Tras visitar Bolzano y varios pueblos del Tirol del Sur, como parte de nuestra ruta por el norte de Italia, hoy nos dirigimos a Trento. Esta ciudad de unos 118.000 habitantes combina historia y modernidad: cerca de 16.000 de ellos son estudiantes de la Universidad de Trento (Università degli Studi di Trento), fundada en 1962, lo que le aporta un ambiente dinámico y lleno de vida en sus calles.
Trento es famosa por haber sido la sede del Concilio de Trento entre 1545 y 1563, una de las reuniones más importantes de la Iglesia Católica. Durante casi dos décadas, obispos, cardenales, teólogos y embajadores de toda Europa se dieron cita en la ciudad para debatir sobre la fe y las reformas frente a la Reforma Protestante. La atmósfera era tan tensa que se prohibía portar armas y se seguían estrictas normas de seguridad para evitar conflictos entre los asistentes. Hoy en día, pasear por Trento permite imaginar aquel ambiente histórico mientras se disfrutan de sus plazas, palacios y calles que conservan el encanto del Renacimiento.
El nombre Trento proviene del latín Tridentum, que literalmente significa “tres dientes”. La interpretación más aceptada es que hace referencia a tres colinas que rodeaban el asentamiento original de la ciudad en época romana.
Contexto cultural de Trento
Trento se encuentra en la región de Trentino-Alto Adige/Südtirol, que a su vez está dividida en dos provincias con sus respectivas capitales: Alto Adige/Südtirol, cuya capital es Bolzano/Bozen, y Trentino, cuya capital es Trento.
En esta región se aprecia claramente la convivencia entre las culturas alemana e italiana, ya que hasta principios del siglo XX el Tirol del Sur pertenecía al Imperio austrohúngaro, y Trento era conocida como Trient. Tras la Primera Guerra Mundial, y con Austria como país perdedor del conflicto, el Tirol del Sur fue entregado a Italia en virtud de los acuerdos internacionales firmados durante y después de la contienda.
Mientras que hacia el norte, en Bolzano y otras localidades del Alto Adigio, gran parte de la población domina tanto el alemán como el italiano, y los letreros se muestran en ambos idiomas, en Trento esta influencia alemana es mucho menos evidente, y la ciudad presenta una identidad claramente italiana.
¿Qué ver en Trento?
Trento es una ciudad perfecta para recorrer en un día, ya que su tamaño permite explorarla cómodamente a pie. Además, resulta muy agradable pasear por sus calles rodeados de montañas y acompañados por el río Adigio (Adige en italiano, Etsch en alemán), el segundo más largo de Italia después del Po.
Nuestra visita comienza en la Piazza del Duomo, la plaza principal de la ciudad. En el centro se encuentra la Fuente de Neptuno (Fontana del Nettuno), construida en el siglo XVIII y decorada con figuras de tritones y angelitos. Un detalle curioso: la figura de Neptuno que corona la fuente es una copia, mientras que el original se conserva en el patio del Palazzo Thun, ya que el paso del tiempo deterioró la estatua y, entre 1940 y 1945, se trasladó al palacio y se colocó una réplica de bronce en la plaza.
A mano izquierda, en la misma plaza, se encuentra el Palazzo Pretorio, antigua residencia del obispado de Trento. El palacio es fácilmente reconocible por su torre, también llamada Torre Civica, un símbolo de la ciudad y alberga el Museo Diocesano Tridentino. Los horarios y precios de la Torre Civica se pueden consultar aquí y los del museo aquí.
El tercer edificio destacado de la plaza es la Catedral de San Vigilio (Duomo di Trento), dedicada al patrón de la ciudad. Esta iglesia católica, construida entre los siglos XII y XIII en estilo románico, se puede visitar de manera gratuita en su interior.
En uno de los extremos de la plaza, al comienzo de la Via Rodolfo Belenzani, merece la pena fijarse en la Fontana dell'Aquila, que esconde una curiosa leyenda:
Cuenta la historia que un hombre de Sardagna (de este pueblo hablaremos al final del artículo) entabló una gran amistad con un águila. La esposa del hombre, celosa e infeliz porque él pasaba más tiempo con el ave que con ella, murió un día en circunstancias misteriosas. El hombre fue condenado a la horca en la Piazza del Duomo, y justo en el momento de la ejecución, el águila sobrevolaba la plaza observando la escena. Al ver al águila, el hombre exclamó: “¡Que el águila se convierta en piedra si soy inocente!” Y, según la leyenda, el ave quedó petrificada, convirtiéndose en la escultura que hoy adorna la plaza.
Desde la Piazza del Duomo tomaremos la Via Rodolfo Belenzani, una de las calles perpendiculares a la plaza. Esta vía es probablemente la más pintoresca de Trento, famosa por sus fachadas pintadas con frescos y murales que datan de los siglos XVI y XVII y sus palacios renacentistas construidos o decorados por familias nobles y condes, muchos de los cuales participaron en el Concilio de Trento. Entre ellos destacan los Case Cazuffi-Rella, residencia de la familia Cazuffi compuesta por dos edificios del siglo XVI contiguos que hacen esquina al inicio de la calle. Más adelante, a mano derecha, se encuentra el Palazzo Thun, otro palacio renacentista que hoy sirve como sede del ayuntamiento de Trento. Como mencionamos antes, en el patio del palacio se conserva la estatua original de Neptuno, que durante años estuvo en la Piazza del Duomo.
El final de la Via Rodolfo Belenzani lo marca la iglesia de San Francesco Saverio (Chiesa di San Francesco Saverio), construida en 1711 en estilo barroco.
Desde allí continuaremos por la Via Roma hasta llegar al Castello del Buonconsiglio, una imponente fortaleza del siglo XIII que fue durante varios siglos la residencia de los príncipes-obispos de Trento, gobernantes tanto religiosos como políticos de la región. Originalmente concebido como parte de la defensa de la ciudad, hoy se ha transformado en un fascinante museo con numerosas salas, torres y patios abiertos al público. Algunas de sus estancias fueron escenario de reuniones del Concilio de Trento (1545-1563), por lo que se considera la sede principal de este importante evento histórico. Dentro del castillo, no hay que perderse la Torre del Águila (Torre dell’Aquila), hogar del célebre mural Ciclo de los Meses, que representa los doce meses del año con escenas de la vida cotidiana, las actividades de la nobleza y los paisajes y costumbres de la época. Además, subir hasta su punto más alto permite disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad que hacen que la visita sea todavía más memorable.
Este castillo junto a las murallas delimitaban el recinto fortificado de la ciudad. La mejor parte conservada de las murallas medievales se encuentra en la Piazza di Fiera, llamada Mura Vanghiane. Además, en esta plaza tienen lugar los mercadillos de Navidad cada año entre noviembre y diciembre.
Nos dirigimos ahora al otro extremo de la ciudad, donde se encuentran los Jardines Públicos (Giardini Pubblici), un agradable parque ideal para pasear, tomar el sol y contemplar el Monumento a Dante Alighieri que se erige en su centro. La escultura, de casi 18 metros de altura, fue inaugurada en 1896 como símbolo de la lengua italiana, cuando Trentino aún pertenecía al Imperio Austrohúngaro.
Desde esta zona es un buen momento para tomar el funicular, ubicado justo al lado de la estación de trenes a la que probablemente llegasteis al visitar la ciudad por primera vez. El Funivia Trento no solo es una atracción turística, sino que también conecta la ciudad con el pueblo de Sardagna, ofreciendo unas vistas panorámicas espectaculares de Trento.
El funicular se inauguró en 1925 y salva los 400 metros de desnivel que separan ambas localidades en apenas cinco minutos. El precio del billete de ida y vuelta es de 5 euros, válido desde cualquiera de sus extremos. El servicio funciona de 7:00 a 22:30, con frecuencia suficiente para planificar la visita con comodidad. Una vez arriba, además de disfrutar de las vistas, se puede pasear brevemente por el pintoresco pueblo de Sardagna.
También podéis acercaros, o simplemente contemplar desde lejos, el Mausoleo di Cesare Battisti, que se ve casi en todo momento gracias a su elevada posición sobre la ciudad.
¿Dónde comer en Trento?
Llegamos a una de las partes más agradables de cualquier viaje: probar la cocina local. Aquí van tres recomendaciones, todas con platos típicos del Trentino y del Tirol del Sur:
- Birreria Pedavena: una antigua cervecería aún en funcionamiento. El local es amplio y muy bonito, ideal para degustar platos tradicionales de la región acompañados de alguna de las cervezas que elaboran allí mismo. Dirección: Piazza di Fiera, 13.
- Green Tower Ristorante Pizzeria: un restaurante elegante, perfecto para una cena. Si tenéis suerte, podéis reservar mesa en su agradable patio exterior. Dirección: Via Torre Verde, 29.
- La Cantinota: otro clásico para disfrutar de la gastronomía local, ubicado en Via S. Marco, 22-24.
Entre las especialidades gastronómicas del Trentino destacan el Speck Trentino y la curiosa Salsa del Oso. El Speck es un jamón deshuesado elaborado con las patas traseras del cerdo, curado y ahumado durante 72 horas con madera de haya. Se come en lonchas finas, solo o acompañado de pan y queso local. Por su parte, la Salsa del Oso, llamada así por los osos que históricamente habitaban estas montañas y que hoy han sido reintroducidos, es una rica salsa para pasta con un sabor intenso y rústico, ideal para probar la auténtica tradición culinaria de la región. Ambos productos los podéis encontrar en las charcuterías y supermercados de la ciudad.



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