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Artículo actualizado en:
2026-02-16T01:48:36Z
Cuernavaca
Cuernavaca, capital del estado de Morelos, tiene aproximadamente 350.000 habitantes y es conocida como la “Ciudad de la eterna primavera” gracias a su clima agradable, con temperaturas que oscilan entre 20 y 23 °C durante todo el año, algo similar a las Islas Canarias pero en México. Su cercanía a Ciudad de México —solo 85 km— la convierte en un destino popular de vacaciones o de segunda residencia para los habitantes de la capital.
Aunque no cuenta con un plato típico muy famoso, la ciudad destaca por el cultivo de frutas, por lo que jugos y batidos frescos son especialmente populares y recomendables.
Cuernavaca se encuentra a solo 85 km de Ciudad de México, por lo que es ideal para una excursión de un día, que a menudo se combina con Taxco. Existen varias empresas de turismo que ofrecen estas excursiones; algunas dedican demasiado tiempo a lugares de relleno, mientras que otras se centran más en las ciudades, así que conviene revisar los itinerarios con calma. El precio ronda los 45-50 €.
Nosotros salimos muy temprano desde Ciudad de México y pasamos un par de horas en Cuernavaca antes de continuar hacia Taxco, tiempo suficiente para recorrer el centro, que no es muy grande. En nuestra opinión, no merece la pena pernoctar.
También es posible llegar por cuenta propia en autobús; la opción más confiable es la empresa ETN, que usamos durante nuestro viaje y funcionó sin problemas.
El centro histórico de Cuernavaca es pequeño y los atractivos son limitados, por lo que paseando tranquilamente una mañana se puede ver todo.
Comenzamos por el Conjunto Conventual de la Asunción de Cuernavaca, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, compuesto principalmente por tres edificios: la Catedral, la Capilla Abierta y la Capilla de la Tercera Orden de San Francisco de Asís.
→ La Catedral de Cuernavaca, también llamada Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, se erigió en 1529 como convento por los doce primeros frailes franciscanos que llegaron al país. La catedral se construyó sobre un templo indígena con el objetivo de imponer el cristianismo, usando materiales locales y mano de obra de los propios indígenas convertidos. De hecho, en el interior, junto a la pila bautismal en la parte trasera, se conserva una figura tallada con rasgos y corte de pelo típicos de los indígenas, prueba de que ellos participaron activamente en la construcción y decoración.
El interior alberga frescos que representan a los 26 mártires de Japón. La historia cuenta que el fraile franciscano San Felipe de Jesús viajaba desde Filipinas a la Nueva España, pero naufragó en la costa de Japón en 1597. Él y sus compañeros fueron crucificados en Nagasaki por intentar difundir el cristianismo, tal y como muestran los frescos. Los murales fueron restaurados en 1959 y se cree que los autores fueron pintores indígenas locales del siglo XVII.
Uno de los frescos de los 26 mártires de Japón en la Catedral de Cuernavaca
Además, esta iglesia también innovó en la forma de dar la misa. Antiguamente, hombres y mujeres estaban separados y los no bautizados al fondo; la disposición actual de los asientos nos permite hacernos una idea de cómo funcionaba aquello. En un momento dado se decidió mezclar a todos, un gesto de inclusión que rompió con la estricta jerarquía social y simbólica de la época.
→ Saliendo por la puerta trasera de la catedral se accede a la Capilla Abierta, construida en la primera mitad del siglo XVI y considerada la parte más antigua del convento. Se cree que su construcción pudo haber sido promovida por Hernán Cortés, quien impulsó el bautismo y la conversión de los indígenas al cristianismo en la región.
Capilla Abierta con la Catedral a la izquierda
→ Otro de los edificios del conjunto, nada más entrar a la derecha, es la Capilla de la Tercera Orden de San Francisco de Asís, construida en el siglo XVIII en estilo barroco. Su interior merece la pena, especialmente por el retablo barroco dorado dedicado a San Francisco de Asís, la Virgen María y los santos de la Tercera Orden.
Desde el Conjunto Conventual, tomamos la calle Miguel Hidalgo hacia abajo y llegamos al Palacio de Cortés, que actualmente alberga el Museo Regional de los Pueblos de Morelos. El palacio fue mandado construir por Hernán Cortés en 1526 como su residencia y la de su esposa Juana Zúñiga, tras vivir un tiempo en Ciudad de México. A lo largo de los siglos, el edificio tuvo distintos usos: en el siglo XVIII sirvió como cárcel y en el XIX como sede del gobierno, además de despacho oficial del Emperador Maximiliano I entre 1864 y 1866, quien eligió Cuernavaca como segunda residencia atraído por su clima y vegetación.
Hoy en día, el Museo Regional de los Pueblos de Morelos exhibe una extensa colección de restos de los tlahuicas (1100 d. C. – 1521 d. C.), el grupo indígena que habitaba esta región antes de la llegada de los españoles. En la planta alta destacan murales de Diego Rivera que ilustran parte de la historia local. Frente al palacio se encuentra un monumento dedicado al General Carlos Pacheco Villalobos, gobernador de Morelos en 1877, y no a Cortés como muchos podrían pensar inicialmente.
Fachada principal del Palacio de Cortés
Podemos bordear el Palacio de Cortés para explorar otras calles; justo detrás se encuentra el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Morelos y varios edificios gubernamentales. Al rodear el palacio, a un lado del museo pero por la parte trasera, hay unas escaleras que suben directamente al Mercado de Artesanías, un buen lugar para adquirir souvenirs y productos locales de la región.
Volviendo al frente del Palacio de Cortés, llegamos al corazón del centro histórico: la Plaza de Armas. En esta plaza destacan varios elementos: a un lado se alza el Edificio de Gobierno Estado de Morelos y al otro se encuentran las grandes letras de “Cuernavaca”. Por la longitud del nombre. el tamaño de las letras y las escaleras que hay frente a ellas, resulta difícil abarcar todo en una sola foto y que aparezca la plaza de fondo, pero merece la pena intentarlo.
Letras de Cuernavaca en la Plaza de Armas
En una esquina de la Plaza de Armas nace el Jardín Juárez, también conocido como el Zócalo de Cuernavaca. Se trata de una placita ajardinada con un quiosco en el centro, muy típica de México. En este quiosco se venden todo tipo de jugos, batidos y chamoyadas de frutas, recordemos que los batidos y jugos frescos son especialmente populares aquí gracias al cultivo local de frutas. La chamoyada es similar a un granizado de frutas pero con una salsa llamada chamoy, agridulce y picante, que le da un toque único y muy mexicano. Sin duda es un lugar ideal para relajarse, disfrutar del buen clima y observar la vida cotidiana de la ciudad.
Quiosco en el Jardín Juárez
Finalmente, lo último que nos queda por ver es el Jardín Borda, construido en el siglo XVIII por José de la Borda y que formó parte de la residencia de verano de Maximiliano de Habsburgo y Carlota Amalia durante el Segundo Imperio Mexicano (1864–1867). Este histórico jardín lleno de plantas exóticas, flores, albercas y fuentes permite pasear y desconectar un rato. La entrada cuesta 30 MXN para turistas y se encuentra junto a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, barroca y digna de una breve visita.
En resumen, Cuernavaca no tiene una gran cantidad de atracciones, pero es ideal para pasar una mañana o una tarde, y visitarla en una excursión combinada con Taxco es totalmente factible siempre que se disponga de algo de tiempo libre para recorrerla a gusto.





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