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2026-02-15T03:47:06Z
Guanajuato
Guanajuato es una ciudad de unos 195.000 habitantes y capital del estado del mismo nombre. Nos sorprendió gratamente al descubrir que es una ciudad universitaria con un ambiente muy animado en sus calles.
Para recorrerla con calma, lo ideal es dedicarle dos días, aunque si vais con prisas, en una jornada se puede ver lo esencial.
Las dos compañías de autobuses de confianza que usamos durante nuestro viaje por México, ETN y Primera Plus, tienen estación en Guanajuato, así que podéis elegir según vuestro lugar de origen. Nosotros vinimos desde San Miguel de Allende, tomamos Primera Plus y el trayecto duró aproximadamente una hora y media.
Desde la Terminal Central de Autobuses de Guanajuato hasta el centro hay un tramo considerable, por lo que la opción más cómoda es tomar un Uber, que tarda unos 15 minutos.
Guanajuato, tanto la ciudad como el estado, es conocida por su tradición minera. Desde que en el siglo XVI se descubrieran las primeras minas de plata, el poder comercial de la región en este sector fue creciendo, consolidando a Guanajuato como una ciudad minera. Por ello, una visita muy habitual para quienes vienen aquí es la de alguna mina.
Existen varias minas visitables, la mayoría situadas una cerca de la otra. La más destacada es la Mina Valenciana, de la cual parten varias bocas que se pueden recorrer, como la Bocamina de San Ramón o la Bocamina de San Cayetano, nombres que hacen referencia a santos por ser las más antiguas. Las minas más modernas tienen otros nombres, como la Mina del Nopal.
La Mina Valenciana forma parte de un complejo minero aún activo, por lo que las bocas disponibles para visita cambian con el tiempo. Lo más recomendable es pasarse por alguno de los muchos puestos de información en la ciudad y preguntar cuáles están abiertas al público actualmente. En nuestro caso, solo estaban disponibles San Ramón y San Cayetano, y optamos por San Ramón, la más conocida.
Bocamina de San Ramón – La visita se realiza mediante un tour guiado grupal de aproximadamente media hora. El precio es de 30 MXN por persona, más la propina al guía. Al llegar, se paga la entrada y se espera a que se forme un grupo; si no hay más visitantes, el tour se realiza de forma privada, como fue nuestro caso.
Primero, el guía ofrece información sobre la mina y un breve museo con un vídeo de cinco minutos. Luego se accede a la bocamina, un túnel de 24 metros de profundidad y 60 metros de recorrido. Estando en el fondo, se percibe claramente las condiciones extremadamente duras en las que trabajaban los mineros: muchos empezaban a los 20 años y la esperanza de vida apenas llegaba a 30, debido a la inhalación de gases y polvo. En esta mina se extraen principalmente cuarzo, plata y oro, entre otros minerales.
Al final del recorrido se muestra una representación de una tienda de raya, donde los mineros recibían su salario, que no era en dinero sino en especias. El término “raya” se refiere a que muchos mineros, analfabetos desde jóvenes, apenas sabían firmar, y lo hacían con una simple raya.
La mina estuvo cerrada durante muchos años y recientemente se renovó para abrir al público. De hecho, está acondicionada de tal manera que también se utiliza como espacio para eventos. Aunque son públicas, las minas siguen siendo explotadas por empresas privadas; en el caso de la Valenciana, por una compañía canadiense. Abre diariamente de 10:00 a 19:00, aunque conviene confirmar los horarios en los puestos de información locales antes de ir. La forma más cómoda de llegar es en Uber.
Entrada a la Bocamina San Ramón
Después de visitar una mina, es momento de conocer la ciudad de Guanajuato en sí. Para orientarnos, podemos decir que hay una calle que atraviesa la ciudad de un extremo al otro, en la que se concentran casi todos los principales atractivos: pasa frente al Teatro Juárez, del que hablaremos más adelante, y se llama Avenida Benito Juárez o De Sopena, según el tramo. A lo largo de esta calle hay numerosos stands con información turística y tours.
Empezamos en uno de los extremos, por el Mercado Hidalgo. Los mercados son muy populares en México, y este no es la excepción. Aquí encontramos de todo: frutas, verduras, comida, artesanía, ropa, etc. Para souvenirs puede resultar un poco caro, pero es un buen lugar para desayunar o comer; nosotros lo hicimos en varias ocasiones. Recomendamos especialmente el local CarnitaSam, ideal para tacos o tortas de carnitas, acompañados de la famosa bebida mexicana Jarritos.
Continuamos hasta la Plaza de San Fernando, donde antiguamente se procesaban los minerales traídos desde las minas cercanas. Hoy es una plaza agradable, con varias terrazas y restaurantes donde detenerse un momento.
Más adelante llegamos a la Plaza de la Paz, una de las más importantes de la ciudad. Desde aquí suelen salir varios tours y siempre hay mucho ambiente. En esta plaza se encuentra la placa que conmemora la declaración de Guanajuato como Patrimonio de la Humanidad, así como un letrero con el nombre de la ciudad, ideal para hacerse una foto con la basílica que veremos a continuación de fondo.
En esta misma plaza se encuentra la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, construida en 1696 combinando estilos barroco y neoclásico. La entrada al interior es gratuita, lo que permite admirar su arquitectura y decoración sin costo alguno.
Plaza de la Paz con la Basílica de fondo
La Plaza de la Paz también se encuentra junto a la Universidad de Guanajuato, reconocida a nivel nacional. Su edificio es emblemático por la gran escalinata que lo antecede, desde la cual se obtienen vistas fabulosas de la ciudad una vez subida.
Según comentaron algunos estudiantes que encontramos por la zona, esa no es la entrada oficial; el acceso principal se realiza por una puerta situada calle abajo. En cualquier caso, la universidad no se puede visitar libremente, ya que la mayoría del edificio son oficinas y hay incluso un control de seguridad para acceder.
Edificio de la Universidad de Guanajuato
Otra iglesia que merece la pena visitar en esta zona es el Templo de la Compañía de Jesús Oratorio de San Felipe Neri, construido por los jesuitas en 1765 en estilo churrigueresco, que estaba muy de moda en aquella época.
A continuación, nos dirigimos a la Plazuela del Baratillo, cuyo nombre llama inevitablemente la atención. Aunque oficialmente se llama Plaza Joaquín González y González, desde la época colonial todo el mundo la conoce como Plaza del Baratillo, porque aquí se encontraba un mercado de frutas, verduras y flores, entre otros productos, a precios muy bajos. Hoy en día no hay un mercado formal, pero sí que aparecen algunos puestos ambulantes donde se puede comprar algo para picar, algo que siempre apetece en México. La plaza es muy pintoresca, ya que se encuentra prácticamente escondida entre callejones, por lo que llegar a ella siempre resulta una grata sorpresa.
Plazuela del Baratillo
En nuestro recorrido por Guanajuato no puede faltar una visita a la Plaza del Ropero y al Monumento Jorge Negrete, dedicado al famoso cantante mexicano. Las nuevas generaciones quizás no lo tengamos tan presente, pero para muchas abuelas fue un ícono de su época. Jorge Negrete (1911-1953) es especialmente conocido por la canción “México, lindo y querido”, compuesta por Chucho Monge y popularizada por él; seguramente la habréis escuchado alguna vez o durante vuestro viaje por México. Nació en Guanajuato y, de hecho, junto a esta plaza se encuentra su casa natal, la Casa Jorge Negrete.
Lo más bonito de Guanajuato, sin embargo, es pasear por sus calles. Este itinerario por plazas e iglesias nos lleva por varias de ellas, pero no podéis dejar de recorrer otros lugares encantadores como el Callejón del Potrero o el Positos, así como la singular red de túneles que atraviesa la ciudad. Es algo único en Guanajuato, como si la ciudad tuviera varios niveles: uno subterráneo, otro a nivel de la ciudad y otro elevado. Podéis pasear tranquilamente sin rumbo, pero conviene no meterse por los túneles, porque una vez dentro es difícil saber por dónde vais a salir.
Túneles, calles y niveles de la ciudad de Guanajuato
Otra parada recomendable es el Museo de las Momias de Guanajuato, probablemente la atracción más emblemática de la ciudad. Se trata de una exposición de cuerpos momificados procedentes del Panteón de Santa Paula, el cementerio de Guanajuato. La razón de este traslado es que, en algunos cementerios como este, es necesario pagar una cuota de mantenimiento de las tumbas; en caso de no abonarla, los cuerpos son exhumados. En 1865 se retiró el primer cuerpo por impago, y se descubrió que estaba momificado de manera natural debido a las condiciones del subsuelo. Con el tiempo, se exhumaron más cuerpos y finalmente se decidió crear un museo para conservarlos. Según el propio museo, aquí se exhiben cuerpos que datan desde 1865 hasta 2002.
Cabe señalar que es un museo un tanto macabro y, por supuesto, no apto para todos los públicos. Nosotros habíamos visitado otros museos de momias, como los de Tenerife y Gran Canaria, y en comparación este nos gustó menos, ya que se centra principalmente en la exposición de cadáveres, mientras que en los museos canarios había más información sobre anatomía, enfermedades de la época o causas de la muerte.
El mayor atractivo del museo es un feto de seis meses, de apenas 20 centímetros de altura, considerado una de las momias más pequeñas del mundo. Tened en cuenta que está algo alejado del centro y que cierra los lunes; en su página web podéis consultar precios y horarios. El museo no es muy grande y se recorre rápidamente, en aproximadamente 30 minutos.
Volvemos al centro para recorrer el Jardín Unión, un remanso de paz durante el día bajo la sombra de sus árboles y un punto de encuentro ideal por las noches para disfrutar de música en vivo.
Frente al Jardín Unión se encuentra el Teatro Juárez, considerado el corazón cultural de la ciudad y nombrado en honor al presidente Benito Juárez, el primer presidente indígena de México y, para muchos, uno de los mejores en la historia del país. El teatro combina estilos neoclásico y ecléctico, fue inaugurado en 1903 y renovado años después. Su fachada está adornada con columnas de orden dórico y coronada por ocho esculturas que representan musas griegas de diversas artes y ciencias, como la comedia, la poesía o la danza. Si durante el día resulta impresionante, por la noche, iluminado, alcanza su máximo esplendor. También es posible visitarlo por dentro mediante tours guiados, disponibles todos los días excepto los lunes.
Fachada principal —parcialmente en obras— del Teatro Juárez
Desde aquí tomamos la calle principal, De Sopena, y pronto llegamos al Museo Iconográfico del Quijote, inaugurado en 1987 gracias a la donación de la colección privada de don Eulalio Ferrer Rodríguez, un apasionado de Cervantes y su obra que emigró a México durante la Guerra Civil. El museo alberga diversas obras relacionadas con Cervantes y El Quijote, encargadas por don Eulalio a pintores nacionales e internacionales. No es un museo muy extenso y su entrada es bastante asequible; sin embargo, si vais justos de tiempo o venís desde España, podéis considerarlo opcional. En su página web se pueden consultar los precios. En la puerta se encuentra una estatua de Don Quijote y, a pocos metros a la izquierda, una de Cervantes.
A solo cinco minutos caminando desde el museo llegamos a la Plaza Allende, donde destacan una gran estatua de Don Quijote y Sancho Panza, así como el Teatro Cervantes. Normalmente el teatro no se puede visitar, salvo que asistáis a alguna función, pero cuando nosotros fuimos estaba abierto y pudimos recorrer la sala de entrada, donde se encuentra una imponente estatua de Miguel de Cervantes.
Y es que en Guanajuato existe un gran aprecio por Cervantes. Desde 1970 se celebra el Festival Internacional Cervantino, en el que se representan entremeses de Cervantes en plazas y teatros de la ciudad, principalmente en el Teatro Juárez. En la Plaza Allende también se pueden ver placas conmemorativas que hacen referencia a este festival.
Plaza Allende: estatua de don Quijote y Teatro Cervantes
Un museo más local es el Museo Regional de Guanajuato Alhóndiga, que aborda la historia del estado y la ciudad de Guanajuato en el contexto de la independencia y la revolución contra el régimen colonial. Es muy interesante y resulta especialmente útil para comprender detalles sobre el proceso de independencia. Recordemos que este proceso comenzó en 1810 con los primeros insurrectos, quienes posteriormente fueron capturados y ejecutados. Las cabezas de cuatro de estos líderes —Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Jiménez— fueron expuestas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas desde el 14 de octubre de 1811 hasta 1821.
Algo que aprendimos en el museo es que surgieron varios líderes en distintas ciudades, pero con formas diferentes de llevar a cabo la revolución. El avance del ejército insurgente liderado por Hidalgo fue violento en algunas localidades, incluyendo saqueos y agresiones a mujeres, métodos que no aprobaban otros insurrectos como Allende y Aldama, quienes terminaron por retirarle el mando.
El museo también alberga una de las réplicas de la Campana de Dolores, la que el cura Hidalgo hizo sonar en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en Dolores Hidalgo (Guanajuato) para llamar al pueblo a levantarse contra los conquistadores españoles, dando inicio al proceso de independencia de México. La campana original se encuentra en el Palacio Nacional de Ciudad de México. En la década de 1960 se hicieron 32 réplicas, una para cada estado, y la correspondiente a Guanajuato se encuentra aquí. Posteriormente se fabricó otra copia para colocarla en la Parroquia de los Dolores en Dolores Hidalgo, sustituyendo la original, por lo que Guanajuato es el único estado mexicano con dos réplicas de esta emblemática campana.
La visita al museo dura entre una hora y media y dos horas, la entrada cuesta 65 MXN, y el horario es de martes a sábado de 10:00 a 17:30 y domingos de 10:00 a 14:30, cerrando los lunes.
Patio interior del Museo Alhóndiga de Granaditas con la réplica de la Campana de Dolores
Guanajuato es una ciudad con una amplia oferta cultural, algo que se refleja en la gran cantidad de museos que alberga. El último museo que visitamos es el Museo Casa Diego Rivera, la casa natal del célebre pintor mexicano Diego Rivera (1886-1957), hoy convertida en museo. La familia Rivera vivía aquí en alquiler, únicamente en el piso de abajo. Permanecieron en esta casa hasta que Diego cumplió seis años, cuando se mudaron a la Ciudad de México, en parte por motivos religiosos, ya que la familia no era católica y en Guanajuato esto estaba mal visto.
El museo no conserva mobiliario original, sino piezas de época que recrean la vivienda. En el primer piso se pueden ver algunas obras y bocetos de las primeras etapas artísticas de Rivera, así como salas temporales sobre otros temas. La sala que más nos llamó la atención fue la dedicada a cuadros inspirados en el Popol Vuh, el libro que narra la creación del mundo según la cultura maya. El cuadro más famoso de Rivera sobre este tema se titula precisamente “La Creación del Mundo” (1931). Aunque ya habíamos visto muchas de sus exposiciones y murales en la Ciudad de México, este museo, pequeño y fácil de recorrer en aproximadamente una hora, resulta ideal para cerrar nuestro aprendizaje sobre Rivera. Abre de martes a domingo de 10:00 a 16:30, la entrada cuesta 30 MXN, solo se puede pagar en efectivo y no se permite tomar fotografías.
Después, nos dirigimos al Callejón del Beso, un estrecho pasaje famoso por la leyenda que asegura que quienes se besan en el tercer escalón tendrán amor eterno. La historia cuenta que una joven noble y un minero de escasos recursos se enamoraron, pero al no ser aceptada su relación, el minero alquiló la casa cuyo balcón quedaba frente al de su amada para poder besarse a escondidas. Lamentablemente, fueron descubiertos y su amor terminó trágicamente. Aprovechando la popularidad del lugar, hay fotógrafos que, por 200 MXN (100 MXN por las fotos más 50 MXN por subir a cada balcón), ofrecen tomar retratos como recuerdo. En nuestra opinión, es un precio algo elevado pensado para turistas.
Callejón del Beso con dos enamorados en acción
Como siempre, dejamos para el final las visitas que no tienen restricciones de horario, en este caso el Monumento al Pípila, dedicado a un minero insurgente que jugó un papel clave en las protestas que llevaron a la independencia de México. Hoy se erige aquí una estatua en su honor, en un lugar privilegiado junto al mirador panorámico de la ciudad de Guanajuato.
Se puede acceder al monumento mediante un funicular que sale junto al Teatro Juárez, y los billetes se adquieren en una ventanilla ubicada a un costado. El precio es de 35 MXN por trayecto.
Vistas de Guanajuato desde el mirador junto al Monumento al Pípila
Para la tarde-noche os proponemos una actividad divertida: las famosas callejonadas de Guanajuato. Consiste en unirse a una tuna que recorre los callejones de la ciudad, bebiendo y tocando música. Normalmente son estudiantes que ya han terminado la carrera quienes la conducen.
Es necesario reservar un ticket, que cuesta 120 MXN (propinas no incluidas), y se puede comprar a unos chicos vestidos de tunos que se encuentran frente al Teatro Juárez a cualquier hora. Hay dos horarios disponibles: 19:00 y 20:45, y la salida siempre es desde el Teatro Juárez, donde también se encuentra un monumento a los callejoneros. Durante el recorrido hacen varias paradas en tiendas para quienes quieran comprar bebidas para tomarlas mientras caminan por los pintorescos callejones de la ciudad.
Entre las comidas típicas de Guanajuato destacan, sobre todo, las enchiladas mineras, que no son picantes, ya que se preparan con chile guajillo, generalmente suave. Nosotros las probamos en un puesto del Mercado Hidalgo.
Otra comida popular son las guacamayas, aunque en realidad son originarias de la vecina León, también en el estado de Guanajuato. Se trata de un bocadillo relleno de chicharrón de cerdo, acompañadas de salsa picante, jitomate, aguacate y otros ingredientes al gusto, que se comen calientes y crujientes.
En cuanto a los dulces típicos, destacan las charamuscas, que se venden tanto en tiendas de dulces como en algunos puestos del Mercado Hidalgo.
Otros dulces muy consumidos, aunque no sean originarios de Guanajuato, son las gorditas de nata. Se parecen a pequeñas tortitas, pero más esponjosas y deliciosas. Hay un puesto recomendado en la Avenida Benito Juárez, aproximadamente a la altura del Mercado Hidalgo.










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