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Artículo actualizado en: 2025-12-04T15:37:48Z

Oporto

Hoy viajamos a Oporto (Porto en portugués), una ciudad perfecta para recorrer en un fin de semana, ya que con un par de días es posible disfrutar con calma de todo lo que ofrece.

Oporto es la ciudad histórica y económica más importante del norte de Portugal y cuenta con alrededor de 245.000 habitantes. Su nombre en portugués, Porto, significa “puerto”, haciendo referencia a su origen como puerto fluvial y centro de comercio en el río Duero. También hay que mencionar que en esta ciudad se produce la desembocadura del río Duero en el océano Atlántico.

La ciudad mantiene un encanto muy auténtico, con barrios y edificios antiguos que conservan un aire histórico y un cierto toque decadente, algo que hoy es raro encontrar en muchas ciudades europeas. Gracias a sus numerosas cuestas, se pueden obtener vistas espectaculares desde varios puntos.

    ¿Cómo llegar desde el aeropuerto al centro de Oporto?

    🚇Al llegar al aeropuerto, la forma más sencilla de llegar al centro de Oporto es tomando la línea E4 del metro, que parte desde el propio aeropuerto y recorre la ciudad hasta el Estádio do Dragão, donde juega el primer equipo de la ciudad, el Porto F.C.
    • Billetes: hay que comprar el correspondiente a la zona Z4. Atención: si al comprar indicamos “2 viajes”, eso se refiere a ida y vuelta, no a dos personas. El precio de ida y vuelta es de 4,50 €.
    • Validación: no olvides validar el billete antes de subir al metro.
    • Frecuencia: la línea funciona con bastante separación entre trenes, especialmente de vuelta al aeropuerto. Por ejemplo, un sábado por la tarde puede tocar esperar más de media hora, y es la única línea que conecta directamente con el aeropuerto, así que conviene calcular bien los tiempos.
    💳Si vais a usar el metro con frecuencia durante vuestra estancia, merece la pena comprar la tarjeta Andante, un sistema monedero recargable. Para los principales puntos turísticos, con la zona Z2 será suficiente.

    🚗 Si llegáis en coche, lo más práctico es dejarlo en un aparcamiento de la ciudad, ya que hay muchos y a buen precio. Así evitaréis complicaciones con tráfico y estacionamiento en el centro.

    ¿Qué ver en Oporto?

    Para organizar mejor nuestra visita, vamos a dividir la ciudad en tres zonas: el norte de la ciudad, el centro histórico y Vila Nova de Gaia, de manera que sea más fácil planificar el tiempo a dedicar a cada área.

    Norte de Oporto

    Comenzamos nuestro recorrido por el barrio de Bolhão, empezando por el Mercado do Bolhão. Este mercado tradicional portugués, inaugurado en 1914 y reformado en 2022, ofrece de todo: frutas, verduras, pescados, dulces como los famosos pastéis de nata (también llamados pastéis de Belém) y una gran variedad de productos, aunque los precios pueden ser algo elevados para un mercado.

    Es un lugar ideal para desayunar, con zumos naturales desde 2,5 €, o para tomar un aperitivo o una copa de vino antes de comer. Además, en la segunda planta hay un piano público, que cualquiera puede tocar libremente.

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    Mercado do Bolhão

    Una vez abierto el apetito, muy cerca se encuentra la Manteigaria – Fábrica de Pastéis de Nata, un lugar económico y delicioso donde probar probablemente los dulces más famosos de Portugal. Cada pastel cuesta poco más de 1 € y se puede acompañar con un café u otros bollos, perfecto para desayunar o merendar. Justo enfrente se encuentra otra pastelería similar, la Confeitaria do Bolhão.

    Continuamos por la Capilla de las Almas (Capela das Almas de Santa Catarina), una pequeña iglesia de finales del siglo XVIII con todo el ADN de Oporto, ya que su fachada está cubierta por 15.947 azulejos añadidos en 1929. Estos azulejos representan escenas de la vida de San Francisco de Asís y Santa Catalina de Alejandría, los santos a quienes está dedicada, motivo por el que también se la conoce como Capilla de Santa Catalina (Santa Catarina en portugués).

    El interior también es bonito y la entrada es gratuita, aunque lo que realmente destaca es su fachada exteriorHorario: lunes a viernes de 7:30 a 18:00; sábados, domingos y festivos de 7:30 a 12:30 y de 18:00 a 18:30.

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    Capilla de las Almas

    Esta iglesia se encuentra en la Rua de Santa Catarina, la principal calle comercial de la ciudad, donde abundan las tiendas de souvenirs. Entre los recuerdos típicos destacan los productos de corcho (bolsos, paraguas, sombreros, chaquetas), ya que Portugal es el primer productor mundial de corcho y cuenta con la mayor superficie de bosques de alcornoques del mundo, árbol del que se obtiene este material. También son populares la porcelana y, por supuesto, la mantelería y las toallas, reconocidas en Portugal por su alta calidad.

    Siguiendo por esta calle hacia abajo, podemos detenernos para desayunar o merendar en el histórico Café Majestic, inaugurado en 1922. Como muchos cafés emblemáticos de otras ciudades, su interior es espectacular, a pesar de que su pequeña fachada pasa casi desapercibida. Los dulces y cafés están muy bien, aunque a precio elevado, pero eso no impide que casi siempre haya cola para entrar. Además, se dice que J.K. Rowling escribió aquí varios capítulos de Harry Potter, lo que convierte al café en una visita casi obligatoria en Oporto.

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    Interior del Café Majestic

    Seguimos calle abajo hasta que, a nuestra derecha sobre una ligera colina, aparece la Iglesia de San Ildefonso (Igreja de Santo Ildefonso), situada en el barrio de Batalha, en la Plaza de Batalha (Praça da Batalha). Esta iglesia, construida en 1739 en estilo barroco, destaca por su imponente fachada de 1932, cubierta por unos 11.000 azulejos azules típicos de Oporto, que en este caso representan escenas de la vida de San Ildefonso. La entrada al interior es gratuita.

    Si os preguntáis por qué los azulejos son tan típicos en Oporto y en Portugal en general, la explicación está en su valor como símbolo de estatus económico. Durante los siglos XVIII y XIX, muchos portugueses que regresaban de las colonias, especialmente de Brasil, traían consigo grandes sumas de dinero y las invertían en casas ostentosas, cuyas fachadas solían decorarse con azulejos, un material costoso de producir y adquirir en aquella época.

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    Iglesia de San Ildefonso

    En paralelo al barrio de Bolhão, a la izquierda, encontramos otra zona interesante que comienza casi tan al norte como el Mercado do Bolhão, concretamente en la estación de Trindade. Al salir de la estación y seguir calle abajo, llegamos a la iglesia que da nombre a la zona: la Iglesia de la Santísima Trinidad (Igreja da Trindade), situada en la Praça Trindade.

    Aunque es una de las iglesias más importantes de Oporto, su ubicación algo alejada de las zonas turísticas hace que sea una visita tranquila, con poca gente. La iglesia es relativamente reciente, del siglo XIX, construida en estilo neoclásico con algunos detalles barrocos. En su interior destaca una estatua del papa Juan Pablo IISe ofrecen tres tipos de visitas: solo la iglesia, iglesia + varias salas del edificio de al lado (orden), y la experiencia completa que incluye la iglesia, las salas y la torre. Los precios y horarios se pueden consultar en su página web.

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    Iglesia de Trindade

    Frente a la Iglesia de la Santísima Trinidad se encuentra la parte trasera del Ayuntamiento de Oporto (Câmara Municipal do Porto), un edificio de estilo neoclásico cuya arquitectura recuerda a la de una iglesia. Su construcción comenzó en 1920, pero debido a diversos retrasos no se inauguró hasta 1957. La torre central alcanza los 70 metros de altura. Hoy en día, es uno de los lugares más fotografiados de la ciudad, en parte gracias a las grandes letras azules de “Porto” situadas frente al edificio.

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    Avenida dos Aliados: ayuntamiento y letras gigantes de Porto

    Nos encontramos ahora en la Avenida dos Aliados, una de las principales arterias de Oporto, que conecta el Oporto antiguo descendiendo hacia el río Duero y la zona de la Ribeira, con el Oporto moderno hacia arriba. La avenida comienza en la Iglesia de la Trinidad y termina en la Praça da Liberdade.

    Es el centro financiero de la ciudad y un lugar habitual para eventos públicos como manifestaciones, conciertos, celebraciones deportivas, desfiles o actos políticos. Por ello, sus edificios destacan por fachadas monumentales de estilo Art Nouveau, Art Déco y neoclásico, construidos a principios del siglo XX cuando las sucursales de grandes empresas financieras y aseguradoras se instalaron aquí. Además de bancos, aquí se encuentran lujosos hoteles y cafés y restaurantes históricos, como el Café Guarany, inaugurado en 1933.

    Otro de los edificios históricos de la avenida alberga hoy un McDonald’s, considerado por muchos como el más bonito del mundo. Conocido como McDonald’s Imperial por ocupar el lugar del antiguo Café Imperial, fue inaugurado en 1936 y el nombre “Imperial” hace referencia al águila que aún adorna la fachada. Cuando el café cerró y McDonald’s abrió aquí en 1995, la cadena decidió conservar varios elementos originales: el interior, el águila y el color bronce de las letras en la fachada, a diferencia del habitual rojo de otras sucursales. Vale la pena entrar aunque no se consuma nada, para admirar sus espectaculares vidrieras Art Déco.

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    Interior del McDonalds Imperial

    Y aquí acaba la Avenida dos Aliados, en la Plaza de la Libertad (Praça da Liberdade), una de las plazas más importantes de Oporto. En ella destaca la impresionante fachada barroca de la Iglesia de San Antonio de los Congregados (Igreja de Santo António dos Congregados), del siglo XVII, edificada sobre el lugar que ocupaba una antigua capilla también dedicada a San Antonio.

    En la misma plaza se encuentra la Estación de San Bento (Estação de São Bento), una histórica estación de tren inaugurada en 1916 y diseñada por el arquitecto portugués Marques da Silva, sobre el antiguo Convento de São Bento de Avé-MariaNo solo es histórica, sino que la estación sigue activa y operativa, principalmente con trenes regionales; los trenes de larga distancia salen de la estación de CampanhãLo más impresionante es su vestíbulo, decorado con más de 20.000 azulejos pintados a mano en azul y blanco, que representan escenas de la vida cotidiana en Portugal —como la vendimia, la recolección de trigo o barcos que reflejan el comercio marítimo—, así como importantes episodios de la historia del país.

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    Interior de la Estación de San Bento

    Desde aquí vamos a tomar la Rua dos Clérigos, que nos conduce a uno de los monumentos más emblemáticos de Oporto: la Iglesia de los Clérigos (Igreja dos Clérigos), un edificio barroco diseñado por el arquitecto Nicolau Nasoni y terminado en 1779Casi más famosa que la iglesia es su Torre de los Clérigos (Torre dos Clérigos), de 76 metros de altura, que le permitió ser la torre más alta de Portugal durante unos 200 años; hoy es simplemente la torre más alta de Oporto. Como ciudad portuaria, la torre también sirvió como guía para los barcos durante mucho tiempo.

    Para disfrutar de las vistas, se pueden subir sus 250 escalones de caracol adquiriendo una entrada —un poco cara, todo hay que decirlo— cuyos precios y horarios actualizados encontraréis en su webLa entrada incluye no solo la subida a la torre, sino también el acceso a la iglesia y al museoDesde lo más alto, las vistas son espectaculares: se aprecia casi toda la ciudad y, especialmente, la zona antigua de Oporto y la Ribeira a orillas del Duero.

    La torre de la iglesia da a la Praça de Lisboa, otra de las plazas importantes de la zona, que en tiempos pasados fue conocida como el “Cerro de los Ahorcados” (Cerro dos Aforcados). Este nombre se debía a que, en el siglo XVIII —época en que se construyó la iglesia de los Clérigos—, el lugar servía como zona de enterramiento para los condenados a muerte. Hoy en día no queda rastro de aquel pasado: la plaza es un espacio moderno, ajardinado y muy agradable, integrado entre la Torre de los Clérigos y la Universidad de Oporto.

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    Praça de Lisboa e Iglesia de los Clérigos

    En la Praça de Lisboa hay dos establecimientos que nos llamaron especialmente la atención. El primero es la Casa Portuguesa do Pastel de Bacalhau, un pequeño local donde preparan los tradicionales bolinhos de bacalhau —los populares buñuelos portugueses—, pero con un giro gourmet: los rellenan con una crema elaborada a base de patata, bacalao y Queijo Serra da Estrela, un queso artesano procedente de la región montañosa de la Serra da Estrela, en el centro del país. El precio es alto para lo que es (5€ por unidad), claramente orientado al turismo, aunque hay que admitir que están muy buenos. También ofrecen la opción de acompañarlo con una copa de vino por 12,5€.

    Justo al lado se encuentra otro local muy curioso: Casa Oriental (Comur – Porto). Es una tienda especializada en latas de sardinas “de año”, donde cada envase —que cuesta unos 10€, de nuevo precio claramente turístico— está decorado con el año que elijas y acompañado de un acontecimiento histórico y el nombre de algún personaje famoso nacido ese mismo año.

    Este tipo de establecimientos no es exclusivo de Oporto; la industria conservera es muy tradicional en Portugal. Alcanzó su gran auge durante la Primera Guerra Mundial, cuando llegó a haber más de 200 fábricas, siendo las latas de sardinas el producto estrella. En la actualidad apenas quedan una veintena de conserveras activas, y el sector se ha reinventado para centrarse en el producto gourmet, exportado a numerosos países. Además, muchos defienden que cuanto más antigua es la lata, mejor es su calidad, algo comparable al envejecimiento del vino—siempre, claro está, que el producto inicial sea de primera categoría.
     
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    Latas de conservas de la Casa Oriental - Comur

    También en esta plaza, pero en el lado opuesto, se encuentra una tienda de Vista Alegre, una de las marcas de porcelana más prestigiosas del mundo. Aunque para muchos viajeros aún pasa desapercibida, en el ámbito de la porcelana fina es un auténtico referente. La firma portuguesa ha participado en grandes exposiciones universales, como las de Londres (1851) y París (1867), y sus piezas han llegado a decorar mesas tan emblemáticas como las del Palacio de Buckingham o la Casa Blanca.

    Otra de las fotos más bonitas que podremos hacer en la Praça de Lisboa es la del tranvía. El servicio de tranvías de Oporto comenzó en 1895, aunque actualmente solo se han mantenido tres líneas regulares de tranvía (n° 1, 18 y 22), que en realidad no son usadas por los ciudadanos en el día a día y han quedado para el turismo. La razón principal es el precio: un billete sencillo cuesta 6 € por trayecto (u 8 € ida y vuelta en el mismo día). Desde esta zona sale la línea 18, mientras que la línea 1 parte desde la Praça do Infante, junto al edificio de la Bolsa. Ambas recorren un itinerario precioso junto a la ribera del Duero, pasando por barrios como Foz, la zona acomodada de Oporto donde suelen vivir jugadores de fútbol y otras celebridades. El paseo merece la pena por las vistas.

    Un truco para quienes busquen una alternativa más económica es tomar el autobús urbano 500, que realiza prácticamente el mismo recorrido, siempre bordeando el río y llegando hasta Matosinhos (podéis bajaros antes si queréis). Además, es un autobús de dos pisos, lo que ofrece vistas aún mejores. El billete cuesta 2,50 €Nosotros lo tomamos en Ribeira (Infante) —aunque podéis subir antes para asegurar mejor asiento—, nos bajamos en Praia dos Ingleses, paseamos por la playa y el faro, y después lo tomamos de vuelta.

    Desde la iglesia de los Clérigos, tomamos en perpendicular la Rua das Carmelitas, que nos lleva directamente a la Livraria Lello, una de las librerías más bellas del mundo y, hoy en día, completamente desbordada por el turismo: recibe entre 3.000 y 3.500 visitantes diariosSu enorme popularidad se debe en parte a la creencia —muy extendida, aunque desmentida por la autora— de que J.K. Rowling se inspiró en ella para crear la librería Flourish & Blotts en Harry Potter. La autora vivió en Oporto entre 1991 y 1993, época en la que escribió el borrador del primer libro de la saga, Harry Potter y la piedra filosofal, lo que alimenta la leyenda.

    Lo más impresionante es su escalera central, con un diseño ondulante realmente precioso. También llama la atención un detalle histórico: los raíles metálicos en el suelo, que antiguamente servían para desplazar pequeños carros cargados de libros entre las estanterías.

    La entrada cuesta 10 € para todos los visitantes y solo puede adquirirse en su página web, eligiendo día y hora. Es importante reservar con antelación porque, según la época, las entradas se agotan rápidamenteLa verdad es que el turismo se les ha ido un poco de las manos: no solo hay que pagar para entrar en una librería, sino que además se forman colas larguísimas a prácticamente cualquier hora, incluso teniendo todos los visitantes una entrada previa. La parte positiva es que el precio del ticket se descuenta si compras un libro. En la librería hay títulos en numerosos idiomas, no únicamente en portugués. En la propia web oficial podéis consultar sus horarios actualizados.

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    Interior de la Livraria Lello

    Lo último que nos queda por ver en esta zona es la Praça de Gomes Teixeira, situada justo al lado de la librería. En esta plaza, reconocible por su fuente y su solitaria palmera, destacan dos iglesias que parecen una sola: la iglesia del Carmen (igreja do Carmo) y la iglesia de los Carmelitas (igreja dos Carmelitas). Aunque parecen formar un único conjunto, en realidad son dos templos distintos. La Igreja dos Carmelitas es la más antigua: fue construida entre 1616 y 1628. La Igreja do Carmo, por su parte, es de 1768 y luce en su fachada lateral uno de los paneles de azulejos más fotografiados de Oporto.

    Ambos templos están separados por una estrechísima vivienda conocida como “la casa escondida” o casa estreita, de apenas metro y medio de ancho. Su existencia tiene una explicación práctica: la Iglesia Católica no permitía que dos templos de diferentes órdenes religiosas compartieran pared. Sin embargo, la leyenda popular ofrece una versión más pintoresca: que la casa se construyó para evitar “tentaciones” entre las monjas Carmelitas Descalzas y los frailes del Carmo. A lo largo de su historia, la casita ha servido como residencia de sacristanes, capellanes e incluso de algunos artistas que trabajaron en la decoración de las iglesias. Hoy en día no funciona como vivienda, sino que se utiliza para fines culturales.

    En cuanto a las visitas, la Igreja do Carmo cuesta 5 € e incluye la iglesia, las catacumbas y la subida a la torre. La Igreja dos Carmelitas, en cambio, tiene acceso gratuito.

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    Iglesia del Carmen

    Centro de la ciudad de Oporto

    Aunque algunos de los monumentos que ya hemos mencionado —como la Iglesia de San Ildefonso o la Iglesia de los Clérigos— se encuentran técnicamente dentro del casco antiguo, hemos preferido agruparlos en la zona norte porque están situados en la parte alta de la ciudad y justo en el límite del centro histórico. Este casco antiguo, por cierto, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1996.

    Continuamos nuestro recorrido descendiendo desde la Praça de Gomes Teixeira, pasando por la Universidade do Porto, hasta llegar a la Rua de São Bento da Vitória. Esta zona pertenece al barrio de Vitória, uno de los antiguos barrios judíos de la ciudad. Al final de esta calle se encuentra el Miradouro da Vitória, considerado la alternativa gratuita al mirador de la Torre dos Clérigos. Aunque el espacio no está especialmente cuidado, las vistas compensan con creces: una panorámica espectacular del casco histórico, la Sé (Catedral) y el río Duero, con Vila Nova de Gaia y sus bodegas al otro lado.

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    Vistas desde el Mirador de la Victoria: la catedral, el puente Don Luis I y el río Duero

    Seguimos bajando hacia el río por unas escaleras hasta llegar a la Rua de Ferreira Borges. Al final de la calle, a mano derecha, encontramos el Palacio de la Bolsa (Palácio da Bolsa), un edificio neoclásico de mediados del siglo XIX incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Está construido sobre el terreno de un antiguo convento franciscano del siglo XIII, que quedó reducido a cenizas tras un incendio en 1832. En 1891 se inauguró como bolsa de valores, aunque con el tiempo perdió relevancia y hoy funciona como Cámara de Comercio e Industria, mientras que toda la actividad bursátil se centra en la Bolsa de Lisboa. La construcción del palacio se prolongó casi 50 años, con la participación de varios de los arquitectos y artistas más destacados del siglo XIX.

    Su interior es realmente impresionante. Destaca el Patio de las Naciones, cuya cúpula acristalada muestra los escudos de 27 países que mantenían relaciones comerciales con Portugal en aquella época; España ocupa una posición privilegiada, justo enfrente de Portugal. Otra sala emblemática es la Sala Árabe, inspirada en la Alhambra de Granada, de unos 315 m², utilizada para recepciones oficiales —como la de la reina Isabel II y el duque de Edimburgo en febrero de 1957— y otros eventos institucionales. También merece mención la Sala Dourada (Sala Dorada): aunque parece hecha completamente de madera, en realidad solo el suelo lo es; las paredes están hechas de yeso pintado y trabajado al detalle para simular las vetas de la madera. El precio de la entrada para visitar el palacio es de 10 €.

    Frente al palacio podemos acercarnos al Jardim do Infante Dom Henrique, donde destaca el Monumento al Infante Don Enrique (Monumento ao Infante Dom Henrique), más conocido como Enrique el Navegante. Nacido en Oporto en 1394, curiosamente no era navegante en el sentido de comandar barcos, pero sí fue un gran impulsor y patrocinador de la expansión colonial de Portugal, siendo hijo del rey Juan I de Portugal y de Felipa de Lancaster. De esta época proviene una historia curiosa: durante los costosos viajes de descubrimiento de nuevas rutas comerciales, los habitantes de Oporto entregaban casi toda la carne disponible a los tripulantes de los barcos, mientras ellos se alimentaban principalmente de tripas. De ahí surge el apodo “tripeiros”, que aún hoy se usa como gentilicio de los nacidos en Oporto. No se trata de un mote despectivo, sino de un símbolo de orgullo por los sacrificios que hicieron en aquel momento.

    A su lado se encuentra la Iglesia de San Francisco (Igreja e Museu de São Francisco do Porto), una de las más antiguas de Oporto. Fue construida en estilo barroco en el siglo XIV sobre una iglesia anterior del siglo XIII. No os dejéis engañar por su austera fachada —mucho más discreta que otras llenas de azulejos—, porque su interior es un auténtico tesoro. Está recubierto con entre 300 y 400 kilos de pan de oro, lo que le ha valido el sobrenombre de “la iglesia de oro”. Su lujo era tan deslumbrante que, en su momento, llegó a ser cerrada temporalmente al culto por contrastar excesivamente con la pobreza de los alrededores. Entre los siglos XV y XVI, eran sobre todo las familias nobles de Oporto quienes acudían a esta iglesia. La entrada cuesta 10 € e incluye la visita al museo y a las catacumbas, donde descansan varias personas de linajes poderosos.
     
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    Fachada exterior de la iglesia de San Francisco

    Dejamos para el final otro de los grandes atractivos del casco antiguo: la Catedral de Oporto (Sé do Porto). Se trata de una de las edificaciones más antiguas de la ciudad, construida en el siglo XII en estilo románico, aunque las sucesivas reformas le han otorgado la mezcla de estilos arquitectónicos que se aprecia hoy en día. Aunque pegaría mucho, curiosamente en Oporto no hay un castillo como tal; en su lugar, la catedral ocupa la posición defensiva y simbólica que otras ciudades asignan a sus castillos. No es un monumento imponente como pueden ser algunas catedrales de otras ciudades europeas, pero merece la pena visitarla tanto por fuera como por dentro. La entrada cuesta 3 € e incluye la iglesia, el museo, el claustro y la subida a la torre. Es especialmente recomendable si hace buen día, ya que desde su mirador se obtienen unas vistas fabulosas de la ciudad. El horario es de 09:00 a 19:00.

    Por fin llegamos a la Praça da Ribeira, el corazón de la zona más antigua y emblemática de Oporto: la Ribeira, incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad como parte del centro histórico de la ciudad. Durante siglos, esta zona fue el epicentro del comercio de Oporto y se caracteriza por sus calles estrechas y empedradas y por sus casas altas y coloridas, con fachadas protegidas por leyes de conservación del patrimonio. Históricamente, estas viviendas eran ocupadas por comerciantes burgueses adinerados, quienes utilizaban la planta baja como almacén y el piso superior como residencia. Hoy en día, muchas siguen siendo residencias privadas de personas con poder económico, mientras que otras se han transformado en apartamentos de lujo o viviendas turísticas.

    Puede que os encontréis con una de las imágenes más icónicas de Portugal: la ropa tendida entre los balcones. Como Oporto era una ciudad amurallada, su crecimiento horizontal estaba limitado, por lo que la gente construía en altura en lugar de en ancho, dando lugar a casas estrechas y profundas con poco espacio interior. Para secar la ropa, los habitantes tenían que tenderla en los balcones, ya que era la única zona con sol y aire directo de la calle. Este gesto cotidiano se ha convertido en una de las estampas más características de las ciudades portuguesas. Este estilo de arquitectura se aprecia especialmente en la Ribeira, en calles como Rua da Reboleira o Rua dos Mercadores.
     
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    Praça da Ribeira

    Al estar junto al río Duero, pasear por la Ribeira es muy agradable, o simplemente podéis sentaros en un banco y disfrutar de las vistas. Desde esta plaza, se puede caminar hacia el puente, siguiendo un paseo que discurre entre el río y los restos de la antigua muralla medieval, construida en el siglo XIV durante el reinado de Fernando I de Portugal, conocida como Muralla Fernandina.

    En esta muralla se encuentra el Monumento a las Almas del Puente das Barcas, también llamado “Alminhas da Ponte”. Es una placa de bronce incrustada en la pared entre dos arcos que recuerda uno de los episodios más trágicos de la historia de Oporto. En 1809, durante la invasión napoleónica, miles de personas intentaron huir hacia Vila Nova de Gaia a través de un puente flotante hecho de barcas unidas con cables de acero, que se hundió debido al exceso de peso, provocando la muerte de cientos de personas. El monumento simboliza las almas de quienes fallecieron en ese desastre.

    Una vez hayamos repuesto energías, cruzaremos el famoso Puente Don Luis I (Ponte Dom Luís I), uno de los verdaderos iconos de Oporto, construido para unir Porto con Vila Nova de Gaia. Su inauguración tuvo lugar en 1886, siguiendo el diseño del alemán Théophile Seyrig, antiguo socio de Gustave Eiffel en la empresa Eiffel & Cie. Por eso, este puente de hierro recuerda, por su estructura, a la famosa Torre Eiffel de París. Imaginamos que está prohibido, pero, aunque parezca increíble, hay gente que salta desde él —desde la parte de abajo, por supuesto—. 

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    Puente Don Luis I visto desde Vila Nova de Gaia

    Vila Nova de Gaia

    El río Douro marca la frontera entre Oporto y Vila Nova de Gaia, una ciudad que forma parte del distrito de Oporto pero no de la ciudad de Oporto; administrativamente son ciudades independientes, cada una con su propio ayuntamiento. Curiosamente, Vila Nova de Gaia cuenta con más habitantes que Oporto, unos 303.000 frente a 245.000.

    Tras cruzar el puente se obtiene una de las mejores vistas panorámicas de la parte antigua de Oporto, destacando el Puente Don Luis I, la Torre de los Clérigos y las numerosas iglesias históricas al otro lado del río.

    🍷En Vila Nova de Gaia es casi obligatorio visitar alguna de las numerosas bodegas de vino de Oporto (Vinho do Porto) y probar esta bebida típica, que cuenta con denominación de origen protegida (DOP)Curiosamente, muchas de estas bodegas fueron fundadas por comerciantes británicos. En los siglos XVII y XVIII, los ingleses consumían mucho vino francés, pero los conflictos con Francia dificultaban su comercio, por lo que buscaron alternativas en Portugal, con quien mantenían buenas relaciones. Empezaron a transportar vino tinto del valle del Duero, pero descubrieron que no resistía bien los largos viajes en barco. Para solucionarlo, añadieron aguardiente (brandy) antes de que terminara la fermentación, lo que detenía la transformación del azúcar en alcohol. Esto dejaba más azúcar residual y aumentaba la graduación alcohólica (entre 19 y 22°), dando lugar al vino de Oporto, más dulce y fuerte, que conquistó rápidamente al mercado británico.

    Es importante aclarar que el vino de Oporto no se produce en la ciudad de Oporto, sino en la región del Alto Douro, a unos 100 km río arriba. Allí, las condiciones del suelo y el clima son ideales para la uva. Oporto y Vila Nova de Gaia cumplen el papel de almacén, envejecimiento y comercialización del vino.

    Algunas de las bodegas más famosas fundadas por británicos son Taylor’s, Graham’s, Offley, Cockburn’s y Sandeman, mientras que entre las portuguesas destacan Ferreira, Cálem y Ramos Pinto. Todas suelen ofrecer un paquete similar: visita guiada a la bodega y cata de vinos, con precios que rondan los 20-25 €, según el número de copas incluidas. Nosotros visitamos la Ramos Pinto, que ofrecía un tour en español. La visita, por 20 € y con una duración aproximada de 45 minutos, incluía un recorrido por el museo y las instalaciones de la bodega, finalizando con la cata de tres vinos de Oporto. El más conocido es el vino tinto, aunque también producen Oporto blanco y rosado. Un detalle curioso es que mantienen los toneles de madera originales donde se almacena el vino, lo que ayuda a conservar el aroma y sabor de los vinos antiguos. Algunos de estos toneles contienen vinos con más de 100 años de antigüedad.

    Algo muy característico de Vila Nova de Gaia son los barcos tradicionales llamados rabelos, que permanecen atracados a lo largo de la orilla del río. Estos barcos se utilizaban antiguamente para transportar las barricas de vino desde los viñedos del Alto Douro, donde se producía, hasta las bodegas situadas en Gaia. Son tan emblemáticos que cada año, el 24 de junio, las distintas bodegas de Oporto participan en la Regata de Barcos Rabelos, que culmina con una fiesta para entregar el premio a la bodega ganadora de la carrera.

    Otra actividad muy recomendable por aquí es hacer un crucero por el río Duero. Este río nace en los Picos de Urbión, en la provincia de Soria, y recorre 897 km hasta desembocar en Oporto. Uno de los más populares es el crucero de los seis puentes, llamado así porque atraviesa seis de los puentes de la ciudad, incluyendo la zona de la desembocadura en el Atlántico. El precio es de 18€ si se toma desde la Ribeira o 15€ si se embarca desde Vila Nova de Gaia.

    Para volver al centro de Oporto, se puede deshacer el camino que hemos seguido para llegar o, si preferís algo más divertido y rápido, podéis tomar el Funicular dos Guindais. Este funicular parte desde un extremo del Puente Don Luis I y nos sube directamente hasta el barrio de Batalha. El precio del billete es de 4€.

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    Panorámica de los rabelos en primer plano y la Ribeira de fondo vista desde Vila Nova de Gaia

    Más alternativas en Oporto

    Si vais a pasar más de un día en Oporto, merece la pena dedicar un par de horas a pasear por los Jardines del Palacio de Cristal (Jardins do Palácio de Cristal). Su nombre hace referencia al Palacio de Cristal original, construido en 1865 y demolido en 1951. En su lugar se levantó el Pabellón Rosa Mota, también conocido como Super Bock Arena, donde hoy se celebran eventos deportivos y conciertos.

    Los jardines ofrecen una agradable mezcla de plantas, árboles, estanques y hasta pavos reales, y cuentan con un mirador al sur del parque que proporciona una vista espectacular del río Duero y del Puente da Arrábida, el último gran puente antes de la desembocadura del río en el Atlántico.
     
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    Pabellón Rosa Mota

    ¿Qué comer en Oporto?

    Una visita a Oporto no está completa sin probar la francesinha 🥪, su plato más emblemático. Se trata de un sándwich relleno de varios embutidos (como mortadela, chorizo, filete de ternera, entre otros), cubierto con queso fundido al horno y bañado en una salsa de tomate ligeramente picante, que es el verdadero secreto de cada restaurante y lo que marca la diferencia entre unas francesinhas y otras.

    Se sirve acompañado de patatas fritas, y también se puede pedir con beicon y huevo. Es una auténtica bomba calórica💣, tan abundante que, aunque normalmente se puede comer uno por persona, a veces conviene compartirlo entre dos y pedir otro plato adicional para no quedarse demasiado lleno.

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    Francesinha

    Otro plato típico de Oporto son las bifanas, pequeños bocadillos de cerdo en tiras con salsa picante. Un lugar recomendable para probarlas es el Restaurante Conga Casa das Bifanas.

    Por supuesto, no puede faltar el bacalao, el plato nacional portugués, presente en multitud de formatos. Su tradición se remonta al siglo XV, cuando los portugueses empezaron a pescar en el Atlántico Norte (Terranova en Canadá o Islandia) y descubrieron que el bacalao se conservaba muy bien en salazón, permitiéndoles transportarlo en sus largos viajes. Con el tiempo, se integró plenamente en la cultura y gastronomía portuguesa. Una de sus versiones más populares es el bacalhau à Brás, en el que el bacalao se desmenuza y se mezcla con huevos revueltos.

    De postre, qué mejor que algo característico del país como la leite creme o los pastéis de Belém.

    En la zona de la Ribeira, junto al río Duero, hay muchos sitios para comer, y también en el casco antiguo de la ciudad se encuentran excelentes opciones. Uno muy popular es Casa Guedes Tradicional, un local amplio, con tres pisos (el último es un rooftop) y una terraza en la calle, por lo que normalmente no hace falta reservar si vais pocos. Es un sitio bastante turístico, pero la comida merece la pena: destacan las dos variedades de francesinha, los buñuelos de bacalao y las hamburguesas.

    Otra opción recomendada para probar la francesinha es el Café Santiago, muy conocido por su versión tradicional de este plato emblemático de Oporto.

    Pero el mejor sitio para comer que descubrimos fue Casa Viúva, un acogedor restaurante de comida casera, muy auténtico y súper económico. Tienen sopas del día —que en portugués suelen ser cremas o purés—, generalmente de legumbres, y pescados frescos cocinados a la brasa al momento. Nosotros probamos robalo (lubina) y salmón, ambos deliciosos. No aceptan reservas, así que hay que hacer cola y esperar a que se libere una mesa, pero merece totalmente la pena.

    🍷Para beber, Portugal ofrece muy buenas opciones. Entre los vinos, nos gustaron especialmente el Vila Real Reserva (tanto tinto como blanco), procedente de la ciudad vecina de Vila Real, y el Milhafre Negro Reserva Tinto. También podéis encontrar vinho verde, típico del noroeste del país, disponible en versiones tanto tintas como blancas.

    🍺Si sois más de cerveza, las más populares son la Super Bock y la Sagres. Y para quienes prefieran algo sin alcohol, el Água com Gás Limão Pedras —agua con gas y un toque de limón de la marca Pedras— es muy consumido y refrescante.

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