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Artículo actualizado en: 2026-05-04T18:24:22Z

Porcuna

En una ruta por la campiña jiennense no puede faltar, bajo ningún concepto, una parada en el municipio de Porcuna.

Aunque hoy cuenta con unos 5.900 habitantes, siglos atrás fue una de las ciudades más extensas e influyentes del Imperio romano en la Península Ibérica, conocida entonces como Obulco. Parte de aquel legado ha podido salir a la luz gracias a diversas excavaciones y se conserva actualmente para su visita y estudio. Por ello, al igual que ocurre con su vecina Arjona, recorrer Porcuna supone viajar a través de distintas etapas de la historia de España, desde la Antigüedad hasta la Edad Media.

¿Cómo visitar Porcuna?

Como sucede en muchos municipios pequeños, las principales atracciones turísticas —en este caso, los yacimientos arqueológicos— no siempre están abiertas al público ni pueden visitarse por libre, sino mediante visitas guiadas oficiales.

En Porcuna existen dos empresas autorizadas por la Oficina de Turismo que ofrecen estas visitas. Suelen empezar a las 10:00 o las 10:30 y durar entre dos y tres horas. Por cuestiones de tiempo, solo incluyen algunos de los monumentos, no todos. El precio es de 12 € por adulto y 8 € para jubilados y estudiantes. Es necesario llamar previamente a la Oficina de Turismo (953 545 130) para consultar horarios, monumentos incluidos y el procedimiento para apuntarse.

Para aparcar, recomendamos el aparcamiento que hay junto a la Casa de la Piedra por ser el más céntrico, aunque también hay aparcamiento disponible junto a la Cisterna La Calderona y junto al Anfiteatro romano.

Breve historia de Porcuna

El origen de esta localidad se remonta al III milenio a. C., cuando la zona estaba ocupada por varias aldeas. Más adelante, en el siglo VII a. C., los túrdulos —un pueblo íbero de raíz tartésica asentado en el norte de Andalucía— se establecieron aquí y dieron lugar a una nueva cultura y a la ciudad de Ibolca, con lengua propia y moneda propia. De este periodo proceden numerosas piezas halladas en el Parque Arqueológico Cerrillo Blanco, del que hablaremos más adelante.

Hacia el 175 a. C. llegaron los romanos, quienes fundaron una nueva ciudad en estas tierras y la llamaron Obulco. Durante un tiempo coexistió con Ibolca, situada en la parte alta, hasta que la urbe romana fue creciendo gracias a los avances de ingeniería y acabó sustituyendo por completo a la ciudad íbera. Algo especialmente interesante es que, durante el periodo de convivencia entre ambas culturas, se utilizó una moneda bilingüe: en el anverso aparecía la inscripción en latín, correspondiente a la administración romana, mientras que en el reverso se empleaba la escritura íbera de los túrdulosCon la integración en la República Romana, las monedas pasaron a llevar solo inscripciones latinas.

Obulco llegó a ser una de las ciudades más extensas e importantes de Hispania, con 100–104 hectáreas. Incluso Julio César estuvo en Obulco en el 45 a. C., donde instaló un campamento militar para preparar la campaña final contra los hijos del general Pompeyo en la batalla de Munda, en una lucha por erigirse como líder principal de Roma. Eligió este lugar por su posición estratégica —en un cerro y cerca de Córdoba, donde se encontraba Pompeyo— y por la abundancia de cereal y recursos agrícolas.

Los restos mejor conservados pertenecen a la época íbera, ya que Ibolca se situaba en las afueras, donde se encuentra el yacimiento de Cerrillo Blanco. En cambio, la ciudad romana de Obulco yace bajo la actual Porcuna, lo que dificulta las excavaciones. Por ello, aún se conoce relativamente poco sobre la ciudad romana y queda mucho por descubrir.

Con el paso del tiempo, la ciudad adoptó distintos nombres: Obolcon en época visigoda, Bulkuna tras la llegada de los árabes, y finalmente Porcuna después de su conquista por Castilla en 1241, cuando fue cedida a la Orden de Calatrava.

¿Qué ver en Porcuna?

Vamos a realizar un recorrido que comenzará por las ruinas romanas y finalizará en el casco antiguo de la localidad.

Los principales restos arqueológicos visitables pertenecen a época romana: la Cisterna romana la Calderona y el Anfiteatro romano de Obulco. Por la relevancia histórica de la ciudad romana, se presupone la existencia de otros elementos —como un foro o un circo— aún enterrados. Sin embargo, por ahora no existe financiación suficiente para identificarlos o iniciar excavaciones.

Comenzaremos por el yacimiento que alberga la Cisterna romana de la Calderona, situado dentro de un edificio contemporáneo inaugurado en 2024. Este espacio moderno incorpora pasarelas y rampas que permiten recorrer cómodamente todo el conjunto arqueológico y observarlo desde distintos niveles sin interferir en los restos. Este yacimiento se divide en dos zonasun barrio perteneciente a la antigua ciudad romana de Obulco, y la propia cisterna.

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Edificio que alberga la Cisterna romana de la Calderona

La visita comienza en las ruinas de un barrio situado junto a la cisterna. Allí se conserva un gran muro que separaba una o varias viviendas de una zona artesanal y comercial. La mayoría de los muros han sido restaurados utilizando la misma piedra original. En la parte residencial se distinguen varias estancias o pequeñas casas, algunas con pozos domésticos para extraer agua. En la zona comercial se identifican: una tienda de aperos agrícolas —vinculada al trabajo del campo; una caupona —posada o taberna típica de la Antigua Roma, una carnicería y matadero —reconocible por la presencia de huesos animales y por la inclinación del suelo, diseñada para evacuar la sangre hacia la calle mediante pequeños orificios en el muro; y una panadería — identificada gracias a un horno conservado. Por la tipología de los negocios y la ausencia de un gran foro cercano, se considera que este conjunto formaba parte de un barrio obrero.

Tras recorrer el barrio, se accede al interior de la cisterna, un gran aljibe público destinado a almacenar agua de lluvia. Contaba con cinco o seis bocas en el techo por donde el agua caía al depósito. Se estima que en Obulco existieron entre ocho y diez cisternas, siendo esta la más singular y una de las mejor conservadas tras su restauración. Su construcción se realizó con enormes bloques de piedra colocados en seco, una técnica conocida como ciclópea o ciclopedismo. Las paredes estaban recubiertas con opus signinum, un mortero impermeable elaborado con cal y cerámica triturada.

El hallazgo moderno de la cisterna, ya en el siglo XX, fue totalmente accidental. Una familia que vivía sobre ella tenía cabras, y una de ellas cayó por un pozo de la vivienda. Al descender un niño con una cuerda para rescatarla, descubrió el enorme espacio subterráneo que había bajo la casa.

Información práctica: La cisterna suele permanecer cerrada al público, y solo puede visitarse mediante visitas guiadas oficiales o durante jornadas de puertas abiertas en fechas especiales. Si llegáis en coche, hay aparcamiento en los alrededores.

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Ruinas de un barrio residencial de Obulco

A pocos minutos de la cisterna nos dirigiremos a la Iglesia de San Benito, templo dedicado al patrón de Porcuna. Sus orígenes se remontan al siglo XIII, cuando la localidad pasó a manos de la Orden de Calatrava tras la conquista cristiana. Aunque conserva su esencia medieval, el edificio incorpora elementos añadidos posteriormente, como el campanario barroco, fruto de una reforma del siglo XVIII.

El templo formó parte de un priorato benedictino y mantiene el carácter sobrio propio del gótico cisterciense, visible en su arquitectura limpia y austera. Su rasgo más singular es la planta en forma de “L”, resultado de ampliaciones y modificaciones realizadas entre los siglos XIV y XV, una disposición muy poco habitual en las iglesias de la época.

En el altar mayor se venera la imagen de San Benito de Nursia, patrón de Porcuna. Aunque algunos comentan que su fisonomía puede recordar a una figura femenina, se trata efectivamente del santo. Frente a la imagen se encuentra un cuadro famoso, réplica del original destruido durante la Guerra Civil. En él aparecen San Benito, la Virgen de la Soledad, un soldado calatravo venciendo a la serpiente y, en la parte superior, la Santísima Trinidad.

A diferencia de otros monumentos locales, esta iglesia permanece abierta al público en un horario establecido, por lo que no es necesario acudir con guía para visitarla.

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Iglesia de San Benito

Tomamos de nuevo el coche y nos dirigimos al otro extremo de la ciudad para visitar el Anfiteatro romano de Obulco, construido en el siglo I a. C.. Aunque su estado de conservación es más modesto que el de otros anfiteatros hispanorromanos, su tamaño e importancia son indiscutibles: era comparable al de Mérida y superaba en dimensiones al de Tarragona, con una capacidad aproximada de 17.000 espectadores.

En arqueología romana es habitual que la capacidad del anfiteatro se acerque al número de habitantes de la ciudad, por lo que se estima que Obulco pudo tener entre 15.000 y 20.000 habitantes, una cifra notable para la época y que confirma su relevancia dentro de la Hispania romana.

El anfiteatro se encuentra al aire libre, y puede contemplarse desde arriba gracias a una pasarela que discurre sobre la calle actual. Sin embargo, para recorrer sus niveles inferiores y observar de cerca la zona conocida como la “cárcel”, donde se ubicaban las celdas de gladiadores, es imprescindible hacerlo mediante visita guiada oficial.

Por ello, si la visita guiada que contratéis no incluye el anfiteatro, no supone un gran inconveniente, ya que puede contemplarse perfectamente desde el exterior. Lo verdaderamente imprescindible es que la ruta incluya la Cisterna de la Calderona, el elemento arqueológico más singular y mejor conservado del conjunto romano, y además no accesible por libre.

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Anfiteatro romano de Obulco

Finalizadas las visitas a los restos romanos, nos dirigimos ahora al centro de la localidad. Lo ideal es comenzar por la Casa de la Piedra, ya que en sus inmediaciones hay aparcamiento donde dejar el coche antes de iniciar el recorrido a pie. Además, este edificio es en sí mismo una de las atracciones de Porcuna.

La Casa de la Piedra es una vivienda construida íntegramente en piedra por el cantero Antonio Aguilera “Gronzón”, quien trabajó en ella entre 1931 y 1960. Lo más llamativo es que Gronzón no era arquitecto: era un maestro cantero especializado en labrar piedra y en la elaboración de lápidas, y levantó la casa prácticamente él solo y utilizando únicamente herramientas tradicionales, recurriendo a ayuda puntual únicamente para mover los bloques más pesados.

La vivienda se organiza en cinco niveles, desde el aljibe subterráneo hasta la terraza superior que ofrece vistas privilegiadas del Paseo de Jesús, coronada por dos torreones. El aljibe, sostenido por seis arcos, sigue aún operativo dentro del circuito interno de agua. En la planta inferior se conservan fotografías históricas y herramientas originales empleadas por Gronzón, que permiten apreciar la magnitud y la singularidad de su obra.

En 2016, la casa pasó a manos del Ayuntamiento de Porcuna, que emprendió una restauración integral para su apertura turística. Reabrió en 2018, incorporando mejoras de accesibilidad —como un ascensor integrado en la estructura— siempre respetando al máximo la construcción original. Al igual que ocurre con los principales yacimientos arqueológicos, la Casa de la Piedra permanece cerrada habitualmente y solo puede visitarse mediante una visita guiada genérica al pueblo, no por libre.

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Interior de la Casa de la Piedra

Desde aquí continuamos a pie por el Parque paseo de Jesús, una de las plazas más agradables y bonitas de Porcuna. Es un espacio amplio y arbolado donde los vecinos suelen pasear, sentarse en los bancos a conversar, disfrutar de los quioscos y terrazas o vivir de cerca la feria, que se instala precisamente en este lugar.

El Paseo de Jesús desemboca en el Mirador mar de olivos, conocido popularmente como “La Redonda”. Este mirador es uno de los rincones más especiales del municipio: desde aquí se contempla el mar de olivos que caracteriza a toda la campiña jiennense, un paisaje precioso, más aún durante la puesta de sol.

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Vistas desde el Mirador Mar de Olivos

El corazón del pueblo es la Plaza de Andalucía, a la que se accede atravesando un arco monumental que en época medieval funcionaba como puerta de entrada al recinto amurallado. El arco que vemos hoy es una reconstrucción de 1952, pero mantiene la estética histórica y enmarca la vista más emblemática de Porcuna, una imagen muy fotografiada por visitantes y locales.

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Arco monumental con la Plaza de Andalucía de fondo

En la plaza destacan dos edificios principales:

Parroquia Nuestra Señora de la Asunción — Construida entre 1872 y 1910 en estilo neorrománico bizantino, se levantó sobre los restos de la antigua iglesia gótica de Santa María, erigida por la Orden de Calatrava. Su elemento más llamativo son las tres pinturas murales del artista cordobés Julio Romero de Torres, realizadas entre 1903 y 1905 en las bóvedas: La Santa Cena, La Sagrada Familia y La Asunción de María. Son obras de enorme valor artístico y uno de los tesoros culturales de Porcuna.

Ayuntamiento de Porcuna — Un edificio neoclásico, mandado construir por Carlos IV en 1798.

En el exterior del ábside lateral de la parroquia se encuentra la “Cruz de los Caídos por Dios y por España”, un monumento franquista erigido durante la posguerra debido a que Porcuna quedó en el bando sublevado durante la Guerra Civil, a diferencia de sus vecinas Arjona y Arjonilla, que permanecieron en zona republicana. El Ayuntamiento intentó retirar la inscripción siguiendo la Ley de Memoria Histórica, pero la Iglesia, propietaria del edificio, se negó a modificarla.

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Plaza de Andalucía con la parroquia a la izquierda y el Ayuntamiento al fondo

Cerramos la visita al centro del pueblo con los restos del antiguo castillo de la Orden de Calatrava, cuyo conjunto mejor conservado es el formado por las Murallas y la Torre de Boabdil. Sobre el castillo árabe que existió aquí durante la época musulmana, la Orden de Calatrava levantó posteriormente una nueva fortaleza, de la cual la torre es el elemento más destacado. La torre, de 28 metros de altura, fue construida en 1435 y originalmente se llamó Torre Nueva. Sin embargo, con el tiempo adoptó el nombre de Torre de Boabdil, ya que Boabdil “El Chico”, último rey nazarí de Granada, estuvo aquí prisionero en 1483 por orden de los Reyes Católicos, en plena campaña de conquista de Al-Ándalus.

El acceso al interior de la torre solo es posible mediante visita guiada. En sus dos primeras plantas se encuentra un pequeño museo arqueológico, donde se exponen piezas halladas en la zona. Además, es posible subir hasta lo alto de la torre, desde donde se disfrutan vistas magníficas del casco urbano y del mar de olivos que rodea Porcuna.

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Torre de Boabdil

Lo último que queda por visitar es la Necrópolis Dinástica de Cerrillo Blanco, situada a las afueras de Porcuna, en la carretera que conecta con Arjonilla, por lo que es necesario desplazarse en coche. Cerrillo Blanco es una colina utilizada en la Antigüedad como necrópolis, compuesta por varias fosas funerarias. Sin embargo, su mayor relevancia arqueológica proviene del hallazgo de un conjunto escultórico íbero de alrededor de 1.500 fragmentos, enterrado posteriormente entre los siglos V y II a. C. sobre los restos más antiguos.

El yacimiento fue descubierto en 1975, y muchas de las piezas recuperadas se trasladaron al Museo Íbero de Jaén, donde se exponen obras tan destacadas como el Toro de Porcuna, el Jinete alanceando al enemigo o el Guerrero de la doble armadura. Otras esculturas fueron enviadas al Museo Arqueológico Nacional en Madrid, mientras que una parte del conjunto permanece en Porcuna.

La visita a Cerrillo Blanco no está incluida en las visitas guiadas habituales por el pueblo, por lo que solo puede verse en ocasiones especiales o con cita previa a través de la Oficina de Turismo de Porcuna.

¿Dónde comer en Porcuna?

En Porcuna podréis disfrutar de varios platos tradicionales andaluces y jiennenses, entre ellos los flamenquines y, sobre todo, los violetes, una especialidad local. Los violetes consisten en unas obleas rellenas de carne picada, trocitos de jamón serrano y especias, que se fríen como si fueran pequeñas empanadillas, aunque con su característica forma cuadrada.

A continuación, algunos restaurantes recomendados donde probar la gastronomía local:
  • Restaurante Venezia – aquí probamos los violetes, croquetas y otras frituras de pescado.
  • Restaurante Asador Torrelvira – otro restaurante de comida de la región, del estilo del anterior.
  • Restaurante El triunfo – un local de buenas pizzas, por si preferís variar.

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