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Artículo actualizado en: 2026-03-20T10:27:36Z

Agrigento

Agrigento es una ciudad de unos 55.000 habitantes situada en el suroeste de Sicilia. Fue una importante metrópolis griega, y parte de ese pasado aún se conserva en el Valle de los Templos, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.

    ¿Cómo llegar a Agrigento?

    Agrigento cuenta con estación de tren (Agrigento Centrale), por lo que es posible llegar desde las principales ciudades sicilianas. El inconveniente es que el recinto arqueológico se encuentra a unos 30 minutos a pie de la estación, algo poco práctico, especialmente en verano, cuando el calor aprieta.

    Por eso, la mejor opción es llegar en coche. Hay varios aparcamientos cerca del yacimiento; nosotros elegimos el Parcheggio Porta V – Valle dei Templi, bastante amplio y muy bien situado para comenzar la visita. El precio es de 2 € la primera hora y 1,30 € por hora a partir de la segunda.

    Breve historia de Agrigento

    El origen de la ciudad se remonta aproximadamente al 582 a. C., cuando colonos procedentes de Rodas y Gela fundaron Akragas. Con el tiempo llegó a tener unos 200.000 habitantes, convirtiéndose en la segunda ciudad griega más importante de Sicilia, solo por detrás de Siracusa.

    En el 406 a. C., Akragas fue arrasada por los cartagineses durante la Segunda Guerra Greco-Púnica. Recuperó relevancia con la llegada de los romanos en el 210 a. C., quienes la rebautizaron como Agrigentum. Los romanos no construyeron nuevos templos, sino que se dedicaron a reconstruir los templos griegos dañados y a consagrarlos a sus propios dioses.

    Durante las invasiones bárbaras del siglo VI d. C., gran parte de la ciudad quedó destruida y terminó despoblándose, perdiendo toda importancia. El redescubrimiento de Akragas comenzó a finales del siglo XVIII, cuando los primeros viajeros europeos interesados en la cultura griega llegaron a la zona. Ya en el siglo XX, gracias a diversas financiaciones, se intensificaron las investigaciones arqueológicas y la recuperación de los templos.

    ¿Qué ver en Agrigento?

    Nosotros nos centramos exclusivamente en el parque arqueológico, conocido como Valle de los Templos (Valle dei Templi), y no visitamos la ciudad de Agrigento como tal.

    Comenzamos por la Puerta V (Ingresso e biglietteria Valle dei Templi - Porta V), situada justo al lado del aparcamiento que mencionamos antes. Aquí podéis comprar la entrada solo para el parque arqueológico o combinada con el museo. Los precios y horarios están disponibles en su página web. Un detalle importante: los estudiantes de arquitectura, incluso mayores de 25 años, entran gratis, igual que todo el mundo el primer domingo de cada mes. Con la entrada no se entrega información adicional, pero se puede comprar un mapa por 1,20 € o una audioguía por 5 €. En cualquier caso, en cada templo hay paneles informativos en inglés, francés e italiano. En esta zona también encontraréis puestos de souvenirs, baños y un pequeño quiosco (no siempre abierto) donde comprar algo de comer o beber.

    El recorrido avanza por un camino de subida suave pero constante. Para quienes tengan dificultades, existe un servicio de lanzadera (shuttle) por 3 € por persona que lleva desde la entrada hasta el templo situado en la parte más alta, el Templo de Juno, permitiendo hacer el recorrido en sentido descendente.

    Es fundamental llevar mucha agua y protección solar, ya que todo el recinto es al aire libre y el sol puede ser muy intenso, especialmente en verano.

    Tras unos minutos de ascenso entre olivos, llegamos a la primera explanada, donde encontramos varios puntos de interés. El primero es el Templo de los Dioscuros (Cástor y Pólux). Cástor y Pólux son los nombres romanos de los dioses griegos Dióscuros, gemelos nacidos de la unión entre la reina espartana Leda y Júpiter (equivalente romano de Zeus), el principal dios de la mitología romana. El templo original, del siglo V a. C., contaba con 34 columnas, pero fue gravemente dañado por el saqueo cartaginés y posteriormente por terremotos e incendios. En 1836, durante excavaciones arqueológicas, se hallaron sus restos y se reconstruyeron tres columnas utilizando elementos mezclados de otros templos; una cuarta columna se añadió en 1856. Aunque es uno de los templos más fotografiados —aparece en todas las guías y postales—, no es de los más importantes, ya que su reconstrucción combina piezas de distintos edificios y épocas.
     
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    Templo de los Dioscuros

    Este templo fue reconstruido en esta zona porque aquí se encontraba antiguamente el Santuario de las divinidades ctónicas, un complejo de edificios sagrados dedicado al culto de las diosas de la tierra y la fertilidad: Démeter (la madre) y Perséfone (la hija). El santuario data del siglo VI a. C., es decir, incluso antes de la llegada de los griegos a la zona. En la mitología griega, lo “ctónico” hacía referencia a los dioses y espíritus del inframundo, vinculados a la tierra y a los ciclos de la naturaleza. No busquéis grandes restos, porque del antiguo santuario apenas se conserva un altar circular.

    Continuamos hacia el siguiente templo, el Templo de Zeus Olímpico (Júpiter para los romanos). Aunque nunca llegó a completarse, su construcción comenzó en el siglo V a. C., hasta que fue destruido por los cartagineses a finales de ese mismo siglo. Con unas dimensiones de 112,7 x 56,3 metros, aspiraba a convertirse en el templo dórico más grande del mundo.

    Entre sus columnas se distribuían 38 estatuas colosales de piedra, de 7,5 metros de altura, llamadas Telamones. Hoy en día pueden verse los restos del templo derrumbado y, subiendo por detrás de ellos, el altar y una reconstrucción de uno de estos Telamones. El original se conserva en el Museo Arqueológico de Agrigento (Museo Archeologico Regionale), que puede visitarse con una entrada combinada junto a la del Valle de los Templos.

    Además del saqueo cartaginés del 406 a. C., el templo terminó de hundirse debido a varios terremotos. En el siglo XVIII, sus piedras se utilizaron como cantera para construir otras partes de Agrigento y el puerto de Porto Empedocle, una localidad cercana.
     
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    Réplica de un telamón en el recinto del Templo de Zeus Olímpico

    A continuación nos encontramos con el Templo de Heracles (Hércules para los romanos), el más antiguo de todo el conjunto, datado en torno al 510 a. C. En su interior albergaba una estatua de bronce del propio Hércules, motivo por el cual en época moderna se le asignó este nombre. El templo fue destruido probablemente por varios terremotos y, en la actualidad, solo se conservan ocho columnas de las 38 originales, todas ellas reconstruidas en la década de 1920.
     
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    Templo de Heracles

    De camino a la siguiente parada veremos, a mano derecha, unos arcosolios bizantinos, es decir, unos huecos tallados en la muralla de piedra para albergar tumbas.

    Llegamos al Templo de la Concordia, el mejor conservado de todos. De hecho, para algunos es el mejor conservado del mundo por detrás del Partenón de Atenas. Se trata de un templo dórico construido entre el 440 y 430 a. C., compuesto por 34 columnas y que, desde el siglo VI d. C., fue utilizado como iglesia cristiana. Se le puso el nombre de Concordia, diosa de la armonía en la mitología romana, por una inscripción en latín encontrada cerca de aquí, aunque no guardaba relación con el templo.

    Delante del templo podemos admirar la estatua de Ícaro, colocada aquí en 2011, obra del escultor polaco Igor Mitoraj, fallecido en 2014. La estatua representa la caída de Ícaro, historia de la mitología griega que narra cómo Ícaro desobedeció a su padre, Dédalo, y voló demasiado cerca del sol, de tal manera que sus alas de cera se derritieron y cayó al mar Mediterráneo. Por eso esta estatua presenta las alas rotas, a consecuencia de la caída. Aunque se trata de una obra de arte moderna, está magníficamente ejecutada y encaja a la perfección con su entorno. La foto de la estatua con el Templo de la Concordia de fondo es una de las más populares entre los turistas.
     
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    Estatua de Ícaro y Templo de la Concordia

    Seguimos subiendo. Fijaos, a mano izquierda, que hay un pequeño campo con cabras girgentanas, muy peculiares por sus grandes cuernos en forma de espiral. También hay que destacar los olivos —algunos de ellos casi milenarios— que hay entre este templo y el siguiente.

    El último de todos los que veremos es el Templo de Hera (Juno para los romanos, Giunone en italiano), uno de los más espectaculares al estar ubicado en la cima de la colina, desde donde se obtienen unas vistas tremendas del parque arqueológico y de toda la zona. El nombre del templo es fruto de un error de interpretación de un texto romano donde se hace referencia a un templo de Hera, pero en Crotone (Calabria), no aquí. Por conveniencia se ha mantenido este nombre. Se construyó en torno al 450 a. C., siguiendo los cánones de un templo dórico, similar al Templo de la Concordia. Durante las investigaciones se descubrieron muestras de que había sido incendiado, probablemente durante los saqueos de Akragas por parte de los cartagineses en el 406 a. C.
     
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    Templo de Hera (de Juno)

    Con esto damos por finalizado el tour por Agrigento, el cual nos llevó unas dos horas. Hay algún templo más (el Templo de Esculapio, el Templo de Vulcano) y otros como la Tumba de Theron, un monumento funerario romano del siglo I a. C. dedicado a Theron, quien gobernó Akragas desde el 488 a. C. hasta el 472 a. C. Sin embargo, estos se encuentran fuera de la ruta y no siempre están abiertos al público, por lo que se pueden saltar o ver desde la carretera, como hicimos nosotros.

    Más alternativas en Agrigento

    Llegados a Agrigento, tenéis la oportunidad de visitar la Scala dei Turchi, traducido como Escalera de los Turcos, una bonita playa junto a unos acantilados blancos situada a tan solo 20 kilómetros de distancia. Se aparca sin problema en la parte superior, desde donde se obtienen las mejores vistas, y luego se puede bajar a la playa, que cuenta además con un chiringuito.

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