Budapest es la capital de Hungría y, con poco más de 1,78 millones de habitantes, la ciudad más poblada del país.
Budapest nace de la unión de tres ciudades: Buda, Pest y Óbuda, si bien las dos primeras son las más conocidas y admiradas. Las tres se unieron en 1873, durante el Imperio Austrohúngaro, para formar una sola ciudad y convertirse en la co-capital del imperio junto a Viena; originalmente se barajó el nombre “Pestbuda”, pero finalmente se eligió Budapest, dando prioridad histórica y simbólica a Buda.
Para muchos, Budapest es una de las ciudades más bonitas de Europa, una ciudad de contrastes: un impresionante patrimonio del período austrohúngaro con edificios espectaculares frente al mal estado y relativo abandono en el mantenimiento urbano.
La ciudad es atravesada por el Danubio, que divide la ciudad en dos: Buda, al oeste, la parte más montañosa y monumental, y Pest, al este, la parte más llana, urbana, comercial y social. Al norte de Buda se encuentra Óbuda, un distrito histórico que conserva restos de la antigua ciudad romana de Aquincum, un importante asentamiento de la provincia romana de Panonia.
Budapest necesita al menos tres días para visitarse con calma. Lo ideal es organizar el itinerario separando los días entre Buda y Pest, para evitar cruzar el Danubio continuamente y así aprovechar mejor el tiempo. Además, la ciudad cuenta con una excelente red de transporte público —metro, autobuses y tranvías— que cubre prácticamente toda la ciudad, con buena frecuencia y pocos retrasos, lo que facilita mucho los desplazamientos.
Información práctica de Hungría
Desde 2004, Hungría forma parte de la Unión Europea (UE) aunque su moneda no es el euro, sino el florín húngaro (HUF).
El idioma oficial del país es el húngaro o magiar. El término magiar hace referencia al pueblo originario que se asentó en el territorio de la actual Hungría, y de hecho magyar significa “húngaro” en húngaro. Este idioma es también lengua oficial de la Unión Europea desde la adhesión de Hungría en 2004 y está considerado uno de los más difíciles de Europa. Pertenece a la familia de las lenguas urálicas, originarias de la región de los montes Urales, al igual que el finlandés, con el que comparte ciertos rasgos. Para orientaros mejor por la ciudad, conviene saber que “utca” significa calle y “tér” significa plaza 😊.
Aunque históricamente Hungría ha sido un país con mayoría cristiana, hoy la proporción de personas que se identifican como cristianas es mucho menor, de en torno al 42–44 %.
Breve historia de Budapest
Antes de empezar la visita, conviene hacer un breve repaso histórico de Budapest, ya que a lo largo del recorrido encontraremos numerosos lugares y referencias históricas por toda la ciudad. Hungría es un país que ha sufrido mucho: fue ocupado por el Imperio Otomano, participó en las guerras mundiales del lado perdedor y estuvo bajo ocupación de la Unión Soviética hasta 1991.
En el siglo XIX, Hungría formaba parte del Imperio Austriaco. A mediados de siglo estalló la Revolución Húngara de 1848, un intento de independencia que fue duramente reprimido por el emperador Francisco José I de Austria, esposo de Isabel de Baviera, más conocida como Sissi. La emperatriz era muy querida en Hungría: visitaba con frecuencia Budapest, aprendió húngaro, se preocupaba por el país y su gente, y apoyó la autonomía húngara dentro del Imperio. Una de sus hijas nació en Budapest, y se dice que mantuvo cierta relación con el Conde Gyula Andrássy, cuyo nombre da título a una de las avenidas más importantes de la ciudad. Incluso el Erzsébet híd (Puente de Isabel) lleva su nombre en su honor. Por el contrario, Francisco José no gozaba del mismo aprecio, y un puente que originalmente llevaba su nombre, el Ferenc József híd (Puente de Francisco José), fue rebautizado tras la Segunda Guerra Mundial como Puente de la Libertad.
Gracias a la influencia de Sissi, en 1867 Hungría alcanzó un mayor grado de autonomía y se consolidó el Imperio Austrohúngaro, con Francisco José y Sissi como reyes de Hungría. Tras la caída del imperio en 1918, Hungría se proclamó república independiente.
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Hungría se alineó con la Alemania nazi, y Budapest sufrió graves daños debido a los bombardeos aliados. Muchos edificios quedaron destruidos, incluidos los puentes sobre el Danubio, y numerosas personas perdieron la vida. Tras el final de la guerra, el país quedó bajo ocupación de la Unión Soviética.
En 1956 comenzaron a surgir movimientos de protesta contra el gobierno comunista y la influencia estalinista de la URSS. Lo que empezó como manifestaciones estudiantiles y ciudadanas se convirtió en la Revolución húngara de 1956, también conocida como Otoño húngaro, ya que tuvo lugar entre octubre y noviembre de ese año. El líder húngaro Imre Nagy anunció que Hungría se retiraba del Pacto de Varsovia, una alianza militar del Bloque del Este creada para contrarrestar a la OTAN (alianza formada por el bloque europeo y norteamericano). Esta decisión provocó la intervención directa de la Unión Soviética, que envió tropas y tanques para sofocar la revuelta. Tras cerca de 2.500 muertos, la resistencia húngara fue derrotada y el país volvió al control comunista. Muchos húngaros se exiliaron entonces a Austria y a otros países cercanos.
En la Revolución Húngara de 1956, los manifestantes recortaban el escudo comunista del centro de la bandera, dejando un agujero como símbolo de su levantamiento contra la ocupación soviética. Hoy en día, ese agujero se mantiene como un símbolo histórico y puede verse en algunos lugares como recordatorio de aquel levantamiento.
¿Cómo llegar desde el aeropuerto de Budapest al centro?
Lo más habitual es llegar a Budapest con Ryanair o Wizz Air. Si voláis con Wizz Air, tened en cuenta su política de equipaje: en la tarifa básica solo permiten una mochila o bolso pequeño, no una maleta de cabina. Si intentáis subirla sin haberla contratado previamente, el recargo puede ser elevado. Con Ryanair ocurre algo similar: para subir la maleta de mano al avión es necesario contratar la opción Priority.
Una vez en el aeropuerto de Budapest (Ferenc Liszt), deberéis comprar los billetes de transporte público. Dependiendo de los días que vayáis a estar en la ciudad, suele compensar adquirir un abono: está el 24h-travel card (1 día) y el 72h-travel card (3 días), válidos para metro, autobuses y tranvías. Aunque vuestra intención sea ver la ciudad caminando, el frío en invierno y la distancia entre algunos puntos turísticos hacen que el transporte público se use más de lo previsto. Aquí podéis ver los distintos tipos de tickets y sus precios.
Ya con nuestro billete, para llegar al centro desde el aeropuerto, hay dos opciones principales:
- Autobús 200E: la parada se encuentra a la salida de la terminal. Este autobús conecta con la estación de metro Kőbánya-Kispest (línea M3), desde donde se puede llegar fácilmente al centro de la ciudad. Es la opción más económica.
- Autobús 100E: conecta directamente el aeropuerto con Deák Ferenc tér, una de las plazas más céntricas de Budapest. Tiene una frecuencia aproximada de 30 minutos y el primero sale desde la plaza Deák Ferenc tér a las 4 de la mañana mientras que en sentido contrario (desde el aeropuerto) lo hace a las 5 de la mañana. Es un autobús especial y requiere un billete específico de 2.200 HUF, que se puede comprar en las máquinas del aeropuerto o directamente en el autobús. Es más caro, pero es la opción más cómoda si vais con equipaje.
- La línea M1 es la segunda línea de metro más antigua del mundo (1896), después del metro de Londres (1863), y la primera de Europa continental. En 2002, esta línea fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
- Las líneas M2 y M4 cruzan el Danubio ¡por debajo!, por lo que en algunas estaciones tendrás que bajar muchas escaleras mecánicas para acceder al metro.
¿Qué ver en Buda?
Empezaremos nuestro recorrido por la parte occidental de la ciudad, Buda, y qué mejor que hacerlo por el famoso Puente de las Cadenas, de hierro forjado y piedra, historia viva de la ciudad ya que fue el primer puente permanente sobre el Danubio en conectar las ciudades de Buda y Pest (año 1849). Antes se cruzaba en barco o, en invierno, sobre el hielo. Mide 375 metros de largo y, como curiosidad, en su momento era de peaje, pues unía dos ciudades que eran distintas.
También son famosos los leones que custodian el puente. Cuenta la leyenda que su escultor, János Marschalkó, prometió suicidarse si alguien encontraba un error en sus obras, consideradas perfectas. Curiosamente, los leones no tienen lengua, lo que muchos creen un fallo, pero según Marschalkó, la lengua no se ve con la boca abierta, así que estaban bien. Marschalkó murió en 1877 de causas naturales, pero se creó un mito popular que decía que se había arrojado al Danubio debido al fallo cometido.
Si hay un monumento visible desde cualquier punto de Pest, ese es el Castillo de Buda (Budavári Palota). Originalmente erigido por orden del rey Béla IV de Hungría en el siglo XIII en estilo gótico, fue residencia de los reyes húngaros durante siglos. Muchos podrían pensar que no parece un castillo medieval típico, y la razón es que casi nada del original se conserva: lo que vemos hoy es principalmente un palacio barroco, reconstruido entre 1749 y 1769 por orden de María Teresa de Habsburgo, tras la devastación que sufrió Buda durante la liberación de la ciudad de los otomanos en 1686, ya que Buda llevaba ocupada por los turcos desde 1541. Los Habsburgo, incluidos Francisco José y Sissi, gobernaban desde Viena pero se alojaban aquí cuando visitaban Hungría.
Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1944-1945, el castillo quedó gravemente dañado durante el Sitio de Budapest, en los combates entre el Ejército Rojo de la URSS y las fuerzas alemanas y húngaras ya que el Castillo de Buda fue uno de los últimos bastiones de resistencia nazi. La posterior reconstrucción restauró gran parte de su aspecto barroco, aunque algunas secciones incluyen elementos modernos.
El Castillo de Buda se puede visitar por dentro, y para hacerlo, es recomendable adquirir las entradas con antelación, ya que las visitas se asignan a horarios específicos. En la página oficial encontraréis los precios y horarios actualizados. Una de las salas más impresionantes es la Sala de San Esteban (Szent István-terem), dedicada al primer rey católico de Hungría, San Esteban I (István I). La sala está decorada con un lujo excepcional, incluyendo revestimientos de madera tallada, cerámicas y frescos.
Castillo de Buda desde el Puente de las Cadenas
Además de la visita al propio Castillo de Buda, el complejo alberga tres importantes instituciones: la Galería Nacional Húngara (Magyar Nemzeti Galéria), la Biblioteca Nacional de Hungría (Országos Széchenyi Könyvtár) y el Museo de Historia de Budapest (Budapesti Történeti Múzeum). Cada una de estas instituciones requiere una entrada independiente.
Para llegar hasta el castillo, lo mejor es subir andando por el camino que nace frente al Puente de las Cadenas, o bien tomar el funicular Budavári Sikló, uno de los primeros funiculares de Europa, inaugurado en 1870. La estación inferior del funicular se encuentra a los pies de la colina, en una plaza que marca el Kilómetro 0 de Budapest.
Iglesia de San Matías (Mátyás Templom). Siguiendo nuestro paseo por Buda, relativamente cerca del Castillo, se encuentra esta iglesia, sin duda la más famosa de la ciudad. Fue construida en 1255 y debe su nombre al rey Matías Corvino de Hungría, responsable de la gran ampliación y embellecimiento del templo en el siglo XV. Una curiosidad es que la esposa de Matías fue Beatriz de Nápoles, conocida en Hungría como Beatriz de Aragón, ya que era hija legítima del rey Fernando I de Nápoles, en una época en la que el reino napolitano pertenecía a la Corona de Aragón. En 1541, tras la ocupación otomana de Buda, el templo fue convertido en mezquita, como ocurrió con muchos edificios cristianos. Durante la liberación de Hungría del dominio otomano en 1686, la iglesia sufrió graves daños y, tras varios intentos de reconstrucción, fue el arquitecto Frigyes Schulek quien, a finales del siglo XIX, llevó a cabo su restauración, dotándola del actual aspecto neogótico, inspirado en su imagen medieval original.
Merece la pena visitar el interior, ya que alberga diversas reliquias y tesoros, entre ellos un cuadro de la emperatriz Sissi de Austria, cuya coronación junto al emperador Francisco José I como reyes de Hungría tuvo lugar en esta iglesia en 1867.
Iglesia de San Matías
Bastión de los Pescadores (Halászbástya). Situado junto a la iglesia de San Matías, este mirador fue construido por el arquitecto Frigyes Schulek entre 1895 y 1902, en estilo neogótico y neorrománico. En la Edad Media, esta zona de Buda estaba habitada por el gremio de pescadores, que tenía asignada la defensa de este tramo de la muralla cuando la ciudad era atacada. Una leyenda cuenta que en aquella época existía un túnel subterráneo que conectaba el Bastión de los Pescadores con el mercado de los pescadores, que estaba cerca del río Danubio, lo que hoy es Váci Utca.
Una de sus peculiaridades es que cuenta con siete torres, en referencia a las siete tribus magiares que se asentaron en la región y dieron origen a la Hungría que conocemos hoy en día. Desde aquí se obtiene una magnífica vista panorámica de Pest, del Danubio y de los puentes que unen Buda y Pest.
Bastión de los Pescadores nevado
Museo Hospital in the Rock (Sziklakórház Atombunker Múzeum). Habíamos oído hablar mucho de este museo y, tras visitarlo, nos sumamos totalmente a las recomendaciones. Se trata de un antiguo búnker subterráneo que funcionó como hospital secreto a lo largo del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, decenas de heridos eran atendidos aquí; aunque su capacidad inicial era de unos 60 pacientes, en los momentos más críticos llegó a albergar más del triple. Los médicos procedían de otros hospitales de Budapest, mientras que muchas de las enfermeras eran voluntarias. El hospital continuó utilizándose en las décadas posteriores y, durante la Guerra Fría, fue adaptado para una posible guerra nuclear, lo que añade aún más interés histórico a la visita.
Las visitas son guiadas, en inglés, con salidas cada hora, y existen descuentos para estudiantes. El único inconveniente es que no está permitido hacer fotografías, aunque en su página web se pueden ver imágenes del interior, recreado con escenarios y maniquíes que ayudan a entender cómo funcionaba el hospital. En su página web podéis ver sus horarios y precios.
Para llegar al museo, basta con seguir la calle Szentháromság, que sale desde la plaza de la Iglesia de San Matías, hasta Tóth Árpád sétány, una avenida perpendicular. Justo enfrente encontraréis un ascensor que desciende hasta la entrada del búnker-museo.
Colina Gellért. Para obtener una vista panorámica de todo Pest, una buena opción es subir a la cima de la colina Gellért, uno de los puntos más altos de Budapest (235 metros), a la que se puede llegar en unos 30 minutos andando desde el Puente de Isabel (Erzsébet híd). En la cima hay varios monumentos importantes: la Citadella, con su Monumento a la Libertad y la Estatua de San Gerardo.
→Citadella. La Citadella es una fortaleza construida en 1854 por los Habsburgo. Tras la retirada de los austriacos, la fortaleza pasó a manos húngaras, que la conservaron por su estratégica ubicación con vistas tanto a Buda como a Pest. A lo largo del tiempo se utilizó con diversos fines, como campo de prisioneros o alojamiento temporal de gente sin hogar. Durante la Segunda Guerra Mundial, albergó una sede de las SS alemanas.
En 1947 se erigió en la cima el Monumento a la Libertad (Szabadság-szobor), que conmemora la liberación de Hungría del dominio nazi por parte del Ejército Rojo soviético. La estatua principal se conoce como Estatua de la Libertad y representa una mujer portando una hoja de palmera como símbolo de libertad.
Desde los años 60, la Citadella se ha convertido en un destacado atractivo turístico por las impresionantes vistas que ofrece de la ciudad.
Vistas de Budapest desde la Citadella
→Estatua de San Gerardo (Szent Gellért). San Gerardo fue un monje y obispo que ayudó a cristianizar Hungría por encargo del rey Esteban I. Según la tradición, no todos los húngaros aceptaban el cristianismo, y tras la muerte de Esteban, Gerardo fue víctima de una revuelta pagana: en 1046 fue asesinado al ser arrojado desde la colina que hoy lleva su nombre, la Colina Gellért.
Si tenéis tiempo, en la parte baja de la colina Gellért se encuentra la Iglesia de la Cueva (Gellérthegyi Barlang). Hungría cuenta con más de 4.000 cuevas conocidas, pero esta es especial: se trata de una atípica iglesia situada dentro de una gruta. Es de culto católico y fue construida en 1931 por los monjes paulinos, una orden religiosa húngara, inspirados tras su visita a la gruta de Lourdes (Francia). Durante la ocupación soviética, la iglesia permaneció cerrada y no se reabrió hasta 1992, tras la caída del comunismo. Desde esta parte de la colina se obtienen unas excelentes vistas del Danubio y del Puente de la Libertad (Szabadság híd).
Aquí, en la colina Gellért, también se encuentra el Balneario Gellért (Gellért Gyógyfürdő és Uszoda), el segundo más famoso de Budapest después del Széchenyi, del que hablaremos más adelante. Fue construido en 1918 y su preciosa arquitectura de estilo art nouveau, con mosaicos de cerámica, le ha hecho aparecer en numerosas películas y anuncios.
¿Qué ver en Pest?
El Parlamento (Országház) es uno de los edificios más impresionantes de la ciudad, y uno de los parlamentos más grandes del mundo, superado solo por los de Buenos Aires y Bucarest, y ligeramente más grande que el de Londres. Se construyó durante el Imperio Austrohúngaro con la intención de ser tan impresionante o incluso más que el de Viena, reflejando el poder y prestigio de Hungría dentro del imperio. Por ello se eligió un estilo neogótico y se decoró con elementos lujosos como mármol, oro y ricos materiales ornamentales. La construcción comenzó en 1885 y finalizó en 1904. Sus dimensiones son enormes: aproximadamente 268 metros de largo por 123 metros de ancho, con una altura de 96 metros, igual a la cúpula de la Basílica de San Esteban, de modo que ningún edificio de la ciudad lo supere, según una normativa urbanística simbólica. Su arquitecto, Imre Steindl, quedó ciego meses antes de la finalización y no pudo ver su obra terminada. Durante la Segunda Guerra Mundial, Budapest fue bombardeada; de hecho, se han encontrado ocasionalmente bombas sin explotar cerca del Parlamento.
El edificio sigue siendo sede de la Asamblea Nacional de Hungría y de eventos oficiales. Originalmente, Hungría tenía un parlamento bicameral (Cámara Baja o de Diputados y Cámara Alta o Senado, diseñadas de manera simétrica), pero desde 1949 es unicameral. Actualmente solo existe la Cámara Baja, pero la antigua Cámara Alta se conserva para visitas turísticas, mientras que la oficina del Primer Ministro no está abierta al público.
En su interior destacan la Escalera de Honor, la principal y más impresionante del edificio, adornada con detalles en oro y flanqueada por estatuas; y la Sala de la Corona, donde se guarda la Corona de San Esteban, también conocida como Santa Corona Húngara, utilizada en la coronación de todos los reyes húngaros. Su peculiar cruz torcida, que data del siglo XVII tras un accidente, se refleja también en el escudo de armas nacional. Frente a la corona se realiza un cambio de guardia cada hora.
Para visitar el Parlamento existen visitas guiadas en varios idiomas, incluido el español. La visita dura menos de una hora y permite admirar la magnitud y la belleza del edificio por dentro. Se recomienda comprar las entradas con varias semanas de antelación en su página web oficial e imprimirlas en papel. Los ciudadanos de la EEA (European Economic Area) y los estudiantes europeos menores de 25 años disfrutan de un precio reducido respecto a los visitantes de fuera de Europa. Si olvidáis comprarlas online, podéis intentar conseguir entradas en las taquillas a primera hora de la mañana, aunque suelen agotarse rápidamente.
La parada de metro más cercana es Kossuth tér (línea 2). Al estar a orillas del Danubio, la mejor vista del Parlamento se obtiene desde la otra ribera, en Buda, o desde lo alto del Bastión de los Pescadores. Desde ambos puntos se puede apreciar la majestuosidad de este emblemático edificio.
Como complemento a estas vistas, se puede dar un paseo en barco por el Danubio al atardecer o por la noche, algo totalmente recomendable, ya que desde el río se pueden contemplar los principales edificios iluminados a ambos lados (el Parlamento, el Castillo de Buda, etc.). Si de día es espectacular, de noche lo es aún más. Los paseos suelen durar alrededor de una hora, y varias compañías ofrecen este servicio, por ejemplo la de esta página. El Danubio tiene una longitud de 2.857 km, lo que lo convierte en el río más largo de la Unión Europea y el segundo más largo de Europa, solo por detrás del Volga en Rusia. Cruza 10 países, y aunque todo su recorrido es impresionante, probablemente el tramo que atraviesa Budapest sea el más bonito.
Vista del Parlamento de noche desde el barco
En un ala del Parlamento, a orillas del Danubio, se encuentra el memorial Zapatos en la orilla del Danubio (Cipők a Duna-parton), inaugurado en 2005. Una hilera de pares de zapatos de hierro recuerda a las cerca de 20.000 personas, principalmente judíos, que durante la Segunda Guerra Mundial fueron obligadas por las fuerzas fascistas húngaras y la Alemania nazi a descalzarse junto al río para ser fusiladas por la espalda y caer al Danubio. Los zapatos que llevaban eran a menudo incluso robados por los asesinos para quedárselos o venderlos. Este humilde memorial rinde homenaje a las víctimas en el mismo lugar donde ocurrieron estos crímenes.
Frente al parlamento se encuentran los edificios del Palacio de Justicia de Budapest (Igazságügyi palota), de 1896, y el Ministerio de Agricultura (Földművelésügyi Minisztérium). Este último es fácilmente reconocible por una bolas metálicas que hay pegadas en las paredes junto con varias coronas de flores en memoria del levantamiento de 1956.
La Avenida Andrássy, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2002, forma parte del conjunto que incluye el Boulevard Andrássy, el centro de Budapest y la zona ribereña del Danubio en Buda y Pest. Esta majestuosa avenida alberga tiendas de lujo, boutiques exclusivas, cafés históricos y teatros, y comienza en la Plaza de los Héroes, que exploraremos más adelante. Fue construida cuando Hungría formaba parte del Imperio Austrohúngaro y es, sin duda, una de las arterias más emblemáticas de la ciudad.
En ella destaca el Teatro de la Ópera de Budapest (Magyar Állami Operaház), un edificio de estilo neorrenacentista, considerado uno de los más bonitos de la ciudad. La ópera es la sede de la Orquesta Filarmónica de Budapest, fundada en 1853 y alberga la Ópera Húngara y el Ballet Nacional Húngaro. Cuando la ópera fue construida, Budapest pertenecía al Imperio Austrohúngaro, por lo que el emperador Francisco José I ordenó su construcción con la condición de que no fuera más grande que la Ópera de Viena. Durante la inauguración, cuando Francisco José I y la emperatriz Sissi llegaron, se dice que el emperador, al ver la majestuosa ópera, pensó que, aunque se había cumplido la condición de que no fuera más grande que la de Viena, había olvidado especificar que no debía ser más bonita. Muchos opinan también que es más impresionante que la de Viena. Se puede visitar mediante visitas guiadas.
Otro punto destacado de la avenida es el Oktogon, una conocida plaza octogonal que, en realidad, no tiene grandes atractivos más allá de varios restaurantes y cadenas internacionales como Fridays, McDonald’s o Starbucks. Si os desviáis un poco desde el Oktogon por la calle Teréz körút, podéis aprovechar para tomar un café en el histórico y precioso New York Café (New York Kávéház), inaugurado en 1894 y considerado durante el siglo XX uno de los grandes centros de la vida literaria y cultural húngara.
Al final de la Avenida Andrássy se puede vislumbrar la Basílica de San Esteban (Szent István-bazilika), el edificio eclesiástico más representativo de Hungría y también el más grande de Budapest en capacidad y altura de la cúpula. Posee el título de basílica menor otorgado por el Papa Pío XI en 1931. Aunque no es sede episcopal, posee rango de catedral por ser el principal centro de culto en la ciudad. Está dedicada a Esteban I, primer rey y santo patrón de Hungría, quien consolidó la cristianización del país y fue canonizado en 1083. En Hungría, el día de San Esteban se celebra el 20 de agosto, como festividad nacional.
La construcción de la basílica comenzó en 1851, pero se retrasó 54 años debido al derrumbe de la cúpula, por lo que no se pudo inaugurar hasta 1905. Es de estilo neoclásico y mide 96 metros de altura, exactamente igual que el Parlamento, simbolizando que la política y la religión se encuentran al mismo nivel. Su interior tiene capacidad para unas 8.000 personas y está decorado con numerosas esculturas de mármol, siendo especialmente impresionante la cúpula vista desde abajo.
Entre sus tesoros se encuentra la llamada Santa Diestra, la mano momificada de San Esteban, conservada en perfecto estado durante siglos. Aunque no existen pruebas científicas absolutas que lo confirmen, se considera auténtica; se exhibe en una urna dentro de la basílica y aún conserva los brazaletes reales. La reliquia permanece allí permanentemente, excepto el 20 de agosto, cuando es sacada en procesión por la ciudad durante la festividad nacional.
Justo debajo de la iglesia, aunque desgraciadamente no está abierta al público, se encuentra una cripta donde descansan personajes célebres; quizá el más conocido sea Ferenc Puskás, futbolista húngaro que jugó en el Real Madrid durante la década de 1960. Lo que sí se puede hacer, y realmente merece la pena, es subir a la cúpula, desde donde se obtienen unas vistas espléndidas de la ciudad. La entrada no es cara y se puede subir tanto por escalera (365 peldaños) como en ascensor.
Fachada principal de la Basílica de San Esteban
Cerca de la Basílica de San Esteban se encuentra la Rendőr szobor (Estatua del Policía), una simpática estatua de bronce que representa a un policía de la época austrohúngara, con bigote y uniforme imperial. Su barriga está desgastada de tanto tocarla, ya que existe la creencia de que frotarla ayuda a adelgazar, aunque en realidad el escultor quiso simbolizar el buen comer y la hospitalidad húngara.
Ahora nos dirigimos al sur siguiendo la Váci utca, la famosa calle comercial de Budapest, típica de cualquier gran capital europea. Esta calle peatonal constituye el corazón turístico y comercial de la ciudad, llena de tiendas de moda, souvenirs, cafeterías y restaurantes. Uno de los recuerdos típicos y originarios de aquí es el cubo de Rubik, inventado en 1974 por Ernő Rubik, un profesor húngaro de arquitectura e ingeniería, para explicar a sus alumnos conceptos de rotación de planos. Al principio lo llamó “Cubo Mágico” (Bűvös Kocka en húngaro) y, más tarde, pasó a ser conocido internacionalmente como “Cubo de Rubik”, tomando el apellido de su creador.
Esta calle nos lleva directos al Mercado central de Budapest (Nagy Vásárcsarnok), el más grande y famoso de la ciudad, es un precioso mercado cubierto con una impresionante estructura interior de hierro. Fue construido entre 1894 y 1897, en parte para regular y controlar la calidad y la higiene de los alimentos que llegaban a la ciudad. Tiene tres plantas y más de 180 puestos.
En la planta baja hay puestos de comida como dulces, pescados, frutas y verduras, aunque dos productos que les encantan a los húngaros son el pimiento (paprika) y el salami, disponibles en muchos tipos, con más o menos especias y distintos niveles de picante. En la planta de arriba se puede disfrutar de comida típica húngara, sobre todo del clásico goulash. Son puestos con dos o tres mesas, por lo que no siempre vais a encontrar sitio para sentaros.
Además de comida típica, también hay puestos de souvenirs, y tras haber visto las distintas tiendas de la ciudad, podemos decir que aquí están los más baratos. Se encuentra en un lugar inigualable, frente al Danubio (calle Vámház krt. 3), de modo que se puede ver muy bien desde un paseo en barco.
Metropolitan Ervin Szabó Library (Fővárosi Szabó Ervin Könyvtár). Situada cerca del Mercado Central, esta biblioteca ocupa un antiguo palacio aristocrático. En las primeras plantas encontramos una biblioteca moderna, similar a la de muchas grandes ciudades, pero en la cuarta planta se conservan las salas originales del palacio, ricamente decoradas y realmente espectaculares; algunas recuerdan al estilo del New York Café. La entrada cuesta alrededor de 2.000 HUF y, aunque la visita no lleva más de 15 minutos, merece mucho la pena por la belleza de los interiores.
Por otro lado, hay que hablar del barrio judío. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Budapest albergaba una de las mayores comunidades judías de Europa: unas 200.000 personas en la ciudad (alrededor de 825.000 en toda Hungría). El corazón del barrio es la Gran Sinagoga de la calle Dohány (Dohány utcai Zsinagóga), construida a mediados del siglo XIX. Es la sinagoga más grande de Europa y la segunda más grande del mundo, solo por detrás de la de Jerusalén.
Durante la guerra fue dañada y abandonada, y no comenzó a restaurarse hasta 1991, recuperando el aspecto que presenta hoy. La visita es de pago e incluye, además de la sinagoga, un museo judío, un cementerio judío y varios memoriales en recuerdo de las víctimas del Holocausto.
Además de la sinagoga, el barrio judío cuenta con cafés históricos, restaurantes de comida kosher y numerosos grafitis interesantes. Destaca el Okuda art, del artista español Okuda San Miguel, dedicado a Ángel Sanz Briz, diplomático zaragozano que ejerció como embajador español en Hungría en 1944 y salvó a miles de judíos húngaros otorgándoles pasaportes españoles para que pudieran escapar de la ciudad. Un héroe. Otro grafiti curioso es A Rubik-kocka, dedicado al famoso cubo de Rubik, invento húngaro.
Junto al barrio judío se encuentran dos plazas muy conocidas. La primera es Vörösmarty tér, donde podéis tomar un café en el elegante Café Gerbeaud (Gerbeaud Kávéház). La segunda es Deák Ferenc tér, uno de los grandes nudos de transporte de la ciudad, donde se encuentra la iglesia evangélica de Deák tér (Deák téri evangélikus templom) y la noria Budapest Eye (Budapest Óriáskereke).
Dejamos para el final los balnearios, una visita prácticamente obligatoria en Budapest. La ciudad es famosa por sus aguas termales y manantiales; hay más de 100 fuentes termales, y se estima que cada día brotan alrededor de 70 millones de litros de agua termal. Tomar un baño termal es una costumbre muy común entre los húngaros, sobre todo los fines de semana, y hay muchos balnearios en la ciudad, así que es una visita muy recomendable.
Nosotros fuimos al balneario de Széchenyi (Széchenyi Gyógyfürdő és Uszoda), el más grande y famoso de Budapest, con su emblemático edificio neobarroco de 1913 de fachada amarilla. Es muy común ir en invierno, cuando hace más frío. La sensación de estar en piscinas a 36–38 °C y salir al exterior por la noche, con temperaturas que pueden bajar hasta -5 °C, es algo que hay que experimentar. Además, debido a su composición mineral, se cree que tienen efectos positivos en el tratamiento de enfermedades degenerativas, problemas musculares, articulares y reumáticos.
El balneario se abastece de dos fuentes subterráneas de agua termal a una profundidad de aproximadamente 1.200 metros y cuenta con tres piscinas al aire libre y una parte cubierta con quince piscinas pequeñas interiores, además de saunas y baños turcos. En su página web tenéis los distintos precios. La entrada incluye una taquilla para guardar tus pertenencias. Se recomienda dejar los anillos y joyas, ya que las aguas termales pueden oxidar o desgastar ciertos metales. Solo necesitas llevar una toalla y chanclas; allí te proporcionarán una pulsera electrónica para acceder a las piscinas.
Casi todos los sábados, a partir de las 22:30, se celebran fiestas nocturnas en el balneario, una forma original de disfrutar del lugar por la noche. Eso sí, tras un par de horas, la salubridad puede dejar algo que desear. Aquí podéis comprar las entradas para estas fiestas.
Para llegar, basta con tomar la línea M1 del metro hasta la parada Széchenyi Fürdő, penúltima de la línea.
Balneario de Széchenyi
Otra de las ventajas de ir a este balneario y no a otro es que justo al lado de Széchenyi se encuentra la Plaza de los Héroes (Hősök tere), ubicada en la parada de metro homónima (M1) y rodeada por importantes edificios como el Museo de Bellas Artes (Szépművészeti Múzeum) y el Palacio de Arte (Műcsarnok).
En el centro de la plaza se erige el Monumento del Milenio (Millenniumi emlékmű), un imponente obelisco de 36 metros de altura, coronado por el arcángel Gabriel, quien sostiene en sus manos los símbolos nacionales: la Corona de San Esteban y la doble cruz apostólica. Detrás del obelisco, se encuentran dos grupos de esculturas: a la izquierda, se pueden ver siete figuras que representan a los jefes de las siete tribus magiares que se establecieron en la región en el año 896, marcando el comienzo de lo que más tarde sería Hungría. A la derecha, otras siete esculturas rinden homenaje a personajes ilustres de la historia húngara, entre ellos San Esteban.
Según una leyenda popular y no oficial, los pueblos magiares descenderían de Atila, rey de los hunos; aunque, dado que hay varios siglos de diferencia, probablemente se trate de pueblos distintos. Lo que sí es cierto es que “Attila” sigue siendo un nombre relativamente común en Hungría.
La construcción del monumento comenzó en 1896, para conmemorar los mil años del país, y se completó en 1929, unos 33 años después. Durante la época comunista, en 1951, el monumento fue retirado por no encajar con los principios del régimen y se colocó en su lugar una estatua de Stalin. Esa estatua se mantuvo hasta 1956, cuando fue destruida por el pueblo durante la Revolución Húngara, y se reconstruyó el Monumento del Milenio en el mismo lugar, que es el que podemos ver actualmente.
El balneario de Széchenyi y la Plaza de los Héroes se encuentran en el Parque de la Ciudad (Városliget), declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto con la Avenida Andrassy y el conjunto del centro de Budapest.
Si el día acompaña, podéis dar un paseo por el parque y descubrir edificios como el Castillo de Vajdahunyad, inspirado en el castillo de Hunyad (actual Rumanía), que fue residencia de la familia Hunyadi, una de las más poderosas de Hungría. Los húngaros quisieron construir esta réplica para rendir homenaje a sus raíces medievales y a su histórica vinculación con Transilvania, que, durante gran parte de la Edad Media y la época moderna, formó parte del Reino de Hungría. Originalmente se levantó en madera y cartón para la Exposición Agrícola de 1896, pero tuvo tanto éxito que más tarde se rehízo en piedra y ladrillo. También podéis disfrutar del lago: en verano se puede dar un paseo en barca, y en invierno se transforma en una popular pista de patinaje sobre hielo.
¿Dónde comer en Budapest?
La cocina húngara es contundente y rica, con un gran protagonismo del pimiento (paprika). Algunos de sus platos más clásicos son:
- El goulash es un guiso o sopa de carne de res (aunque algunas recetas también usan cerdo o cordero), preparado con patatas, zanahorias, pimiento, cebolla y otras verduras. La receta puede variar según la región.
- El langos: comida callejera muy popular en Hungría. Consiste en una masa frita plana hecha con harina, sal, azúcar, levadura y agua, similar a la de los churros, y se cubre con distintos ingredientes. El más típico lleva crema agria, ajo y queso rallado. Tradicionalmente, se hacía en horno de leña (la palabra láng significa “llama” en húngaro). Suele servirse sobre una hoja de papel o una gran servilleta para evitar mancharse con el aceite.
- Hortobágyi Palacsinta: crepe rellena de carne, bañada en salsa de pimentón y crema agria; un plato muy apreciado por los húngaros.
- Chicken Paprikash: pollo con salsa de paprika y pimentón, normalmente acompañado de nokedli, una pasta de huevo típica de Centroeuropa.
- El kürtőskalács: significa literalmente “pastel de chimenea” y es un dulce tradicional de Transilvania, región que históricamente perteneció a Hungría, por lo que se considera parte de su gastronomía. Consiste en una masa enrollada en un cilindro y caramelizada con azúcar.
- Pálinka, el licor tradicional húngaro por excelencia, elaborado a partir de frutas.
- Mercado Central, comentado anteriormente en el artículo.
- Mazel Tov, un bar ruina/restaurante en el barrio judío, con buena comida y música en directo. Muy recomendable.
- Bors Gastro Bar, un pequeño bar para picar barato.
- Frici Papa, un clásico barato de comida tradicional húngara (pollo a la paprika, caldos varios, goulash, etc.), ideal para pedir varios platos para compartir. Está en Király utca 55.
- Menza Étterem és Kávézó, cocina húngara de buena calidad, algo más caro que Frici Papa, en Liszt Ferenc tér 2.
- Pörc & Prézli Étterem, restaurante de comida magiar con música húngara en directo, muy recomendable. Calle Lázár u. 1.
- Két Szerecsen Bisztró, buena opción tanto para comida húngara como para brunch. Calle Nagymező u. 14.
- Hungarikum Bisztró, cocina nacional con música en directo; algo más turístico y caro, pero correcto. En la calle Steindl Imre u. 13.
- Retek Bisztro, otro buen lugar para probar cocina húngara.
- Retro Lángos Budapest (Bajcsy-Zsilinszky út 25), lugar ideal para probar alguno de los más de treinta tipos de lángos que ofrecen, como boloñesa, con tzatziki o incluso con chorizo, y también opciones sin gluten.
- Granny’s Lángos, famoso por sus lángos (algo más caro por su popularidad). Alternativa muy recomendable: Ligeti Lángos, en el Parque de la Ciudad, junto al balneario de Széchenyi.
Y algunas cafeterías donde tomar un postre o un dulce de desayuno/merienda:
- Ruszwurm Cukrászda, la pastelería más antigua de la ciudad (1827), de ahí que la decoración del local sea de estilo clásica. Se trata de una cafetería histórica ubicada en Buda, cuya especialidad es la dobostorta, una tarta húngara de capas de buttercream, chocolate, bizcocho y cubierto con caramelo. La otra especialidad del local es el Ruszwurm krémes, un pastel de crema, dicen que era de los dulces favoritos de Sissi.
- Pichler, pastelería donde probar el kürtőskalács. Tiene dos locales en Budapest.
- Strudel House Budapest, Első Pesti Rétesház - su especialidad es el strudel, típico sobre todo en Austria, aquí los tienen de muchos sabores.
Hungría es un país de vino más que de cerveza. El vino más famoso proviene del noreste del país, de la región de Tokaj, y se llama Tokaji. Se trata de un vino blanco, ligeramente dulce sin resultar empalagoso. Lo curioso de este vino es que está elaborado con uvas afectadas por un hongo que genera la llamada podredumbre noble, responsable de su sabor característico. Podréis encontrar Tokaji en muchos restaurantes, e incluso en algunas pastelerías, así que habrá varias oportunidades para probarlo.
Un detalle importante es que en Hungría existe la tradición de no brindar al nivel de los ojos con cerveza o vino, en recuerdo de la Revolución Húngara de 1848: se dice que los austriacos brindaron por su victoria tras la ejecución de los líderes húngaros. Hoy es más un símbolo histórico que una norma estricta, pero conviene conocerlo como curiosidad cultural.
Por otro lado, hay otros lugares curiosos para comer o tomar algo en Budapest. Uno es el For Sale Pub, cuyo nombre significa “En venta”, aunque no se refiere a que el local esté a la venta, sino a que los clientes pueden dejar mensajes o anuncios en papelitos y pegarlos en las paredes. Otro es el The Magic Budapest, que nos hace sentir como si estuviéramos dentro de un libro de Harry Potter. Y, por último, el McDonald’s Nyugati, situado junto a la salida de la parada de metro Nyugati, famoso por ser uno de los más bonitos del mundo y por las fiestas que organiza los viernes y sábados a partir de las 22:00, con DJ y espectáculo de luces; sin duda, uno de los McDonald’s más singulares que podréis encontrar.
Bares y discotecas en Budapest
Budapest es famosa por su vida nocturna y turismo de fiesta, especialmente entre grupos de amigos y despedidas de soltero/a.
Además de las fiestas nocturnas en balnearios, algo típico y único de Budapest son los bares de ruina. Se trata de edificios antiguos en mal estado, semiabandonados, que el ayuntamiento alquilaba a precios bajos. Los dueños empezaron a restaurarlos por su cuenta y los transformaron en bares, cada uno con un estilo propio, llenos de objetos, muebles antiguos, lámparas y cuadros extraños, y casi cualquier cosa que dé personalidad al local. Hoy son un símbolo de la ciudad, con un ambiente muy internacional gracias a los turistas que los visitan diariamente.
El más famoso es el Szimpla Kert (Kazinczy utca 14), siempre lleno. Otros recomendados por locales son Púder Bárszínház y Csendes Létterem, más estilo restaurante. Para quienes buscan algo tipo discoteca, el Instant-Fogas Complex es el bar de ruina más grande de Budapest, con entrada gratuita, decoración extravagante, cachimbas, música variada y distintos ambientes. La mayoría de estos bares se concentran en el barrio judío, ideal para un recorrido nocturno.
Más alternativas en Budapest
Parque de estatuas comunistas Memento Park. Si contáis con tiempo extra en Budapest, vale la pena visitar este parque tan peculiar, vinculado a la historia reciente de Hungría. Se encuentra un poco alejado del centro, por lo que en transporte público se tarda aproximadamente una hora, incluyendo varias combinaciones de metro, tranvía o autobús. El Memento Park alberga estatuas y monumentos del período comunista: líderes soviéticos y húngaros, símbolos del Ejército Rojo e incluso figuras de húngaros que participaron en la Guerra Civil Española.
La Isla Margarita (Margitsziget) se encuentra en medio del Danubio, entre Buda y Pest, y es un gran parque y espacio verde en pleno corazón de la ciudad. Con sus 2,5 km de longitud y aproximadamente 1 km² de zonas verdes, es un lugar donde los locales vienen para pasear, hacer deporte o disfrutar de un picnic en familia, especialmente los fines de semana. En el centro de la isla se encuentra la Fuente Musical, que ofrece espectáculos de agua, música y luces durante el verano.
Excursiones desde Budapest
Si disponéis de más tiempo, Budapest es una excelente base para realizar excursiones a otros destinos cercanos, tanto dentro de Hungría como en países vecinos.
- Szentendre. Uno de los pueblos húngaros más cercanos y visitados desde Budapest. Es conocido por su casco histórico, sus calles empedradas y su ambiente artístico, y es uno de los pueblos más bonitos de los alrededores, según nos comentaron. Es una excursión típica de medio día.
- Bratislava. La capital de Eslovaquia se encuentra a poco más de 200 km de Budapest, lo que la convierte en una excursión perfecta de un día. La opción más económica es el autobús; recomendamos la compañía RegioJet, cuyos autobuses son cómodos e incluso cuentan con azafato/a, como en los aviones. Hay trayectos frecuentes y el billete puede comprarse directamente en el autobús (unos 11 €) o con antelación en las estaciones de autobuses (alrededor de 6 €). Desde la estación de autobuses de Bratislava hasta el centro histórico hay unos 15 minutos andando.
- Bratislava. La capital de Eslovaquia se encuentra a poco más de 200 km de Budapest, lo que la convierte en una excursión perfecta de un día. La opción más económica es el autobús; recomendamos la compañía RegioJet, cuyos autobuses son cómodos e incluso cuentan con azafato/a, como en los aviones. Hay trayectos frecuentes y el billete puede comprarse directamente en el autobús (unos 11 €) o con antelación en las estaciones de autobuses (alrededor de 6 €). Desde la estación de autobuses de Bratislava hasta el centro histórico hay unos 15 minutos andando.
- Praga. La capital checa no es una excursión de un día desde Budapest, pero sí un destino muy habitual dentro de una ruta por Centroeuropa. De nuevo, RegioJet cubre este trayecto tanto en autobús como en tren, siendo una opción cómoda y bien de precio.


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