Hoy visitamos Rothenburg ob der Tauber, considerado por muchos como el pueblo más bonito de Alemania. Cuenta con cerca de 11.200 habitantes y se encuentra situado en la región de Franconia Media (Mittelfranken), dentro del estado federado de Baviera (Bayern). Su nombre principal es Rothenburg, mientras que la expresión “ob der Tauber” hace referencia a su ubicación en una colina elevada sobre el valle del río Tauber.
Rothenburg destaca por su precioso casco antiguo, rodeado por una muralla y numerosas torres medievales muy bien conservadas, herencia de la época en la que fue una ciudad imperial libre. Además, tuvo la fortuna de no sufrir daños excesivos durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Por todo ello, es considerada la joya de la Ruta Romántica (Romantische Strasse), un itinerario turístico creado en 1950 que recorre unos 460 kilómetros a través de diversos pueblos de Baviera y Baden-Württemberg, desde Wurzburgo hasta el Castillo de Neuschwanstein.
¿Cómo llegar a Rothenburg ob der Tauber?
Es posible llegar a Rothenburg ob der Tauber en transporte público utilizando los trenes de la Deutsche Bahn, la empresa ferroviaria alemana. No obstante, para tratarse de un destino tan turístico, las conexiones no son especialmente buenas. Podéis consultar horarios y trayectos en la web de la Deutsche Bahn, indicando como origen la ciudad desde la que salgáis y como destino “Rothenburg ob der Tauber”.
Para moverse por Baviera, una buena forma de ahorrar es adquirir el Bayern-Ticket, un billete que permite utilizar trenes regionales de manera ilimitada durante un día. Es válido para una o más personas, hasta un máximo de cinco, y puede comprarse tanto por internet como en las máquinas de las estaciones de tren.
Otra opción muy habitual es viajar en coche, aunque en este caso el principal inconveniente es el aparcamiento. Existen varios parkings disponibles, pero conviene no llegar demasiado tarde, ya que las plazas son limitadas.
¿Qué ver en Rothenburg ob der Tauber?
Comenzaremos la visita en la estación de tren. Desde allí caminaremos unos 10 minutos hasta la puerta de acceso más cercana a la ciudad amurallada, la Röderbastei, junto a su torre correspondiente, la Röderturm. Se trata de la única torre a la que se puede subir, desde la que es posible apreciar con claridad los límites de la ciudad, divisar el resto de torres y contemplar los tejados de las casas, tan característicos de esta zona. No siempre se encuentra abierta al público: suele hacerlo únicamente en verano y, en ocasiones, solo los fines de semana, en horario de 11 a 14 h, con un precio de 2,5 € por persona.
En lugar de continuar por la calle de la Röderturm, giraremos a la izquierda por la Neugasse hasta llegar al Plönlein, el lugar más fotografiado de la ciudad y que, sin duda, habremos visto en numerosas guías de Alemania 📸. El nombre de Plönlein hace referencia a la pequeña plaza que alberga la famosa casa de entramado de madera, ligeramente torcida, situada en el centro, y dos torres a ambos lados. La de la izquierda es la Siebersturm, que separa el casco antiguo del barrio del hospital, surgido a finales de la Edad Media; a la derecha, algo más al fondo, se encuentra la Kobolzeller Turm, por la que se abandona la ciudad en dirección al valle del Tauber.
Plönlein
Conseguir una foto del Plönlein con apenas gente es casi una tarea imposible, ya que las hordas de turistas y grupos organizados se concentran aquí de forma constante. Tanto esta plaza como Rothenburg en general han servido de inspiración para varias películas; de hecho, Walt Disney se basó en la ciudad para recrear el pueblo de Pinocho en su película de 1940.
A continuación, seguimos caminando tranquilamente calle arriba, ya que la Schmiedgasse es la principal arteria de la ciudad y una de las calles comerciales con más ambiente. A lo largo de ella encontramos tiendas de todo tipo; a nosotros nos llamaron especialmente la atención “Der Kleine Weihnachtsladen”, dedicada a la Navidad y a artículos decorativos, y, un poco más adelante, la “Waffenkammer”, donde se venden objetos de la Edad Media, principalmente armas e indumentaria.
Finalmente, llegamos a la Plaza del Mercado (Marktplatz), el auténtico centro neurálgico de Rothenburg y escenario de los principales eventos que se celebran en la ciudad, como los mercadillos de Navidad. Son varios los edificios que rodean la plaza, pero el más destacado es el Ayuntamiento (Rathaus), situado a mano izquierda según ascendemos. Este edificio tiene la particularidad de estar formado por dos construcciones unidas: por un lado, el edificio original de estilo gótico, del siglo XIV, donde se encuentra la Torre del Ayuntamiento (Rathausturm); y por otro, un edificio renacentista construido en 1578, cuya fachada principal se abre a la Plaza del Mercado. Ambas partes están conectadas interiormente, aunque separadas por un patio.
Plaza del Ayuntamiento durante los mercadillos de Navidad
Si no tenéis claustrofobia ni vértigo, recomendamos subir a la torre de 60 metros de altura, ya que desde lo alto se disfrutan vistas panorámicas de toda la ciudad, su muralla y el valle del Tauber. Mencionamos la claustrofobia porque las escaleras se van estrechando a medida que se asciende y, además, son las mismas tanto para subir como para bajar. Esto obliga en muchas ocasiones a esperar en los descansillos a que otras personas desciendan antes de poder continuar.
Debido a la gran afluencia de visitantes, se han instalado dos semáforos para regular el acceso: uno al inicio, que impide comenzar la subida hasta que no está en verde, y otro en el tramo final de la escalera, ya que en la plataforma superior no caben más de 15 o 20 personas como máximo. Curiosamente, la entrada se paga arriba del todo, con un precio de 4 € por persona. Para acceder a la torre es necesario entrar por la entrada principal del edificio renacentista, es decir, el que da directamente a la Plaza del Mercado.
Vistas de Rothenburg desde la Torre del Ayuntamiento
Además del Ayuntamiento, en la Plaza del Mercado destaca el edificio Ratstrinkstube, que en el pasado funcionó como posada donde los concejales y empleados municipales se reunían para beber vino y cerveza. Más que por su estructura o arquitectura, lo más llamativo del edificio son sus tres relojes, situados uno encima de otro, y una especie de carrillón que se activa a cada hora, de 10 a 22 h. No se trata de un carrillón típico como el que puede verse en Múnich, sino que, cuando suenan las campanadas, se abren dos ventanas situadas a ambos lados del reloj y la figura de la izquierda ofrece una copa de vino a la de la derecha, que la levanta y bebe.
Esta escena representa una leyenda local que se remonta a la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), conflicto que enfrentó a católicos y protestantes en el Sacro Imperio Romano Germánico. En 1631, la ciudad fue sometida por las tropas católicas del general Tilly, quien decidió hacer una apuesta con el entonces alcalde de Rothenburg, Georg Nusch: si conseguía beberse de un solo trago tres litros y medio de vino, la ciudad sería liberada y no sufriría saqueos. El alcalde logró la hazaña y, de este modo, salvó a la ciudadanía 🍷.
Continuamos ahora hacia otra de las torres de la ciudad, la Weißer Turm —que significa “Torre Blanca” en alemán—, construida aproximadamente en el año 1200 y formando parte del primer anillo de murallas medievales. Esta zona fue antiguamente un asentamiento y, por ello, justo detrás de la torre se encuentra un jardín con lápidas de ciudadanos judíos de Rothenburg, que fueron expulsados de la ciudad entre 1933 y 1938, durante el auge del nacionalsocialismo.
Torre Weißer Turm
Continuamos nuestro recorrido por la ciudad hasta llegar a la Iglesia de Santiago (St.-Jakobs-Kirche). A la entrada, una escultura del apóstol Santiago da la bienvenida a los visitantes, y no es casualidad: uno de los caminos de la red alemana del Camino de Santiago, que parte desde Núremberg, pasa por Rothenburg. Por este motivo, los peregrinos acuden a la iglesia para sellar su credencial antes de continuar los 2.463 kilómetros que separan la ciudad de Santiago de Compostela.
La iglesia, construida en estilo gótico, se finalizó en 1484 y es, en la actualidad, de culto protestante. Se puede acceder gratuitamente a una pequeña zona situada al fondo, desde la que se obtiene una vista parcial del interior. Para visitarla por completo y recorrerla con calma es necesario abonar una entrada de 3,5 €, que da acceso también al famoso Altar de la Santa Sangre (Heilig-Blut-Altar). Abre a partir de las 10 h y, según la época del año, cierra a las 16, 17 o 18 h.
Desde aquí nos dirigimos a la puerta de la muralla Burgtor para salir brevemente del recinto amurallado y visitar los jardines del castillo (Burggarten). En realidad, hoy en día ya no existe ningún castillo, ya que el último que se levantó en este emplazamiento fue destruido por un terremoto en 1356. Los únicos vestigios que se conservan de aquella fortaleza son la pequeña capilla Blasiuskapelle y un panel informativo situado junto a ella. La capilla rinde homenaje a los fallecidos en las dos guerras mundiales.
El lugar está rodeado de bonitos jardines y ofrece, además, unas magníficas vistas del skyline de Rothenburg y de todo el valle del Tauber, incluyendo el famoso puente doble (Doppelbrücke) del siglo XIV, característico por contar con dos filas de arcos superpuestas, una sobre otra. Si habéis llegado en coche, podéis bajar para contemplar el puente desde cerca, con la ciudad al fondo, una estampa especialmente fotogénica.
Justo enfrente de la capilla se encuentra un memorial en recuerdo de los judíos fallecidos durante el pogromo de Rintfleisch de 1298, en el que murieron cerca de 400 personas. Es uno de los varios monumentos y detalles que la ciudad conserva en memoria de los habitantes judíos de Rothenburg.
Otra de las experiencias imprescindibles en Rothenburg es dar un paseo por la muralla medieval del siglo XIV (Stadtmauer Rothenburg). Esta recorre casi 4 kilómetros —de los cuales solo 2,5 están abiertos al público— y atraviesa 42 torres, 6 puertas principales y varias puertas pequeñas destinadas al paso de peatones. Completar todo el recorrido puede llevar más de dos horas, por lo que, según el tiempo disponible, cada visitante puede optar por recorrerla entera o solo un tramo.
El paseo discurre por un camino elevado en el interior de la propia muralla, por donde antiguamente patrullaban los guardias para vigilar la ciudad. Existen varios puntos de acceso para iniciar el recorrido, siendo los más habituales los situados junto a las torres. Como curiosidad, en las paredes interiores de la muralla pueden verse nombres grabados, que homenajean a las personas y empresas que colaboraron en su reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial. Junto a cada nombre aparece un número que indica los metros de muralla financiados por cada donante, con una equivalencia aproximada de 1 metro por 1.200 €.
Vistas de la muralla de la ciudad
Por último, nos quedan por visitar los dos museos principales de la ciudad.
El primero es el Museo de Navidad Käthe Wohlfahrt (Käthe Wohlfahrt – Weihnachtsdorf) 🎄. La Navidad es uno de los periodos del año más especiales para los habitantes de Rothenburg y, por ello, la ciudad cuenta con este museo y tienda dedicados por completo a los artículos navideños. No obstante, el museo es mucho más que una simple tienda: en su interior se pueden ver paisajes animados, árboles de Navidad, montones de adornos y una gran variedad de detalles decorativos. En su web podéis consultar los horarios y precios.
Del ambiente navideño pasamos a un tema completamente distinto, dos polos totalmente opuestos. El otro museo más visitado de Rothenburg es el Museo del Crimen Medieval (Mittelalterliches Kriminalmuseum) 🔪. Está centrado en los instrumentos de tortura utilizados en la Edad Media, las habituales cazas de brujas, el derecho penal y su evolución desde aquella época hasta la actualidad. La visita suele durar algo menos de una hora, y en su página web se pueden consultar los horarios y precios.
Si aún os sobra tiempo, no dudéis en perderos por el casco antiguo y descubrir cada callejuela, cada rincón y cada torre de la ciudad, ya que prácticamente todas ellas regalan una estampa digna de fotografía, como esta.
Calle Herrngasse vista desde cerca de la Burgtor
¿Qué comer en Rothenburg ob der Tauber?
La gastronomía típica de Rothenburg es la propia de la región de Franconia (Franken), donde se encuentra la ciudad, por lo que es muy similar a la que podemos encontrar en Wurzburgo o Bamberg, en caso de haber visitado ya estas localidades.
Entre los platos más habituales destacan las salchichas de Franconia (fränkische Bratwurst) y el Schäufele, un plato muy parecido al codillo de cerdo, servido con hueso y corteza, y acompañado de una bola de masa de patata (Knödel). Además, en los restaurantes también es frecuente encontrar otros platos populares de la región de Baviera, como el Schnitzel —escalope de cerdo empanado— o el Schweinebraten —láminas de cerdo estofadas—. Hay numerosos restaurantes tanto en el casco antiguo como en las calles que salen de él, donde es posible probar estos platos, todos con una calidad bastante similar.
En el apartado dulce, lo más típico y algo que veremos en prácticamente todas las pastelerías de Rothenburg son las llamadas bolas de nieve (Schneebälle). Están elaboradas con masa quebrada y se terminan con azúcar glas, canela u otros muchos ingredientes y sabores. En nuestra opinión, están bien para probarlas una vez, aunque no es un dulce que nos entusiasmara especialmente. Existen varias cafeterías en el casco antiguo donde sentarse tranquilamente a tomarlas, o bien comprarlas para llevar en caso de que haya mucha cola.






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