Heidelberg es una ciudad de aproximadamente 160.000 habitantes situada en el estado federado de Baden-Württemberg, en el suroeste de Alemania. Gracias a su ubicación, resulta una excursión perfecta de un día desde ciudades cercanas como Frankfurt am Main (a unos 90 kilómetros), Stuttgart (a unos 120 kilómetros) o Darmstadt (a unos 60 kilómetros).
La ciudad conserva un marcado aspecto medieval, dominado por un imponente castillo que corona la colina. Por este motivo, Heidelberg es uno de los destinos turísticos más populares del sur de Alemania y está considerada por muchos alemanes como uno de los lugares más bellos del país.
Además, probablemente por el hecho de que no era un gran centro industrial ni militar, tuvo la suerte de sufrir muy pocos daños durante la Segunda Guerra Mundial. Este hecho, sumado a su ubicación estratégica, sus buenas infraestructuras y las instalaciones militares ya existentes llevaron a Estados Unidos a establecer aquí tras el conflicto uno de sus principales cuarteles generales en Europa, que se mantuvo activo durante varias décadas.
¿Qué ver en Heidelberg?
El principal atractivo de Heidelberg es su castillo (Heidelberger Schloss). Este enorme conjunto arquitectónico, a menudo denominado también palacio, comenzó a construirse en el año 1214 y fue ampliado y renovado en distintas etapas, especialmente en 1294 y 1650.
El castillo funcionaba como un complejo casi autosuficiente, similar a una pequeña ciudad, con palacios, capilla, bodegas y jardines. En la actualidad, el recinto acoge festivales y eventos culturales, y puede alquilarse para bodas y celebraciones privadas.
El castillo perteneció a los Electores del Palatinado, una de las dos ramas de la Casa de Wittelsbach, junto con la rama bávara. Los electores eran príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico. A lo largo de su historia, el castillo sufrió numerosos conflictos y guerras, siendo el más relevante la Guerra de Sucesión del Palatinado (finales del siglo XVII), que formó parte de un conflicto mayor: la Guerra de los Nueve Años.
En 1689, el castillo fue casi destruido por el ejército francés. Las tropas de Luis XIV devastaron la región del Palatinado del Rin —un territorio estratégico por su ubicación— utilizando como justificación un conflicto dinástico: su cuñada, Isabel Carlota del Palatinado, reclamaba derechos sobre el territorio tras la muerte del elector Carlos I Luis, que falleció sin dejar un heredero directo. Como consecuencia, Heidelberg y muchas otras ciudades de la región sufrieron graves daños.
A finales del siglo XIX, y ante la imposibilidad de reconstruir el castillo por completo, se puso en marcha un plan de conservación y restauración parcial. Hoy en día, su visita es imprescindible, ya que desde lo alto del palacio se obtienen unas vistas espectaculares de toda la ciudad. Los precios y horarios de acceso pueden consultarse en su página web.
Vistas de Heidelberg desde el castillo
Dentro del recinto del castillo, concretamente en su bodega, se esconden algunas sorpresas, como el Großes Fass, uno de los barriles de vino más grandes del mundo con una capacidad de aproximadamente 228.000 litros. Construido en 1751, mide 9 metros de longitud y es una de las curiosidades más llamativas de la visita.
Junto al barril se encuentra la estatua de Perkeo, el legendario encargado de la bodega, famoso por su amor al vino. La leyenda cuenta que Perkeo solo bebía vino y vivió hasta los 80 años, cuando enfermó por primera vez en su vida; se dice que, cuando el médico le visitó, le sugirió beber un poco de agua, y Perkeo falleció poco después. Sin embargo, según los registros históricos, vivió entre 1702 y 1735, falleciendo a los 33 años. Su nombre proviene de que solía decir “perché no?” cada vez que alguien le ofrecía vino.
Por curiosidad, hay una réplica de la estatua en el casco antiguo de la ciudad, en el hotel que lleva su nombre: el Hotel Perkeo.
Para el descenso, nosotros optamos por utilizar el funicular (Bergbahn), que puede emplearse tanto para subir como para bajar. De este modo, según las fuerzas y las ganas de caminar, es posible elegir el sentido que resulte más cómodo.
El casco antiguo (Altstadt)
El casco antiguo de Heidelberg, con su trazado medieval de calles estrechas, es otra parada imprescindible. La mayoría de sus edificios son bajitos, de no más de tres o cuatro plantas, y en general presentan estilos renacentista y barroco, ya que fueron reconstruidos en distintas épocas tras incendios y guerras. Pasear por él permite descubrir gran parte del encanto de la ciudad; de hecho, el recorrido desde la estación principal de trenes hasta el castillo atraviesa esta zona, por lo que basta con caminar sin prisa y disfrutar del entorno para no perderse ningún detalle. A lo largo del paseo se pueden admirar algunos de los edificios más importantes de la ciudad, como los siguientes:
El casco antiguo de Heidelberg, con su trazado medieval de calles estrechas, es otra parada imprescindible. La mayoría de sus edificios son bajitos, de no más de tres o cuatro plantas, y en general presentan estilos renacentista y barroco, ya que fueron reconstruidos en distintas épocas tras incendios y guerras. Pasear por él permite descubrir gran parte del encanto de la ciudad; de hecho, el recorrido desde la estación principal de trenes hasta el castillo atraviesa esta zona, por lo que basta con caminar sin prisa y disfrutar del entorno para no perderse ningún detalle. A lo largo del paseo se pueden admirar algunos de los edificios más importantes de la ciudad, como los siguientes:
Comenzaremos por la Plaza del Mercado (Heidelberger Marktplatz), dominada por la fuente de Hércules (Herkulesbrunnen), construida en el siglo XVI, y rodeada de edificios históricos, como el del Ayuntamiento (Rathaus).
Frente al Ayuntamiento se alza la Iglesia del Espíritu Santo (Heiliggeistkirche). Este templo gótico, construido entre 1398 y 1439, albergó durante siglos las tumbas de los príncipes electores. Desde el castillo se obtiene una vista privilegiada de esta iglesia y de su entorno.
Otro de los edificios tradicionales de la Plaza del Mercado es el Hotel Zum Ritter St. Georg, situado en la histórica Casa Ritter (Haus zum Ritter), el edificio residencial más antiguo que todavía se conserva en el casco histórico de Heidelberg, construido en 1592. Su elegante fachada de piedra rojiza es uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura renacentista de la ciudad.
Casa Ritter
En una de las calles perpendiculares a la Plaza del Mercado, la Haspelgasse, se encuentra un local histórico llamado Café Konditorei Knösel, también conocido como Heidelberger Studentenkuss, donde se elaboran los famosos Studentenküsse (“besos de estudiantes”): bombones de chocolate que los estudiantes regalaban a las jóvenes como gesto romántico en una época en la que el contacto físico en público era poco habitual. A lo largo de su historia, por este café han pasado personalidades como Angela Merkel, Bill Clinton y Michelle Obama.
Ahora nos acercaremos a ver la Universidad de Heidelberg (Universität Heidelberg). Fundada en 1386, es la universidad más antigua de Alemania. En sus inicios, las disciplinas impartidas eran medicina, filosofía, teología y derecho, aunque en la actualidad cuenta con facultades de prácticamente todas las áreas de estudio. Entre los numerosos intelectuales ilustres que pasaron por sus aulas destacan Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Ludwig Feuerbach, Jürgen Habermas y Max Weber. También merece una visita la Biblioteca de la Universidad (Universitätsbibliothek Heidelberg), formada por 83 bibliotecas pertenecientes a las distintas facultades y que alberga más de tres millones de libros.
Una de las cosas más curiosas de la Universidad de Heidelberg es que tiene una Cárcel de Estudiantes (Studentenkarzer), donde se encerraba a los estudiantes que se portaban mal —por ejemplo, si salían por las noches, hacían ruido o se emborrachaban—. Las condenas duraban desde 4 días hasta 4 semanas, periodo durante el cual los estudiantes no tenían permitido salir del edificio y se entretenían pintando y escribiendo en las paredes. Esta cárcel se utilizó entre 1823 y 1914. Durante los dos primeros días solo podían comer pan y agua; a partir del tercer día, otros compañeros podían llevarles comida y cerveza. El edificio funciona hoy como un museo y requiere el pago de 6 € por adulto.
Otro aspecto curioso es que junto a los edificios de la universidad, en una especie de patio llamado Marstallhof, los sábados al inicio del curso (finales de septiembre) los estudiantes montan un mercadillo informal donde venden artículos que ya no necesitan, como ropa, muebles o cosas de segunda mano.
Volvemos al centro para recorrer la Steingasse, que nos lleva hasta la Brückentor —nombre que significa literalmente “Puerta del Puente”—, una puerta medieval característica por sus dos torres gemelas blancas. Justo después se encuentra el Puente Viejo de Heidelberg (Alte Brücke Heidelberg), un puente histórico de arenisca roja, material típico de la región, construido en piedra en estilo renacentista. La versión actual fue construida en 1788 por orden del príncipe elector de Baviera, Carlos Teodoro (1724–1799), razón por la cual su nombre oficial es Carl-Theodor-Brücke, aunque anteriormente existieron puentes de madera en el mismo lugar. Hoy es uno de los símbolos más reconocibles de Heidelberg, conectando el casco antiguo (Altstadt) con la otra orilla del río Neckar.
Al otro lado del puente se alza la Heiligenberg, una pequeña montaña cuya traducción literal es “Montaña Sagrada”, a la que se puede subir para recorrer algunos de los senderos que la rodean. El más famoso es el Camino de los Filósofos (Philosophenweg), al que se puede acceder tanto desde el Puente Viejo como desde el puente Theodor-Heuss-Brücke.
Aunque el sendero existía desde antes, el nombre “Camino de los Filósofos” se popularizó en el siglo XIX, cuando profesores, filósofos y académicos de la Universidad de Heidelberg paseaban por aquí conversando y reflexionando sobre temas académicos y filosóficos. En la parte alta del camino hay unos bancos donde sentarse a disfrutar de una magnífica vista de Heidelberg, especialmente al atardecer e incluso cuando ya ha caído la noche.
Vistas del Puente Viejo, la Brückentor y el castillo desde el Camino de los Filósofos
A los que les gusten las caminatas pueden seguir hasta la cima de la colina Heiligenberg, donde se encuentra la Heiligenberganlage – Thingstätte, un anfiteatro construido en 1934 por el régimen nazi para actos públicos, conciertos, espectáculos y reuniones políticas. Formaba parte de un proyecto cultural más amplio que planeaba construir varios anfiteatros similares en Alemania; de los previstos, solo se llegaron a construir alrededor de 40–50.
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