Vistas de Barcelona desde el Park Güell
Entramos ahora en el núcleo histórico del distrito de Gràcia, lo que antiguamente era el centro de la Vila de Gràcia. Se trata de una zona con mucho ambiente, famosa además por acoger una de las fiestas populares más conocidas del país.
Hablamos de las Festes de Gràcia, con las que tuvimos la suerte de coincidir en una de nuestras visitas a Barcelona. Durante estas fiestas, cada calle del barrio se decora siguiendo una temática concreta, y los vecinos compiten por conseguir el premio a la calle mejor decorada. La Carrer de Verdi suele ser la ganadora en muchas ediciones, aunque otras calles como Carrer del Progrés o Carrer de la Fraternitat de Baix también suelen destacar entre las más elaboradas.
Entre los temas más habituales de las decoraciones se encuentran paisajes naturales —como playas o montañas—, escenarios urbanos o ambientaciones inspiradas en películas.
🚇Las estaciones de metro más cercanas a esta zona son Fontana y Lesseps.
Una calle decorada durante las Fiestas de Gracia
Entre las calles de este barrio se esconde la Pastisseria Montserrat, una emblemática pastelería fundada en 1942. Además de los dulces más habituales, aquí se pueden probar especialidades tradicionales catalanas como el brazo de gitano (bras de gitano).
Este postre típico de Barcelona consiste en un bizcocho enrollado relleno de nata y cubierto con yema de huevo caramelizada por encima. El origen de su curioso nombre se remonta al siglo XIX. En aquella época, muchos de los carboneros que reparaban hornos y calderas en las pastelerías de la ciudad eran gitanos. Como forma de agradecimiento por su trabajo, los pasteleros solían regalarles un bizcocho, que ellos se llevaban bajo el brazo, lo que dio lugar al nombre con el que hoy se conoce este dulce.
El Eixample
En el distrito del Eixample destaca, cómo no, la célebre Sagrada Familia, símbolo indiscutible de Barcelona. Esta famosa basílica católica es obra del arquitecto Antoni Gaudí y, como salta a la vista, todavía está inacabada.
Su construcción comenzó en 1882, pero tras la muerte de Gaudí en 1926 —falleció tras ser atropellado por un tranvía— el ritmo de las obras se ralentizó. Una de las razones es que el arquitecto no solía trabajar con planos detallados, ya que concebía gran parte del proyecto mentalmente. Por ello, hoy en día no existen planos completos sobre cómo debía terminarse, aunque sí se conservan dibujos y maquetas. En los últimos años las obras han avanzado mucho, pero aún queda trabajo por delante. La fecha prevista de finalización es 2033.
El edificio cuenta con tres fachadas principales —Nacimiento, Pasión y Gloria— y un total de 18 torres: 12 dedicadas a los Apóstoles; 4 a los Evangelistas (Mateo, Marcos, Lucas y Juan); 1 dedicada a la Virgen María, ya terminada y coronada por una estrella de doce puntas; y 1 torre central dedicada a Jesucristo, la más alta, con 172,5 metros, lo que la convierte en la iglesia más alta del mundo. Esta altura no es casual: Gaudí quiso que el templo no superara la altura de Montjuïc (173 m), porque consideraba que la obra humana no debía superar la obra de la naturaleza.
Las fachadas. La fachada del Nacimiento, diseñada por el propio Gaudí, es la más antigua (1894-1930). Se encuentra en el lado este y representa el nacimiento y la infancia de Jesús, con escenas como la Anunciación, el Nacimiento o la Adoración de los Reyes Magos. Es una fachada muy ornamentada y llena de detalles escultóricos.
En el lado opuesto, al oeste, se encuentra la fachada de la Pasión, mucho más austera y sobria, ya que representa la muerte de Jesús. Aquí aparecen escenas como la Última Cena, el Juicio de Jesús, la Crucifixión y la Resurrección. Esta fachada se construyó entre 1954 y 2018 e incluye esculturas del famoso artista catalán Josep Maria Subirachs, realizadas entre 1987 y 2009.
La fachada de la Gloria, situada al sur, será la entrada principal del templo y todavía sigue en construcción. Representará el Juicio Final y el ascenso al cielo.
Las Escuelas de Gaudí. Junto a la fachada de la Pasión se encuentra un edificio más pequeño conocido como las Escoles de la Sagrada Família. Fue construido en 1909 para servir como escuela para los hijos de los trabajadores que participaban en la construcción del templo.
El interior. Aunque el precio de la entrada es elevado, merece la pena visitar su interior al menos una vez en la vida. El espacio interior es completamente distinto a lo que vemos desde fuera y a lo que solemos encontrar en otras iglesias. La idea de Gaudí era que el interior evocara un gran bosque sagrado: las columnas representarían troncos de árboles, los capiteles simularían ramas, y las bóvedas formarían las copas del bosque.
Las vidrieras también transmiten un mensaje simbólico. La fachada del Nacimiento, orientada al este (por donde sale el sol), utiliza colores fríos como azules y verdes, que simbolizan el inicio de la vida. En cambio, la fachada de la Pasión, orientada al oeste (por donde se pone el sol), emplea colores cálidos como rojos, amarillos y naranjas, que representan el final del día.
El altar mayor, situado en el ábside y justo bajo la torre de Jesucristo, es otro de los puntos destacados del templo. Está coronado por una figura de Cristo crucificado suspendida en el aire. En el interior también se encuentra una escultura dedicada a Sant Jordi, patrón de Cataluña, instalada en 2007.
Visitas y entradas. Todos los domingos de 9:00 a 10:00 se celebra misa en la basílica. La entrada es gratuita (sin acceso a las torres), pero las colas suelen ser muy largas, por lo que se recomienda llegar al menos 45 minutos antes, ya que el aforo es limitado. El acceso para la misa se realiza por la fachada del Nacimiento.
La
entrada básica para visitantes cuesta unos 26 €, con descuentos para
estudiantes, jubilados y menores, y
solo se puede comprar por Internet. Por un suplemento es posible
subir a una o a dos torres. En la web oficial se pueden consultar
todos los tipos de entrada, horarios y tarifas.
Además, existe una curiosidad: si te llamas Jordi, Jordina, Jorge o Georgina, el 23 de abril, día de la festividad de Sant Jordi, ¡podrás entrar gratis! (previa reserva online). También se organizan sorteos de entradas en ocasiones especiales como la fiesta de Saint Eulalia, entre finales de enero y principios de febrero, o durante la La Mercè, a mediados de septiembre.
🚇La estación de metro más cercana lleva precisamente su nombre, Sagrada Familia, servida por las líneas L2 y L5.
Fachada de la Sagrada Familia
Seguimos hacia la parte baja de la ciudad hasta llegar a la Avinguda Diagonal, una de las avenidas más importantes, conocida porque atraviesa Barcelona diagonalmente.
Antes de continuar, merece la pena hacer una parada en la Casa de les Punxes, también conocida como Casa Terradas, un edificio modernista diseñado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch y que recientemente ha sido abierto al público. El horario de visita es de 9:00 a 20:00, y la entrada cuesta 12,50 €.
Desde allí, podemos recorrer el Passeig de Gràcia, una de las calles más emblemáticas de la ciudad, que nos llevará primero a la Casa Milà, más conocida como La Pedrera, edificio modernista de Gaudí construido en 1910. Destaca especialmente por su fachada ondulante, que recuerda a olas del mar en movimiento, y por sus balcones de hierro forjado, inspirados en formas vegetales y algas marinas.
Las entradas se pueden adquirir
en las taquillas (1 € más caras) o
por Internet. Los
horarios y
precios están disponibles en la página oficial; los precios son elevados, aunque existen
descuentos para estudiantes o residentes en Cataluña.

Fachada de La Pedrera
Un poco más abajo se encuentra la famosa Casa Batlló, una joya del modernismo diseñada por Gaudí, tan fascinante por fuera como por dentro. Su diseño está inspirado en la leyenda de Sant Jordi (San Jorge): según la tradición, el santo salvó a la princesa derrotando al dragón, y de la sangre de la bestia brotaron rosas.
En la fachada destacan las columnas con forma de huesos y los balcones que recuerdan calaveras, símbolos de las víctimas del dragón. El tejado, cubierto de cerámicas que imitan escamas, representa el lomo de la criatura, mientras que la torre coronada por una cruz simboliza la espada de Sant Jordi clavada en su espalda. Justo debajo de esta torre, el balcón superior tiene forma de rosa, evocando la flor nacida de la leyenda. Cada 23 de abril, día de Sant Jordi, los balcones se adornan con rosas en homenaje a esta historia. Para apreciar plenamente la silueta del dragón y los detalles de la fachada, conviene observar el edificio desde el lado opuesto de la calle.
La única desventaja es su elevado precio, como ocurre con muchas atracciones de Barcelona, aunque existen descuentos, como un 2x1 en entradas para residentes en España. Para evitar largas colas, también se recomienda comprar la entrada por Internet, donde se pueden consultar los precios oficiales en su
página web.
Fachada de la Casa Batlló en la Avinguda Diagonal
En Passeig de Gràcia también se encuentran otras destacadas casas modernistas, como la Casa Amatller, de Puig i Cadafalch, y la Casa Lleó Morera, de Lluís Domènech i Montaner, arquitecto que dejó varios edificios emblemáticos en la ciudad.
Esta avenida desemboca en la Plaça Catalunya, una de las más importantes de Barcelona. Es una plaza amplia, famosa por la gran cantidad de palomas que la habitan, y en la que llama la atención un curioso monumento con una escalera invertida, que simboliza la historia de Cataluña. Para contemplarla desde las alturas, se puede subir a la última planta de El Corte Inglés, donde se encuentra un comedor con vistas panorámicas. La subida es gratuita y no es necesario consumir nada para disfrutar de las vistas.
Vistas de la Plaça Catalunya desde la última planta de El Corte Inglés
El Raval
Para orientarnos un poco, el casco antiguo de Barcelona, conocido como Ciutat Vella, está formado por tres barrios principales: El Born, el Barrio Gótico y El Raval. Por un lado, El Born y el Barrio Gótico están separados por Via Laietana, mientras que el Raval y el Gótico se dividen por La Rambla.
El Raval aún conserva ese ambiente auténtico de barrio: comercios de toda la vida, mercados, vecinos que se encuentran y conversan en la calle… Sin embargo, también arrastra un pasado más turbio, con bares de mala muerte, ambientes marginales, prostíbulos y una intensa vida nocturna. Entre 1951 y 1987, los marineros estadounidenses de la Sexta Flota que operaban en el Mediterráneo solían hacer escala en el puerto de Barcelona y acudían al Raval en busca de la animada y desenfrenada vida nocturna del barrio. Por ese motivo, durante mucho tiempo fue considerado uno de los barrios más conflictivos de la ciudad. Hoy en día no hay problema en pasear por él durante el día, aunque generalmente se recomienda evitarlo de noche.
Aun así, el barrio también ha dado lugar a aportaciones culturales muy positivas, como la rumba catalana. Este estilo musical surgió entre las décadas de 1940 y 1950 entre la comunidad gitana catalana y combina el flamenco con influencias del mambo, los ritmos cubanos y el rock & roll. Su lugar de nacimiento se sitúa en la calle de la Cera, donde se instalaron dos Murales de la Rumba Catalana —uno en cada extremo de la calle— en homenaje a más de treinta rumberos. Entre ellos se encuentran pioneros como Peret (autor de «Borriquito como tú») y El Pescaílla, así como artistas más recientes como Estopa, La Pegatina o Txarango, cada uno con su propio estilo.
La Rambla del Raval está considerada el epicentro del barrio. Se trata de una amplia zona peatonal que funciona como punto de encuentro para los vecinos. Allí se encuentra el famoso Gato de Botero, una escultura del artista colombiano Fernando Botero instalada en 2003, que con el tiempo se ha convertido en uno de los símbolos del Raval.
Muy cerca de la Rambla del Raval se encuentra el Bar Marsella, considerado el bar más antiguo de Barcelona, fundado en 1820. Es un lugar histórico que en su día fue frecuentado por artistas como Dalí, Picasso, Gaudí, Lorca o Hemingway. El local mantiene un aire bohemio y conserva su decoración original del siglo XIX: nunca se ha reformado y aún mantiene ese ambiente antiguo y auténtico en los techos, el suelo y la decoración. De ahí que haya surgido la famosa leyenda de que “nunca se ha limpiado”. Aunque ofrecen otras bebidas, su especialidad es la absenta, que se sirve con una cucharilla perforada sobre la que se coloca un terrón de azúcar; sobre él se deja caer agua fría lentamente para que se vaya disolviendo.
Continuamos saliendo del barrio en dirección al Barrio Gótico, para lo cual debemos cruzar La Rambla (o Las Ramblas) de Barcelona. Esta famosa avenida nace en Plaça Catalunya y termina en el Monumento a Colón, una estatua de 60 metros de altura —incluido el pedestal— inaugurada en 1888 con motivo de la Exposición Universal de Barcelona. Curiosamente, la figura de Colón señala hacia el mar abierto y no hacia América, como muchos podrían imaginar.
La Rambla es una calle multicultural y llena de vida. Cada año la recorren más de 100 millones de personas, por lo que conviene estar atentos a bolsos y pertenencias, ya que esta zona es conocida por la presencia de carteristas. A lo largo de la avenida conviven comercios tradicionales que intentan sobrevivir frente a los nuevos negocios orientados al turismo. Entre los establecimientos históricos que aún se conservan destacan la Pastelería Escribà | Liceu (1906), la Casa Beethoven (1880) o la Casa Bruno Cuadros (1883), una antigua paragüería que hoy funciona como sucursal bancaria.
Como ya hemos mencionado, La Rambla separa los barrios de El Raval, a la izquierda, y el Barrio Gótico, a la derecha, por lo que a lo largo del paseo iremos encontrando elementos vinculados a ambos barrios.
Al recorrerla, merece la pena prestar atención a varios puntos destacados:
🠆Plaza Real (Plaça Reial), una plaza muy animada y acogedora que durante años —especialmente entre las décadas de 1960 y 1980— fue un conocido foco de consumo de drogas en la ciudad. Si observamos con atención, en el centro de la plaza veremos dos farolas diferentes al resto: son farolas modernistas diseñadas en 1879 y constituyen una de las primeras obras de Antoni Gaudí, cuando todavía no era un arquitecto famoso.
🠆El Gran Teatre del Liceu, uno de los teatros de ópera más importantes de España y un símbolo cultural de Barcelona.
🠆La célebre fuente de Canaletas, lugar donde los aficionados del Fútbol Club Barcelona celebran tradicionalmente los títulos de su equipo. Esta costumbre tiene su origen en que, antiguamente, muy cerca de allí se encontraba la redacción del periódico deportivo La Rambla. Los seguidores acudían a este punto para conocer de primera mano los resultados de los partidos y, cuando el Barça ganaba, lo celebraban allí mismo. Aunque el periódico cerró en 1939, la tradición de festejar las victorias en esta fuente se ha mantenido hasta hoy. En la ciudad existen 17 réplicas de esta fuente. Además, una conocida leyenda dice que quien bebe agua de la fuente de Canaletas siempre vuelve a Barcelona… aunque hay que reconocer que el agua no tiene precisamente la mejor fama.
Fuente de Canaletas
🠆El famoso Mercat de la Boquería, oficialmente llamado Mercat de Sant Josep, situado en el lado de El Raval. Como en muchos otros mercados tradicionales, aquí se pueden encontrar todo tipo de productos: frutas, verduras, carne, pescado, marisco y muchas otras especialidades.

Mercado de la Boquería
Barrio Gótico
Al otro lado de La Rambla llegamos al Barrio Gótico (Barri Gòtic), probablemente el barrio más emblemático de Barcelona. Se encuentra situado entre La Rambla y Via Laietana. Sin embargo, su nombre puede resultar algo engañoso, ya que en realidad solo unos pocos edificios son auténticamente góticos, como la Catedral de Barcelona, la Basílica de Santa Maria del Mar o la Iglesia de Santa Maria del Pi. Muchos de los edificios actuales fueron reconstruidos durante las décadas de 1920 y 1930 con el objetivo de embellecer el barrio de cara a la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Por eso es habitual encontrar construcciones que conservan una base de piedra claramente antigua, sobre la que se levantan elementos arquitectónicos más modernos.
Paralela a La Rambla, desde Plaça Catalunya parte otra calle muy conocida: Avinguda del Portal de l’Àngel. Tanto esta avenida como la calle de la Portaferrissa, que sale a mano izquierda desde La Rambla, conducen directamente al Barrio Gótico. Siguiendo cualquiera de estas vías llegaremos a Plaça Nova, un lugar muy animado donde a menudo se celebran mercadillos y distintos eventos.
En esta plaza también se pueden ver algunos restos romanos descubiertos durante unas obras en 1957. En época romana, la ciudad que ocupaba este lugar se llamaba Barcino, y de ahí que podamos ver unas grandes letras con ese nombre en la plaza. Además, aún se conservan tramos originales de la antigua muralla romana que protegía la ciudad, así como un par de arcos del antiguo acueducto de Barcino. Estos arcos fueron reconstruidos en 1958 para mostrar su aspecto original y colocarlos en el mismo lugar donde se encontraban en la antigüedad. Otros restos del acueducto también se conservan, aunque hoy están integrados en edificios modernos.
Por cierto, si el calor aprieta, muy cerca de la plaza podéis hacer una parada en la heladería Chocolat-Box, situada en Carrer dels Capellans, 2, justo al lado de Plaça Nova.
La plaza también guarda otro atractivo muy curioso: un gran mural situado en la fachada del Colegio de Arquitectos de Cataluña (COAC) que fue diseñado por Pablo Picasso. Lo sorprendente es que se trata del único mural de Picasso en el mundo que puede verse al aire libre de forma gratuita. En realidad son tres murales inaugurados en 1955, uno en cada una de las fachadas del edificio que dan a las calles que rodean el COAC, aunque visualmente forman un conjunto. En ellos se representan distintas tradiciones catalanas: el primero, conocido como el mural de la senyera, muestra la organización coral de Els cors de Clavé; el segundo, el mural de los gigantes, alude a la tradición de los castellers, las famosas torres humanas; y el tercero, el mural de los infantes, representa la sardana, una danza tradicional catalana.
Desde la calle que sale a la derecha del COAC podemos acercarnos a ver “El mundo nace en cada beso” (El món neix en cada besada), un mosaico formado por miles de pequeñas fotografías que representan distintos “momentos de libertad”, interpretados de forma personal por quienes participaron en el proyecto. La obra se inauguró en 2014 y con el tiempo se ha convertido en un lugar cada vez más popular para los visitantes. Aunque no es uno de los grandes monumentos de la ciudad, es gratuito y se encuentra muy cerca, por lo que se le pueden dedicar unos minutos.
Volvemos a Plaça Nova, donde se alza la Catedral de Barcelona, cuyo nombre oficial es Santa Iglesia Catedral Basílica de la Santa Cruz y Santa Eulalia. Se trata de un templo de estilo gótico construido entre los siglos XIII y XV, aunque conserva algunos elementos románicos procedentes de la estructura original del siglo XI.
El campanario alberga varias campanas, entre ellas la famosa Campana Tomasa, considerada la campana más grande de España que puede girar completamente, una curiosidad bastante singular. También resulta llamativo su nombre, ya que existe una antigua tradición en muchas catedrales e iglesias de España de poner nombre a las campanas, a menudo nombres femeninos.
Aunque el precio de la entrada puede parecer algo elevado, merece la pena visitar su interior y dedicar unos minutos a recorrer sus capillas, el claustro y la cripta de Santa Eulalia, patrona de la ciudad. Además, es posible subir a la terraza y a la torre de la catedral, desde donde se obtienen magníficas vistas de Barcelona. En su página web se pueden consultar los horarios y precios actualizados.
Si disponéis de algo más de tiempo, es muy recomendable acercarse a una pequeña plaza cercana: Plaça de Sant Felip Neri. Es una de las plazas más bonitas y con más encanto de la ciudad; de hecho, era la favorita de Antoni Gaudí. En ella se encuentra la iglesia barroca de San Felipe Neri.
Sin embargo, la historia de esta plaza es mucho menos idílica. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), concretamente en enero de 1938, aviones italianos enviados por Benito Mussolini, aliado de Francisco Franco, bombardearon esta zona de la ciudad. En ese momento, en la plaza se encontraba una escuela, lo que provocó una tragedia: murieron 42 personas, de las cuales 20 eran niños. Tras la guerra se decidió no reconstruir completamente los daños, sino reparar solo lo imprescindible para conservar el recuerdo de lo ocurrido. Por eso, todavía hoy pueden verse en la fachada de la iglesia las marcas de la metralla del bombardeo.
Si regresamos a Carrer del Bisbe y continuamos caminando hacia abajo, pasaremos por debajo del famoso Puente del Obispo (Pont del Bisbe), construido en 1928 y diseñado en estilo neogótico por un discípulo de Antoni Gaudí. Si nos fijamos bien en la estructura, veremos una curiosa figura: una calavera atravesada por una daga en la garganta. Según una leyenda popular, si esa daga se retirara, la ciudad de Barcelona se hundiría. Existe también otra historia curiosa relacionada con el puente: dicen que si se pasa por debajo caminando marcha atrás, mirando hacia arriba a la calavera y pidiendo un deseo en silencio, este terminará cumpliéndose.
Después de atravesar el puente —marcha atrás o no— llegaremos a Plaça de Sant Jaume, la plaza donde se concentran las principales instituciones políticas de Barcelona y de Cataluña. Allí se encuentran dos edificios casi gemelos: a un lado, el Palau de la Generalitat de Catalunya, sede del gobierno catalán, y al otro, el Ajuntament de Barcelona, el ayuntamiento de la ciudad.
El ayuntamiento ofrece visitas gratuitas los domingos por la mañana, una de las pocas actividades sin coste que se pueden hacer en Barcelona. Por ello, merece la pena aprovechar la oportunidad y conocer su interior, que resulta realmente interesante. Entre sus espacios más destacados se encuentran el Salón de Ciento, el Salón de las Crónicas y la Capilla del Buen Consejo.
Salón de Ciento del Ayuntamiento de Barcelona
En este barrio también merece la pena visitar la Basílica dels Sants Màrtirs Just i Pastor. Más allá de la iglesia en sí, el principal atractivo es subir al campanario de San Justo, de unos 35 metros de altura. Desde allí se obtiene una magnífica panorámica de 360 grados de Barcelona por tan solo 3 €, lo que lo convierte en uno de los miradores más económicos y recomendables de la ciudad.
La iglesia, aunque sencilla, también merece una visita. Su construcción comenzó en 1342, aunque no se completó hasta 1571. El proyecto original contemplaba la construcción de dos torres, pero finalmente solo se levantó una.
La última parada antes de cruzar Via Laietana en dirección al barrio de El Born es la Plaça del Rei. El edificio más imponente de la plaza es el Palacio Real Mayor (Palau Reial Major), antigua sede de la Corona de Aragón.
En la escalinata de acceso al palacio tuvo lugar un episodio histórico en 1492: el rey Fernando II de Aragón, conocido como Fernando el Católico, sufrió un intento de asesinato cuando un campesino catalán llamado Joan de Canyamars lo atacó con un cuchillo. La guardia real logró detener al agresor, que posteriormente fue ejecutado.
En aquel momento, los Reyes Católicos se encontraban en Barcelona esperando el regreso de Cristóbal Colón tras su primer viaje a América, con el objetivo de recibirlo oficialmente y comenzar a organizar el reparto de las riquezas y territorios recién descubiertos.
Plaça del Rei con el Palacio Eeal Mayor de fondo
El Born
El barrio de El Born tiene su origen en la Edad Media, cuando artesanos y comerciantes se establecieron en esta zona aprovechando su cercanía al puerto. Fueron precisamente estos gremios quienes financiaron la construcción de la Basílica de Santa María del Mar, de la que hablaremos más adelante.
El nombre born (o borne en castellano) se utilizaba antiguamente para designar los espacios donde se celebraban justas medievales entre caballeros. El actual Passeig del Born era uno de esos lugares donde tenían lugar estos torneos y espectáculos.
La primera parada que haremos nada más cruzar Via Laietana, camino de El Born, es el Palau de la Música Catalana. Este edificio es otra magnífica muestra del modernismo catalán y fue diseñado por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner en 1908. Su espectacular fachada ya merece una visita por sí sola, aunque también se puede acceder al interior asistiendo a alguno de los conciertos o mediante visitas guiadas al auditorio. Desde 1997, el edificio está reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Fachada del Palau de la Música Catalana
Seguimos por Carrer del Palau hasta llegar a Plaça de Sant Pere, donde destaca la iglesia de Sant Pere de les Puelles, un templo de origen románico con elementos añadidos posteriormente en estilo gótico. Merece la pena entrar, ya que la visita es gratuita y permite apreciar bien el contraste entre ambos estilos arquitectónicos. En la plaza también llama la atención una elegante fuente modernista de 1893, construida en hierro forjado.
A continuación, nos adentramos ya de lleno en el corazón de El Born, un barrio muy agradable para pasear y que alberga uno de los templos más emblemáticos de la ciudad: la Basílica de Santa María del Mar, considerada la máxima expresión del gótico catalán.
El gótico catalán presenta algunas diferencias con respecto al gótico del resto de Europa. Por ejemplo, los techos suelen ser más planos y menos pronunciados que en el norte del continente, donde las cubiertas más inclinadas ayudan a evitar la acumulación de nieve. Otra diferencia importante es el tamaño de los rosetones y ventanales, que aquí suelen ser más pequeños. Esto se debe a que la luz mediterránea es más intensa y dura más horas al día, por lo que no se necesitan aperturas tan grandes para iluminar el interior del templo.
Otro aspecto muy interesante es que la basílica fue levantada y financiada en gran parte gracias al esfuerzo del propio pueblo, ya que como las clases más humildes no tenían derecho a entrar en la Catedral de Barcelona, decidieron construir la suya propia. Lo más sorprendente es que las obras duraron apenas 55 años (de 1329 a 1384), un tiempo relativamente corto para una construcción de este tipo en aquella época. Para ponerlo en contexto, la Catedral de Barcelona, que se estaba construyendo paralelamente, necesitó más del doble de tiempo: comenzó 31 años antes y se terminó 37 años después.
Muchos habitantes de la ciudad acudían a diario a la cantera de Montjuïc para transportar las piedras necesarias para la construcción. El nombre de Montjuïc procede etimológicamente de “Monte de los judíos”, ya que en esa zona existía un antiguo cementerio judío. Si rodeamos la iglesia y observamos con atención algunas de las piedras de sus muros, podremos ver inscripciones grabadas en ellas. Esto se debe a que algunas de las piedras utilizadas procedían de antiguas lápidas de aquel cementerio.
La basílica también ganó gran popularidad gracias a la novela “La Catedral del Mar”, de Ildefonso Falcones, publicada en 2006, y a la serie de televisión homónima estrenada en 2018, lo que ha contribuido a aumentar el interés turístico por el lugar. Actualmente se puede acceder gratuitamente a la basílica de 9:00 a 12:00 y a partir de las 17:30.
Iglesia de Santa María del Mar
También en este barrio se puede visitar el Mercat del Born, un antiguo mercado que hoy funciona como centro cultural y que alberga importantes restos arqueológicos medievales con una historia muy curiosa.
El mercado llevaba cerrado desde 1971 y, en 1977, se propuso transformar el edificio en una Biblioteca Provincial. Sin embargo, tras años de debates y cambios de proyecto, no fue hasta 2001 cuando comenzaron los trabajos para acondicionar el espacio y construir finalmente la biblioteca. Durante esas obras se descubrieron numerosos restos arqueológicos correspondientes a antiguas calles y edificios de la ciudad destruidos tras el asedio y bombardeo de
Barcelona en 1714, durante la
Guerra de Sucesión Española.
Ante este hallazgo, se decidió conservar los restos y convertir el edificio en un espacio museístico. Así nació el actual Born Centre de Cultura i Memòria, donde se pueden observar los vestigios de aquel barrio desaparecido. Para quien lo necesite, dentro del Mercat también hay baños públicos gratuitos.
Muy cerca de El Born se encuentra el Parc de la Ciutadella, uno de los parques más conocidos de Barcelona. En este lugar se levantó en 1715 una gran fortaleza militar ordenada construir por Felipe V tras la Guerra de Sucesión para controlar la ciudad. A finales del siglo XIX la fortaleza fue demolida y el espacio se transformó en el parque que conocemos hoy, especialmente famoso por su abundante vegetación y su gran cascada monumental, lo que lo convierte en un lugar ideal para pasear o descansar.
En su interior destacan varios puntos de interés, como el Castillo de los Tres Dragones (Castell dels Tres Dragons), un edificio modernista construido para la Exposición Universal de 1888, el curioso mamut de piedra de tres metros de altura situado junto a la cascada —muy popular entre los visitantes— y el Zoológico de Barcelona.
Parc de la Ciutadella
Frente al Parc de la Ciutadella se extiende una amplia explanada peatonal conocida como el Passeig de Lluís Companys, un agradable paseo delimitado por palmeras y elegantes farolas. Al final de este paseo se alza el famoso Arco de Triunfo de Barcelona, construido en 1888 para servir como entrada principal a la Exposición Universal de Barcelona celebrada ese mismo año.
A diferencia de otros arcos del triunfo europeos, este no conmemora ninguna victoria militar, sino que fue concebido como una puerta monumental para acceder al recinto de la exposición. Hoy en día, tanto el arco como la explanada que lo rodea se utilizan con frecuencia como meta de carreras populares y como escenario para distintos eventos culturales y conciertos.
Arco de Triunfo de Barcelona
El barrio de El Born también destaca por su animado ambiente al caer la tarde y durante la noche, con numerosos bares, coctelerías y restaurantes. Uno de los locales más famosos es Paradiso, elegido mejor bar del mundo en 2022. Se trata de una coctelería secreta a la que se accede a través de una puerta oculta situada dentro de una panadería, lo que añade un toque distintivo a la experiencia.
La Barceloneta
Una vez recorrido todo lo anterior, nos encontraremos muy cerca de La Barceloneta, un barrio tradicionalmente humilde de pescadores, marineros y familias obreras vinculadas al puerto y al mar. En la década de 1980, con la preparación de los Juegos Olímpicos de 1992 como telón de fondo, el barrio experimentó una profunda renovación: se remodeló el paseo marítimo y se mejoraron varias calles. Aun así, La Barceloneta sigue siendo uno de los barrios más densamente poblados de la ciudad y conserva su identidad propia, visible en los balcones decorados con banderas azul claro y amarillas, los colores de su bandera local.
Barcelona cuenta con aproximadamente 4,5 km de playas, y una de las más conocidas es la Playa de la Barceloneta, con el icónico Hotel W (Hotel Vela) de fondo. Tanto locales como turistas acuden aquí a bañarse, correr, practicar paddle surf, jugar al vóley o simplemente pasear por el paseo marítimo y el Passeig de Colom, que desemboca en el Monumento a Colón que mencionamos anteriormente.
Esta zona también se conoce como Port Vell, o “puerto viejo”, la parte más antigua del Puerto de Barcelona. Aquí se encuentran varios lugares de interés, como el Maremagnum, un gran centro comercial con tiendas, heladerías y el L’Aquàrium de Barcelona, así como la pasarela flotante conocida como Rambla de Mar, que conecta el centro comercial con el puerto deportivo.

Playa de la Barceloneta
Sants-Montjuïc
Nos queda por visitar la Plaza de España (Plaça d’Espanya)
, la plaza más grande de Barcelona. En uno de sus extremos se alzan las Torres Venecianas, llamadas así porque están inspiradas en el campanario de la Plaza de San Marcos de Venecia.
En otro lado de la plaza encontramos la antigua Plaza de Toros de Las Arenas, hoy reconvertida en el centro comercial Arenas de Barcelona. En su interior abundan las tiendas y restaurantes, pero lo más interesante del edificio es la posibilidad de subir a su última planta, donde se encuentra un mirador panorámico llamado 360° El Terrat. Desde allí se obtienen unas magníficas vistas de la plaza y de buena parte de la ciudad. Se puede subir gratuitamente utilizando las escaleras mecánicas del interior del centro comercial o por 1,50 € en el ascensor panorámico exterior, que abre de 10:00 a 23:00 todos los días.
Tras cruzar las
Torres Venecianas, podemos desviarnos hacia la izquierda para visitar el
Poble Espanyol, un museo al aire libre que recrea algunos de los edificios y estilos arquitectónicos más representativos de España. En su momento la entrada fue gratuita, pero actualmente es de pago, aunque suele resultar algo más barata si se compra online.
Aquí podéis ver los horarios y precios.
De regreso hacia Plaza de España, nos dirigimos al imponente edificio del Museo Nacional de Arte de Cataluña (Museu Nacional d'Art de Catalunya, MNAC), una de las galerías de arte más importantes de la ciudad. Desde la explanada situada frente al museo se obtienen también unas vistas magníficas de la plaza y de la ciudad desde el lado opuesto al mirador de Arenas.
Si estáis interesados en visitarlo, conviene saber que
los sábados a partir de las 15:00 y el primer domingo de cada mes la entrada es gratuita, una buena oportunidad para ahorrar un poco durante la visita a Barcelona.
Aquí tenéis los horarios y precios para el resto de días.

Plaza de España con el Museo Nacional de Arte de Cataluña de fondo
Por último, nos dirigiremos hacia la parte trasera del Museo Nacional de Arte de Cataluña para subir a Montjuïc, una montaña de 173 metros de altura situada relativamente cerca del centro de la ciudad. Desde ella se obtienen magníficas vistas del puerto, del mar y de buena parte de Barcelona. En la cima se encuentra el Castillo de Montjuïc (Castell de Montjuïc), una histórica fortaleza que domina la ciudad gracias a su privilegiada ubicación. La visita al castillo es de pago,
aquí podéis ver los horarios y precios, aunque
los domingos a partir de las 15:00 y el primer domingo de cada mes durante todo el día la entrada es gratuita.
Su origen se remonta a una torre de vigilancia del siglo XVII, alrededor de la cual se levantó una primera fortificación durante la Guerra de los Segadores (1640-1652). Este conflicto comenzó como una revuelta de campesinos catalanes contra el rey Felipe IV, motivada por las restricciones a sus libertades y el aumento de impuestos destinados a financiar la guerra contra Francia en el contexto de la Guerra de los Treinta Años. La fortificación fue construida en 1640 por la Generalitat de Catalunya para defender la ciudad de las tropas de Felipe IV, y las milicias catalanas llegaron a colaborar con tropas francesas contra la monarquía hispánica. Finalmente, sin embargo, Felipe IV se impuso y tomó el control de la fortaleza, reforzándola para utilizarla en su defensa frente a Francia.
Posteriormente, entre 1753 y 1779, el rey Felipe V ordenó remodelar y ampliar la fortificación, dando lugar al castillo que podemos ver hoy en día. Durante el siglo XIX el edificio pasó a utilizarse como prisión y continuó cumpliendo esta función hasta 1960.
Durante la dictadura franquista el castillo fue también escenario de fusilamientos de presos, especialmente políticos. El caso más conocido fue el del presidente de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys, ejecutado allí el 15 de octubre de 1940. Companys pasó a la historia por ser el único presidente europeo elegido democráticamente que fue ejecutado por un régimen fascista.
Hoy en día, afortunadamente, el castillo tiene un carácter completamente diferente. El Foso de Santa Eulalia, donde se realizaban los fusilamientos, se utiliza ahora para distintos eventos culturales, como un popular cine de verano que se celebra entre junio y agosto. El patio de armas, rodeado de galerías porticadas, constituye el corazón del recinto.
Montjuïc es también uno de los mejores lugares de la ciudad para disfrutar de vistas panorámicas. Uno de los miradores más conocidos es el Mirador de l’Alcalde, desde donde se contempla el puerto, el mar y gran parte de Barcelona. Para llegar hasta la cima se puede subir caminando o utilizar el Telefèric de Montjuïc, inaugurado en 1970, cuyo recorrido ofrece también espectaculares vistas del puerto y de la ciudad.
Sin embargo, Montjuïc no es solo el castillo. Esta montaña también fue uno de los grandes escenarios de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. El Estadi Olímpic Lluís Companys fue inaugurado originalmente en 1929, con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona, y décadas más tarde fue profundamente remodelado para albergar las principales competiciones olímpicas.
Os animamos a pasear tranquilamente por todo el parque olímpico, conocido como el Anillo Olímpico de Montjuïc, y a visitar gratuitamente el interior del estadio. Normalmente está abierto de 10:00 a 18:00, siempre que no haya conciertos o partidos programados. Además, el último domingo de cada mes, de 10:00 a 13:00, es posible correr en sus pistas de atletismo, ¡todo un lujo tratándose de un estadio olímpico! 🏟
Panorámica del Estadi Olímpic Lluís Companys
Otro punto destacado del área olímpica es la Piscina Municipal de Montjuïc, donde se celebraron las competiciones de saltos y algunos partidos de waterpolo durante los Juegos Olímpicos. En verano funciona como piscina pública y se encuentra en un lugar espectacular, con unas vistas impresionantes de la ciudad al fondo.
Gracias a su ubicación privilegiada, la piscina también ha aparecido en videoclips de artistas como Kylie Minogue y Dua Lipa. Un plan muy típico es pedir una cerveza en el bar que hay junto a la piscina y sentarse en las gradas para disfrutar tranquilamente del ambiente, las vistas de la piscina y el skyline de Barcelona.
Mas alternativas en Barcelona
Barcelona tiene mucho que ofrecer, suficiente para varios días e incluso varios viajes. A continuación os dejamos algunos lugares que se encuentran un poco más alejados del centro, pero que merecen mucho la pena si disponéis del tiempo suficiente.
→Recinte Modernista de Sant Pau. Tomando la Avinguda Gaudí desde la Sagrada Familia llegamos a este precioso hospital, otro magnífico ejemplo del modernismo de Lluís Domènech i Montaner. Al igual que el Palau de la Música Catalana, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el mismo año.
Se trata de un complejo enorme: ocupa nueve manzanas y está formado por 27 pabellones, cada uno dedicado originalmente a una especialidad médica. Todos ellos estaban conectados por una red de túneles subterráneos de más de dos kilómetros de longitud, lo que permitía trasladar pacientes y materiales entre los edificios.
Durante décadas fue uno de los hospitales más importantes de España y fue escenario de importantes avances médicos, entre ellos el primer trasplante de médula ósea realizado en el país (1976) y el primer trasplante de corazón con éxito en España (1984).
En 2009, los servicios médicos se trasladaron a un hospital cercano, más moderno y adaptado a las necesidades actuales. El antiguo complejo hospitalario se restauró y pasó a convertirse en una atracción cultural y turística bajo el nombre de Recinte Modernista de Sant Pau. Hoy en día se puede visitar por libre o mediante visitas guiadas en determinados horarios. Podéis consultar horarios y precios en su página web.
Frente al edificio principal se encuentra además una escultura en homenaje a Pau Gil (1816-1896), un banquero catalán afincado en París que, al morir, donó gran parte de su fortuna para financiar la construcción del hospital.

Recinte Modernista de Sant Pau
→Un mirador excelente: los Bunkers del Carmel. Para llegar hasta este lugar lo más cómodo es subir en coche o en autobús y caminar el último tramo. Desde este mirador se puede contemplar prácticamente todo el skyline de Barcelona: la Sagrada Familia, la Torre Glòries —el rascacielos de 145 metros inaugurado en 2005, anteriormente conocido como Torre Agbar— y otras siluetas emblemáticas de Barcelona, como Las Tres Chimeneas de Sant Adrià de Besòs (Les Tres Xemeneies). Estas tres chimeneas, de 200 metros de altura, pertenecían a una antigua central térmica que estuvo en funcionamiento hasta 2011. Posteriormente se planteó su demolición, pero la población votó por conservarlas como parte del patrimonio industrial del área metropolitana.
Lo mejor de este mirador es que la entrada es gratuita, aunque eso también significa que suele haber bastante gente, especialmente durante el verano y al atardecer, cuando muchos visitantes suben para disfrutar de las vistas y de la puesta de sol.

Vistas de Barcelona desde los Bunkers del Carmel
→Para los aficionados al fútbol, un buen
plan es acercarse a ver el Camp Nou, el estadio del Fútbol Club Barcelona. Lo ideal es visitarlo por dentro, ya que por fuera no resulta especialmente llamativo. En la web oficial del club se pueden consultar los distintos tours que permiten visitar el estadio y el museo. Obviamente, la mejor opción es ver un partido en directo, aunque no siempre coincide la visita con un día de partido. El Camp Nou se encuentra relativamente cerca de la estación de Sants, por lo que se puede llegar caminando en unos 20-25 minutos aproximadamente.
→Monasterio de Montserrat. Una de las excursiones más típicas desde Barcelona es la visita a la abadía benedictina de Montserrat, situada en lo alto de la montaña del mismo nombre. Además de visitar el monasterio, la zona es muy popular para hacer rutas de senderismo, ya que el paisaje de la montaña de Montserrat es una zona ideal para ello.
→Si tenéis mucho tiempo, podéis subir al otro monte famoso de Barcelona: el Tibidabo, desde donde también se obtienen magníficas vistas de la ciudad con el mar al fondo. Mucha gente sube por la tarde para esperar a que caiga la noche y ver cómo se ilumina toda la ciudad. Desde aquí se aprecia muy bien el característico urbanismo en cuadrícula de gran parte de Barcelona.
En la cima destacan varios lugares emblemáticos, como el Observatorio Fabra (Observatori Fabra), la
Basílica del Sagrado Corazón (Basílica del Sagrat Cor Tibidabo),
—inspirada en la Basilique du Sacré-Cœur de
París y coronada con una enorme figura de Cristo en lo más alto
—, la
Torre de Collserola, diseñada por Norman Foster y el conocido
Parque de Atracciones del Tibidabo, inaugurado en 1901,
lo que lo convierte en el parque de atracciones más antiguo de España y uno de los más antiguos de Europa.
Para subir hasta la cima se puede tomar el funicular del Tibidabo o hacer una agradable (aunque algo exigente) caminata siguiendo el Passeig o Carretera de les Aigües. Como hemos visitado Barcelona en varias ocasiones, en una de ellas decidimos subir andando hasta el observatorio, disfrutando durante el trayecto de continuas vistas espectaculares de la ciudad.
🚇La parada de transporte público más cercana tanto para tomar el funicular como para iniciar la subida a pie es Av. Tibidabo.
Navidad en Barcelona
La
Navidad (Nadal) es una época muy especial en Barcelona y durante estas fechas tienen lugar varias actividades perfectas para
completar una visita turística a la ciudad.
- Fira de Sant Tomàs i Reis, en la calle Gran Via de les Corts Catalanes (entre las calles Comte d’Urgell y de Muntaner). Este es un mercadillo muy particular, ya que en él se venden todo tipo de juguetes y artesanías. Muchos barceloneses acuden aquí para comprar los regalos de Navidad para los más pequeños. Además, el 5 de enero —la víspera del Día de Reyes— permanece abierto hasta las 3 de la madrugada, pensado para quienes van más apurados con las compras de última hora. Se celebra del 20 de diciembre al 6 de enero y abre desde las 10:00 de la mañana hasta las 21:00 o 22:00, excepto el 5 de enero, como ya hemos mencionado.
- Fira de Santa Llúcia, en la Plaça Nova, junto a la Catedral de Barcelona. Aquí encontraremos un mercadillo navideño más tradicional, donde se venden figuras típicas del belén catalán, entre ellas los famosos caganers. Se instala cada año desde finales de noviembre hasta finales de diciembre.
Aunque en la ciudad se celebran otros mercados navideños, estos dos son de los más conocidos y los que más nos gustaron.
Además de los caganers, otra de las tradiciones catalanas más curiosas es el Caga Tió, también llamado Tió de Nadal. Su nombre se traduce literalmente como “tronco de Navidad”. La tradición consiste en tener un tronco de madera en casa al que los niños van “alimentando” cada noche durante los días previos a Navidad. Finalmente, el 24 de diciembre, los niños lo golpean con palos —como si fuera una piñata— para que el tió “suelte” dulces y pequeños regalos.
¿Dónde comer en Barcelona?
En Barcelona hay muchísimas alternativas para comer, para todos los gustos y presupuestos. El hecho de haber viajado a la ciudad en varias ocasiones, tanto por placer como por trabajo, nos ha permitido probar algunos de los restaurantes más interesantes que ofrece. A continuación os dejamos algunas recomendaciones que nos gustaron especialmente y que creemos que merecen la pena durante una visita a la ciudad.
En la Barceloneta
Precio alto:
- Pez Vela. Es un chiringuito situado en la parte inferior del Hotel W. Se puede comer tanto en la terraza exterior, muy recomendable sobre todo en verano, como en una zona interior. En su carta destacan principalmente arroces y platos de carne. El precio es medio-alto y la comida está bien, aunque en nuestra opinión no destaca especialmente en relación con lo que cuesta. En realidad, lo que se paga en gran medida es la ubicación privilegiada, con la playa justo delante.📍Passeig del Mare Nostrum, 19, 21.
Precio medio:
- La Bombeta. Un lugar de comida casera, al estilo de tasca, ideal para probar tapas y raciones españolas en general —como croquetas— y platos típicos catalanes, como el pa amb tomàquet (pantumaca), la butifarra con judías o la crema catalana. Muy famosas son sus “bombas”: bolas fritas rellenas de patata y carne, con una salsa ligeramente picante y, en algunos sitios, servidas sobre una base de alioli. El origen del nombre es tan simple como que cuando un cliente las probó por primera vez en esta taberna, dijo: “¡Esto es una bomba!”. 📍Carrer de la Maquinista, 3.
- Bodega Fermín. Aunque este local es muy popular por la variedad de sus cervezas, la comida también es excelente. Probamos varias raciones y tapas y todas fueron de 10, destacando especialmente el pantumaca, que nos pareció el mejor de todo el viaje. Además, está situada en una plaza muy agradable y alejada del turismo masivo, lo que la hace aún más recomendable.📍Carrer de Sant Carles, 18.
- Restaurant Can Ros. Un restaurante de toda la vida en La Barceloneta, especializado en pescados, mariscos y arroces, además de tapas y raciones típicas catalanas como el pantumaca, las bombas y la coca de pulpo con butifarra negra. 📍Carrer d'Emília Llorca Martín, 7.
En el Barrio Gótico
Precio medio alto:
- La Fonda. Especialistas sobre todo en arroces, con una crema catalana exquisita. Recomendamos este restaurante porque la comida es muy buena y, aunque el precio es medio-alto, resulta más razonable que en muchos otros locales de Barcelona.📍Carrer dels Escudellers, 10.
- Los Caracoles. Un verdadero emblema de la ciudad y el segundo restaurante más antiguo de Barcelona que sigue en funcionamiento, fundado en 1835. Por aquí han pasado personajes ilustres como Salvador Dalí, Pablo Picasso, Joan Miró, Robert De Niro y Ava Gardner, tal y como se muestra en las fotos que decoran el local.
Su especialidad son los caracoles, un plato típico catalán, reconocibles por su salsa única. También ofrecen otros platos como pollo asado y arroces. Eso sí, el precio es alto, debido a su fama internacional y al turismo que atrae.📍Carrer dels Escudellers, 14.
En L’Eixample
Precio alto:
- Cachitos. Restaurante especializado en tapas, todas muy buenas. Es un sitio moderno, bien decorado y muy popular, por lo que algunos platos pueden ser algo caros; aun así, todos son exquisitos, especialmente la ensaladilla rusa, una de sus especialidades.📍 Hay varios locales en la ciudad: en la Rambla y en Avinguda Diagonal, 508.
- Robata. Restaurante japonés, ideal para los amantes de la cocina nipona. El precio es medio-alto, pero merece mucho la pena. Destacan especialmente las gyozas, nigiris y uramakis, y los postres son igualmente deliciosos.📍Carrer d'Enric Granados, 55, muy cerca de Passeig de Gràcia.
- El Nacional. Este no es un restaurante como tal, sino varios restaurantes en una gran nave elegantemente decorada. Ofrece comida de todo tipo: arroces, tapas, carnes y pescados. Dado que los precios son algo elevados, también es una buena opción solo para tomar una cerveza y disfrutar del lugar.📍Passeig de Gràcia, 24.
Precio medio:
- Pepito Restaurante. Especializado en carnes, con precios más económicos que muchos otros locales de la ciudad.📍Passatge de Domingo, 3.
- Restaurant Sushi Hanaki. Restaurante tipo buffet de sushi con un toque curioso: el camarero que sirve la comida es un gato robot. 📍Carrer de Joan Güell, 212 —aunque no está en L’Eixample, lo incluimos por proximidad.
Precio bajo:
- Mustafa's Gemüse Kebap (Original). La famosa franquicia de Berlín tiene ahora su única filial en España, en Barcelona. Ideal para amantes de los kebabs de verduras y comida rápida de calidad.📍Carrer de la Creu Coberta, 15.
En El Born
Precio medio bajo:
- El Xampanyet. Xampanyet es el nombre de este local de tapas y también de su bebida marca de la casa, un vino blanco espumoso de elaboración propia. 📍Carrer de Montcada, 22.
En el Barrio de Gràcia
Precio medio bajo:
- Gasterea. Especializado en pintxos fríos y calientes, con comida barata y de gran calidad. También destacan sus bombas, que en nuestra opinión son mejores que las de La Bombeta. 📍Carrer de Verdi, 39.
Discotecas en Barcelona
Para los que busquen una noche de fiesta en la capital catalana, dos de las discotecas más populares son la Sala Apolo y Razzmatazz.
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