Milán (Milano en italiano) es la capital de la región de Lombardía y cuenta con cerca de 1,4 millones de habitantes. Aunque pueda parecer lo contrario, es una ciudad con muchísimas opciones tanto para disfrutar dentro de la propia urbe como en sus alrededores. Por ese motivo, nosotros le dedicamos cuatro días completos: dos para recorrer Milán y otros dos para realizar excursiones cercanas, tal y como os contamos al final del artículo.
¿Cómo llegar a Milán?
Una de las razones por las que Milán recibe tantos turistas cada año es su excelente conexión con el resto de Europa, en gran parte gracias a sus tres aeropuertos cercanos:
✈Aeropuerto de Milano Linate (LIN) – Es el aeropuerto más cercano a la ciudad y, precisamente por ello, también el más económico para llegar al centro. Se puede acceder mediante el autobús urbano número 73, que sale cada 10-15 minutos y tarda entre 45 y 50 minutos en llegar a Piazza Diaz, junto al Duomo. El billete cuesta 2 €, es un ticket sencillo válido durante 1 hora y 30 minutos, lo que permite hacer transbordos a otras líneas desde Piazza Diaz. No se puede comprar el billete directamente en el autobús, sino en las máquinas expendedoras situadas en la parada. Nada más salir por la puerta del aeropuerto, la parada se encuentra a la derecha.
Otra alternativa es el Linate Shuttle, que conecta el aeropuerto con Milano Centrale o Piazzale Dateo. El precio es de 5 € si se compra online o de 7 € si se adquiere en el propio autobús. También existe el servicio Starfly, con un precio de 5 €, que igualmente llega hasta Milano Centrale.
✈Aeropuerto de Milano Malpensa (MXP) – Se encuentra a unos 50 kilómetros de la ciudad. Desde allí se puede llegar al centro en autobús mediante el Malpensa Shuttle (duración aproximada de 1 h 10 min, 10 € por trayecto o 16 € ida y vuelta) o en tren con el Malpensa Express, que tarda unos 50 minutos en llegar a Milano Centrale y cuesta 13 € por trayecto.
✈Aeropuerto de Orio al Serio (BGY) – Situado en la ciudad de Bérgamo. El servicio Orio Shuttle conecta este aeropuerto con Milano Centrale por un precio de 10 € el trayecto.
🚅Si llegáis en tren desde otra ciudad italiana o desde países cercanos, lo habitual es hacerlo a la estación central, Milano Centrale. Los horarios y trayectos se pueden consultar en la web de Trenitalia.
🚌En caso de llegar en autobús con compañías como Flixbus, lo más probable es que el destino sea la estación de Lampugnano o San Donato M3, ambas algo alejadas del centro de la ciudad.
¿Cómo moverse por Milán?
Como ocurre en la mayoría de las grandes ciudades, Milán cuenta con una tarjeta turística que ofrece acceso gratuito o con descuento a algunos monumentos y permite el uso ilimitado del transporte público. Se trata de la Milano Card, disponible en tres modalidades —1, 2 y 3 días—, con múltiples combinaciones que incluyen el transporte al aeropuerto, tal y como podéis ver en su página web. Nosotros no la compramos, ya que la mayoría de los lugares que teníamos previsto visitar no estaban incluidos.
Si únicamente queréis utilizar el transporte público, existen varias opciones de billetes: abono de 1 día (7,60 €), de 3 días (15,50 €) y bono de 10 viajes (19,50 €), no transferibles. Todos ellos son válidos para las zonas Mi1/Mi3 (la zona Mi2 no existe), que abarcan todo el centro de la ciudad. Nosotros optamos por el billete de 3 días, ya que nos permitió desplazarnos cómodamente a barrios más alejados, así como ir y volver del hotel y del aeropuerto de Linate. El precio del billete sencillo en la zona Mi1/Mi3 es de 2,20 € y tiene una validez de 1 hora y 30 minutos.
Importante: es necesario conservar el billete hasta salir del metro, ya que deberéis volver a pasarlo por los tornos para poder abandonar la estación.
Taquillas para maletas en Milán
Si estáis de paso por la ciudad y necesitáis dejar las maletas durante unas horas, en la planta inferior de la estación Milano Centrale hay un servicio de consigna llamado Kibag. En los alrededores de la estación también encontraréis opciones algo más económicas. Nosotros utilizamos unas taquillas situadas en Via Pergolesi 22, llamadas Stow Your Bag: cuestan 10 € por 5 horas o 15 € por todo el día, y en cada taquilla caben aproximadamente entre 2 y 4 maletas de mano, dependiendo del tamaño.
¿Qué ver en Milán?
Vamos a dividir las cosas que ver en Milán por zonas: centro histórico, oeste, sur y norte de la ciudad.
Centro histórico
En esta zona se concentran los edificios y monumentos más turísticos e importantes de Milán y, por tanto, los imprescindibles durante cualquier visita a la ciudad.
Comenzamos por la plaza del Duomo, uno de los principales puntos de encuentro de la ciudad. Además de por sus palomas, la plaza está dominada por la Catedral de Milán (Duomo di Milano), sin duda el icono número uno de la ciudad. Se trata de una catedral de estilo gótico y de culto católico cuya construcción comenzó en 1386. No obstante, el proceso fue extremadamente largo, con continuas ampliaciones, mejoras, renovaciones y cambios, de modo que las obras no se dieron por finalizadas hasta seis siglos más tarde, en 1965. El resultado es un templo de 157 metros de longitud, lo que lo convierte en la iglesia más grande de Italia, si tenemos en cuenta que la Basílica de San Pedro pertenece al Estado de la Ciudad del Vaticano.
Una de sus características más llamativas es el uso del mármol de Candoglia, un mármol de tonalidad blanca con matices rosados que confiere al edificio su aspecto inconfundible. La figura más representativa que lo corona es la Madonnina, una escultura de la Virgen María realizada en cobre dorado y situada en el chapitel mayor desde 1774. Muy querida por los milaneses, su altura marcó durante siglos el límite máximo de los edificios de la ciudad; y aún hoy, cuando algún edificio moderno la supera, se mantiene la tradición de colocar una pequeña reproducción de la Madonnina en su punto más alto.
El interior alberga numerosas obras y monumentos de gran valor artístico. Entre ellos destaca la estatua de San Bartolomé, obra de Marco d’Agrate de 1562, en la que el santo aparece representado con su propia piel a modo de manto cubriendo su cuerpo.
El acceso al interior (Duomo + Museo) está permitido todos los días de 8:00 a 19:00, siendo el último acceso a las 18:00. El precio de la entrada es de 10 €. También existe un billete combinado que permite subir a las terrazas, aunque en este caso el coste es considerablemente más elevado: 22 € si se accede por las escaleras y 26 € si se hace en ascensor. Las entradas se compran en las taquillas (biglietteria) situadas en el edificio frente a la catedral, en el lado derecho. Una vez adquiridos los tickets, la cola para visitar el interior comienza frente a la catedral; la de acceso a la azotea por las escaleras se forma en el lado izquierdo; y la cola para subir en ascensor se encuentra en la parte trasera del edificio.
El Duomo de Milán en la Piazza del Duomo
Si queréis disfrutar de una vista diferente de la catedral, podéis subir al piso 7 del centro comercial Rinascente. No ofrece unas vistas espectaculares del conjunto urbano, pero sí permite apreciar mejor las estatuas situadas en la parte alta del Duomo. La terraza pertenece a un bar, por lo que podéis quedaros a tomar algo o simplemente echar un vistazo y marcharos.
Desde aquí nos dirigimos hacia la Piazza dei Mercanti, situada a escasos dos minutos de la catedral. Se trata de una antigua plaza de mercaderes donde, ya en el siglo XIII, orfebres, zapateros, sastres y comerciantes de todo tipo se ganaban el jornal a diario. En esta plaza se concentran varios edificios de gran interés histórico:
- Palazzo della Ragione, construido en 1233, donde se llevaban a cabo diversos trámites judiciales. Este tipo de edificios destinados a asuntos judiciales que existían en la región de Lombardía desde el siglo XI se conocen con el nombre de Broletto.
- La Casa dei Panigarola, cuyo nombre procede de la familia de notarios que fue propietaria del inmueble hasta 1741. El edificio, de estilo gótico y datado en el siglo XV, ha sido restaurado en varias ocasiones, aunque aún se aprecia la necesidad de una renovación.
- Loggia degli Osii, un palacio del siglo XIV construido en mármol y de estilo gótico. Al igual que en el caso anterior, su nombre proviene de la familia propietaria del edificio, los Osii.
- Palazzo delle Scuole Palatine, levantado en 1664 tras el incendio que destruyó el edificio anterior.
En uno de los laterales de la Piazza del Duomo, la plaza donde se encuentra la catedral, nace la Galleria Vittorio Emanuele II, conocida por los milaneses como il salotto di Milano (el salón de Milán), uno de los lugares más elegantes y emblemáticos de la ciudad. Inaugurada en el siglo XIX, esta galería comercial cubierta conecta la Piazza del Duomo con la Piazza della Scala y alberga boutiques de lujo, cafés históricos y restaurantes. Se accede a través del gran arco situado a la izquierda de la catedral si la miramos de frente.
En el centro de la galería se abre un gran octógono cubierto por una espectacular cúpula de hierro y vidrio, que alcanza una altura aproximada de 47 metros. En el suelo destacan varios mosaicos con los escudos de diferentes ciudades italianas; en el centro del octógono se encuentra el escudo de la ciudad de Milán (cruz roja sobre fondo blanco). El mosaico más famoso, sin embargo, es el del toro de Turín, situado en uno de los pasillos. Según la tradición, pisar los testículos del toro y girar sobre uno mismo una o tres veces trae buena suerte y asegura el regreso a Milán.
El nombre de la galería hace referencia a Vittorio Emanuele II (1820-1878), primer rey de Italia tras la unificación del país en 1861. La calle Corso Vittorio Emanuele II, que lleva su mismo nombre, es una de las principales arterias comerciales de la ciudad. En ella se encuentran tiendas de moda de prácticamente todas las grandes marcas actuales. Incluso si no os interesa ir de compras, merece la pena recorrerla, ya que es una avenida animada, con edificios interesantes y varias plazas a ambos lados.
Interior de la Galleria Vittorio Emanuele II
Seguimos por el centro para visitar el Teatro alla Scala, uno de los teatros más históricos del mundo. Su nombre proviene de la iglesia Santa Maria alla Scala, que se encontraba en este mismo lugar antes de su construcción en 1778, obra del arquitecto Giuseppe Piermarini. La inauguración tuvo lugar con el estreno de la ópera L'Europa riconosciuta de Antonio Salieri, quien mantuvo una conocida rivalidad con Wolfgang Amadeus Mozart. A lo largo de los años, incontables grandes compositores y cantantes de ópera han pasado por este escenario, y varias óperas de autores como Vincenzo Bellini, Gioacchino Rossini, Giuseppe Verdi o Giacomo Puccini se estrenaron aquí. También se recuerda con especial afecto al director italiano Giorgio Strehler, que dirigió numerosas óperas y obras en La Scala. El 7 de diciembre, festividad de San Ambrosio, patrón de Milán, se inaugura tradicionalmente la temporada lírica, manteniendo una tradición centenaria. En su época, el teatro era un punto de encuentro de la nobleza milanesa, cuyos palcos privados podían ser decorados al gusto de sus dueños; las cortinas de estos palcos no solo aportaban privacidad, sino que también contribuían al aire de intriga y secretismo que caracterizaba la vida social del teatro.
La mejor manera de disfrutar de La Scala es, por supuesto, asistiendo a una de sus óperas; sin embargo, dado que los precios suelen ser bastante elevados, siempre se puede optar por una visita individual, como hicimos nosotros. Estas visitas se pueden reservar por Internet o de manera presencial, directamente en el teatro, con total flexibilidad. Nosotros fuimos de forma espontánea y no tuvimos ningún inconveniente. Como curiosidad, cabe destacar que a lo largo de su historia La Scala ha ido incorporando avances técnicos que permiten cambiar los decorados con gran rapidez.
Aquí podéis consultar los horarios y precios para planificar la visita. Además, se puede optar por una visita guiada, disponible en italiano, inglés o francés.
Histórico edificio del Teatro de La Scala de Milán
Junto al Teatro alla Scala se extiende el Cuadrilátero de la Moda (Quadrilatero della Moda), la zona de compras de lujo más exclusiva de Milán. Este elegante distrito concentra algunas de las boutiques más prestigiosas del mundo y refleja el papel de la ciudad como una de las grandes capitales internacionales del diseño y la moda. Milán es la cuna de firmas de renombre como Prada, Armani, Versace o Dolce & Gabbana, cuyos escaparates convierten esta área en un auténtico escaparate de la alta costura. El Cuadrilátero recibe su nombre porque está delimitado por cuatro calles principales: Via Montenapoleone, Via della Spiga, Via Sant’Andrea y Via Manzoni, un conjunto de vías refinadas y mayoritariamente peatonales que invitan a pasear y descubrir el lujo milanés en su máxima expresión.
Ahora nos dirigimos a la Piazza Cordusio para visitar el famoso Starbucks Reserve Roastery, el primer Starbucks de Italia y todo un espectáculo arquitectónico, tanto por fuera como por dentro. Podéis entrar, recorrerlo tranquilamente y salir, o quedaros a tomar algo si encontráis sitio, algo nada fácil. Aun así, merece la pena echarle un vistazo.
Seguimos dentro del centro histórico, pero desviándonos ligeramente hacia el noroeste, para acercarnos al Castello Sforzesco. Se trata de un castillo del siglo XV perteneciente a la dinastía de los Sforza, que gobernó Milán durante esa época, y que en la actualidad alberga varios museos de arte. Se puede pasear libremente por los alrededores y por los patios interiores, aunque es necesario pagar entrada para acceder a los museos. Si vais justos de tiempo, esta visita se puede omitir, ya que a nosotros no nos pareció imprescindible. No obstante, si disponéis de tiempo, el precio es asequible y el complejo cuenta con varias salas interesantes: arte antiguo, instrumentos musicales, una armería, entre otras.
Lo más destacado es la Sala delle Asse, decorada con la participación de Leonardo da Vinci en 1494, y la Sala de Michelangelo, donde se conserva la Piedad Rondanini (Pietà Rondanini), su última escultura antes de fallecer. En su página web podéis consultar los horarios y precios actualizados.
Muy cerca del castillo se encuentra la Pinacoteca di Brera, que alberga la colección de pintura más importante de Milán. En sus salas se exponen obras de algunos de los grandes maestros italianos y europeos, como Canaletto, Rafael, Tintoretto, Tiziano, El Greco, Caravaggio, Rembrandt o Rubens, entre muchos otros. Los horarios y precios pueden consultarse en su página web. Importante: no se venden entradas en el propio museo, por lo que es necesario reservarlas con antelación por Internet. El enlace a la venta se encuentra en la parte superior derecha de su web.
Como visita adicional y totalmente opcional, dependiendo de los gustos de cada uno, podéis acercaros al Santuario de San Bernardino alle Ossa, famoso por su capilla decorada con huesos y cráneos humanos procedentes del antiguo cementerio que se encontraba en este mismo lugar. Cuando este se quedó sin espacio, los restos fueron almacenados en un osario, y posteriormente se construyó el santuario alrededor de él. Lo incluimos como visita opcional porque puede no ser del agrado de todo el mundo. El acceso es gratuito y abre todos los días hasta las 18:00, excepto los domingos, que cierra a las 12:00.
Oeste de Milán
Al oeste del centro histórico vamos a visitar varios edificios emblemáticos. En primer lugar, la Basílica de Sant’Ambrogio, una iglesia de estilo románico que fue reconstruida en 1099 con el objetivo de modernizarla. Se trata de un templo diferente a muchos de los que veremos en la ciudad, ya que está construido principalmente en ladrillo, lo que le da un aspecto muy característico.
Uno de los elementos que más llama la atención son sus torres desiguales. La más alta y ornamentada es la Torre dei Monaci, financiada por los propios monjes gracias a las donaciones del pueblo durante las misas. La torre más baja y austera corresponde a los canónigos, una categoría de menor rango dentro de la jerarquía de la Iglesia católica.
El acceso al interior de la basílica es gratuito.
Patio porticado de la Basilica di Sant'Ambrogio
Seguimos bordeando el casco antiguo para visitar la iglesia de Santa Maria delle Grazie y su convento, cuya principal atracción es la posibilidad de ver el cuadro original de La Última Cena (Il Cenacolo en italiano, The Last Supper en inglés), obra de Leonardo da Vinci fechada en 1498. Da Vinci la pintó directamente sobre una de las paredes del convento, donde se conserva desde entonces. Como es lógico, se trata de una de las visitas más demandadas de Milán, por lo que resulta imprescindible reservar con antelación y estar muy atento a la disponibilidad de horarios. Durante la visita también se pueden ver algunas fotografías que muestran cómo se protegió la obra para que sobreviviera a la Segunda Guerra Mundial, así como las distintas labores de restauración que ha sufrido a lo largo del tiempo.
La entrada se reserva online a través de su página web oficial, aunque conviene saber que solo se liberan unos pocos horarios, ya que la mayoría se reservan para tours guiados. Hay tres modalidades de ticket: billete sencillo, billete con tour guiado en inglés y billete con tour guiado en italiano. El precio es de 15 € por adulto o 2€ por estudiante, y el suplemento por elegir un horario con tour es de 10 €. Otra opción para reservar las entradas es hacerlo por teléfono (en inglés o italiano), aunque hay que armarse de paciencia para que atiendan la llamada. Cada tres meses aproximadamente se habilitan los horarios correspondientes a los tres meses siguientes, por lo que conviene estar pendiente de la apertura del calendario, ya que las entradas se agotan muy rápido.
El día de la visita, lo primero que tendréis que hacer es acudir a las taquillas (biglietteria) para mostrar el correo de confirmación con el código de reserva y recoger las entradas. Después, deberéis hacer una segunda cola junto al edificio amarillo situado a la izquierda de la iglesia, que es desde donde se accede a la sala del Cenacolo. En resumen: primero cola en la biglietteria (ubicada a la izquierda del edificio amarillo) y, después, cola en el propio edificio amarillo.
La visita en sí dura apenas 15 minutos, aunque es recomendable llegar con al menos media hora de antelación para realizar todos estos trámites con calma. La obra se encuentra en el convento; una vez finalizada la visita, podéis acceder a la iglesia propiamente dicha, que cuenta con una entrada independiente.
Sur de Milán
Al sur del centro de la ciudad se encuentran las Columnas de San Lorenzo (Colonne di San Lorenzo), los únicos restos de la época romana que se conservan en Milán. Son un total de 16 columnas de mármol, que probablemente sustentaban un templo en los siglos II o III, cuando Milán era la capital del Imperio Romano de Occidente (286-402 d.C.). Hoy en día, la zona se ha convertido en un punto de encuentro muy popular entre los jóvenes durante la tarde y la noche, por lo que siempre tiene un ambiente animado.
Columnas de San Lorenzo
Frente a las columnas se alza imponente la Basílica de San Lorenzo (Basilica di San Lorenzo), que ya existía en la época romana, aunque ha sido reconstruida en múltiples ocasiones, como es lógico. Entre las iglesias que visitamos, es la más modesta, con un diseño de planta circular y varias capillas que la rodean. Probablemente su fama se deba a su ubicación frente a las columnas romanas.
La Plaza de las Columnas y la basílica se encuentran a tan solo diez minutos a pie de la Piazza 24 Maggio, la plaza que marca el inicio del barrio de Navigli, una zona que ha estado muy de moda en los últimos años. Navigli, que en italiano significa “canales” o “canales navegables”, es un lugar ideal para pasear, socializar y tomar algo, con bares que se alinean a ambos lados de los canales y que cobran vida especialmente al caer la tarde. En Milán hay varios navigli, pero los más importantes son el Naviglio Grande y el Naviglio Pavese. Entre sus muchos usos, estos canales también sirvieron para transportar materiales pesados, incluyendo piedras y mármoles destinados a la construcción del Duomo.
Una curiosidad histórica: el mismísimo Leonardo da Vinci trabajó en el siglo XV en un proyecto de canalización y mejoras hidráulicas, especialmente en el Naviglio Grande, con el objetivo de modernizar el transporte de mercancías y facilitar el riego. Además, cada último fin de semana del mes se celebra un mercadillo de antigüedades a lo largo de los canales, donde se pueden encontrar puestos de libros, sellos, muebles y mucho más.
Barrio de Navigli por la tarde noche en Milán
Norte de Milán
Un poco a las afueras del centro, aunque no demasiado, recomendamos visitar el Cementerio Monumental (Cimitero Monumentale), inaugurado en 1866 y posiblemente la atracción más interesante fuera de los itinerarios típicos. Se trata de un cementerio muy especial, ya que alberga una gran cantidad de esculturas de artistas de renombre, convirtiéndolo prácticamente en un museo al aire libre.
Entre las tumbas más conocidas destacan “La Última Cena”, donde descansan los restos de la familia Campari (sí, la de los licores); el mausoleo de Antonio Bernocchi; y la tumba de la familia Morgagni. Además, están enterradas importantes personalidades como premios Nobel de literatura, políticos, músicos, arquitectos y pintores, entre ellos Francesco Hayez, así como figuras del mundo del deporte vinculadas al A.C. Milán, como su fundador Herbert Kilpin y jugadores como Cesare Maldini (padre de Paolo Maldini) y Giuseppe Meazza, quien da nombre al estadio actual.
El cementerio cuenta con paneles informativos que destacan las tumbas arquitectónicamente más interesantes, no necesariamente las de las personas más famosas. Abre de martes a domingo de 8:00 a 18:00, y el acceso es gratuito.
Desde allí nos dirigimos al Bosco Verticale, una obra arquitectónica sostenible que siempre aparece entre los edificios más curiosos y atractivos de la ciudad y que ha recibido varios premios. Se trata de un complejo residencial compuesto pro dos rascacielos inaugurados en 2014, cuyas fachadas están recubiertas de densa vegetación. Si se observa con detalle, se nota que los árboles están sujetos con cuerdas al techo, lo que explica su verticalidad y colocación perfecta. Junto a estos edificios se encuentran otros rascacielos de grandes corporaciones y bancos, como Unicredit —el edificio más alto de Italia característico por su aguja—, HSBC, entre otros.
El Bosco Verticale se encuentra justo en el límite del barrio de Isola, que sin duda merece una visita. Isola es un barrio bohemio, lleno de bares, restaurantes, heladerías y tiendas con encanto. Nosotros nos acercamos a media tarde, dimos un paseo por sus calles y disfrutamos del típico aperitivo italiano en el Bar Frida, un local con muy buen ambiente y un agradable patio interior.
Siguiendo hacia el norte de la ciudad, encontramos la estación central de trenes, Milano Centrale. La estación en sí es una auténtica obra maestra de la arquitectura, construida en 1931 y que combina diversos estilos, entre los que destacan el art nouveau y el art déco. Aunque los trabajos comenzaron años antes, la estación tal como la conocemos se terminó durante el régimen de Mussolini, quien quiso que su monumentalidad y lujo —con abundante mármol y granito— reflejaran el poder y la grandeza del régimen fascista. Sin duda, impresiona tanto por su tamaño como por su riqueza arquitectónica.
La última parada de esta zona es Piazzale Loreto, una plaza cargada de significado histórico. Aquí, el 29 de abril de 1945, se colgó públicamente a Benito Mussolini y su amante Clara Petacci, tras haber sido fusilados el día anterior cerca del Lago de Como durante su intento de huida hacia Suiza ante la inminente derrota alemana. Este hecho, ampliamente documentado como se puede ver en imágenes en Internet, marcó un momento clave de la historia italiana.
Hoy en día, en uno de los extremos de la plaza, se encuentra el Monumento a los mártires de la masacre del 10 de agosto de 1944, cuando 15 partisanos fueron fusilados en esta misma plaza por soldados fascistas y sus cuerpos expuestos al público. El monumento, erigido en 1960, conserva grabados los nombres de los 15 mártires para mantener viva su memoria.
¿Dónde tomar el aperitivo en Milán?
La cocina italiana merece siempre un capítulo aparte. Vayamos donde vayamos, siempre encontraremos platos típicos de la región y, en general, buena comida, siempre que evitemos los locales puramente turísticos del centro.
Una costumbre muy típica en Milán —y prácticamente en toda Italia— es el aperitivo italiano, que consiste en una bebida acompañada de pequeñas tapas o stuzzichini, al estilo de las tapas españolas. Se suele tomar entre las 18:00 y las 21:00. Normalmente se pide una bebida amarga como Aperol Spritz o un Campari Spritz (este último aún más amargo), aunque también se puede optar por un vino o una cerveza. Como acompañamiento suelen servir focaccia, embutidos u otras pequeñas delicias, lo que lo convierte en una forma muy económica de cenar, ya que con dos o tres bebidas se puede quedar bastante satisfecho, de ahí que se conocza como apericena.
Nosotros también probamos la birra Menabrea🍺, una cerveza originaria de la región vecina de Piamonte, pero muy popular en Milán y disponible en muchos locales de la ciudad.
Aunque se puede disfrutar en toda la ciudad, hay dos zonas con mucho ambiente donde, en nuestra opinión, resulta especialmente agradable tomar el aperitivo.
- En Navigli: la zona por antonomasia para salir a media tarde
- Nosotros fuimos a La Prosciutteria Milano Navigli y salimos encantados. En este local las bebidas eran bastante baratas (Aperol Spritz a 6 €), aunque no incluían comida, que había que pedir por separado. La oferta gastronómica consiste en tablas (taglieri) de embutidos y quesos, para una o varias personas (unos 11 € por persona). Si vais pronto, sobre las 17:00, es posible encontrar sitio; si es más tarde, probablemente necesitéis reservar con antelación. La comida es de calidad, ya que el local funciona también como charcutería y podéis ver de primera mano de dónde proviene lo que sirven.
- Otro día probamos Twist on Classic, por el hecho de que fue el único donde había hueco. Aquí las bebidas eran más caras (Aperol Spritz 9 €), pero incluían una pequeña tabla de aperitivo (stuzzichini). En general, todos los locales de Navigli ofrecen más o menos lo mismo: cócteles, cerveza, vino y, según el precio, más o menos acompañamiento.
- Spritz Navigli Milano es un lugar de aperitivos al estilo buffet. Al ser buffet, la calidad no es excepcional, pero resulta decente y económica. El precio es fijo e incluye tanto una bebida como el acceso al buffet.
- La Fontanella es un sitio distinto: una cervecería donde se piden jarras para compartir. La gracia es que las jarras tienen distintos tamaños (desde 2 hasta 18 litros) y formas originales (una locomotora, un cañón, una molécula, etc.). También ofrecen comida como pizzas, hamburguesas, nachos y platos similares.
- En Isola: Otro barrio muy recomendable para el aperitivo es Isola. En sus calles centrales encontraréis varias terrazas con buen ambiente y comida con buena pinta. Nosotros fuimos al Bar Frida, recomendado por un amigo que vive allí. Nos pedimos unos Aperol Spritz y, como stuzzichini, nos pusieron focaccia y palomitas. Para el postre, podéis acercaros a la Artico Gelateria, una heladería muy popular de la zona.
¿Qué comer en Milán?
En Milán encontramos platos típicos de la región más allá de la pizza 🍕 y la pasta 🍝. Entre los más representativos están:
- Cotoletta alla milanese – Similar a un escalope de ternera joven (vitello) empanado. Fijaos bien que sea de vitello, porque a veces se hace de pollo, que suele ser más barato. Dependiendo del local, se sirve acompañado de risotto o de polenta.
- Ossobuco alla milanese – Guiso de carne de ternera (el corte en español sería jarrete) que normalmente se acompaña de polenta.
- Vitello tonnato – Aunque procede de la región de Piamonte, es muy común en Milán. Se trata de carne de ternera (vitello) servida con una salsa de atún.
- Tiramisú – Postre mundialmente conocido, cuyo origen se disputa entre Lombardía y Véneto.
- Panettone – Pan dulce tradicional y típico de Milán, que se consume especialmente en época navideña, ya sea como postre, desayuno o merienda. Es uno de los dulces navideños más conocidos de Italia y, aunque se parece al pandoro de Verona, el panettone se distingue por su textura más esponjosa y por llevar pasas y fruta escarchada en su interior. Un lugar emblemático para probarlo es Pasticceria Martesana, una de las pastelerías más tradicionales y reconocidas de Milán, donde el panettone es su especialidad y ha sido premiado en varios concursos y rankings italianos.
Estos platos regionales, que nada tienen que ver con pizza ni pasta, se suelen encontrar en restaurantes caseros, conocidos como Osteria o Trattoria.
¿Dónde comer en Milán?
Felice a Testaccio Milano – Este restaurante está recomendado por la Guía Michelín. Los precios son bastante razonables y la comida espectacular. Probamos la pasta carbonara, que preparan de manera excelente, algún entrante y, de postre, la tarta de ricotta y pera, ¡sin palabras! La tarta proviene de la famosa pastelería italiana Sal de Riso, por lo que se puede encontrar también en otros lugares. Otros amigos visitaron restaurantes de la Guía Michelín como La Risacca Blu y Locanda Perbellini, y también terminaron muy contentos.
Trattoria Sabbioneda – Restaurante tradicional donde se pueden probar todos los platos típicos mencionados anteriormente. Es un local pequeño y solo abre entre semana, así que es imprescindible reservar, ya que es muy conocido y recomendado.
Osteria Da Fortunata – Cerca de la Pinacoteca di Brera, este restaurante se especializa en pasta casera, ofreciendo una gran variedad. Existen filiales en Roma y Bolonia, por lo que quizá os suene el nombre.
Pizzium – Cadena de pizzerías muy popular, especialmente en Milán. Ofrece pizzas de calidad a buen precio, y nos gustó especialmente la pizza de Lombardía.
Nàpiz' Milano – Otra pizzería, cuyo local y concepto son bastante distintos a los de un restaurante convencional.
Assaje (Via Traù, 2, barrio de Isola) – Pizzería económica, donde con el precio del coperto incluyen un prosecco y zeppole de entrante, y un postre de limón, melón o pistacchiello al final.
Panzerotti Luini – Local de comida para llevar muy famoso en Milán. Venden panzerotti, similares a empanadillas fritas (o al horno) hechas con masa de pizza, además de otras especialidades como focaccia y versiones dulces. Aunque están ricos, nos parecieron algo aceitosos. Otro local similar es All‘ Antico Vinaio, también muy conocido.
Importante: En prácticamente todos los restaurantes de Milán se cobra un suplemento de 2-3€ por comensal, llamado coperto, que suele incluir pan o una pequeña tapa.
Más alternativas en Milán
Para quienes ya hayan visitado lo más emblemático de Milán o repitan por segunda vez, como fue nuestro caso, os proponemos un par de alternativas distintas:
Visitar San Siro ⚽– Con más de 75.000 espectadores, es el estadio más grande de Italia y hogar de los dos grandes equipos de la ciudad, el AC Milan y el Inter de Milán. Aquí lo llaman “La Scala del Calcio”, en referencia al teatro de la ópera. Solo merece la pena si os interesa mucho el fútbol; de lo contrario, la visita no aporta demasiado.
Podéis combinar la anterior visita con el hipódromo de San Siro 🏇, situado justo enfrente, donde todavía se celebran carreras de caballos, aunque en menor número que en el pasado. Allí también se puede ver el famoso Caballo de Leonardo, un proyecto de Leonardo da Vinci del siglo XV que se completó en 1999. Fundido en bronce, alcanza 17 metros de altura y es una de las estatuas ecuestres de bronce más grandes del mundo.
Cocina con un chef 🍳– En la sección de Experiencias de Airbnb hay varias ofertas donde enseñan a preparar dos o tres platos italianos, que luego podéis degustar al final. Nosotros elegimos la experiencia de Chef and the City y quedamos encantados. Es cierto que el precio es elevado (desde 50€ por persona), pero se trata de un curso semi-particular, ya que compartes la clase con otros aprendices. Aprendes técnicas interesantes y pasas un buen rato, siendo al mismo tiempo una experiencia diferente. En nuestro caso, la sesión tuvo lugar en el local del negocio y aprendimos a preparar bruschetta de entrante, ravioli caseros de plato principal (masa hecha desde cero) y cantuccini de postre. Otros cursos se imparten en las casas de los propios chefs.
Excursiones desde Milán
Aunque es cierto que Milán se puede recorrer en uno o dos días, si tenéis la posibilidad merece la pena aprovechar un puente o añadir un par de días más para hacer excursiones por los alrededores. Algunas opciones recomendadas son:
- Bérgamo: ciudad con un casco antiguo precioso, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.
- Lago di Como: emblemático lago famoso por sus hoteles de lujo y como escenario de numerosas novelas y películas.
- Pavía: ciudad universitaria situada a unos 45 km al sur de Milán.
Los billetes de tren para estas excursiones se pueden adquirir en la web de Trenitalia o en las taquillas de la estación central (Centrale FS). Recordad que, si compráis los tickets en las máquinas automáticas de la estación, debéis validarlos en el andén antes de subir al tren.







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