Casimiro III el Grande puso especial empeño en el desarrollo de la ciudad: además de fundar la universidad, mandó construir el Castillo de Wawel, que veremos más adelante, y promovió la reforma de la Basílica de María Santísima. Por las aulas de la Universidad Jagellónica han pasado figuras ilustres como el matemático y astrónomo Nicolás Copérnico y el papa Juan Pablo II, aunque este último solo cursó estudios durante un año, entre 1938 y 1939, ya que la universidad tuvo que cerrar a causa de la ocupación nazi.
Además del museo, es posible acceder gratuitamente al patio interior, un espacio especialmente bonito que cuenta con un carrillón situado bajo el reloj. En él, varias figuras relacionadas con la universidad —reyes, profesores, el rector, un bedel, entre otros— desfilan al son de una melodía. Este espectáculo tiene lugar todos los días a las 9:00, 11:00, 13:00, 15:00 y 16:00.
En esta misma calle Grodzka se encuentran además dos iglesias de gran interés: la iglesia de San Andrés (Kościół św. Andrzeja), de estilo románico y datada en el siglo XI, y la iglesia de San Pedro y San Pablo (Kościół Św. Apostołów Piotra i Pawła), de estilo barroco. Cracovia cuenta con una gran cantidad de iglesias, algo que se explica por el fuerte arraigo del catolicismo en el país: aproximadamente el 70 % de la población polaca es católica, lo que convierte a Polonia en el segundo país europeo con mayor proporción de católicos, solo por detrás de Malta.
Barrio Judío
La siguiente parada será el barrio judío de Kazimierz. Más que un barrio, habría que hablar de ciudad, ya que así fue concebida desde su creación en 1335 por el rey Casimiro III, hasta 1800, cuando pasó a formar parte de Cracovia como distrito. Los judíos comenzaron a llegar a Polonia alrededor del año 1200, atraídos por la libertad de culto y de comercio que no encontraban en otros lugares. Desde sus orígenes, Kazimierz estuvo habitada tanto por cristianos como por judíos, aunque con el tiempo la comunidad judía creció significativamente. En el siglo XIX, antes de la Segunda Guerra Mundial, se contabilizaban unos 65.000 judíos, aproximadamente el 25 % de la población en ese momento. Durante la ocupación nazi, todos los judíos del barrio fueron trasladados al famoso gueto de Podgórze, al otro lado del río. Tras la guerra, apenas quedaban unos 6.000, y hoy en día la comunidad judía apenas supera los 150 residentes. El barrio quedó prácticamente destruido y abandonado durante las décadas de 1950 y 1960, hasta que en los años 80 comenzó un proceso de reconstrucción.
El recorrido por Kazimierz puede empezar por la Plaza Nueva (Plac Nowy), dominada por un edificio circular que en 1927 fue alquilado por la comunidad judía para funcionar como matadero de aves de corral, un alimento muy habitual en la comida kosher. Hoy, el edificio se utiliza como mercado de comida callejera, y durante los fines de semana también alberga un pequeño mercadillo. La especialidad más famosa es la zapiekanka —del verbo zapiekać, “hornear”—, una baguette abierta al horno con diversos ingredientes, similar a un panini italiano. El tipo más típico de Cracovia es el Krakovska, que lleva tomate, jamón york, queso y cebollino. Un lugar popular para probarlas es Mrs & Mr Zapiekanka, donde suelen compartirse por su tamaño generoso.
A apenas cinco minutos caminando llegaremos al Cementerio de Remuh, también conocido como Antiguo Cementerio Judío de Cracovia, construido entre 1535 y 1551. Durante la ocupación nazi, los invasores arrancaron muchas lápidas para usarlas como material de construcción, por lo que hoy apenas quedan vestigios de las que existían antes de la Segunda Guerra Mundial. Una de las pocas que se conserva es la de Izaak Jakubowicz, judío fundador de una de las sinagogas más importantes de la ciudad.
De las 120 sinagogas registradas en Cracovia en 1930, actualmente solo se conservan siete:
- Sinagoga de Izaak Jakubowicz (Synagoga Izaaka Jakubowicza), construida en 1644.
- Sinagoga Alta (Synagoga Wysoka), de 1563, actualmente funcionando como librería y espacio de exposiciones.
- Sinagoga Vieja (Stara Synagoga), construida en el siglo XV y hoy convertida en museo de pago.
- Sinagoga Remuh (Synagoga Remu), de 1557, ubicada junto al cementerio y de acceso con entrada de pago.
- Sinagoga Popper (Synagoga Poppera), de 1620, actualmente reconvertida en librería.
- Sinagoga Kupa (Synagoga Kupa), hoy también museo de pago.
- Sinagoga Tempel (Synagoga Tempel), la más moderna de todas, construida en 1862, con entrada de pago.
También merece la pena pasar por la calle Józefa 12, donde se encuentra el Pasaż Listy Schindlera, uno de los lugares de rodaje de la película La lista de Schindler (1993), dirigida por Steven Spielberg y ganadora de siete Oscars. En este callejón se encuentra la casa que Spielberg eligió como escenario para varias escenas del filme, que narra la historia real de Oskar Schindler, empresario alemán miembro del partido nazi y propietario de varias fábricas en Polonia, República Checa y otros países. En su fábrica de Cracovia, Schindler logró salvar la vida de cerca de 1.200 judíos durante la ocupación alemana de Polonia. Uno de los recuerdos más icónicos de la película es la foto de la escalera que sube a la casa (a la izquierda) y del arco (a la derecha); podéis compararla con cómo luce hoy en día.
Con esto termina la visita a Kazimierz, aunque aún queda por explorar la zona del gueto. Al sur del barrio, cruzando el puente, llegamos a Stare Podgórze, que en su momento fue el gueto de Podgórze, adonde fueron enviados todos los judíos de Kazimierz después de que les cerraran las sinagogas, perdieran sus trabajos y, en general, fueran expulsados del distrito.
El centro del barrio lo constituye la Plaza Héroes del Gueto (Plac Bohaterów Getta), donde concentraban a los judíos antes de trasladarlos a los campos de concentración y exterminio. Las 70 sillas que decoran la plaza sirven como homenaje simbólico: cada una representa a 1.000 judíos que fueron víctimas del Holocausto.
En una de las esquinas de la plaza se encuentra un lugar histórico, la Farmacia bajo el águila (Apteka pod Orłem), llamada así por la figura del águila que adorna su interior. Fue famosa porque su propietario, Tadeusz Pankiewicz (1908-1993), junto con dos empleadas polacas, ayudaron a muchos judíos del gueto. Aunque la farmacia existía antes de la Segunda Guerra Mundial y Pankiewicz era polaco, no judío, decidió quedarse y asistir a los habitantes del gueto, a pesar del riesgo que ello suponía. Tras la guerra, la farmacia siguió funcionando hasta 1967 y hoy funciona como museo, parcialmente financiado por Roman Polanski, quien fue uno de los niños que pasó por el gueto y perdió a su madre en el campo de concentración de Auschwitz, aunque él y su padre sobrevivieron.
Otra atracción de Podgórze, aunque a unos diez minutos a pie de la plaza, es el Museo de Oskar Schindler (Oskar Schindlers Emaillefabrik), ideal para quienes quieran profundizar en la vida de este personaje histórico. Las fotos que decoran la fachada muestran a todos los judíos que trabajaron en su fábrica de Cracovia.
Gastronomía de Cracovia y vida nocturna
Algunos de los platos típicos que debéis probar en Cracovia son los famosos pierogi, una pasta rellena de aspecto similar al de las empanadillas, a veces servida con chucrut; golonka, codillo de cerdo; y zurek, una sopa de verduras con un sabor ácido que suele servirse dentro de un pan.
Un restaurante muy recomendable para probar estos platos es Pod Wawelem Kompania Kuflowa. En la entrada incluso tienen una báscula, para que podáis pesaros antes y después de comer. Podéis haceros una idea del tamaño de las porciones. Otros lugares que nos recomendaron fueron: Morskie Oko, Kuchnia u Doroty, Bar Smak y Kluska na Placu.
Además, merece la pena conocer los tradicionales “bares de leche” polacos, un concepto que surgió durante la época comunista. Eran cantinas con precios muy asequibles para que los trabajadores se lo pudieran permitir. Uno de los más conocidos es Tradycyjne Polskie Smaki Kuchnia Polska Kraków, que ofrece una gran variedad de platos, sobre todo sopas, muy populares en Polonia. Cada comensal puede elegir lo que quiera en la barra y llevarlo a la mesa; al final se recoge la bandeja. Hoy en día, los precios no son tan bajos como antaño, pero sigue siendo interesante visitar estos lugares para conocer el concepto.
Si os apetece algo dulce, Cukiernia Michałek es una pastelería imprescindible, con una gran variedad de dulces. Su producto más famoso es el pączki, similar a un donut o berlina rellena; no os vayáis sin probarlo.
En general, comidas y bebidas en Cracovia son asequibles, aunque hay un producto que destaca por su precio relativamente alto: el café.
La ciudad también es conocida por su gran ambiente nocturno y su vida estudiantil, con muchos estudiantes Erasmus. Esto hace que las calles siempre estén animadas y que os crucéis con españoles en muchos rincones.
El barrio judío, Kazimierz, destaca por su ambiente alternativo. Aquí se encuentran lugares curiosos como antiguas sinagogas reconvertidas en bares, por ejemplo Café Hevre, con una decoración interior muy curiosa. Otro lugar singular es el Singer Pub, un bar ambientado con máquinas de coser Singer que ofrece gran variedad de cervezas y bebidas; por las noches se transforma en casi un bar-discoteca.
Para quienes quieran probar un trago fuerte, nada mejor que un vaso de Soplica, una de las marcas más antiguas de vodka polaco. Hay distintos sabores, siendo los más populares los de avellana y cereza, destacando sobre todo el primero.
Visitar el Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau
El Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau se encuentra a unos 70 km de Cracovia y fue el mayor complejo de campos construidos por los nazis. Estaba compuesto por tres subcampos principales:- Auschwitz I: campo de concentración y centro administrativo.
- Auschwitz II-Birkenau: campo de concentración y exterminio.
- Auschwitz III-Monowitz: campo de trabajo asociado a la fábrica de caucho sintético IG Farben.
Es importante diferenciar entre campos de concentración y campos de exterminio: los primeros eran centros de detención y trabajo forzado con condiciones infrahumanas, mientras que los segundos estaban diseñados específicamente para asesinar a los prisioneros en cámaras de gas y hornos crematorios.
Auschwitz se construyó en 1940 sobre un antiguo cuartel del ejército polaco, inicialmente destinado solo a prisioneros polacos. A partir de 1942 comenzaron a llegar judíos, prisioneros soviéticos, gitanos, homosexuales y personas perseguidas por sus ideologías políticas (como republicanos). Con el tiempo, se convirtió también en un campo de exterminio. Se calcula que entre 1940 y 1945 cerca de 1,3 millones de personas fueron traídas al campo, de las cuales 1,1 millones murieron, siendo aproximadamente un 90 % judíos. El campo estuvo operativo desde la llegada de los primeros prisioneros, el 14 de junio de 1940, hasta su liberación por el ejército soviético el 27 de enero de 1945, momento en el que solo quedaban 7.000 supervivientes, los más débiles; el resto había sido evacuado a otros campos.
Nada más llegar, los prisioneros eran despojados de todas sus pertenencias y ropas, y se les sometía a un examen. Quienes no podían trabajar eran enviados directamente a las duchas, que en realidad eran cámaras de gas. En el museo del campo se pueden ver muchos de los objetos requisados a los prisioneros al llegar, así como galerías fotográficas que muestran a las víctimas con las fechas de su llegada y de su asesinato.
El complejo contaba con fuertes medidas de seguridad, con torres de vigilancia, una “Zona de interés” de hasta 40 km a la redonda y dobles alambradas de espino de 2,5 a 3 metros, muchas veces electrificadas. Algunos prisioneros incluso se lanzaban contra ellas para suicidarse y poner fin a su sufrimiento.
Durante la visita también se recorren los barracones donde dormían los presos, que llegaban a alojar hasta 500 personas, con 7-8 por litera. Las durísimas condiciones climáticas —con inviernos de hasta -20 °C y veranos muy calurosos— hacían que las enfermedades se propagaran rápidamente.
Se puede visitar una cámara de gas reconstruida, una de las cuatro originales destruidas por los nazis antes de perder la guerra, con el fin de no dejar pruebas. Está dividida en dos secciones: la primera donde se introducía el Zyklon B, un compuesto de cianuro de hidrógeno letal; y la segunda, el crematorio, que llegó a albergar hasta 800 personas. Era el método más eficiente que idearon para asesinar al mayor número de personas en el menor tiempo posible.
Otro lugar emblemático es la puerta de entrada al campo, con el famoso eslogan nazi: “Arbeit macht frei” (“El trabajo os hará libres”), símbolo de la cruel ironía de la propaganda del régimen.
Se puede visitar por libre o mediante visitas organizadas; la entrada al recinto es gratuita, pero contratar un guía es imprescindible para entender la magnitud y el contexto de lo que se está viendo. En nuestra opinión, la experiencia es extremadamente impactante y recomendable dedicar varias horas para aprender y reflexionar sobre una de las etapas más oscuras de la historia.
Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau
Como decíamos, Auschwitz-Birkenau se puede visitar de dos formas: mediante viaje organizado o por transporte público.
- Viaje organizado: Incluye normalmente el transporte en bus desde Cracovia y un guía, lo que facilita mucho la visita, aunque suele ser un poco más caro. La ventaja es que todo está coordinado y el guía suele hablar tu idioma.
- Transporte público: Desde la estación de autobuses de Cracovia, se puede tomar un bus con destino a Oświęcim (nombre polaco de Auschwitz) y bajarse en la parada “Oświęcim Muzeum”, que os deja más cerca del campo. Si bajáis en la parada de “Oświęcim”, en el propio pueblo, tendréis que caminar unos 20 minutos hasta llegar al recinto del campo.
Minas de sal de Wieliczka
Las Minas de Sal de Wieliczka se encuentran en la ciudad de Wieliczka, a unos 15 kilómetros de Cracovia, y se tarda alrededor de media hora en llegar en tren desde la ciudad. Estas minas, declaradas
Patrimonio de la Humanidad en 1978, solo pueden visitarse acompañados de un guía, por lo que es importante informarse previamente sobre los horarios de los tours en español o en otros idiomas.
Aquí podéis ver los precios y los horarios de las visitas en español.
La formación de las minas comenzó hace unos 13,5 millones de años, cuando toda la zona estaba cubierta por un mar que, con el tiempo, se fue evaporando, dejando enormes depósitos de sal. La extracción de este mineral comenzó en el siglo XIII y durante siglos la sal fue un recurso fundamental para la economía local, llegando incluso a usarse como moneda de intercambio, pues con un bloque de sal se podía comprar ganado o territorios. De hecho, la palabra española “salario” proviene de la época romana, en que se usaba la sal como pago para los soldados. En épocas más recientes la sal se vendía principalmente para consumo humano y productos cosméticos, por ejemplo para sales de baño. La mina funcionó de manera activa hasta 1996, y desde entonces se ha convertido únicamente en una atracción turística que recibe aproximadamente 1,2 millones de visitantes al año. Entre sus ilustres visitantes históricos se encuentra Nicolás Copérnico, que recorrió la mina a finales del siglo XV.
La mina desciende hasta 327 metros bajo tierra y está organizada en nueve niveles, con un laberinto de galerías que suman cerca de 245 kilómetros, aunque no todas son accesibles al público. A lo largo de ellas se pueden admirar cuadros y figuras religiosas, pues los mineros polacos son muy religiosos, así como figuras de caballos, que empezaron a ser usados en el siglo XVIII para transportar sal, bajándolos en pozos o con cuerdas hasta los niveles inferiores. Los troncos de madera que se ven en la planta baja servían para sostener la sal que hay en los niveles superiores. Todas las estatuas y relieves que se pueden ver están hechos con sal.
En total, los mineros construyeron hasta cuarenta capillas dentro de la mina, una verdadera ciudad subterránea de arte y fe. El punto más espectacular de la visita es la Capilla de Santa Kinga, ubicada a 101 metros de profundidad. Esta capilla está dedicada a Santa Kinga, princesa húngara y patrona de los mineros polacos, canonizada en 1999 por el papa Juan Pablo II. La capilla está construida enteramente en sal, incluyendo el suelo, las paredes, las escaleras, los techos, los relieves y hasta las lámparas de araña, cuyos cristales de sal no se derriten ya que la sal funde a 800 grados, muy por encima de la temperatura de las bombillas o velas. La decoración que se puede admirar hoy es principalmente del siglo XIX, y destaca un relieve de la Última Cena y una estatua de Juan Pablo II. Lo más curioso es que la capilla sigue en uso hoy en día, celebrándose misa todos los domingos a las 19:30, y también bodas y conciertos.
Otras excursiones desde Cracovia
→No es una excursión como tal, pero una actividad muy entretenida, especialmente en verano, es hacer un crucero por el río Vístula. Navegar por sus aguas permite disfrutar de una perspectiva diferente de la ciudad, contemplando tanto la Colina de Wawel como los puentes y edificios históricos desde el agua, además de ofrecer un momento de relax lejos del bullicio de las calles.
→Otra opción interesante para quienes quieran explorar más allá de Cracovia es visitar
Wroclaw, situada a unas tres horas de viaje. Nosotros hicimos el trayecto con la compañía FlixBus, saliendo desde la estación Dworzec Autobusowy MDA en Cracovia.
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