normandos de Sicilia, origen de su nombre actual. En 1194, el palacio fue saqueado por Enrique VI de Hohenstaufen, aunque siguió utilizándolo como sede administrativa. Entre los siglos XIII y XV, el edificio quedó abandonado y en ruinas, hasta que los virreyes españoles lo renovaron y ampliaron en el siglo XVI para usarlo como residencia. Desde 1947, alberga el Parlamento de Sicilia.

    Nada más entrar, aparece el elegante Cortile Maqueda, un patio cuadrado del año 1600, con tres pisos formados por múltiples arcos de medio punto. En la planta baja también se encuentra una pequeña sala con restos arqueológicos.

    Subiendo al primer piso se accede a la joya del palacio: la Capilla Palatina, una obra maestra del arte árabe-bizantino-normando. En el segundo piso se encuentran los Apartamentos Reales (Appartamenti Reali), donde destacan la Sala di Ruggero y la Sala dei Venti. En otra zona del mismo nivel se halla la Sala de Hércules (Sala d’Ercole), actual sala de reuniones del Parlamento. La visita finaliza en los Jardines del Palacio de los Normandos (Giardino Palazzo Normanni), un pequeño parque con una sorprendente variedad de plantas y árboles, perfecto para descansar un momento antes de continuar el recorrido por Palermo.

    Entramos ahora en detalle en el plato fuerte de la visita: la impresionante Capilla Palatina (Cappella Palatina), considerada el mejor ejemplo de estilo árabe‑normando‑bizantino del mundo. Forma parte del conjunto “Palermo árabe‑normando y las catedrales de Cefalú y Monreale”, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2015. Fue construida entre 1132 y 1140 bajo el mandato del rey normando Roger II.

    El acceso se realiza por un portal lateral, donde ya aparecen varios mosaicos que anticipan lo que encontraremos dentro. El interior está organizado en tres naves —una central y dos laterales— separadas por ocho columnas de mármol, y culmina en un presbiterio donde se sitúa el altar.

    Lo primero que llama la atención son los mosaicos bizantinos, que cubren la parte superior de las paredes, los ábsides y la cúpula. En el ábside central destaca la imponente figura de Cristo Pantocrátor, la representación más característica del arte bizantino. Con la mano derecha realiza el gesto típico de bendición y con la izquierda sostiene un Evangelio abierto por Juan 8:12 (“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”), escrito en griego y latín. Los ábsides laterales muestran mosaicos de San Andrés y San Pablo.

    Si miramos hacia la cúpula, veremos ocho ángeles rodeando otra figura de Cristo Pantocrátor. En las paredes de la nave central se representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, organizadas cronológicamente. En las paredes laterales se narran episodios de la vida de San Pedro y San Pablo.

    En la contrafachada, al fondo de la nave central, se encuentra una plataforma de mármol —no accesible, pero perfectamente visible— donde se ubicaba el trono en época aragonesa, motivo por el que está elevada. Sobre ella se distinguen dos leones, símbolo de realeza, y por encima un mosaico normando con Cristo Pantocrátor (el tercero en esta iglesia), acompañado de San Pedro, San Pablo y los arcángeles Miguel y Gabriel.

    Otro de los elementos más fascinantes es el techo de mocárabes (muqarnas), una estructura de estilo árabe formada por prismas de madera colgantes que se encuentra normalmente en bóvedas o arcos. Aunque existen otros techos de mocárabes en el mundo, este es único: incluye minúsculas escenas que representan cómo los reyes normandos imaginaban el paraíso —gente bailando, bebiendo, cazando— además de inscripciones en árabe, griego y latín.

    También destacan el suelo y la parte baja de las paredes, decorados con mármol blanco y mosaicos de estilo árabe, así como el púlpito y el candelabro, ambos de gran valor artístico.

    No es necesario comprar las entradas con antelación; pueden adquirirse directamente en el momento. Aun así, es recomendable ir temprano, ya que la Capilla Palatina pierde parte de su encanto cuando está muy concurrida. Los tickets se compran en un quiosco situado en el parque frente al palacio, la “Biglietteria Fondazione Federico II”, a unos 100 metros de la entrada.

    Los Apartamentos Reales no abren de martes a jueves, por lo que si visitáis el palacio en esos días, la entrada es más barata. Conviene revisar su página web antes de ir para comprobar precios y horarios, que pueden variar según misas, actos o eventos especiales.
     
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    Presbiterio de la Capilla Palatina con los mosaicos bizantinos

    El corazón histórico: plazas, iglesias y calles peatonales

    En torno a Piazza Pretoria, Piazza Bellini y Via Maqueda se concentra el Palermo más vivo y fotogénico. Plazas monumentales, iglesias bizantinas y calles llenas de ambiente forman el núcleo más encantador del centro histórico.

    Volvemos por la Via Vittorio Emanuele hasta la altura de Quattro Canti para visitar la Piazza Pretoria, presidida por la espectacular Fuente Pretoria y rodeada de elegantes edificios como el Palazzo Pretorio —actual ayuntamiento de Palermo— y la iglesia de Santa Catalina (Chiesa e Monastero di Santa Caterina d'Alessandria).

    La Fuente Pretoria no deja indiferente a nadie. Popularmente conocida como la “Fuente de la Vergüenza”, está formada por numerosas figuras de mármol —ninfas, dioses desnudos y animales— distribuidas en varios niveles. Su historia es curiosa: fue construida originalmente para el Palacio de San Clemente de Florencia, pero menos de veinte años después, entre 1573 y 1581, fue desmontada por completo y reconstruida en Palermo, motivo por el cual algunas piezas presentan daños o imperfecciones.
     
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    Piazza Pretoria con la Fuente Pretoria en el centro

    Desde Piazza Pretoria nos desplazamos a la plaza anexa, la Piazza Bellini, donde se concentran varios de los edificios más emblemáticos del centro histórico. Desde sus orígenes, esta zona presentaba diferentes niveles de altura, por lo que fue necesario nivelar el terreno; por eso hoy algunos edificios están elevados sobre plataformas, accesibles únicamente por escaleras.

    La plaza está rodeada por varios edificios destacados: una de las fachadas de la iglesia de Santa Catalina, que ya vimos desde Piazza Pretoria; una fachada del Palazzo Pretorio, también visible desde la plaza anterior, el Teatro Bellini, situado a mano izquierda; y, justo enfrente, dos joyas del arte medieval siciliano: la Chiesa Santa Maria dell’Ammiraglio (a la izquierda) y la Chiesa di San Cataldo (a la derecha) que veremos a continuación.
     
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    Piazza Bellini con la Chiesa Santa Maria dell'Ammiraglio y la Chiesa di San Cataldo

    La Chiesa Santa Maria dell’Ammiraglio, más conocida como La Martorana, es otra parada imprescindible. Forma parte del conjunto Palermo árabe‑normando y las catedrales de Cefalú y Monreale”, declarado Patrimonio de la Humanidad, y es un auténtico crisol de estilos arquitectónicos.

    Fue construida en 1143 por orden del rey normando Roger II, originalmente en estilo árabe‑normando y con un tamaño mucho más reducido que el actual. Desde Piazza Bellini, la parte original es la situada a la izquierda, fácilmente reconocible por su cúpula superior. Poco después se añadió el campanario, que entonces tenía solo dos pisos, de tal manera que la fachada principal de la iglesia se abría directamente hacia él, unida por un pórtico. Los dos pisos superiores del campanario se añadieron en el siglo XIV, y hoy la entrada se realiza por debajo de esta torre.

    En 1435, la iglesia se unió al convento de monjas benedictinas de Eloisia Martorana, que la utilizó como capilla, motivo por el que hoy también recibe este nombre. En 1588 se llevó a cabo una profunda reforma y ampliación, añadiendo dos capillas laterales donde se recolocaron los mosaicos del antiguo pórtico demolido. Entre 1683 y 1687 se sustituyó el ábside central por uno rectangular, y en 1740 se construyó la fachada barroca que da a Piazza Bellini.

    En el interior se aprecia claramente la diferencia entre la iglesia medieval y la ampliación barroca. La parte medieval —situada al fondo y con planta de cruz griega— es la más interesante para los visitantes por sus mosaicos árabes y bizantinos del siglo XII. Los mosaicos de estilo árabe se encuentran en el suelo y en algunas paredes, mientras que los bizantinos aparecen en la cúpula central, donde destaca la tradicional imagen de Cristo Pantocrátor sobre fondo dorado, acompañado por los arcángeles Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel, rodeados por cuatro bóvedas azules.

    En la nave lateral izquierda se encuentra uno de los mosaicos más famosos: Jorge de Antioquía (Giorgio d'Antiochia), fundador de la iglesia, arrodillado a los pies de la Virgen María. En la nave derecha, el otro gran mosaico representa al rey Roger II (Ruggero II) recibiendo la corona directamente de Cristo, una escena única en el arte medieval europeo.

    La iglesia abre de lunes a sábado de 9:30 a 13:00, con un precio de entrada de 2 € (1 € reducida), que incluye un pequeño descuento para la siguiente iglesia que vamos a visitar. Los domingos permanece cerrada.

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    Interior de la Chiesa della Martorana

    Junto a Santa Maria dell’Ammiraglio, separada de ella por una enorme palmera canaria, se encuentra la pequeña iglesia de San Cataldo (Chiesa di San Cataldo), reconocible al instante por sus tres cúpulas rojas. Fue construida en 1160, lo que la convierte en una de las últimas iglesias de estilo árabe‑normando. En este caso predomina claramente el estilo árabe, tanto en las cúpulas como en los arcos y las pequeñas ventanas de la fachada. Incluso vista desde fuera podría recordar a una mezquita.

    Su interior es muy distinto al de otras iglesias árabe‑normandas: no hay mosaicos ni decoración elaborada. Lo que encontramos es una robusta estructura de piedra muy sobria, organizada en tres naves, que transmite una sensación de austeridad y antigüedad. Si no disponéis de mucho tiempo, basta con verla por fuera, ya que su mayor atractivo es la arquitectura exterior. La iglesia abre todos los días de 10:00 a 18:00, y la entrada cuesta 2,50 €.

    Finalizaremos el recorrido por el corazón histórico regresando a Via Maqueda, una calle repleta de bares con terrazas y tiendas de souvenirs. Es la zona con más ambiente de la ciudad, por lo que se convierte en una parada ideal para tomar algo al caer la noche.

    Los mercados que dan vida a la ciudad

    Una de las experiencias más auténticas en Palermo es visitar alguno de sus mercados callejeros. Los más populares son el Ballarò Mercato Storico y el Mercado de la Vucciria, lugares ideales para probar comida callejera, descubrir productos locales y comprar algún souvenir. Es habitual ver a los vendedores pregonando sus productos en voz alta (abbanniari, como se dice en siciliano), motos zigzagueando entre los puestos y, en general, disfrutar de una atmósfera típicamente siciliana

    Entre los productos más habituales destacan los limones, berenjenas (melanzane), tanto la variedad negra como una más chata, de color morado, autóctona de Sicilia (melanzana tonda di Sicilia), higos chumbos (fichi d’India), así como pescados y mariscos frescos: sepias, gambas, pulpos, pez espada, entre otros. Aunque los mercados abren casi todo el día, la mejor hora para visitarlos es por la mañana, cuando hay más movimiento y los puestos están completamente activos. Por la tarde, muchos ya han cerrado y la limpieza deja algo que desear, por lo que la experiencia pierde parte de su encanto.

    El Palermo elegante: teatros, plazas y paseos

    Alrededor del Teatro Massimo y Piazza San Domenico aparece un Palermo más refinado, con cafés, tiendas y avenidas amplias. Es la zona ideal para pasear con calma y disfrutar del lado más cultural y elegante de la ciudad.

    La Via Maqueda desemboca en la Piazza Giuseppe Verdi, donde se alza el majestuoso Teatro Massimo, un elegante teatro de ópera construido entre 1875 y 1897 en estilo neoclásico. Por extensión, es el más grande de Italia y uno de los más grandes de Europa. Su inauguración tuvo lugar en 1897 con la ópera Falstaff, de Verdi, y desde entonces ha sido escenario de numerosas producciones y también de varias películas. La aparición más célebre es, sin duda, en El Padrino III, de Francis Ford Coppola, con la famosa escena final del disparo en sus escaleras reales.

    El teatro se puede ver a través de una visita guiada de unos 40 minutos de duración reservada con antelación por Internet, o asistiendo a alguna de las obras que en él se representan. Asistir a una función puede resultar caro según el presupuesto de cada uno, aunque existen asientos económicos (Settore 8, Posti solo Ascolto) en la parte más alta del teatro, con buena acústica pero poca visibilidad, ideales para quienes no quieran gastar mucho.

    En la plaza del teatro también vemos dos bonitos quioscos, uno con el nombre de Ribaudo Tabaccheria y otro Vicari, erigidos en 1896 en estilo art nouveau.
     
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    Teatro Massimo

    Muy cerca se encuentra la Piazza San Domenico, una plaza importante en pleno centro histórico, junto a Via Roma. Está dominada por la Iglesia de San Domenico (Chiesa di San Domenico), uno de los templos barrocos más destacados de la ciudad. Para obtener unas vistas estupendas de la plaza, de la iglesia y, en días claros, de las montañas que rodean Palermo, podéis a la terraza panorámica de Il Bar in Piazza San Domenico.

    En el centro histórico de Palermo es bastante común que ciertas calles estén tradicionalmente asociadas a un tipo de comercio o gremio, como libros, cocinas, muebles, instrumentos musicales o bicicletas. Un ejemplo lo encontramos en la Via Divisi, también conocida como La Via delle Biciclette, donde concentran varias tiendas de bicicletas, talleres y comercios relacionados.

    Más alternativas en Palermo

    Para quienes pasen varios días en Palermo, podéis completar vuestro viaje con estas visitas:

    Catacumbas de los capuchinos (Catacombe dei Cappuccini). Esta cripta, situada bajo el monasterio de los Capuchinos, alberga momias conservadas de forma natural, lo que la convierte en uno de los cementerios más singulares del mundo. El monasterio fue fundado en 1534 y, cuando su cementerio se quedó pequeño en 1597, los monjes comenzaron a excavar criptas subterráneas. En 1599 decidieron momificar a uno de ellos y descubrieron que el método permitía una conservación excepcional, por lo que continuaron haciéndolo con más cuerpos. Aunque está fuera del centro, hoy es una de las visitas más populares —y también más macabras— de Palermo, más allá del conjunto árabe-normando. En su página web podéis consultar horarios y precios.

    San Giovanni degli Eremiti. Iglesia católica construida en 1132 que combina arquitectura normanda con elementos árabes, como sus características cúpulas rojas. La visita es recomendable si disponéis de tiempo suficiente en la ciudad. Abre de lunes a sábado de 9:00 a 19:00 y los domingos de 9:00 a 13:00. La entrada cuesta 7 €.

    Playa Mondello. Es la playa más cercana a Palermo, situada a unos 10 km al norte. No es imprescindible para quienes viajan con un enfoque puramente cultural, pero si os apetece un día de descanso junto al mar, Mondello es una opción agradable.

    ¿Qué comer en Sicilia?

    Si la gastronomía italiana ya es, por sí sola, un motivo de peso para visitar el país, la cocina siciliana merece una mención especial. La isla ofrece una enorme variedad de platos que vale la pena probar. A continuación, recopilamos los más populares y que hemos tenido la oportunidad de degustar.

    AranciniBolas de arroz de origen árabe, rellenas de distintos ingredientes, empanadas y fritas. Las más típicas son las de ragú con guisantes. A simple vista recuerdan a croquetas grandes, pero están hechas de arroz, no de bechamel.

    PanelleLáminas fritas elaboradas con harina de garbanzo. A veces se sirven como entrante y otras dentro de un bocadillo llamado pane e panelle. Su textura recuerda a unos totopos o nachos, pero más suaves.

    Pani ca meusa (pane con la milza). Bocadillo tradicional relleno de bazo y pulmón de ternera, a veces acompañado de ricotta salata, un queso curado de oveja muy típico de Sicilia. Se vende sobre todo en puestos callejeros y mercados.

    Sarde a beccaficoPlato de street food en el que una sardina envuelve un relleno de pan rallado, piñones, pasas, ajo, perejil y, en ocasiones, un toque de limón.

    SfincioneEspecialidad de Palermo. Algunos la llaman “la pizza siciliana”, aunque recuerda más a una coca valenciana o una empanada. Suele ser cuadrada, de masa gruesa, y lleva anchoas, cebolla, queso, tomate y orégano.

    CaponataUno de los platos emblemáticos de Sicilia. Similar a un pisto, se prepara con berenjena, tomate, cebolla, ajo, orégano, aceite de oliva y, a veces, aceitunas.

    Pasta alla NormaPasta (casarecce, rigatoni o spaghetti) con berenjenas, tomate, albahaca fresca y ricotta salata rallada. Recuerda a una caponata con pasta. Su nombre homenajea a la ópera Norma de Vincenzo Bellini, compositor de Catania.

    Pasta con le Sarde. Pasta con sardinas cocinadas con cebolla, hinojo, pasas y piñones. Un plato muy característico de la isla.

    Cannolo. Tubo de masa frita relleno de ricotta dulce, decorado con pistacho, chocolate u otros ingredientes. Un clásico imprescindible.

    Granita. Otro de los clásicos de Sicilia, ideal para el verano. La granita siciliana es un postre helado parecido a un granizado, pero más espeso y con mucho más sabor, cuyos ingredientes básicos son solo agua, azúcar y fruta. En Sicilia, lo tradicional es comerla con pan brioche: se coge un pedazo del brioche, se pone una cucharada de granita sobre él, y se come. Se puede tomar tanto para desayunar, merendar o de postre en la comida o la cena. 

    Cassata. Tarta hecha con ricotta, bizcocho, mazapán, fruta confitada y azúcar glas. Su sabor recuerda a una tarta de queso por la presencia dominante de la ricotta.

    Birra Messina. Cerveza muy popular en Sicilia (propiedad de Heineken). Además de estar rica, destacan sus botellines y vasos, con un diseño muy característico.

    El aperitivo italianoMuy habitual en Sicilia. Consiste en pedir una bebida (un Spritz, vino, cerveza o refresco) y, pagando un poco más, recibir una tabla de productos locales: embutidos, quesos o fritos como arancini o calamares. A veces aparece como apericena, porque prácticamente sustituye a una cena. En Via Maqueda hay muchos locales que ofrecen tagliere di salumi e formaggi por unos 15 € por persona. Además del clásico Aperol Spritz, en Sicilia también se encuentran Limoncello Spritz y Spritz siciliano, este último con amara, un licor local de sabor amargo a piel de naranja, además de los típicos ingredientes prosecco y agua con gas.

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    Comida siciliana: Birra Messina, caponata, cannolo, panelle, sfincione, arancini, cassata, pasta a la Norma

    ¿Dónde comer en Sicilia?

    Sitios para comer en Palermo hay cientos, vamos a nombrar unos cuantos que nos gustaron según el tipo de comida a probar:

    Los mejores arancini los encontramos en Sfrigola Palermo y en Ke Palle. Son dos locales muy conocidos con unas pocas mesas donde sentarse. Hay varios por toda Sicilia. Tienen muchísimos tipos de arancini, así que no tendréis problema para encontrar un sabor que os guste. Ojo que llenan más de lo que parece.

    Bisso Bistrot Quattro Qanti. Un sitio de comida tradicional siciliana, a buen precio y muy céntrico. Aquí podéis probar platos típicos como la caponata, los panelle y la cassata de postre.

    Caddia condivisioni culinarie. Una de las mejores pizzerías de la ciudad, si no la mejor. A nosotros nos encantó y aprovechamos para probar los sfincione.

    Vino e Cacio – Salumeria. Lugar ideal para hacer el aperitivo, pues es también una charcutería, lo que significa que el producto es bueno de primera mano. El precio es de unos 15 € por persona que incluye bebida y los embutidos/quesos.

    Q-Tuppo. El mejor sitio para probar la granita. Se sirven en vasos donde caben hasta dos sabores y tienen un precio de 3,50 €, y el brioche de acompañamiento, 1,50 €. Algunos de los sabores más populares son pistacho (pistacchio di Sicilia), limón (limone de Sicilia), melón (anguria) y fresa (fragola).

    La Dolceria di Santa Caterina, pastelería de la iglesia de Santa Caterina. Tienen unos cannoli espectaculares, así como otros dulces como la cassata, y resulta muy agradable tomarlos en el patio interior que tienen.

    Los mercados de Palermo, como Ballarò y Vucciria, son de los mejores lugares para probar comida callejera. La ciudad suele ocupar los primeros puestos en los rankings mundiales de street food, lo que la convierte en un destino ideal para los amantes de la gastronomía callejera. Lo recomendable es visitarlos al mediodía, ya que por la noche muchos puestos ya han cerrado. Otra excelente opción, si contáis con un apartamento con cocina, es comprar productos frescos en el mercado y prepararlos vosotros mismos en casa.

    Excursión a Monreale desde Palermo

    Si visitáis Palermo, no podéis dejar de dedicar una mañana a la cercana localidad de Monreale, situada a menos de 10 kilómetros. Se llega en algo menos de media hora en coche o en aproximadamente una hora en autobús. Para aparcar, basta con introducir “Parcheggio Monreale” en vuestra aplicación de mapas y elegir alguno de los parkings disponibles. Nosotros dejamos el coche en el Parcheggio Monreale Duomo, por ser el más próximo al centro. Al estar ubicada en una zona elevada, Monreale ofrece además unas preciosas vistas de la llamada Conca d’Oro, la llanura donde se encuentra Palermo.

    Monreale es conocida sobre todo por dos edificios: su catedral y el claustro benedictino. La Catedral de Monreale (Cattedrale di Monreale), famosa por sus impresionantes mosaicos, forma parte del conjunto “Palermo árabe-normando y las catedrales de Cefalú y Monreale”, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2015. Fue construida entre 1172 y 1176 por orden del rey Guillermo II de Sicilia y dedicada a la Natividad de la Virgen María. Según la leyenda, la Virgen se le apareció en un sueño mientras estaba en la zona y le pidió que levantara una iglesia en ese lugar. Exteriormente, la catedral destaca por sus grandes dimensiones y por sus dos pórticos: uno en el lado oeste, de estilo neoclásico con influencias árabes, y otro en el lado norte. Ambos cuentan con puertas de bronce realizadas en el siglo XII.

    Entramos en la catedral, que es realmente el motivo principal de la visita. El interior está dividido en tres naves: una nave central más ancha y dos laterales. El suelo y la parte inferior de las paredes están revestidos de mármol siguiendo el estilo árabe, mientras que en la parte superior se despliegan los mosaicos bizantinos de vidrio dorado que narran episodios del Antiguo y del Nuevo Testamento. Resulta muy interesante detenerse a observarlos, ya que siguen un orden concreto. En la nave central, en la parte superior derecha junto al altar, se representan escenas como la creación de la Tierra, la creación de Adán y de Eva —ambos junto al árbol del conocimiento del bien y del mal—, el sacrificio de Abel y Caín a Dios y, finalmente, el momento en que Caín mata a Abel.

    El Cristo Pantocrátor, situado en el ábside central, simboliza la unión entre el mundo antiguo y el nuevo y es una de las imágenes más representativas de la cultura bizantina. Su interpretación simbólica señala que tiene el cabello rubio como los normandos, la barba oscura y poblada como los árabes y la nariz fina como los griegos. Viste una túnica roja y dorada, un manto azul, y muestra la mano derecha en la posición habitual —con el pulgar tocando los dedos anular y meñique— mientras sostiene en la izquierda el Evangelio según San Juan, escrito en latín a la izquierda y en griego a la derecha. El texto dice: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, el mismo que aparece en la Capilla Palatina de Palermo. Bajo la figura de Cristo se encuentra la Virgen María con el Niño, rodeada de arcángeles y apóstoles.

    Poco después de la construcción de la catedral se levantó, justo al lado, un monasterio benedictino. Lamentablemente, hoy solo se conserva el claustro (Chiostro dei Benedettini), un bellísimo ejemplo de arquitectura normanda con influencias bizantinas y árabes. El conjunto está formado por 26 arcos en cada uno de sus cuatro lados, sostenidos por columnas de estilos muy variados: algunas lisas, otras decoradas con mosaicos, otras con capiteles más elaborados y otras más sencillas. Uno de los rincones más encantadores es la pequeña zona porticada situada en una de las esquinas, con una fuente en el centro.

    La entrada a la catedral es gratuita, pero para visitar el claustro hay que pagar. La entrada completa cuesta 13 € e incluye el acceso al claustro y la subida a la terraza de la catedral. Existe otra opción algo más económica que solo permite visitar el claustro. El horario del claustro es de lunes a sábado de 9:00 a 18:30 y los domingos de 9:00 a 13:00. La catedral abre de lunes a sábado de 9:00 a 13:00 y de 14:00 a 17:00, y los domingos de 14:00 a 17:15.
     
    monreale
    Catedral de Monreale

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