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Artículo actualizado en: 2026-02-01T19:27:43Z

Bérgamo

A tan solo 50 kilómetros al noreste de Milán se alza la encantadora ciudad de Bérgamo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2017. Un reconocimiento que confirma lo que el viajero descubre al llegar: un destino imprescindible en cualquier ruta por el norte de Italia.

    ¿Cómo llegar a Bérgamo?

    🚄Si viajáis desde Milán, que es lo más habitual, la forma más fácil, rápida y económica es tomar el tren desde Milano Centrale. El trayecto dura aproximadamente 50 minutos y los horarios se pueden consultar en la web de Trenitalia.

    Los billetes se pueden comprar por Internet o en las máquinas de las estaciones de tren, tanto en Milano Centrale como en la de Bérgamo (que solo tiene una). Nosotros compramos la ida por Internet y la vuelta en las máquinas, ya que no sabíamos con exactitud a qué hora regresaríamos. Recordad que, si compráis los tickets en las máquinas, es obligatorio validarlos antes de subir al tren.

    Si vuestro viaje comienza en avión, Bérgamo cuenta con aeropuerto propio, el Aeroporto di Bergamo-Orio al Serio (BGY), ubicado a solo 4 kilómetros del centro. Desde allí, se puede llegar a la estación central de Bérgamo en el autobús número 1, que circula cada 15-20 minutos, y el trayecto dura alrededor de 15 minutos.

    ¿Qué ver en Bérgamo?

    La ciudad de Bérgamo es muy curiosa porque está dividida en dos partes bien diferenciadas: la ciudad baja (Città Bassa), donde vive la mayoría de la población y que tiene el aspecto de una ciudad moderna, y la ciudad alta (Città Alta), que corresponde al casco antiguo, lleno de calles y edificios con siglos de historia.

    Bergamo se asienta sobre el antiguo asentamiento romano de Bergomum, que fue parcialmente destruido durante las invasiones en el siglo V de Atila, líder de los hunos. La ciudad actual se desarrolló principalmente en la Edad Media, especialmente en la colina de la Città Alta, conservando murallas y edificios históricos que reflejan su evolución a lo largo de los siglos.

    Por eso, la mayoría de los visitantes se centra directamente en la parte alta.

    Ciudad Baja de Bérgamo

    La estación de trenes de Bérgamo se encuentra en la parte baja de la ciudad, y desde allí se puede llegar a la zona alta en unos 20 minutos andando. El camino es sencillo, basta con seguir una calle, y caminarlo a pie es recomendable porque permite conocer la ciudad baja y descubrir algunos de sus edificios más importantes.

    En realidad, esta calle que mencionamos consta de tres calles consecutivas: Viale Papa Giovanni XXIII, Viale Roma y Viale V. Emanuele II, desde las cuales se puede ver la ciudad alta en todo momento. Entre los principales atractivos que se encuentran en este recorrido destacan:
    • Chiesa Prepositurale di Santa Maria Immacolata delle Grazie: la primera iglesia en este emplazamiento data de 1422, pero en el siglo XIX, con la construcción de esta gran avenida que conecta la estación con la ciudad alta, se decidió reconstruirla entre 1857 y 1875.
    • Atalanta Store ⚽: la tienda oficial del Atalanta Bérgamo, el equipo de fútbol de la ciudad y, en los últimos años, uno de los mejores de Italia. Es prescindible para quienes no sean aficionados al fútbol, pero interesante si os gusta.
    • Propilei di Porta Nuova: dos propileos construidos en estilo neoclásico en 1837 con motivo de la visita de Fernando I de Austria.
    • Torre dei Caduti: inaugurada por Mussolini en 1924 como homenaje a los bergamascos caídos durante la Primera Guerra Mundial y para hacer un llamamiento a la unidad nacional. Hoy en día funciona como museo de historia de la ciudad.
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    Ciudad baja: propileos de Puerta Nueva y ciudad alta de fondo

    Este recorrido nos llevará directamente al Funicolare Città Alta, el funicular que utilizaremos para subir a la ciudad alta. Quienes prefieran hacerlo caminando, encontrarán el camino de subida justo a la izquierda del funicular. El operador del funicular es ATB, y los tickets se pueden adquirir en ventanilla, en el puesto situado junto al funicular, o consultando los distintos tipos de billetes y precios en su página web. Nosotros optamos por el ticket sencillo, uno para la ida y otro para la vuelta. Otra opción es subir en funicular y bajar caminando; lo que prefiera cada uno.

    Ciudad Alta de Bérgamo

    Nada más llegar a la ciudad alta, se percibe un cambio evidente: el ambiente es más medieval y pintoresco. Aquí da igual qué ruta se siga, ya que los principales puntos de interés están bastante concentrados y se pueden visitar en poco tiempo.

    Comenzaremos tomando la calle que se abre en diagonal hacia la izquierda para dirigirnos a la Piazza del Duomo, una plaza muy bonita, aunque conviene estar atentos, ya que alberga numerosos edificios muy próximos entre sí, lo que puede dificultar identificarlos.

    → El primer edificio que visitaremos es la Catedral de Bérgamo (Cattedrale di Sant'Alessandro Martire), también conocida como il Duomo di Bergamo. Contrariamente a lo que podría esperarse, es el edificio más sencillo de la plaza. Está dedicada a San Alejandro, patrón de la ciudad. Su interior es muy bonito y cuenta con varias capillas, siendo la más destacada la dedicada al papa Juan XXIII (Giovanni XXIII), nacido en Bérgamo en 1881, donde se conservan sus reliquias expuestas al público. La entrada es gratuita.

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    Catedral de Bérgamo

    Capilla ColleoniEste es uno de los edificios más fáciles de reconocer, gracias a su impresionante fachada de mármol en colores negro, blanco y rojo. Se trata de un mausoleo construido en 1476 por Bartolomeo Colleoni, un mercenario y condotiero bergamasco del siglo XV de gran relevancia en su época, destinado a él mismo y a su hija. Colleoni luchó principalmente para Nápoles, Milán y Venecia, y su influencia fue tal que llegó a solicitar una estatua ecuestre en la Plaza de San Marcos de Venecia. Finalmente, la estatua se construyó, pero se ubicó en la plaza Campo Santi Giovanni e Paolo. Para construirse su mausoleo, Colleoni y sus soldados demolieron la sacristía de la contigua basílica de Santa Maria Maggiore, por eso de la sensación de que está “incrustada” sobre ella.

    En su interior sobresale el sarcófago de Bartolomeo Colleoni, de mármol y ricamente ornamentado con figuras esculpidas, junto a una figura ecuestre del propio Colleoni, realizada en madera tallada y pintada en oro.

    Un detalle curioso lo encontramos en la verja izquierda de la entrada: el escudo heráldico familiar, que los visitantes suelen frotar para atraer la buena suerte. Lo que a simple vista parecen tres gotas de agua, según la leyenda, serían tres testículos, en referencia a la supuesta enfermedad de Bartolomeo Colleoni, el poliorquidismo (tener tres testículos). Cabe destacar que no hay evidencia histórica de que esto fuera cierto, y el escudo en realidad representa su apellido: “Colleoni” significa “testículo”, un equivalente fonético lombardo de la palabra italiana coglioni.

    Basilica de Santa María la Mayor (Basilica di Santa Maria Maggiore). Esta basílica católica comenzó a construirse en 1137 y su origen está envuelto en leyenda: se dice que durante una epidemia de peste, los habitantes de Bérgamo pidieron a la Virgen su protección y, al sentirse salvados, cumplieron su promesa erigiendo esta imponente iglesia. La construcción se prolongó durante varios siglos, completándose en 1491 con la nueva sacristía tras la demolición de la original por los Colleoni. La entrada se encuentra junto a la Capilla Colleoni y se reconoce fácilmente por los leones que custodian el acceso. Su interior es impresionante, quizás hasta excesivamente recargado: los frescos, pilares, cúpulas, elementos decorativos y el suelo en ajedrez son de lo más destacado. La entrada tiene un coste de 5 € (2 € para jóvenes de entre 14 y 25 años y mayores de 70) y es posible utilizar una audioguía gratuita a través de un código QR desde el móvil. El horario es diario de 9:00 a 18:00, aunque entre semana cierra entre 12:30 y 14:30.

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    Vistas de la Capilla Colleoni y Basílica detrás desde la Torre Civica

    Ahora nos dirigimos a la plaza contigua, la Piazza Vecchia (Plaza Vieja), una de las plazas más bellas de Italia, rodeada de palacios históricos, la torre del Campanone y una elegante fuente central. Tanto que, según se dice, el famoso arquitecto Le Corbusier afirmó que “si se moviera una sola piedra de esta plaza, sería un crimen”, destacando la perfección de su conjunto.

    Para llegar hasta ella, hay que atravesar los arcos del Palazzo della Ragione, que sirven como punto de referencia, ya que separan esta plaza de la Piazza del Duomo. Este palacio, construido en el siglo XII, era el lugar donde se tramitaban asuntos judiciales y es, de hecho, el palacio comunal más antiguo de Italia. Hoy en día funciona como museo y se puede visitar su interior de manera gratuita, de 11:00 a 18:00, todos los días excepto los martes, accediendo a través de la escalera principal.

    Otro de los grandes tesoros de la Plaza Vieja es la Torre Civica, construida en el siglo XII y con una altura aproximada de 52 metros. También se le conoce como Campanoneque no solo es la campana más grande de la torre, también es la más grande de toda Lombardía, construida en 1656. A lo largo de su historia, la torre no solo sirvió para dar la hora y avisar del cierre de las puertas de la ciudad: en algún momento también funcionó como prisión, añadiendo un toque de misterio a sus muros. Subir a la torre permite disfrutar de vistas espectaculares de Bérgamo, especialmente de la cercana Piazza del Duomo como podéis ver en la imagen anterior. Se puede subir en ascensor, aunque se recomienda descender por las escaleras para evitar aglomeraciones en los espacios estrechos. La tradición histórica de la campana se conserva hasta hoy: originalmente, avisaba a los ciudadanos del cierre de las murallas tocando 100 veces a las 10 de la noche, y cada día, a las 22:00, el Campanone repite el ritual, recordando la vida medieval de la ciudad.

    La entrada incluye también el acceso al Palazzo del Podestà, el palacio donde se encuentra la torre, que alberga un museo interactivo que, en nuestra opinión, no tiene mayor interés.

    Otros monumentos destacados de la plaza son la Fontana Contarini, construida en 1780 y situada en el centro de la plaza, y el Palacio Nuevo (Palazzo Nuovo), ubicado en el lado opuesto al Palazzo della Ragione. Este palacio se construyó entre 1603 y 1928 y durante tres siglos sirvió como ayuntamiento de Bérgamo.

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    Piazza Vecchia: Palazzo della Ragione y Torre Civica

    Con esto ya habremos visitado los principales edificios de la ciudad, así que ahora toca pasear por sus calles. Desde el Palazzo Nuovo parte la Via Gombito, la avenida principal de la ciudad alta. Está llena de tiendas, restaurantes y otros puntos de interés, como la Torre del Gombito, construida en el siglo XIII, o el Antico Lavatoio, un lavadero de mármol de 1891 situado en una encantadora plaza. La Via Gombito desemboca en la Piazza Mercato delle Scarpe, que es precisamente donde empezamos nuestro recorrido al salir del funicular.

    Si tomamos esta calle en sentido contrario desde el Palazzo Nuovo, nos encontraremos en la Via Bartolomeo Colleoni, de similar belleza e importancia que la Via Gombito, también repleta de historia y edificios destacados.

    Siguiendo esta calle hasta su final llegaremos a la Piazza della Cittadella, casi al límite del casco antiguo. Desde aquí se atraviesa la Cittadella para tomar otro funicular, el Funicolare S. Vigilio, que nos llevará a una de las últimas paradas: el Parque del Castillo de San Vigilio. Los precios son los mismos que los del funicular anterior, ya que ambos están operados por la misma empresa, ATB. Además, el billete sencillo tiene una validez de 75 minutos, lo que permite subir y bajar con el mismo ticket, tiempo de sobra para recorrer esta zona sin prisas.

    El Parque del Castillo de San Vigilio (Parco del Castello di San Vigilio) se encuentra en el lugar donde antes estaba el Castillo de San Vigilio, una fortaleza de gran importancia histórica. Su ubicación privilegiada en la parte más alta de la ciudad lo convirtió en residencia de los gobernantes de Bérgamo. Hoy apenas quedan algunas torres y murallas, y el espacio se ha transformado en un agradable parque abierto al público, con menos turistas que en el casco antiguo y vistas espectaculares de la ciudad alta.

    Al salir del funicular, girad a la derecha y seguid el camino hasta ver el parque y los restos del castillo a la izquierda. Aquí, por cierto, hay baños públicos gratuitos. Podéis pasear por la explanada y subir por una de las torres hasta lo alto, donde hay otra zona de parque con excelentes vistas. Desde este punto, se puede regresar caminando al funicular. Cabe destacar que las mejores panorámicas de la ciudad alta se obtienen desde la plataforma situada junto a la entrada y salida del funicular, conocida como Panorama da S. Vigilio.

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    Vistas desde el Panorama da S. Vigilio

    Desde esta zona, podemos volver a coger el funicular de regreso a la ciudad alta para visitar un último punto de interés: la Porta San Giacomo. Esta será nuestra última parada antes de bajar, aunque si subisteis caminando en lugar de usar el funicular, probablemente ya la habréis visto, pues se encuentra junto al camino de subida y bajada. Desde aquí también se disfrutan buenas vistas de la ciudad baja.

    La Porta San Giacomo es todo un símbolo de Bérgamo, un icono que seguramente habréis visto en postales o souvenirs. Es una de las cuatro puertas de acceso a la ciudad amurallada y fue construida en 1592 con mármol blanco rosado. El conjunto de la Città Alta y las murallas venecianas (Mura Veneziane) que la rodean fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2017. Estas murallas reciben su nombre porque fueron levantadas por la República de Venecia (Serenissima Repubblica Veneta) a partir de 1561, sumando un total de 6 km. Para su construcción se derribaron más de 250 edificios que existían en la colina, abriendo espacio para las imponentes fortificaciones.

    La Porta San Giacomo es todo un símbolo de Bérgamo, un icono que seguramente habréis visto en postales o souvenirs. Es una de las cuatro puertas de acceso a la ciudad amurallada y fue construida en 1592 con mármol blanco rosado. El conjunto de la Ciudad Alta y las murallas venecianas (Mura Veneziane) que rodean la ciudad, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2017.  Estas murallas se comenzaron a construir en 1561, en la época en que Bérgamo formaba parte de la República de Venecia, y se extienden a lo largo de 6 km. Para levantar estas imponentes fortificaciones, se derribaron más de 250 edificios que ocupaban la colina, creando un sistema defensivo que aún hoy domina el paisaje.

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    Porta San Giacomo

    Con esto damos por concluida la visita a Bérgamo. A la hora de regresar, podéis tomar el funicular de vuelta a la ciudad baja o descender caminando, según prefiráis.

    ¿Qué y dónde comer en Bérgamo?

    La gastronomía de Bérgamo está basada principalmente en los sabores de la región de Lombardía, aunque también cuenta con algunos platos típicos que solo podréis probar durante vuestra visita a la ciudad.

    Casoncelli alla bergamasca – Se trata de una pasta fresca similar a los ravioli, rellena de carne y servida con una salsa de mantequilla y parmesano. Este plato se encuentra en prácticamente todos los restaurantes de la ciudad y su precio ronda los 17 € por ración. Nosotros lo probamos en el Da Mimmo Bergamo Alta, en Via Bartolomeo Colleoni, 17; por fuera puede parecer caro, pero en realidad es algo más económico que en otros lugares del centro.

    Polenta – En Bérgamo no es típico lo que uno suele asociar con Italia, como la pizza, los espaguetis o los macarrones. Su auténtica especialidad es la polenta, un plato tradicional de la región de Lombardía que durante siglos ha sido la base de la alimentación local. Se sirve caliente y cremosa, en platos hondos, y se come con cuchara. Un local ideal para probarla es Polentone, en la Piazza Mercato delle Scarpe, acompañada de guisos de carne, quesos o setas.

    Polenta e osei – Una deliciosa versión dulce de la tradicional polenta de Bérgamo: se presenta en forma de pequeña bola amarilla rellena de chocolate, almendra y mazapán. Parece contundente —y de hecho lo es—, pero sorprendentemente no resulta empalagoso. Podréis encontrarlo en muchas pastelerías de la ciudad; nosotros lo probamos en Panificio Tresoldi (Via Bartolomeo Colleoni), que ofrece un tamaño más pequeño, aunque otra pastelería muy conocida es Nessi, en Via Gombito.

    Helado de Stracciatella – A los bergamascos les encanta el helado, y no dudan en disfrutarlo incluso en pleno invierno. Aunque hoy en día es un sabor clásico y muy popular, lo curioso es que este helado nació precisamente en Bérgamo, en 1961, en el Ristorante La Marianna. Su inventor, Enrico Panattoni, se inspiró en la sopa stracciatella, una receta tradicional italiana en la que el huevo batido se vierte en caldo caliente formando pequeñas hebras. Panattoni adaptó esta idea al helado: mezcló nata con chocolate, y al congelarse, el chocolate se rompe en finas virutas, dando lugar a la textura característica de la stracciatella que hoy conocemos. Si visitáis la ciudad en un día caluroso, no dejéis de probarlo: podréis decir que habéis degustado stracciatella en su ciudad de origen.

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