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Artículo actualizado en: 2026-01-25T17:04:12Z

Korčula

Las islas son, sin duda, uno de los mayores tesoros de Croacia y una visita imprescindible en cualquier viaje por el país. Con 1.185 islas, islotes y peñascos salpicando la costa adriática, y unas 66 habitadas permanentemente, cada isla ofrece su propio encanto mediterráneo: aguas cristalinas, paisajes naturales espectaculares y pintorescos pueblos de calles empedradas que parecen detenidos en el tiempo.

Durante nuestra ruta hacia el norte desde Dubrovnik, visitamos la isla de Hvar y la de Korčula. En ambos casos, es muy recomendable pasar al menos una noche, ya que solo así se pueden descubrir con calma todos los encantos que ofrecen.

La isla de Korčula (se pronuncia Kórchula) se encuentra a pocos kilómetros de la costa y se puede llegar a ella desde Dubrovnik tanto en autobús como en coche, siendo necesario en ambos casos realizar un breve trayecto en ferry. El viaje en autobús, que incluye el ferry, tiene un precio aproximado de 14,5 € y dura algo más de tres horas. La salida se realiza desde la Estación de Autobuses de Dubrovnik y la llegada es a la Estación de Autobuses de Korčula.

Breve historia de Korčula

Tiene una historia muy rica, ya que por la isla han pasado numerosos pueblos a lo largo de los siglos. Los primeros habitantes conocidos fueron los ilirios, pueblos originarios de los Balcanes. Posteriormente, en el siglo IV a.C., llegaron los griegos procedentes de la isla de Corfú (Korkyra en griego antiguo), quienes la apodaron Korkyra Melaina (Κόρκυρα Μέλαινα), que se traduce como Corfú Negra, en referencia a la densa y oscura vegetación que cubría la isla en aquella época.

En el siglo I d.C., la isla pasó a manos de los romanos, que latinizaron su nombre como Corcyra Nigra e integraron el territorio en la provincia romana de Dalmacia. Tras la caída del Imperio Romano (año 476), Korčula fue ocupada sucesivamente por los primeros pueblos eslavos y croatas, seguida por el dominio bizantino durante los siglos IX y X.

Más tarde, los venecianos fueron afianzándose progresivamente en el poder, manteniendo su control sobre la isla hasta finales del siglo XVIII. Como podéis ver, Korčula era un enclave muy codiciado gracias a su estratégica ubicación en el Adriático, frente a la costa italiana, por la que circulaban importantes rutas marítimas. Ya en el siglo XIX, Korčula fue conquistada por Napoleón, pasó después al Imperio austrohúngaro y, de forma breve, también estuvo bajo dominio italiano, hasta que en 1921 pasó a formar parte de Yugoslavia, estado compuesto entonces por serbios, croatas y eslovenos. La isla permaneció en Yugoslavia —con la excepción de la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial— hasta la disolución del país en 1991 y la consiguiente independencia de Croacia.

¿Qué ver en Korčula?

La capital de la isla y su ciudad más grande también se llama Korčula y se sitúa en el noreste, frente a la costa de Dalmacia. Cuenta con unos 3.000 habitantes, aunque esta cifra aumenta considerablemente durante el verano. Su centro histórico se desarrolla dentro de un casco amurallado ubicado sobre una pequeña península, razón por la cual muchos la conocen como «la pequeña Dubrovnik».

Las calles del interior son empedradas y peatonales, organizadas alrededor de un núcleo central formado por una calle principal, de la que parten numerosas callejuelas perpendiculares que se extienden hasta los límites de la península. Un detalle curioso del casco antiguo son los pasadizos elevados o callejones en altura, que conectaban casas de familias nobles y permitían moverse entre edificios sin bajar a la calle, algo habitual en las ciudades medievales fortificadas.

Estos límites están marcados por un paseo marítimo encantador, lleno de restaurantes y bares con terrazas orientadas al mar. Desde este paseo perimetral, varias escaleras permiten bajar a pequeñas calas situadas fuera de la muralla, perfectas para disfrutar del sol, las aguas cristalinas y unas vistas espectaculares de las islas cercanas.

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Paseo marítimo de Korčula

Recorriendo la calle central del casco antiguo iremos encontrando las principales atracciones turísticas de la ciudad. Entre un entramado de casas de piedra y tejados rojizos destaca la Catedral de San Marcos (Katedrala Svetog Marka), finalizada en 1806 y con claros toques venecianos, fruto de la influencia histórica de esta ciudad. En su interior alberga obras de Tintoretto (1518-1594), destacado pintor veneciano del Renacimiento.

Recomendamos subir a su campanario —teniendo en cuenta que las escaleras son bastante estrechas— para disfrutar de unas vistas magníficas del puerto, el casco antiguo y el mar.
 
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Catedral de San Marcos

En el centro histórico también se encuentran el Palacio de la Abadía (Bishop's Treasury / Opatska Riznica), un edificio del siglo XIV que alberga el conocido tesoro de la ciudad, compuesto por una valiosa colección de objetos, joyas y mobiliario artístico procedente de la región de Dalmacia, y el Museo de la Ciudad (Gradski muzej Korčula / Korčula Town Museum). Este último está ubicado en el Palacio Gabrielis y expone principalmente piezas de la época clásica, especialmente de origen romano y griego.

Ambos espacios cuentan con un horario bastante amplio durante el verano y se pueden visitar mediante el pago de una entrada; en su página web se pueden consultar horarios y precios completos.

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Museo de la Ciudad de Korčula

Uno de los grandes símbolos de la ciudad es el viajero y mercader Marco Polo (1254–1324), ya que los habitantes de Korčula aseguran que nació aquí y no en Venecia, aunque esta teoría parece estar más ligada a la leyenda que a hechos históricos comprobados. Parte de esta confusión se explica porque, en aquella época, la isla formaba parte de la República de Venecia.

Marco Polo partió de Venecia en 1271 rumbo a Pekín, siguiendo la Ruta de la Seda, un viaje que le llevó alrededor de tres años. Vivió en China durante 17 años y regresó finalmente a Venecia en 1295. En el centro del casco antiguo se puede visitar su supuesta casa, conocida como Marko Polo Centar, de la que solo se conserva una torre, ya que el resto del edificio se encuentra derruida. En su interior alberga un pequeño museo con manuscritos y objetos relacionados con la vida de Marco Polo, que puede visitarse mediante el pago de una entrada de 8 €.
 
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Casa de Marco Polo

Como consecuencia de la vinculación de este personaje histórico con la isla, es habitual encontrar numerosos establecimientos y comercios que llevan su nombre —como bares, panaderías o incluso ferreterías llamadas Marko Polo—, así como una gran variedad de souvenirs relacionados con su figura y sus viajes.

Durante las noches de verano resulta especialmente agradable pasear por el centro histórico y por el paseo marítimo, cenar en alguna terraza con música en directo y vistas al mar —aunque los restaurantes del paseo suelen ser algo caros en relación con la cantidad de comida que ofrecen—, y curiosear entre los puestos de souvenirs y productos artesanos repartidos a lo largo del paseo, disfrutando de la brisa marina. Con todo ello, la pequeña Korčula se presenta, sin duda, como una parada imprescindible en nuestra ruta.

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En primer plano, el puerto de Korčula y la muralla; de fondo, el casco antiguo

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