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Artículo actualizado en: 2026-01-30T08:40:19Z

Cracovia

Cracovia (Kraków en polaco) es la segunda ciudad más poblada de Polonia, con alrededor de 800.000 habitantes, solo por detrás de Varsovia, la actual capital del país. No obstante, cabe destacar que Cracovia fue la capital polaca durante casi seis siglos, desde 1038 hasta 1596, cuando el rey Segismundo III decidió trasladar la sede del poder a Varsovia. El nombre de la ciudad procede, según la tradición, de su supuesto fundador, el príncipe polaco Krakus.

Para muchos, Cracovia es la ciudad más bonita de Polonia. Además, aunque el coste de vida ha aumentado en los últimos años, los precios siguen siendo relativamente asequibles gracias al valor de la moneda nacional, el złoty (PLN), cuya pronunciación es swóti. Por todo ello, Cracovia se ha consolidado como uno de los destinos turísticos más populares de Europa.

A pesar de no haber adoptado el euro, Polonia forma parte de la Unión Europea desde 2004. Su idioma oficial es el polaco, considerado uno de los más difíciles de Europa, aunque con saber que “sí” se dice no, ya podemos empezar😁.

Cracovia es también un destino Erasmus muy popular, ya que cuenta con una fuerte tradición universitaria: la primera universidad del país se fundó en esta ciudad. En general, los estudios universitarios suelen ser gratuitos para los ciudadanos de la Unión Europea o implican tasas muy reducidas, especialmente si se cursan en polaco.

    ¿Qué ver en Cracovia?

    Plaza Del Mercado

    El punto de partida de cualquier visita a Cracovia debe ser la Plaza del Mercado, conocida como Rynek Główny. Se trata de la plaza central del casco antiguo de la ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1978. Resulta impresionante no solo por su belleza, sino también por sus dimensiones, ya que, con 40.000 metros cuadrados, es la plaza medieval más grande de Europa.

    Además, puede decirse que ha tenido suerte, ya que su excelente estado de conservación se debe a que no sufrió daños durante la Segunda Guerra Mundial, a diferencia de lo ocurrido en Varsovia. Cracovia fue ocupada por los nazis prácticamente sin oposición y, durante ese periodo, la plaza pasó a llamarse Plaza de Adolf Hitler. En el centro de la plaza se alza el Monumento a Adam Mickiewicz (Pomnik Adama Mickiewicza), uno de los poetas más importantes de la historia polaca. No obstante, tras la ocupación nazi de la ciudad en 1939, la estatua fue derribada y se prohibió cualquier tipo de referencia al poeta.

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    Plaza Rynek Główny

    Además de la estatua de Adam Mickiewicz, en esta plaza se encuentran cuatro edificios principales:

    Basílica de María Santísima (Bazylika Mariacka). Esta iglesia gótica es la más famosa de Cracovia y resulta fácilmente reconocible no solo por su tamaño, sino también por su característico ladrillo rojo y, sobre todo, por sus dos torres desiguales. La basílica actual data de 1365 y fue reconstruida por orden del rey Casimiro III el Grande en el mismo lugar donde anteriormente se alzaba otra iglesia de 1221. Las torres se finalizaron en 1400 y 1406, y la más alta alcanza los 80 metros de altura.

    Resulta evidente que las dos torres no son iguales. Según la leyenda, dos hermanos arquitectos competían por ver quién era capaz de construir la torre más alta. La rivalidad llegó a tal extremo que el hermano responsable de la torre más baja, al verse superado, asesinó al otro y, posteriormente, arrepentido, se suicidó arrojándose desde la torre que él mismo había levantado. En determinadas épocas del año es posible subir a una de las torres y disfrutar de unas vistas espectaculares de la plaza y de sus alrededores.

    Sin embargo, lo verdaderamente imprescindible es acceder a su interior, donde quedaréis impresionados por su arquitectura gótica, su rica gama de colores y su auténtica joya: el retablo gótico de madera, el más grande de Europa, con 13 metros de altura y 11 de anchura. Esta obra, realizada en 1488 por el escultor alemán Veit Stoss, está compuesta por 200 figuras que representan distintas escenas de la vida de Cristo. La entrada es de pago, pero merece la pena: cuesta 15 złoty y las entradas se adquieren en una caseta situada justo enfrente. La iglesia dispone de dos accesos: el principal, destinado a las personas que acuden a misa, y el de la derecha, reservado para los turistas.

    Otra de las tradiciones más conocidas es escuchar al trompetista de la torre. Cada hora en punto, un músico —que, según la tradición, suele ser un bombero o un soldado jubilado o a punto de retirarse— se asoma por la ventana e interpreta una melodía con su trompeta y, al finalizar, saluda al público. Se trata de una costumbre con más de 700 años de antigüedad, que en su origen servía para anunciar la llegada de enemigos a la ciudad y alertar a la población.

    Existe además una leyenda vinculada a esta tradición: en 1241, cuando los ejércitos tártaros —procedentes de Europa del Este, Rusia y Asia Central— llegaron a Cracovia con la intención de invadir Polonia, un vigilante subió a la torre para tocar la melodía de alarma. Sin embargo, en mitad de la interpretación, uno de los arqueros le atravesó la garganta con una flecha, causándole la muerte en el acto. Como recuerdo de este suceso, la melodía que se interpreta hoy en día termina de forma abrupta. También se dice que, si el trompetista te mira mientras toca, volverás algún día a Cracovia.

    La Torre del Ayuntamiento (Wieża ratuszowa). Se trata de una torre gótica de piedra, de 70 metros de altura, que formaba parte del antiguo ayuntamiento de Cracovia.

    →Iglesia de San Alberto (Kościół Świętego Wojciecha). Fue construida originalmente en estilo románico en el siglo XI, lo que la convierte en la iglesia más antigua de la ciudad. A lo largo del tiempo ha sido reformada en varias ocasiones, destacando una intervención en estilo barroco durante los siglos XVII y XVIII.

    Sukiennice o lonja de los Paños. Construido en el siglo XIII como centro de comercio, este edificio de estilo renacentista alcanzó su máximo esplendor en el siglo XV. En la actualidad es el principal mercado para la compra de souvenirs, donde se pueden encontrar todo tipo de productos, como prendas de ropa, alfombras y joyas, especialmente de ámbar, el material más representativo de Cracovia. El ámbar procede de la resina de los árboles una vez fosilizada, un proceso que puede durar hasta 40.000 años, lo que explica su elevado precio.

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    Edificio Sukiennice

    Al salir de la plaza y tras caminar apenas dos o tres minutos, llegamos al Collegium Maius, un edificio de estilo gótico perteneciente a la Universidad Jagellónica de Cracovia. Tanto la universidad como este edificio fueron fundados en 1364 por orden del rey Casimiro III el Grande, lo que convierte a la Universidad Jagellónica en la más antigua del país.

    Casimiro III el Grande puso especial empeño en el desarrollo de la ciudad: además de fundar la universidad, mandó construir el Castillo de Wawel, que veremos más adelante, y promovió la reforma de la Basílica de María Santísima. Por las aulas de la Universidad Jagellónica han pasado figuras ilustres como el matemático y astrónomo Nicolás Copérnico y el papa Juan Pablo II, aunque este último solo cursó estudios durante un año, entre 1938 y 1939, ya que la universidad tuvo que cerrar a causa de la ocupación nazi.

    El edificio alberga el Museo de la Universidad Jagellónica (Muzeum Uniwersytetu Jagiellońskiego), cuyos horarios pueden consultarse en su página web. La visita puede realizarse de forma libre o guiada, cada una con horarios específicos, y las entradas pueden adquirirse tanto online como en el propio recinto.

    Además del museo, es posible acceder gratuitamente al patio interior, un espacio especialmente bonito que cuenta con un carrillón situado bajo el reloj. En él, varias figuras relacionadas con la universidad —reyes, profesores, el rector, un bedel, entre otros— desfilan al son de una melodía. Este espectáculo tiene lugar todos los días a las 9:00, 11:00, 13:00, 15:00 y 16:00.

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    Patio del Colegio Maius

    El casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad, se extiende a través de varias calles perpendiculares a la Plaza del Mercado. Una de las más transitadas es la calle Floriańska, mientras que otra especialmente destacada es la calle Grodzka, ya que conecta la plaza con la otra gran alma de la ciudad: la Colina de Wawel. A lo largo de esta calle, si nos desviamos ligeramente, se puede llegar al Palacio Arzobispal (Pałac Arcybiskupi), donde se encuentra la conocida “ventana papal”, desde la cual el papa Juan Pablo II solía saludar a los fieles durante sus estancias en la ciudad.

    En esta misma calle Grodzka se encuentran además dos iglesias de gran interés: la iglesia de San Andrés (Kościół św. Andrzeja), de estilo románico y datada en el siglo XI, y la iglesia de San Pedro y San Pablo (Kościół Św. Apostołów Piotra i Pawła), de estilo barroco. Cracovia cuenta con una gran cantidad de iglesias, algo que se explica por el fuerte arraigo del catolicismo en el país: aproximadamente el 70 % de la población polaca es católica, lo que convierte a Polonia en el segundo país europeo con mayor proporción de católicos, solo por detrás de Malta.


    Muralla de Cracovia

    Cracovia fue fortificada en el siglo XIII con una extensa muralla formada por 39 torres y ocho puertas de acceso, con el objetivo de proteger la ciudad. Hoy en día apenas se conservan 200 metros de aquella muralla, y la única puerta que ha llegado intacta hasta nuestros días es la Puerta de San Florián (Brama Floriańska), construida a principios del siglo XIV. Con una altura de 34 metros, debe su nombre a San Florián, patrón de los bomberos y uno de los santos patronos de Cracovia. Se accede a ella a través de la calle Floriańska, la misma que ya mencionamos anteriormente.

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    Puerta de San Florián

    Además de la Puerta de San Florián, otro vestigio de la fortificación medieval que se conserva es la Barbacana (Barbakan w Krakowie), una estructura defensiva auxiliar de forma ovalada rodeada por un foso. Fue construida en 1499 para reforzar la parte norte de la muralla, considerada la más vulnerable, ya que al sur el río Vístula actuaba como barrera natural. Todavía se pueden observar sus siete torres y 130 saeteras, las aperturas por donde se disparaban flechas contra los enemigos. La Barbacana también cumplía una función aduanera, controlando el acceso a la ciudad y cobrando las correspondientes tasas a quienes ingresaban.

    Muy cerca de aquí se encuentra el espectacular Teatro Juliusz Słowacki (Teatr im. Juliusza Słowackiego), construido en 1893 en estilo ecléctico e inspirado en los teatros de París y Viena.


    Colina de Wawel

    Ahora nos dirigimos al río Vístula, el más importante de Polonia, ya que nace y desemboca dentro del país y atraviesa sus dos ciudades más destacadas: Varsovia y Cracovia. Nace en los Montes Cárpatos, tiene una longitud de 1.047 kilómetros y desemboca en el mar Báltico, en Gdansk. De hecho, es el río más largo de todos los que terminan en dicho mar.

    Detrás del río se eleva la Colina de Wawel. Se formó hace unos 150 millones de años, aunque la primera constancia de ocupación humana data del siglo VII d.C., cuando tribus de origen eslavo se asentaron en ella. Gracias a su posición estratégica, los primeros gobernantes de Polonia eligieron este lugar como residencia, y ya en el año 1000 se fundó en la colina el obispado de Cracovia.

    Lo más destacado de la colina es lo siguiente:

    Catedral de Wawel (Katedra Wawelska), también conocida como la catedral de San Wenceslao y San Estanislao. La primera iglesia de piedra se construyó alrededor del año 1000, justo después de la creación del obispado, aunque la catedral que vemos hoy data de 1364 y es de estilo gótico. En este templo católico fueron coronados y casados numerosos reyes polacos, y en su interior descansan muchos de ellos, así como obispos y arzobispos de Cracovia. La entrada es de pago e incluye acceso a la torre, las tumbas reales y el museo de la catedral; los horarios y precios se pueden consultar en su página web. La catedral también alberga la campana más grande de Polonia, que solo se hace sonar en ocasiones especiales, como la proclamación o el fallecimiento del papa Juan Pablo II. Frente a la catedral se encuentra, precisamente, un monumento al papa Juan Pablo II (Pomnik św. Jana Pawła II).

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    Fachada lateral de la Catedral de Wawel

    Castillo Real de Wawel (Zamek Królewski na Wawelu). Cuando Cracovia se convirtió en la capital de Polonia en 1038, los reyes polacos eligieron esta colina para construir su residencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobernador general nazi de la Polonia ocupada, Hans Frank, también convirtió el castillo en su residencia. El castillo se compone de varias secciones, como el primer y segundo piso, las cuevas y otros espacios, cada uno con entradas independientes; en la página web del castillo se puede consultar información detallada y adquirir tickets tanto online como en el lugar, aunque en temporada alta puede ser necesario esperar. También es posible recorrer simplemente el recinto exterior y disfrutar de su patio, considerado uno de los espacios más bonitos del castillo.
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    Castillo Real de Wawel de noche

    Dragón de Wawel. Según la leyenda, un temible dragón habitaba la colina de Wawel y tenía atemorizados a los habitantes de la región, pues devoraba tanto animales como personas. El príncipe Krak, que gobernaba en aquel momento, prometió la mano de la princesa Wanda a quien consiguiera acabar con la criatura. Tras numerosos intentos fallidos, un humilde zapatero llamado Skub encontró la solución: rellenó una oveja con azufre y la colocó frente a la cueva del dragón. El dragón devoró la oveja y, al dirigirse al río para calmar su sed, explotó.

    Hoy en día, se puede visitar la cueva del dragón (Smocza Jama), donde supuestamente vivía, y admirar una escultura del dragón que, cada cinco minutos, escupe fuego. La cueva se encuentra justo al pie de la colina de Wawel.

    Barrio Judío

    La siguiente parada será el barrio judío de Kazimierz. Más que un barrio, habría que hablar de ciudad, ya que así fue concebida desde su creación en 1335 por el rey Casimiro III, hasta 1800, cuando pasó a formar parte de Cracovia como distrito. Los judíos comenzaron a llegar a Polonia alrededor del año 1200, atraídos por la libertad de culto y de comercio que no encontraban en otros lugares. Desde sus orígenes, Kazimierz estuvo habitada tanto por cristianos como por judíos, aunque con el tiempo la comunidad judía creció significativamente. En el siglo XIX, antes de la Segunda Guerra Mundial, se contabilizaban unos 65.000 judíos, aproximadamente el 25 % de la población en ese momento. Durante la ocupación nazi, todos los judíos del barrio fueron trasladados al famoso gueto de Podgórze, al otro lado del río. Tras la guerra, apenas quedaban unos 6.000, y hoy en día la comunidad judía apenas supera los 150 residentes. El barrio quedó prácticamente destruido y abandonado durante las décadas de 1950 y 1960, hasta que en los años 80 comenzó un proceso de reconstrucción.

    El recorrido por Kazimierz puede empezar por la Plaza Nueva (Plac Nowy), dominada por un edificio circular que en 1927 fue alquilado por la comunidad judía para funcionar como matadero de aves de corral, un alimento muy habitual en la comida kosher. Hoy, el edificio se utiliza como mercado de comida callejera, y durante los fines de semana también alberga un pequeño mercadillo. La especialidad más famosa es la zapiekanka —del verbo zapiekać, “hornear”—, una baguette abierta al horno con diversos ingredientes, similar a un panini italiano. El tipo más típico de Cracovia es el Krakovska, que lleva tomate, jamón york, queso y cebollino. Un lugar popular para probarlas es Mrs & Mr Zapiekanka, donde suelen compartirse por su tamaño generoso.

    A apenas cinco minutos caminando llegaremos al Cementerio de Remuh, también conocido como Antiguo Cementerio Judío de Cracovia, construido entre 1535 y 1551. Durante la ocupación nazi, los invasores arrancaron muchas lápidas para usarlas como material de construcción, por lo que hoy apenas quedan vestigios de las que existían antes de la Segunda Guerra Mundial. Una de las pocas que se conserva es la de Izaak Jakubowicz, judío fundador de una de las sinagogas más importantes de la ciudad.

    De las 120 sinagogas registradas en Cracovia en 1930, actualmente solo se conservan siete:
    1. Sinagoga de Izaak Jakubowicz (Synagoga Izaaka Jakubowicza), construida en 1644.
    2. Sinagoga Alta (Synagoga Wysoka), de 1563, actualmente funcionando como librería y espacio de exposiciones.
    3. Sinagoga Vieja (Stara Synagoga), construida en el siglo XV y hoy convertida en museo de pago.
    4. Sinagoga Remuh (Synagoga Remu), de 1557, ubicada junto al cementerio y de acceso con entrada de pago.
    5. Sinagoga Popper (Synagoga Poppera), de 1620, actualmente reconvertida en librería.
    6. Sinagoga Kupa (Synagoga Kupa), hoy también museo de pago.
    7. Sinagoga Tempel (Synagoga Tempel), la más moderna de todas, construida en 1862, con entrada de pago.

    También merece la pena pasar por la calle Józefa 12, donde se encuentra el Pasaż Listy Schindlera, uno de los lugares de rodaje de la película La lista de Schindler (1993), dirigida por Steven Spielberg y ganadora de siete Oscars. En este callejón se encuentra la casa que Spielberg eligió como escenario para varias escenas del filme, que narra la historia real de Oskar Schindler, empresario alemán miembro del partido nazi y propietario de varias fábricas en Polonia, República Checa y otros países. En su fábrica de Cracovia, Schindler logró salvar la vida de cerca de 1.200 judíos durante la ocupación alemana de Polonia. Uno de los recuerdos más icónicos de la película es la foto de la escalera que sube a la casa (a la izquierda) y del arco (a la derecha); podéis compararla con cómo luce hoy en día.

    Con esto termina la visita a Kazimierz, aunque aún queda por explorar la zona del gueto. Al sur del barrio, cruzando el puente, llegamos a Stare Podgórze, que en su momento fue el gueto de Podgórze, adonde fueron enviados todos los judíos de Kazimierz después de que les cerraran las sinagogas, perdieran sus trabajos y, en general, fueran expulsados del distrito.

    El centro del barrio lo constituye la Plaza Héroes del Gueto (Plac Bohaterów Getta), donde concentraban a los judíos antes de trasladarlos a los campos de concentración y exterminio. Las 70 sillas que decoran la plaza sirven como homenaje simbólico: cada una representa a 1.000 judíos que fueron víctimas del Holocausto.

    En una de las esquinas de la plaza se encuentra un lugar histórico, la Farmacia bajo el águila (Apteka pod Orłem), llamada así por la figura del águila que adorna su interior. Fue famosa porque su propietario, Tadeusz Pankiewicz (1908-1993), junto con dos empleadas polacas, ayudaron a muchos judíos del gueto. Aunque la farmacia existía antes de la Segunda Guerra Mundial y Pankiewicz era polaco, no judío, decidió quedarse y asistir a los habitantes del gueto, a pesar del riesgo que ello suponía. Tras la guerra, la farmacia siguió funcionando hasta 1967 y hoy funciona como museo, parcialmente financiado por Roman Polanski, quien fue uno de los niños que pasó por el gueto y perdió a su madre en el campo de concentración de Auschwitz, aunque él y su padre sobrevivieron.

    Otra atracción de Podgórze, aunque a unos diez minutos a pie de la plaza, es el Museo de Oskar Schindler (Oskar Schindlers Emaillefabrik), ideal para quienes quieran profundizar en la vida de este personaje histórico. Las fotos que decoran la fachada muestran a todos los judíos que trabajaron en su fábrica de Cracovia.

    Gastronomía de Cracovia y vida nocturna

    Algunos de los platos típicos que debéis probar en Cracovia son los famosos pierogi, una pasta rellena de aspecto similar al de las empanadillas, a veces servida con chucrut; golonka, codillo de cerdo; y zurek, una sopa de verduras con un sabor ácido que suele servirse dentro de un pan.

    Un restaurante muy recomendable para probar estos platos es Pod Wawelem Kompania Kuflowa. En la entrada incluso tienen una báscula, para que podáis pesaros antes y después de comer. Podéis haceros una idea del tamaño de las porciones. Otros lugares que nos recomendaron fueron: Morskie Oko, Kuchnia u Doroty, Bar Smak y Kluska na Placu.

    Además, merece la pena conocer los tradicionales “bares de leche” polacos, un concepto que surgió durante la época comunista. Eran cantinas con precios muy asequibles para que los trabajadores se lo pudieran permitir. Uno de los más conocidos es Tradycyjne Polskie Smaki Kuchnia Polska Kraków, que ofrece una gran variedad de platos, sobre todo sopas, muy populares en Polonia. Cada comensal puede elegir lo que quiera en la barra y llevarlo a la mesa; al final se recoge la bandeja. Hoy en día, los precios no son tan bajos como antaño, pero sigue siendo interesante visitar estos lugares para conocer el concepto.

    Si os apetece algo dulce, Cukiernia Michałek es una pastelería imprescindible, con una gran variedad de dulces. Su producto más famoso es el pączki, similar a un donut o berlina rellena; no os vayáis sin probarlo.

    En general, comidas y bebidas en Cracovia son asequibles, aunque hay un producto que destaca por su precio relativamente alto: el café.

    La ciudad también es conocida por su gran ambiente nocturno y su vida estudiantil, con muchos estudiantes Erasmus. Esto hace que las calles siempre estén animadas y que os crucéis con españoles en muchos rincones.

    El barrio judío, Kazimierz, destaca por su ambiente alternativo. Aquí se encuentran lugares curiosos como antiguas sinagogas reconvertidas en bares, por ejemplo Café Hevre, con una decoración interior muy curiosa. Otro lugar singular es el Singer Pub, un bar ambientado con máquinas de coser Singer que ofrece gran variedad de cervezas y bebidas; por las noches se transforma en casi un bar-discoteca.

    Para quienes quieran probar un trago fuerte, nada mejor que un vaso de Soplica, una de las marcas más antiguas de vodka polaco. Hay distintos sabores, siendo los más populares los de avellana y cereza, destacando sobre todo el primero.

    Visitar el Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau

    El Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau se encuentra a unos 70 km de Cracovia y fue el mayor complejo de campos construidos por los nazis. Estaba compuesto por tres subcampos principales:
    • Auschwitz I: campo de concentración y centro administrativo.
    • Auschwitz II-Birkenau: campo de concentración y exterminio.
    • Auschwitz III-Monowitz: campo de trabajo asociado a la fábrica de caucho sintético IG Farben.
    Es importante diferenciar entre campos de concentración y campos de exterminio: los primeros eran centros de detención y trabajo forzado con condiciones infrahumanas, mientras que los segundos estaban diseñados específicamente para asesinar a los prisioneros en cámaras de gas y hornos crematorios.

    Auschwitz se construyó en 1940 sobre un antiguo cuartel del ejército polaco, inicialmente destinado solo a prisioneros polacos. A partir de 1942 comenzaron a llegar judíos, prisioneros soviéticos, gitanos, homosexuales y personas perseguidas por sus ideologías políticas (como republicanos). Con el tiempo, se convirtió también en un campo de exterminio. Se calcula que entre 1940 y 1945 cerca de 1,3 millones de personas fueron traídas al campo, de las cuales 1,1 millones murieron, siendo aproximadamente un 90 % judíos. El campo estuvo operativo desde la llegada de los primeros prisioneros, el 14 de junio de 1940, hasta su liberación por el ejército soviético el 27 de enero de 1945, momento en el que solo quedaban 7.000 supervivientes, los más débiles; el resto había sido evacuado a otros campos.

    Nada más llegar, los prisioneros eran despojados de todas sus pertenencias y ropas, y se les sometía a un examen. Quienes no podían trabajar eran enviados directamente a las duchas, que en realidad eran cámaras de gas. En el museo del campo se pueden ver muchos de los objetos requisados a los prisioneros al llegar, así como galerías fotográficas que muestran a las víctimas con las fechas de su llegada y de su asesinato.

    El complejo contaba con fuertes medidas de seguridad, con torres de vigilancia, una “Zona de interés” de hasta 40 km a la redonda y dobles alambradas de espino de 2,5 a 3 metros, muchas veces electrificadas. Algunos prisioneros incluso se lanzaban contra ellas para suicidarse y poner fin a su sufrimiento.

    Durante la visita también se recorren los barracones donde dormían los presos, que llegaban a alojar hasta 500 personas, con 7-8 por litera. Las durísimas condiciones climáticas —con inviernos de hasta -20 °C y veranos muy calurosos— hacían que las enfermedades se propagaran rápidamente.

    Se puede visitar una cámara de gas reconstruida, una de las cuatro originales destruidas por los nazis antes de perder la guerra, con el fin de no dejar pruebas. Está dividida en dos secciones: la primera donde se introducía el Zyklon B, un compuesto de cianuro de hidrógeno letal; y la segunda, el crematorio, que llegó a albergar hasta 800 personas. Era el método más eficiente que idearon para asesinar al mayor número de personas en el menor tiempo posible.

    Otro lugar emblemático es la puerta de entrada al campo, con el famoso eslogan nazi: “Arbeit macht frei” (“El trabajo os hará libres”), símbolo de la cruel ironía de la propaganda del régimen.

    Se puede visitar por libre o mediante visitas organizadas; la entrada al recinto es gratuita, pero contratar un guía es imprescindible para entender la magnitud y el contexto de lo que se está viendo. En nuestra opinión, la experiencia es extremadamente impactante y recomendable dedicar varias horas para aprender y reflexionar sobre una de las etapas más oscuras de la historia.

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    Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau

    Como decíamos, Auschwitz-Birkenau se puede visitar de dos formas: mediante viaje organizado o por transporte público.
    • Viaje organizado: Incluye normalmente el transporte en bus desde Cracovia y un guía, lo que facilita mucho la visita, aunque suele ser un poco más caro. La ventaja es que todo está coordinado y el guía suele hablar tu idioma.
    • Transporte público: Desde la estación de autobuses de Cracovia, se puede tomar un bus con destino a Oświęcim (nombre polaco de Auschwitz) y bajarse en la parada “Oświęcim Muzeum”, que os deja más cerca del campo. Si bajáis en la parada de “Oświęcim”, en el propio pueblo, tendréis que caminar unos 20 minutos hasta llegar al recinto del campo.

    Minas de sal de Wieliczka

    Las Minas de Sal de Wieliczka se encuentran en la ciudad de Wieliczka, a unos 15 kilómetros de Cracovia, y se tarda alrededor de media hora en llegar en tren desde la ciudad. Estas minas, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1978, solo pueden visitarse acompañados de un guía, por lo que es importante informarse previamente sobre los horarios de los tours en español o en otros idiomas. Aquí podéis ver los precios y los horarios de las visitas en español.

    La formación de las minas comenzó hace unos 13,5 millones de años, cuando toda la zona estaba cubierta por un mar que, con el tiempo, se fue evaporando, dejando enormes depósitos de sal. La extracción de este mineral comenzó en el siglo XIII y durante siglos la sal fue un recurso fundamental para la economía local, llegando incluso a usarse como moneda de intercambio, pues con un bloque de sal se podía comprar ganado o territorios. De hecho, la palabra española “salario” proviene de la época romana, en que se usaba la sal como pago para los soldados. En épocas más recientes la sal se vendía principalmente para consumo humano y productos cosméticos, por ejemplo para sales de baño. La mina funcionó de manera activa hasta 1996, y desde entonces se ha convertido únicamente en una atracción turística que recibe aproximadamente 1,2 millones de visitantes al año. Entre sus ilustres visitantes históricos se encuentra Nicolás Copérnico, que recorrió la mina a finales del siglo XV.

    La mina desciende hasta 327 metros bajo tierra y está organizada en nueve niveles, con un laberinto de galerías que suman cerca de 245 kilómetros, aunque no todas son accesibles al público. A lo largo de ellas se pueden admirar cuadros y figuras religiosas, pues los mineros polacos son muy religiosos, así como figuras de caballos, que empezaron a ser usados en el siglo XVIII para transportar sal, bajándolos en pozos o con cuerdas hasta los niveles inferiores. Los troncos de madera que se ven en la planta baja servían para sostener la sal que hay en los niveles superiores. Todas las estatuas y relieves que se pueden ver están hechos con sal. 

    En total, los mineros construyeron hasta cuarenta capillas dentro de la mina, una verdadera ciudad subterránea de arte y fe. El punto más espectacular de la visita es la Capilla de Santa Kinga, ubicada a 101 metros de profundidad. Esta capilla está dedicada a Santa Kinga, princesa húngara y patrona de los mineros polacos, canonizada en 1999 por el papa Juan Pablo II. La capilla está construida enteramente en sal, incluyendo el suelo, las paredes, las escaleras, los techos, los relieves y hasta las lámparas de araña, cuyos cristales de sal no se derriten ya que la sal funde a 800 grados, muy por encima de la temperatura de las bombillas o velas. La decoración que se puede admirar hoy es principalmente del siglo XIX, y destaca un relieve de la Última Cena y una estatua de Juan Pablo II. Lo más curioso es que la capilla sigue en uso hoy en día, celebrándose misa todos los domingos a las 19:30, y también bodas y conciertos.

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    Capilla de Santa Kinga

    Otras excursiones desde Cracovia

    →No es una excursión como tal, pero una actividad muy entretenida, especialmente en verano, es hacer un crucero por el río Vístula. Navegar por sus aguas permite disfrutar de una perspectiva diferente de la ciudad, contemplando tanto la Colina de Wawel como los puentes y edificios históricos desde el agua, además de ofrecer un momento de relax lejos del bullicio de las calles.

    →Otra opción interesante para quienes quieran explorar más allá de Cracovia es visitar Wroclaw, situada a unas tres horas de viaje. Nosotros hicimos el trayecto con la compañía FlixBus, saliendo desde la estación Dworzec Autobusowy MDA en Cracovia.

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