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Artículo actualizado en: 2026-05-06T12:31:30Z

Baños de la Encina

Baños de la Encina se encuentra en el norte de la provincia de Jaén, muy cerca de Sierra Morena y a pocos minutos de la autovía A‑4. Es un municipio pequeño, con alrededor de 2.500 habitantes, y una parada perfecta de 2–3 horas para quienes viajáis entre Andalucía y Madrid y queráis estirar las piernas descubriendo un lugar con historia.

Su silueta es inconfundible gracias al Castillo de Burgalimar, considerada una de las fortalezas más antiguas y mejor conservadas de Europa, dominando el paisaje del pueblo desde cualquier punto.

que ver en Baños de la Encina
Castillo de Burgalimar

¿Qué ver en Baños de la Encina?

Os recomendamos comenzar dejando el coche en el 🅿️"Parking Público", situado justo al lado del castillo. Desde ahí iniciaremos la visita a los tres lugares imprescindibles del pueblo: el Castillo de Burgalimar, la Plaza Mayor con la Iglesia de San Mateo y la Ermita de Jesús del Llano. Algunas de estas visitas solo pueden realizarse mediante tour guiado, ya sea específico de cada monumento o a través de la visita guiada general del pueblo, que merece la pena si disponéis de tiempo.

El Castillo de Burgalimar

Este castillo, o más bien fortaleza, es de origen omeya (califal) y fue terminado en el año 968 por orden del califa Al‑Hakam II, ante la necesidad de reforzar la defensa fronteriza de Al-Ándalus por el paso de Sierra Morena hacia Córdoba. Su nombre procede de Bury al‑Hammam, “castillo de los baños”, que hace referencia a lo que era el lugar en época andalusí: una fortaleza situada junto a unos baños. Durante el siglo XI, tras la desintegración del Califato de Córdoba en reinos de taifas, los musulmanes perdieron poder y el castillo pasó de manos sucesivas veces entre cristianos y musulmanes. Tras la Batalla de las Navas de Tolosa (1212), numerosos castillos y ciudades fueron devastadas, aunque Burgalimar fue tomado sin oposición, por lo que no sufrió daños significativos. En 1225, tras la conquista cristiana liderada por Fernando III, pasó definitivamente a formar parte del Reino de Castilla.

Con el paso de los siglos perdió su función militar y, entre los siglos XIX y XX, llegó a utilizarse como cementerio municipal, con nichos abiertos en las murallas. En 1945 se construyó un nuevo cementerio y comenzó la retirada de las tumbas; la última fue exhumada en 2007.

El castillo gira en torno a un gran patio de armas, donde se aprecian los cimientos de las antiguas estancias almohades, que llegaron a la península ibérica en la década de 1140. El recinto cuenta con 14 torres gemelas y una 15ª torre, la Torre del Homenaje, reformada en el siglo XV en época cristiana. Desde lo alto disfrutaréis de vistas magníficas: la Iglesia de San Mateo, el caserío blanco del pueblo, el Embalse del Rumblar —especialmente bonito al atardecer— y el mar de olivos que rodea toda la comarca.

El castillo puede visitarse por libre, con visita guiada o dentro de la visita guiada general del pueblo. En la entrada os informarán de los horarios y de todas las opciones disponibles. La visita libre no incluye audioguía, aunque sí dispone de paneles informativos repartidos por el recinto. El precio de la entrada libre es de 4 € por adulto (reducida 3,50 € y niños 3 €), mientras que las visitas guiadas, de unos 45 minutos, cuestan 6,50 € por adulto (reducida 6 € y niños 3,50 €). El horario de apertura del castillo es lunes y martes de 10:30 a 13:30, y de miércoles a domingo de 16:30 a 18:30. Los domingos a partir de las 18:00 la entrada es gratuita. Las visitas guiadas pueden reservarse in situ al llegar o con antelación por teléfono en el 626 81 84 46.

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Vistas del castillo y alrededores desde la Torre del Homenaje

Paseo por el casco antiguo y la Plaza Mayor

Tras salir del castillo, os animamos a recorrer las calles empedradas del casco antiguo, que conservan un encanto muy especial. Es buena idea detenerse en alguna de las tiendas tradicionales donde encontraréis dulces de Linares como los chachepó y quesos de Guarromán, productos típicos de localidades cercanas, así como otros autóctonos de Baños de la Encina, como su aceite de oliva virgen extra.

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Calle Santa María

La Plaza Mayor es el corazón del pueblo y, en su centro, encontraréis el Monumento a la Virgen de la Encina, patrona de Baños de la Encina y conocida cariñosamente como “La Morenica”.

En uno de sus laterales se alza la Iglesia de San Mateo, normalmente cerrada salvo excepciones, por lo que solo se puede visitar mediante la visita guiada del pueblo. Fue erigida en el último tercio del siglo XV y presenta una única nave de estilo gótico y una torre campanario con base circular y cuerpo superior octogonal.

En su interior destacan la pila bautismal de mármol rojo, el retablo mayor de 1960, varios balcones señoriales pertenecientes a antiguas familias acomodadas y un sagrario del siglo XVIII elaborado en ébano, marfil y plata. Bajo el templo se construyó un refugio antiaéreo durante la Guerra Civil que finalmente no llegó a utilizarse.

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Plaza Mayor e Iglesia de San Mateo

Ermita de Jesús del Llano

La ermita se encuentra en la parte alta del pueblo, así que podéis subir andando en 10–15 minutos desde la Plaza Mayor o acercaros en coche, ya que en los alrededores suele haber bastante espacio para aparcar. Antes de entrar, conviene recordar el contexto histórico: tras el dominio musulmán Baños de la Encina es conquistada en 1225 por Fernando III e integrada en la jurisdicción de Baeza hasta que en 1626 obtuvo el título de villa. En aquella época, la zona donde hoy se levanta la ermita eran simplemente las afueras, un lugar con casonas y segundas residencias de familias adineradas de Baeza, pero sin núcleo urbano consolidado.

La Ermita de Jesús del Llano, construida en el siglo XVII, fue fundada precisamente por dos de estas familias acomodadas, cuyos escudos heráldicos aún pueden verse en el techo de la entrada. Su función era didáctica: enseñar catequesis mediante imágenes a una población mayoritariamente analfabeta. Por eso, ya desde el zaguán aparecen representaciones del infierno, el juicio final, la muerte y el cielo, que preparaban al visitante para el mensaje religioso del interior.

Tras la entrada se accede a la nave principal, cuyo techo en bóveda de medio cañón está decorado con lienzos —no frescos— que narran distintos pasajes bíblicos. La cúpula es especialmente llamativa por su balaustrada pintada, un trampantojo que crea la ilusión de un balcón real. Las paredes están recubiertas con una mezcla tradicional de cal, agua y aceite, lo que les da un aspecto muy característico.

Al fondo se encuentra el retablo, que sufrió un incendio durante la Guerra Civil. Las llamas no alcanzaron la parte superior, por lo que las pinturas altas se conservaron, mientras que las inferiores tuvieron que ser repintadas posteriormente.

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Nave principal de la Ermita de Jesús del Llano

Desde allí se accede al camarín, la auténtica joya de la ermita. Está realizado en barroco rococó andaluz, un estilo cuyo máximo esplendor puede verse en lugares como Priego de Córdoba o en los templos de Úbeda y Baeza. El camarín se construyó con posterioridad al templo, su autor es desconocido y todo lo que se conserva es original, sin reconstrucciones ni réplicas.

En el centro se encuentra la imagen del Cristo del Llano, peculiar porque no lleva el habitual paño de pureza típico de Andalucía, sino una falda, más propia de representaciones castellanas. La cruz que lo acompaña sí es una réplica, ya que la original fue robada en dos ocasiones por un vecino del pueblo.

El acceso al camarín se realiza a través de una puerta de madera con artesonado, conocida como la “puerta al cielo”, porque representa el culmen de la catequesis visual que se desarrolla en todo el edificio. Durante la Guerra Civil no sufrió daños graves porque permaneció tapiado, lo que permitió conservar intacta su decoración. En su interior abundan las figuras ornamentadas de santos, ángeles, aves del paraíso como el fénix y numerosos espejos que generaban juegos de luz alrededor del Cristo y multiplicaban la luz de las velas. También resulta curioso que no exista un balcón que lo separe de la nave, ya que en ocasiones el sacerdote oficiaba la misa desde esta posición elevada.

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Camarín de la Ermita de Jesús del Llano

La ermita no puede visitarse por libre. Solo se accede mediante visita guiada, de unos 30 minutos de duración y con un precio de 4,50 € (reducida 4 € y niños 1,50 €). Al entrar para pagar podréis ver la nave, pero no el camarín, que permanece apagado y es, sin duda, la parte más impresionante del conjunto.

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