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Artículo actualizado en: 2026-01-29T10:11:11Z

Breslavia

Wrocław, conocida en español como Breslavia, es una ciudad polaca de 630.000 habitantes, la cuarta más grande del país y capital de la región de Baja Silesia. Su pronunciación en polaco se asemeja a “Vrótsuav”. Situada al oeste de Polonia, su ubicación es estratégica, ya que se encuentra a pocos kilómetros de las fronteras checa y alemana, lo que la hace un destino perfecto para quienes viajan por Europa Central. Además, es una opción ideal para hacer una excursión desde ciudades más conocidas como Cracovia o Varsovia, aunque estas estén un poco más lejos.

Breslavia tiene un ambiente muy internacional gracias a su universidad, una de las más importantes del país, que atrae a numerosos estudiantes Erasmus y le da un aire juvenil y dinámico. En 2016 fue elegida Capital Europea de la Cultura, un título que compartió con la ciudad española de San Sebastián, y desde entonces se ha consolidado como un destino cultural imprescindible. La ciudad es perfecta para recorrer a pie, ya que su centro histórico no es muy grande y cada calle invita a pasear, descubriendo plazas, canales y la curiosa colección de pequeños gnomos que se esconden por toda la ciudad.

Moverse en Polonia es económico, y los autobuses son una forma muy cómoda y barata de viajar entre ciudades. Nosotros utilizamos Polskibus para ir de Cracovia a Breslavia; en algunos trayectos incluso incluyen un pequeño tentempié, lo que hace del viaje algo más agradable y relajado.

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Plaza del Mercado o Plaza Rynek

Breve historia de Breslavia

Para entender Breslavia es fundamental conocer su historia, que refleja las complejidades de Europa Central. Hoy es una ciudad polaca, pero su soberanía cambió numerosas veces a lo largo de los siglos. Fue fundada en el siglo X por el Reino de Bohemia y pasó al Reino de Polonia entre 1054 y 1320. Después volvió a Bohemia, que en ese momento formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico, y más tarde estuvo bajo el Reino de Hungría (1469–1490) y la Dinastía Jagellón de Lituania (1490–1526). Durante la época moderna pasó a la monarquía de los Habsburgo de Austria (de 1526 a mediados del siglo XVIII), que también estaba integrada en el Sacro Imperio, y luego al Reino de Prusia y al Imperio Alemán desde 1871 hasta 1945. Tras la Segunda Guerra Mundial, la ciudad pasó definitivamente a Polonia. Por todo ello ha recibido numerosos nombres: Wratislavia durante el dominio checo, Breslau bajo Alemania y Wrocław en la actualidad.

Hasta 1945, Breslavia era una ciudad alemana y la segunda más poblada del país tras Berlín. Durante las elecciones de 1933, el partido nazi obtuvo alrededor del 50 % de los votos, lo que refleja la influencia que tuvo en la ciudad. Fue la última gran ciudad en caer ante los Aliados, poco después de la muerte de Hitler. Tras la derrota alemana, en la Conferencia de Potsdam de julio de 1945, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética redefinieron las fronteras en Europa Central. La frontera polaco-alemana se desplazó hacia el oeste, y Silesia, región de Breslavia, pasó a formar parte de Polonia. Los tres millones de alemanes que vivían en la región fueron expulsados hacia el oeste, mientras que polacos provenientes del centro y este del país fueron trasladados a Wrocław. Esta es la historia de cómo una ciudad alemana pasó a ser una ciudad polaca. Este movimiento de población fue parte de un cambio mucho más amplio en el que aproximadamente 14 millones de alemanes fueron expulsados de todos los territorios que perdieron tras la guerra, a cambio de que Polonia cediera parte de su este a Ucrania, Bielorrusia y Lituania.

Tras estos cambios, desde 1945 hasta 1989, Polonia fue un Estado socialista bajo el nombre de República Popular de Polonia, gobernado por el Partido Obrero Unificado Polaco (PZPR en polaco), surgido de la fusión del Partido Socialista Polaco y el Partido Obrero Polaco. Esta historia reciente explica por qué Breslavia, aunque hoy polaca, conserva una arquitectura y un ambiente profundamente influenciados por su pasado alemán y centroeuropeo.

¿Qué ver en Breslavia?

Recorrer Breslavia es dejarse llevar por el encanto de la ciudad en su conjunto, más que por grandes monumentos aislados. Empezando desde el sur, la Estación Central de Trenes (Dworzec Kolejowy Wrocław Główny PKP), es el primer punto de interés. Construida en 1857, destaca por su belleza arquitectónica y su estilo clásico que ha sabido conservar pese a las reformas. No solo conecta la ciudad a nivel nacional e internacional, sino que también tiene su propia leyenda: aquí partió hacia Berlín el famoso tren del oro nazi durante la retirada alemana en la Segunda Guerra Mundial, que se perdió en las montañas de Silesia y cuyo destino sigue siendo un misterio que despierta numerosas teorías.

A poca distancia se encuentra el Hotel Monopol, un cinco estrellas construido en 1892 en estilo neobarroco sobre un antiguo cementerio. Este hotel tiene un trasfondo histórico muy marcado: durante la década de 1930, Hitler dio discursos desde su balcón, especialmente preparado para esa finalidad. Tras la guerra, el hotel acogió a personalidades de renombre como Pablo Picasso en 1948, durante el Congreso Mundial de Intelectuales en Defensa de la Paz celebrado en la ciudad, así como a la actriz y cantante alemana Marlene Dietrich, el actor Tom Hanks y el director Steven Spielberg, lo que añade un aura de glamour y cultura al lugar.

No muy lejos del hotel, la calle Miernicza ofrece un recorrido diferente, con un aire casi fantasmal que la hace especial. La calle quedó prácticamente abandonada después de la Segunda Guerra Mundial, lo que le ha permitido conservar un aspecto de época y la ha convertido en escenario de varias películas históricas. Uno de los ejemplos más conocidos es El puente de los espías (2015), de Steven Spielberg, donde la calle representaba el Berlín de 1960, incluyendo la recreación del muro de Berlín.

Continuando nuestro paseo por Breslavia, muy cerca del Hotel Monopol encontramos el Palacio Real de Breslavia (Pałac Królewski we Wrocławiu). Este edificio tiene una historia fascinante: originalmente fue la residencia del barón Heinrich Gottfried von Spatgen, construida en estilo vienés en 1717. Tras la muerte del barón en 1750, Prusia, que acababa de llegar al poder, adquirió el palacio, lo amplió en un estilo que mezcla barroco y rococó y lo convirtió en residencia de los monarcas prusianos de la familia Hohenzollern. En 1918, ya bajo el nombre de Breslau y perteneciente a Alemania, el palacio fue donado a la ciudad. 

Hoy funciona como museo de historia local, permitiendo visitar algunas de las salas originales del barón, con muebles de época y estufas de carbón de cerámica, manteniendo un encanto elegante pero sobrio. Tras los daños sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, el edificio fue reconstruido, y su visita es de pago, abierta de miércoles a sábado de 11:00 a 17:00 y los domingos hasta las 18:00, permaneciendo cerrado lunes y martes.

Al sur de la ciudad encontramos una de las esculturas más originales y cargadas de significado de Breslavia: El Paso, también conocida como El Transeúnte Anónimo (Pomnik Przejście we Wrocławiu). Este monumento de bronce, inaugurado en 2005, muestra catorce figuras humanas a tamaño real que desaparecen al atravesar un paso de cebra y reaparecen al otro lado, como si lo hubieran cruzado por debajo. La obra está basada en otra similar existente en Varsovia y es un recuerdo de la ley marcial impuesta por el gobierno comunista en 1981, que obligó a muchos ciudadanos a esconderse por sus ideas opositoras hasta 1983. La escultura simboliza esa represión y la recuperación de la libertad tras la derogación de la ley, mostrando de manera visual cómo la población “desaparecía” del control del régimen y luego regresaba.

En el corazón del centro histórico se encuentra la Plaza de la Sal (Plac Solny), una plaza medieval con historia comercial que data de la ruta de la sal que atravesaba la ciudad. Durante siglos fue un lugar donde se comercializaba este mineral, de enorme importancia económica, hasta el siglo XIX. Hoy en día, la plaza se ha transformado en un espacio lleno de color gracias a los puestos de flores que ocupan su superficie, manteniendo su aire animado y abierto que invita a pasear y disfrutar del ambiente local.

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Hilera de casas en la Plaza de la Sal

La Plaza de la Sal se encuentra justo al lado de la Plaza del Mercado (Rynek we Wrocławiu), que es el verdadero corazón de Breslavia. Esta plaza, completamente peatonal y de grandes dimensiones, es la segunda más grande de Polonia después de la de Cracovia y su nombre, Rynek, significa literalmente “mercado”. Su origen se remonta al siglo XIII, lo que la convierte en una de las plazas más antiguas de Europa, y a lo largo de los siglos ha sido centro de comercio y vida social de la ciudad.

Lo más llamativo al llegar son las hileras de casas de colores, construidas en estilo imperial alemán. Sin embargo, estos tonos no son los originales: durante la Segunda Guerra Mundial, el 75% de la ciudad quedó completamente destruida, y la plaza, al igual que gran parte del centro histórico, tuvo que ser restaurada en la segunda mitad del siglo XX. El hecho de que fuera la última ciudad alemana en caer, hizo que se tuvieran que triplicar los esfuerzos para destruirla. En un lateral de la plaza se puede ver una fotografía en blanco y negro de Wrocław tras la guerra, mostrando el contraste con la restauración actual.

Además de su historia y su arquitectura, Rynek es un espacio muy animado durante todo el año. Entre finales de noviembre y principios de enero se instalan los tradicionales mercadillos de Navidad, típicos de Centroeuropa, con casetas que venden desde artesanía hasta comida típica, convirtiendo la plaza en un lugar lleno de luces, aromas y ambiente festivo que atrae tanto a locales como a turistas.

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Plaza del Mercado

En esa misma plaza se encuentra el Ayuntamiento (Stary Ratusz we Wrocławiu), de estilo gótico y finalizado en el siglo XVI. Este edificio era el lugar donde se impartía justicia; por ello, frente a él se alza un pilar en el que se castigaba a la gente con látigo, tal como muestra la figura situada en la parte superior de la columna. A ambos lados de la puerta de entrada se pueden observar dos relieves: a la izquierda, un pregonero, y a la derecha, un soldado. Más arriba hay otro relieve que representa al alcalde, y todavía más arriba destaca el reloj astronómico de la época bohemia, que recuerda al famoso reloj de Praga. Este reloj indica tanto la hora como la fase lunar en la que nos encontramos.

En su interior alberga el modesto Museo de Arte Burgués (Muzeum Sztuki Mieszczańskiej), de acceso de pago, y en ocasiones especiales también se celebran conciertos. Frente al Ayuntamiento llama la atención la estatua de un oso con la lengua larga (Fontanna Niedźwiedź), construida en 1902 por el escultor alemán Ernst Moritz Geyger. La estatua se perdió durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que la que se puede ver actualmente es una reconstrucción idéntica a la original, inaugurada en 1998. Según la tradición, frotarla trae buena suerte, razón por la cual su color se encuentra más desgastado que el del resto de la escultura.

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Estatua del oso con la lengua larga frente al Ayuntamiento de Breslavia

Algo curioso es que, a lo largo de toda la ciudad, veréis numerosas esculturas de graciosos enanos o gnomos (Krasnale, en polaco), que según la tradición traen prosperidad. La leyenda cuenta que, en tiempos antiguos, un diablillo hacía la vida imposible a los ciudadanos, por lo que estos se unieron a los gnomos para expulsarlo. Una vez derrotado, los habitantes permitieron que los enanos permanecieran, lo que hoy se refleja en las estatuas que vemos por la ciudad.

En realidad, estas figuras surgieron como recuerdo del movimiento estudiantil de 1980 conocido como Alternativa Naranja, que se oponía al gobierno comunista polaco dependiente de la Unión Soviética. Las protestas consistían en dibujar grafitis de enanos en las paredes e ir disfrazados con gorros naranjas simulando ser enanos, ya que las manifestaciones estaban prohibidas. Tras la caída del régimen comunista en 1989, comenzaron a aparecer estas esculturas; hoy en día existen más de 800 y continúan aumentando, ya que cada nuevo establecimiento suele colocar su propio enano. Por ejemplo, frente a un banco puede haber un enano sacando dinero, mientras que frente a un restaurante uno aparece comiendo.

Otra leyenda dice que encontrar siete enanos trae buena suerte.

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Figurita de un enano

Para los aficionados a estos enanitos, se creó una aplicación móvil que permite fotografiar todas las figuras que vayamos encontrando hasta completar la colección. Además, la app ofrece historias sobre cada una de ellas. Se llama Wroclaw Dwarfs y está disponible en inglés y polaco.

La primera figura —y la más grande—, que mejor representa al movimiento Alternativa Naranja, es la llamada Krasnal Papa, situada en la esquina entre las calles Świdnicka y Kazimierza Wielkiego.

Ahora nos dirigimos a un museo muy singular. Se trata de un museo circular, construido en 1985, diseñado exclusivamente para albergar el Panorama de Racławice, una pintura de 114 metros de largo por 15 metros de alto que se expone de manera circular. La obra data de 1894 y representa la batalla de Racławice de 1794 entre Polonia y el Imperio ruso, en la que los polacos resultaron victoriosos. Por esta razón, el cuadro fue considerado políticamente sensible durante la era comunista y permaneció oculto. Originalmente estuvo en la ciudad de Lwów (actual Ucrania), pero tras la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Breslavia, donde permaneció escondido hasta su reapertura al público el 14 de junio de 1985 en su ubicación actual.

Continuamos hacia el norte para visitar el Mercado Central de Breslavia (Hala Targowa), construido en 1908 durante la época en que la ciudad pertenecía al Imperio Alemán. En su interior se pueden encontrar productos artesanales, comida local y souvenirs.

También es imprescindible acercarse a la Universidad de Breslavia (Uniwersytet Wrocławski), una de las más antiguas y prestigiosas de Europa. Hasta nueve premios Nobel se han graduado en esta universidad, cifra que asciende a catorce si incluimos a los galardonados que nacieron en la ciudad o fueron profesores, como Erwin Schrödinger. Cada año acoge a unos 180.000 estudiantes, aproximadamente una cuarta parte de la población de la ciudad. En Polonia, las carreras universitarias son gratuitas o tienen tasas muy bajas.

El edificio, de estilo rococó, impresiona por su fachada y por sus puertas azules y doradas. Por un precio moderado se puede visitar su interior, subir a la torre y, sobre todo, admirar la joya de la universidad: la Aula Leopoldina, que lleva el nombre del emperador Leopoldo I de Habsburgo, fundador de la universidad en 1702. Esta aula barroca se utiliza para eventos especiales, como la apertura anual del curso, defensas de tesis e incluso conciertos. Originalmente fue concebida para rendir homenaje a las artes y las ciencias; en sus paredes se pueden ver retratos de personalidades de estos campos, como Sócrates. Destacan también los frescos del techo, que representan la venida de Dios, y un detalle curioso: el símbolo IHS en dorado junto a dos ángeles hace referencia a los jesuitas, quienes administraron y ayudaron a fundar la universidad.

Por cierto, junto a una de las fachadas de la universidad hay otro enano; a ver si sois capaces de encontrarlo.

Continuamos hacia el norte hasta encontrarnos con el río Odra, el principal de la ciudad, que la rodea y se ramifica formando doce islas; de ahí que a veces se conozca a Wrocław como la Venecia de Polonia. Y no solo el Odra atraviesa la ciudad, sino también cuatro de sus afluentes, por lo que, entre ríos e islas, se han construido hasta 130 puentes. Especialmente en verano, el río se convierte en uno de los principales escenarios de ocio, con actividades como paseos en barco o piragüismo.

Vamos a cruzar el puente Tumski (Most Tumski), antiguamente conocido como el puente del amor, ya que las parejas colgaban candados y arrojaban la llave al río. Con el tiempo, el peso acumulado alcanzó las 15 toneladas, por lo que los candados tuvieron que retirarse y esta práctica quedó prohibida. Al cruzarlo llegamos al barrio de la Isla de la Catedral (Ostrów Tumski), el más antiguo de la ciudad. Se trata de un distrito habitado principalmente por personas religiosas, como monjes y monjas, que no pagan impuestos y cuentan con su propia organización, casi como una ciudad dentro de la ciudad; por ello se le conoce con el sobrenombre de el pequeño Vaticano.

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Vista del río Odra y la catedral

En este barrio se encuentra la catedral de Breslavia, cuyo nombre oficial es catedral de San Juan Bautista (Archikatedra św. Jana Chrzciciela), el primer edificio construido en ladrillo de la ciudad. Se trata de una iglesia católica de estilo gótico, edificada entre 1244 y 1341, y reconstruida en 1951 tras los graves daños causados por los bombardeos soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial —recordemos que Wrocław era entonces una ciudad alemana—.

En su interior destaca su órgano, el más grande de Polonia y que, en el momento de su construcción en 1913, fue el más grande del mundo. En 1983, el papa Juan Pablo II visitó la catedral, pese a no contar con el pleno beneplácito del gobierno comunista. Curiosamente, solo seis años después de su visita, el comunismo llegó a su fin.

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Fachada principal de la catedral de Breslavia

Podéis completar la visita al barrio dando un paseo tranquilo y entrando en alguna de las otras iglesias de la zona, como la Iglesia de la Santa Cruz y San Bartolomé (Kolegiata pw. św. Krzyża i św. Bartłomieja), así como recorriendo las pequeñas islas del río Odra. Os recomendamos, si podéis esperar hasta que anochezca, no perderos una de las tradiciones más llamativas de Breslavia.

Al caer la noche, un farolero recorre a diario las calles del barrio con una antorcha, encendiendo manualmente una a una las 103 farolas que iluminan este distrito.

¿Dónde comer en Breslavia?

Restauracja Piwnica Świdnicka WrocławSe trata de una de las cervecerías más antiguas de Europa, fundada en 1273. En este restaurante elaboran su propia cerveza, exclusiva para el local, y también podéis degustar platos típicos de la cocina local en un ambiente histórico y auténtico.

Galeria Neon SideOtro lugar curioso es esta zona, llena de neones que se hicieron populares durante la época de la Unión Soviética y que fueron traídos a Polonia. Tras la caída del comunismo, varias organizaciones y grupos lucharon por conservarlos, y hoy se ha convertido en un espacio de exposición de neones y de terraceo, ideal para tomar algo y disfrutar del ambiente nocturno.

Excursiones desde Breslavia

Wrocław puede considerarse una excursión en sí misma desde otras ciudades más grandes, como Cracovia. Pero si decidís establecer la ciudad como base, podéis dedicar un día a explorar la región de Silesia, una zona bastante desconocida y llena de lugares interesantes.

→Castillo de Książ (Zamek Książ en polaco, Schloss Fürstenstein en alemán). Se trata de un castillo del siglo XIII ubicado en la Baja Silesia. En 1509 fue adquirido por la familia Hochberg, aristócratas de Silesia con varios títulos nobiliarios (barones, condes, etc.), quienes residieron en él hasta 1944 y realizaron reformas de estilo renacentista. Ese mismo año fue ocupado por los nazis, que lo convirtieron en un cuartel de las SS y construyeron una red de túneles subterráneos en las montañas de la región, incluyendo los terrenos del castillo. Se dice que estos túneles se usaron para probar armas nucleares —aunque nunca se llegó a confirmar—, y otra leyenda afirma que podría encontrarse allí el famoso tren del oro nazi que mencionamos anteriormente. Lo que sí es cierto es que tanto los nazis como los comunistas que llegaron después expoliaron todo lo de valor, por lo que actualmente no quedan obras de arte, muebles ni objetos originales. En la página web del castillo se pueden consultar horarios y precios.

Monasterio de Lubiaz (Klasztor Cystersów w Lubiążu en polaco, Kloster Leubus en alemán). Se trata del monasterio cisterciense más grande del mundo. Solo la fachada, con 223 metros de largo —más larga que la del Escorial— ya permite a uno hacerse una idea. Fue fundado en 1175 y funcionó hasta 1810, cuando se disolvió a causa de la secularización en Prusia. El complejo se divide en dos partes: la del palacio y la del convento, siendo la más destacada la primera, con su espectacular salón de baile barroco. Como curiosidad, Michael Jackson visitó el monasterio en 1997, tras un concierto, con la intención de evaluarlo para una posible compra, aunque finalmente no se concretó. La entrada solo es posible mediante visita guiada, de pago (15 Złoty), y el horario es limitado, de 10:00 a 15:00, así que es recomendable llegar con tiempo para poder unirse a algún grupo.

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