Probablemente, uno de los viajes más impresionantes que se pueden hacer por Europa en términos de naturaleza es recorrer los Highlands de Escocia.
Lo ideal es alquilar un coche y recorrer las famosas Tierras Altas de Escocia (Highlands) por libre. Sin embargo, si no se dispone de carné de conducir, también es posible moverse en autobús entre las principales ciudades y contratar taxis o excursiones especializadas para llegar a los castillos y paisajes más destacados de la región. Sea cual sea vuestra opción, en esta entrada os contaremos el tour que hicimos en coche, con todas las paradas imprescindibles, para que cada uno pueda armar su propio itinerario.
Sobre el alquiler de coches, hay muchas compañías disponibles, así que no aportaremos nada nuevo en ese aspecto. Existen oficinas tanto en Edimburgo como en Glasgow, incluyendo sus aeropuertos. Nosotros partimos desde el centro de Edimburgo con Hertz. Como el roaming no es gratuito en el Reino Unido, para ahorrar, evitamos el GPS del coche y optamos por descargarnos los mapas offline de Google Maps, que resultaron un éxito y nunca nos fallaron.
La mejor época para visitar Escocia es, sin duda, el verano, cuando hay muchas más horas de luz y bares, restaurantes y atracciones turísticas cierran más tarde que en invierno. Aun así, da igual cuándo vayáis: seguramente os tocará algún día de lluvia. El clima en Escocia es muy cambiante, y los locales bromean diciendo: «If you don’t like the weather, just wait half an hour and it’ll have changed!» —“si no te gusta el tiempo en Escocia, espera media hora y habrá cambiado”.
Nuestro itinerario, a grandes rasgos, fue el siguiente:
Edimburgo – Inverness - Isla de Skye – Fort William – Glasgow
Salimos de Edimburgo por la A9 en dirección a Inverness. Esta fue la primera y casi única carretera de dos carriles que encontraríamos, así que aprovechadla. El trayecto atraviesa el Cairngorms National Park, un parque nacional en el que se pueden hacer actividades de aventura como kayak, rafting o canoas. Nosotros no íbamos con esa idea, así que seguimos directamente hacia Inverness.
¿Qué ver en Inverness?
Esta ciudad, con unos 50.000 habitantes, es conocida principalmente por ser la ciudad donde desemboca el río Ness, al norte del famoso Lago Ness. En verano resulta muy agradable pasear por ella, ya que no es demasiado grande y se puede recorrer fácilmente a pie.
Un buen punto de partida es la plaza Falcon Square, muy curiosa por su obelisco coronado con un unicornio, el animal nacional de Escocia.
En cuanto a cultura, destaca el castillo de Inverness, un edificio del siglo XIX que, aunque no se puede visitar por dentro —ya que se utiliza para actos oficiales del gobierno—, se sitúa en una colina a orillas del río desde donde se obtienen unas vistas muy bonitas. Desde allí también se puede contemplar la Catedral de San Andrés (St Andrew’s Cathedral), la iglesia más importante de la ciudad, dedicada al patrón de Escocia.
Si seguimos río arriba, encontraremos varias iglesias a lo largo de la ribera, siendo la Old High Church la más destacada por su valor histórico y arquitectónico.
Río Ness con la Old High Church a la izquierda
Río abajo, en dirección contraria, llegaremos a las Ness Islands, un pequeño parque natural formado por varias islas en el río Ness, a solo unos minutos caminando desde el centro de Inverness. Es un paseo muy agradable y relajante, perfecto para disfrutar de la naturaleza sin necesidad de botas de montaña ni equipo especial.
Si buscamos un plan para la noche, Church Street es la calle con más ambiente de la ciudad. Allí se encuentra la cervecería Black Isle Bar, donde su cerveza artesana sienta de maravilla después de un largo día de caminatas. Justo enfrente está Hootananny, un bar célebre por su música escocesa en vivo y su comida tradicional, que incluye desde haggis hasta hamburguesas. En abril, estos bares cerraban alrededor de la 1 de la madrugada, aunque hay locales como el Caledonian, con un ambiente más joven, que permanecen abiertos hasta las 3, lo más parecido a una discoteca española en Inverness.
A las afueras de la ciudad encontramos Cawdor Castle, a unos 30 minutos en coche, famoso por su relación con la obra Macbeth de Shakespeare (nosotros no llegamos a ir). Además, Inverness es un lugar recomendado para avistar delfines. Nosotros nos quedamos en la orilla y no tuvimos suerte, pero hay excursiones en barco por la Moray Firth que aumentan las posibilidades de verlos. Hay puntos recomendados para verlos: Chanonry Point, Fort George, North Kessock, entre otros.
----------------
Salimos de Inverness por la A82 en dirección al famoso Lago Ness (Loch Ness). Este enorme lago tiene unos 56 km² de superficie y una profundidad de 240 metros, con aguas tan oscuras que la visibilidad apenas alcanza los 10 centímetros. Es, sin duda, uno de los lagos más conocidos del mundo gracias a la leyenda del Monstruo del Lago Ness (Loch Ness Monster), más conocido como Nessie, que supuestamente habita estas aguas.
La leyenda cuenta que en el año 565, el monje irlandés San Columba salvó a un hombre —quizá un pescador— que estaba a punto de ser devorado por una criatura en el lago, logrando ahuyentar al monstruo. La historia quedó olvidada durante siglos hasta el siglo XX, cuando varias personas afirmaron haber visto un animal extraño en las profundidades del lago. Coincidiendo con el auge del turismo, la criatura fue bautizada como Monstruo del Lago Ness y desde entonces la publicidad sobre Nessie no ha dejado de aparecer a lo largo de la región. Curiosidad: algunos dicen que Nessie era hembra, aunque habitualmente se le ha asignado género masculino por la palabra “monstruo”.
Nuestra primera parada en el Lago Ness fue el castillo de Urquhart, perteneciente al clan Urquhart y uno de los castillos más grandes de Escocia en su época. Hoy se encuentra en ruinas, testigo de las continuas guerras entre clanes que azotaron la región. Antes de su construcción, a principios de la Edad Media, en este lugar existía una fortaleza de los pictos, tribus celtas del norte de Escocia. Además, se cuenta que fue aquí donde San Columba, al introducir el cristianismo en Escocia en el siglo VI, visitó al rey Brude de los pictos para animarlos a unirse a la nueva fe, dando los primeros pasos de esta religión en la nación.
Los horarios y precios los podéis encontrar aquí. A lo largo de este viaje por Escocia nos encontraremos con varios castillos, muchos de ellos con entradas de precio elevado, así que conviene decidir con antelación cuáles vais a visitar por dentro y cuáles solo veréis desde fuera.
Panorámica del castillo de Urquhart y el Lago Ness
Siguiendo por la A82, nuestra siguiente parada fue la localidad de Fort Augustus. A la entrada del pueblo nos encontramos con nuestra primera granja de las famosas Highland Cattle, las vacas peludas típicas de las Tierras Altas. Aunque hay muchas repartidas por Escocia, este es de los mejores lugares para verlas de paso sin necesidad de desviarse. Desde este pequeño pueblo también se puede disfrutar de vistas al Lago Ness, y además salen varios cruceros por sus aguas. Sin embargo, lo que realmente da fama a Fort Augustus es el Canal de Caledonia (Caledonian Canal), que atraviesa el pueblo de lado a lado. Para visitarlo, se puede aparcar a la entrada del pueblo, a mano derecha, en un amplio descampado totalmente gratuito.
Desde allí, tomamos la A87 girando a la derecha en dirección a la isla de Skye. A mitad de camino, y sin desviarnos, nos encontramos con el castillo de Eilean Donan, uno de los castillos más emblemáticos de Escocia. Este se puede visitar por fuera sin pagar y, sinceramente, fue uno de nuestros favoritos del viaje. En su web se pueden consultar precios y horarios si se desea entrar.
Continuamos por la A87 disfrutando de algunos de los paisajes más espectaculares de Escocia, concretamente llegando a Kyle of Lochalsh, donde se encuentra el puente que conecta con la isla de Skye. Nuestro destino final era Portree, la ciudad más grande de la isla, con apenas 2.500 habitantes. Se recorre en poco tiempo, aunque merece la pena subir a las zonas altas para obtener la foto más icónica de Portree, con sus casas de colores reflejadas en el lago.
Nos alojamos en el Portree Independent Hostel, dirigido por gente joven muy amable, con una cocina amplia y bien equipada para poder preparar comida. Además, hay un supermercado que abre todos los días de 7 a 23 h, lo que resultó de gran ayuda. Para tomar algo por la noche, recomendamos el pub The Isles Inn, que abre hasta la 1 (en abril, cuando fuimos) y ofrece música en directo, o el Western Highlands, ambos situados en la misma plaza.
¿Qué ver y hacer en la isla de Skye?
Al día siguiente madrugamos para recorrer Skye en coche, haciendo paradas para caminatas, subir montañas y disfrutar de los impresionantes paisajes naturales que ofrece la isla. Sin duda, es uno de los mejores lugares de naturaleza de Escocia.
Partimos de la A855 rumbo a The Storr (719 metros), cuya cima alberga The Old Man of Storr, un monolito emblemático y uno de los símbolos más fotografiados de Skye. Desde Portree se llega en unos 20 minutos y la montaña se distingue claramente ya a los cinco minutos de salir de la ciudad.
No hay un aparcamiento específico, así que los coches se estacionan a ambos lados de la carretera donde comienza la caminata. Una vez aparcados, toca calzarse las botas y subir. El sendero, salvo al inicio, no está delimitado, aunque casi todo el mundo sigue la misma ruta. Hay numerosos montículos desde los que empezar a disfrutar de las vistas de las Highlands escocesas.
No existe un punto máximo donde detenerse: cada quien sube hasta donde quiera o pueda. Nosotros elegimos un montículo a la derecha de The Old Man of Storr desde el que se contempla perfectamente el monolito y los alrededores. La subida nos llevó algo más de una hora, mientras que la bajada fue bastante más rápida. No hay duda: merece la pena subir, sin importar el esfuerzo.
Vistas de The Storr desde una de las partes altas de la propia montaña
Una vez bajamos de The Storr, seguimos nuestro recorrido. Este trayecto incluye varias paradas, algunas más espectaculares que otras. La más famosa son los acantilados de Kilt Rock, que se encuentran justo junto a la carretera, sin necesidad de desviarse. Hay un pequeño aparcamiento a apenas unos metros de los acantilados, lo que facilita la visita.
Acantilados de Kilt Rock
Volvemos al coche y continuamos por la A855, que bordea la pequeña península de Trotternish. El camino puede volverse bastante estrecho y no es raro encontrarse con rebaños de ovejas cruzando la carretera.
Nuestro siguiente objetivo es Fairy Glen, un conjunto de colinas que parecen sacadas de un cuento de hadas —de hecho, su nombre significa literalmente “valle de hadas” en inglés. Para llegar, hay que salir de la A87 y girar a la altura del Uig Hotel. Por esta carretera se llega a un aparcamiento a la izquierda, aunque nosotros seguimos un poco más hasta otro más pequeño, con espacio para unas cinco o seis coches, justo al inicio del Fairy Glen. Más cerca imposible.
Qué decir de este sitio, es un lugar simplemente increíble: colinas verdes, un pequeño lago y algunas ovejas pastando, todo envuelto en un aire mágico que hace que merezca totalmente la parada.
Colinas Fairy Glen
Abandonamos la península de Trotternish con rumbo a Dunvegan, donde además se encuentra una de las pocas gasolineras de la isla. Esta localidad alberga otro de los símbolos de Skye: el castillo de Dunvegan. Para visitarlo es necesario pagar, y es uno de los más caros de la isla como podéis ver en su página web, por lo que decidimos no entrar.
Es cierto que, desde un punto de la carretera, se puede obtener una vista del castillo, aunque no es especialmente espectacular.
En lugar de eso, seguimos por la carretera hasta Coral Beach, una bonita playa situada al norte de la isla. Desde el aparcamiento, hay que caminar entre 15 y 20 minutos hasta la playa. Es un lugar tranquilo y auténtico, frecuentado principalmente por los habitantes de la zona.
Panorámica de Coral Beach
No tuvimos tiempo de visitar el Neist Point Lighthouse, el faro más fotografiado de Skye. Tras recorrer la isla, tocó deshacer el camino para salir. Se puede regresar por carretera, cruzando el puente de Kyle of Lochalsh, o tomar el ferry que une Armadale con Mallaig, el cual también admite coches.
Pasamos la noche en Fort William, la segunda ciudad más grande de los Highlands, con unos 10.500 habitantes y que se puede recorrer en poco tiempo. Es la localidad más cercana al Ben Nevis, el pico más alto del Reino Unido con 1.345 metros. La calle principal, High Street, concentra la mayor parte del ambiente. Allí se puede tomar una cerveza en Ben Nevis Bar o cenar en The Tavern Restaurant, ambos recomendados por el hostal donde nos alojamos.
Por la mañana, nos dirigimos al Glenfinnan Viaduct, famoso viaducto construido en 1898 y recreado en las películas de Harry Potter, otra de las postales icónicas de Escocia. Hay un aparcamiento en el centro de visitantes por 2 libras, pero a menos de 100 metros hay otro gratuito, aunque con menos espacio. El viaducto en sí es impresionante, pero cobra aún más encanto si se observa con el tren de vapor Jacobite recorriendo sus vías.
Este tren sale de Fort William a las 10:15 y tarda aproximadamente media hora en llegar al viaducto, más o menos el mismo tiempo que se tarda en coche desde que aparcas hasta situarte en un buen punto. Lo ideal es llegar con tiempo para aparcar y conseguir un buen sitio. Desde el aparcamiento gratuito, el camino pasa por debajo de uno de los 21 arcos del viaducto; después, subimos a una pequeña colina a la izquierda, donde ya había varios turistas preparados con sus cámaras. El tren pasó exactamente a las 10:53.
Tren de vapor pasando por el Glenfinnan Viaduct
Desde Fort William tomamos la A82 para descender y abandonar los Highlands. Esta carretera recorre el impresionante valle de Glencoe, rodeado de montañas, y es considerada una de las carreteras más bonitas de Escocia. Hicimos una parada en el King’s House Hotel, un lugar frecuentado por ciervos a los que muchos visitantes les ofrecen comida.
Ciervos en el King´s House Hotel
Continuando por la A82, llegamos al Loch Lomond, el lago más grande de Escocia, con 71 km². Además de los espacios que hay a lo largo de la carretera para disfrutar de las vistas, los pueblos más recomendables para recorrer el lago y realizar actividades náuticas son Luss y Balloch, donde aprovechamos para comer, ya que cuentan con varios restaurantes. El lago se encuentra dentro del parque natural Loch Lomond & The Trossachs National Park, un lugar que combina belleza natural con tranquilidad.
Con esto finaliza nuestro magnífico tour por los Highlands, un recorrido que permite conocer los principales puntos turísticos de Escocia y disfrutar de algunos de los paisajes más verdes y casi utópicos que se pueden ver en el Reino Unido.








No hay comentarios:
Publicar un comentario